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Una Aproximación Antropológica al Trabajo de los Carreros-Areneros de Florida

SEGUNDO CONGRESO VIRTUAL DE ANTROPOLOGÍA

SETIEMBRE DE 2000

Alvaro Adib Barreiro & Carlos Santos

Florida-Montevideo

Uruguay


Resumen

El presente trabajo constituye un avance de investigación - del proyecto del mismo nombre - que se viene desarrollando en la ciudad de Florida, ubicada en el centro de Uruguay, unos 100 Km. al norte de Montevideo.

En esta ciudad hemos dado con una manifestación cultural –el trabajo de los carreros-areneros-  que plantea un interesante caso para el análisis antropológico: se trata de la adaptación de un oficio tradicional a una estrategia de subsistencia más amplia, constituyendo  una alternativa a las serias dificultades que presenta el  mercado formal.

En el mismo sentido, nuestro análisis pretende cuestionar las visiones que atribuyen estas formas de adaptación exclusivamente a las condicionantes económicas; nos motiva el interés de considerar estas estrategias de subsistencia como un conjunto de herramientas culturales  transmitido socialmente, rastreando su origen hasta las  primarias poblaciones rurales de nuestro país. Mas no por ello dejamos de  reconocer que los protagonistas de esta estrategia se mueven en un mundo de la necesidad.

Creemos que la relevancia de una estrategia de subsistencia de este tipo – en un mundo nutrido de expulsados o marginados del mercado laboral formal – bien merece ser tenida en cuenta a la hora de planificar políticas sociales de emergencia.

Además consideramos que esta estrategia de subsistencia bien podría integrarse a lo que desde la UNESCO se ha definido como patrimonio cultural inmaterial.

La investigación se ha realizado considerando a la etnografía como método, destinando un importante capítulo a la fotoetnografía, tomando referencias conceptuales de la Antropología Social del Trabajo y la Antropología Económica.


"Perico hace en la vida lo que desea hacer. Va por ella como un río por la tierra. Cumple su misión con respeto de sacerdote por su religión. Pero él no sabe esto. Lo hace así porque él también tiene arena dulce y rubia en el fondo. Perico es como un río".

Juan José Morosoli

"En la familia mía el único que arrancó con esto fui yo, con el tema de la arena y todo eso, ¿Y vos sabés por qué arranco yo? Yo arranco por mamá, porque me dice:

-ah si te quedaste sin trabajo, ahí tenés un carro - dice- y un caballo. Arrancá a hacer algo."

Eduardo, carrero-arenero de Florida

"El reino de la necesidad impera férreamente sobre el de la libertad"

Daniel Vidart


Introducción

Algunos datos preliminares.

La ciudad de Florida –capital del departamento del mismo nombre- está ubicada en el centro del Uruguay, unos 100 kilómetros al norte de la capital Montevideo. Los datos del último censo indican que tiene una población de aproximadamente treinta y un mil seiscientos (31600) habitantes[1]. Esta ciudad nació a fines de 1809 a orillas del río Santa Lucía Chico, congregando entre sus primeros pobladores a inmigrantes europeos, criollos e indios cristianizados[2].

Esta ciudad no ha escapado al proceso de migración campo-ciudad que ha afectado a los países de nuestra región. Tanto es así que Florida pasó de concentrar el 23% de la población departamental en 1908, al 47,5% en 1996. Este proceso migratorio se ha intensificado notoriamente en los últimos 40 años[3].

¿Por qué los carreros-areneros de Florida?

El caso de los carreros-areneros presenta una interesante oportunidad para debatir algunos supuestos manejados hasta ahora por la antropología y otras ciencias sociales, pero también por el folclore y la literatura. Los epígrafes que abren este trabajo en parte  resumen, el viaje que nos condujo hasta la visión que pretendemos transmitir sobre el arduo trabajo de los carreros-areneros de Florida.

Un poco siguiendo a Morosoli y otro poco guiados por los comentarios de pobladores de la ciudad de Florida, nuestra búsqueda inicial fue de 'areneros' -como Perico- o sea practicantes de un oficio tradicional que pudiera ser analizado como tal. Sin embargo al tomar contacto con las personas, con los trabajadores, caímos en la cuenta de que el fenómeno de los areneros en Florida incluye un número reducido de trabajadores tradicionales, y como contrapartida  agrupa a una gran cantidad de trabajadores zafrales por un lado, y ha carreros que han ampliado el espectro de los recursos que explotan.

Con la referencia a Eduardo queremos dar cuenta de otra de las percepciones con la que tomamos contacto en el campo; la importancia de una actividad como la del carrero-arenero, que por su flexibilidad y adaptabilidad se convierte en una frecuente salida a las dificultades de empleo en el mercado formal de trabajo. Ya que referimos a la formalidad, conviene adelantar que otra de las posibilidades que arroja este estudio de caso es la de analizar la integración de actividades informales -las de los carreros-areneros- con otras muy formalizadas -como la construcción-.

El cuestionamiento de la descripción del arenero que hace Morosoli en su Perico nos condujo a una visión crítica de las miradas que explican estas estrategias de subsistencia  por razones estrictamente económicas; es así que inicialmente proponemos pensar estas formas de adaptación como una estrategia cultural de los sectores carenciados, originaria del medio rural pero cobrando cada vez mayor vigencia en los medios urbanos del interior del país. La visión cultural no implica desconocer las serias carencias que soportan estos trabajadores y sus familias, y por eso la coincidencia con Vidart, cuando afirma que en estos casos "el reino de la necesidad impera férreamente sobre el de la libertad".


Los Carreros-Areneros

El Trabajo

Los carreros-areneros se dedican a explotar diferentes recursos naturales de las costas del río Santa Lucía Chico en las proximidades de la ciudad de Florida. Los arenales –que podríamos denominar canteras de extracción-, están ubicados entre unos 5 a 8 kilómetros al este de la planta urbana. Hasta allí llegan estos trabajadores, contando con un carro tirado por caballos como principal herramienta, de ahí su denominación. Según la tradición oral de la comunidad floridense, uno de los primeros  usos comerciales o laborales que se le dio a los carros en la ciudad fue la distribución y comercialización de agua. Los aguateros fueron durante décadas una figura típica del incipiente paisaje urbano floridense, hasta el surgimiento y difusión del agua potabilizada. Posteriormente, ante las necesidades de materiales para la construcción, los carros comenzaron a ser utilizados para la extracción de arena y canto rodado  o pedregullo. Desde su origen esta actividad se localizó en las márgenes del río, característico por sus grandes arenales, permanentemente en crecimiento y ricos en preciados y homogéneos guijarros.

Actualmente el uso de los carros es bastante diverso, ante la existencia de nuevos métodos de extracción de arena (palas mecánicas o camiones). Sin embargo la extracción de pedregullo parece ser un reducto del trabajo manual, ya que no existen métodos mecánicos para el procesamiento de la arena. Además de los areneros tradicionales –que todavía los hay- existen individuos que complementan la extracción de arena o pedregullo con otros recursos, como la leña de monte, césped, tierra, e incluso venden un servicio de transporte, utilizando el carro como flete.

Los Trabajadores. En nuestra pesquisa hemos encontrado practicando estas actividades a personas de entre 10 y 60 años, en su gran mayoría hombres aunque también existen algunas mujeres, que generalmente colaboran con sus maridos en el desarrollo de las tareas. Las situaciones en que se encuentran cada uno de estos trabajadores son bastante distintas, pero hay ciertas generalidades bien claras. De los más jóvenes podemos decir que en su mayoría son trabajadores que han continuado una forma de vida propia de su familia –practicada anteriormente por sus hermanos mayores y/o sus padres-. En otros casos se trata de personas que han desarrollado la capacidad de realizar diferentes labores, los típicos “changadores” o “sieteoficios”. También hay varios casos en los que trabajadores expulsados del mercado laboral formal buscan una salida alternativa, reciclándose de otros trabajos o profesiones (electricista o verdulero, por ejemplo) hacia la ‘autogestión’ de un carro. Por último también hay claros exponentes de trabajadores que practican la extracción de arena como un oficio tradicional, y que han dedicado gran parte de su vida a esta actividad.

Si bien el trabajo de los carreros-areneros es reconocido por la Intendencia Municipal de Florida (IMF) y por la Dirección de Hidrografía (DH) del Ministerio de Transporte y Obras Públicas –ya que son estas instituciones las que otorgan los permisos habilitantes para la extracción de arena- no existe ningún tipo de estadística sobre esta actividad. La IMF no tiene registros ni de trabajadores ni de permisos expedidos. La DH -en el último contacto que tuvimos con los encargados de la zona que comprende al departamento de Florida- tiene registrados sólo dos permisos anuales de extracción de arena, por volúmenes irrisorios (uno de los permisos habilitaba a extraer 2 m3 de arena –equivalente a un carro completo- en un año, a una persona que realiza la extracción con un camión).

A la indiferencia de las instituciones administrativas –a la que debería sumarse la actitud pasiva de los organismos de seguridad social- con estos trabajadores, se agrega la que manifiestan los propios habitantes de la ciudad, quienes visualizan a los carros, que transitan por las calles día a día, como un elemento más del paisaje urbano.

Una de las pretensiones iniciales de la investigación era la de realizar un relevamiento censal de estos trabajadores, lo que no pudo concretarse por razones de tiempo, económicas, y por el curso que adoptó la pesquisa en su desarrollo.

Las estimaciones de los propios carreros-areneros sobre el número de trabajadores son muy variadas; algunos aseguran que hay más de 200 personas desarrollando esta actividad –lo que por otra parte parece exagerado-, hay quienes dicen que hay entre 80 y 100 carreros-areneros y otros hablan de un número no superior a 60. Adoptando una postura conservadora preferimos coincidir con esta última estimación, basándonos además en un detenido relevamiento que realizamos por la zona periférica de la ciudad, donde pudimos constatar la existencia de aproximadamente 30 carros estacionados en el exterior de otras tantas viviendas.

La Técnica. La extracción de arena se realiza ‘paleando’ directamente el material desde el suelo al carro. Actualmente esta variante de la es realizada por muy pocos carreros-areneros, ya que los métodos modernos de extracción han reducido  la competitividad de los carreros-areneros. Éstos sólo pueden comercializar el producto en pequeña escala y sus costos son mayores frente a los de  quienes extraen la arena con camiones.

Como lo mencionamos anteriormente, la extracción de pedregullo no tiene una competencia de este tipo, ya que no existen medios mecánicos para el procesamiento de la arena. Para realizar este trabajo –además del carro y la pala necesarios para la arena- se utilizan una zaranda y un balde. La actividad consiste en reconocer un arenal donde el tipo de material sea lo suficientemente grueso y homogéneo. Allí se instala la zaranda, que tiene un soporte para mantenerse en pie. En su extremo inferior este gran colador tiene una especie de embudo en cuya desembocadura se coloca el balde. El trabajador lanza la arena a paladas contra la rejilla de la zaranda, de forma tal que el material es ‘colado’, dejando pasar las piedras más pequeñas y haciendo que los guijarros gruesos caigan en el balde. La calidad del pedregullo –es decir el tamaño de las piedras y su homogeneidad- depende de la inclinación que se le dé a la zaranda con respecto al suelo. O sea que cuanto más inclinada esté la zaranda menor será la calidad del pedregullo, porque va a contener muchas piedras pequeñas y su tamaño no será uniforme. Por el contrario cuando la zaranda está en la posición más horizontal posible, se logra un producto de muy buena calidad, ya que la arena pasa por la rejilla a menor velocidad colando el producto más eficientemente.

Los Medios de Producción

El carro. El instrumento principal de estos trabajadores es al mismo tiempo su medio de transporte: el carro. Existen tantos carros como carreros, pero al mismo tiempo presentan muchas regularidades. En su gran mayoría se trata de vehículos autoconstruidos, con tablones de madera que constituyen la caja posterior del carro, asentado sobre un eje de auto o de camión, con sus correspondientes neumáticos. De esta caja salen las ‘varas’, dos troncos finos colocados –de forma paralela- en la parte central anterior, que sirven para amarrar los caballos. También hay otro tipo de carros; algunos tienen la caja hecha con tablas enteras de madera, otros la tienen de chapa metálica y hasta hay algunos que están hechos para ser conducidos por dos o tres caballos.

Además de ser el medio de transporte, el carro funciona como unidad de medida. Un carro de arena equivale a 1,5 m3 de arena. Aquellos que están construidos con tablones –tres por lado- permiten además realizar mediciones parciales (el límite de cada tablón indica 0,5 m3 de arena).

El caballo. Al caballo lo podemos ubicar en un nivel de importancia igualable al del carro. La tracción animal es fundamental para el traslado de la arena o el pedregullo desde los arenales. Los propios trabajadores destacan el papel protagónico del animal, lo que puede percibirse por el trato humanizado que reciben los caballos: se les asignan nombres ‘propios’, se les habla o se les insulta como si fueran personas, generalmente no se les castiga, su alimentación es considerada un insumo básico para el éxito de una jornada de trabajo, y se les atribuyen ‘mañas’ o estados emocionales. En algunos casos la relación entre el carrero y su caballo podría interpretarse como de ‘compañerismo’ si no fuera porque está preestablecido un vínculo de dominación.

La zaranda. La zaranda es un rectángulo de madera, cuyo tamaño es variable aunque promedialmente la medida estándar 2m de largo por 0,5m de ancho. En el 1,5m superior la zaranda tiene cosida una malla metálica que precisamente es la que permite ‘colar’ la arena. El medio metro inferior contiene el embudo –que permite dirigir el pedregullo al recipiente colocado para tal fin- y los ‘pies’, extensiones de las tablas laterales de la zaranda que sirven de apoyo en la tierra. La zaranda necesita de un tercer punto de apoyo, proporcionado por un soporte de madera –generalmente una rama de árbol lo suficientemente gruesa como para resistir el peso del instrumento y la presión de la arena al ser procesada.


Los Usos Del Espacio

El campo en la ciudad

Las actividades de los carreros-areneros encierran apropiaciones del espacio características tanto de un medio rural como de un medio urbano. El trabajo extractivo -en los arenales del río, atravesando el monte- tiene mucho de la vinculación que se genera entre el hombre de campo y la naturaleza. "Perico es como un río" culminaba afirmando Morosoli en su cuento Arenero[4] y bastante de cierto hay en esto. De todas maneras este vínculo no es para nada idílico; si bien hay un fuerte aprecio de los trabajadores hacia el medio en el cual realizan la actividad es cierto que también lo responsabilizan de los efectos que tiene sobre su salud. Si trabajar al aire libre, a las orillas de un río, puede parecernos una ventaja a quienes estamos acostumbrados a los escritorios ciberantropológicos habría que tener en cuenta que muchas veces -para ser arenero- hay que palear con los pies descalzos en la arena fría y húmeda de los inviernos lluviosos y exponerse a la insolación en los veranos. Además una tarea al aire libre hace que el estado de salud de la persona sea un factor que incida directamente sobre la productividad -y por lo tanto en los ingresos- del trabajador y su familia.

Pero esta relación del carrero-arenero con el espacio -que podríamos en parte definir como rural- no quiere decir que su vínculo con el espacio urbano sea menos efectivo: por el contrario estos trabajadores desarrollan las tareas de distribución y comercialización de sus productos en la ciudad. Además allí es donde concretan las actividades básicas de su vida cotidiana. Es allí donde tienen sus hogares, sus familiares, las escuelas donde estudian sus hijos, y es ese espacio urbano el que genera la demanda de sus productos. Acerca del desenvolvimiento de estos trabajadores en el medio urbano podemos tomar como ejemplo la manera en que los encontramos dentro de la ciudad; temprano en la mañana o sobre el mediodía; después de la siesta y antes de la nochecita los carros pululan en el  paisaje urbano, de ida o vuelta, desde el río o hacia él. También es común verlos concretando un negocio, entregando un pedido, o simplemente transportando a su familia -a modo de paseo- en el carro.

Quien recorre la periferia de la planta urbana puede apreciar que es precisamente en esta zona de la ciudad donde -preferentemente- se encuentran las casas de los carreros-areneros: la manera de percibirlo es mediante la presencia de un carro estacionado en el exterior de una vivienda. La dispersión de estos trabajadores en la periferia tiene un punto de concentración en el barrio llamado Aguas Corrientes, el más próximo a uno de los principales caminos que conduce a los arenales. Allí en todas las manzanas hay por lo menos dos carros, llegando a existir -en algunos casos- hasta cuatro carros en una misma cuadra. Sin embargo esta proximidad no permite hablar de una ‘comunidad’ de trabajadores, ya que las viviendas están perfectamente integradas con las de otros vecinos del mismo barrio.

Podemos vincular estos usos del espacio con algunos de los conceptos teóricos que propone la Antropología Social del Trabajo; nos referimos más precisamente a una publicación[5] de la Asociación de Antropólogos Sociales de Gran Bretaña que identifica una serie de dimensiones del trabajo; a)energía, b)incentivo, c)recursos, d)valor, e)tiempo, f)lugar, g)personas, h)tecnología, y)identidad y alienación, y j) dominios, esferas y sistemas. El trabajo es presentado como estructurador del tiempo y de la identidad del trabajador, y en tal sentido es que el cuándo y el dónde del trabajo permiten relativizar las opciones valorativas que se realizan sobre la actividad. El lugar, que específicamente es analizado en tanto que espacio donde se desarrolla el trabajo, permite además un acercamiento hacia la identificación del trabajador con ese espacio particular, proceso éste - la identificación - que también se da con respecto al tipo de herramientas propias de un trabajo. En el caso de los carreros-areneros esta relación de identificación con el instrumental de trabajo es llevada al extremo de que reciben la denominación precisamente del carro que utilizan. En cuanto al vínculo con el lugar, hace referencia a lo que resaltábamos previamente, en cuanto a la manera en que estos trabajadores se relacionan con su medio y que definíamos como un vínculo más rural que urbano, no sólo por el contenido afectivo de tal relación, sino por las claras determinantes espacio-temporales.

Reconocimiento y división del espacio

Uno de los elementos que nos llevaba a detenernos en la relación hombre-medio, caracterizándola más como 'rural' que 'urbana' tiene que ver precisamente con los recursos que debe utilizar un carrero-arenero para desenvolverse eficientemente en su actividad. Primero que nada tiene que ser un buen conocedor de los caminos que conducen a los arenales -que no son es otra cosa que  trillos por donde pasan los carros- y de los caminos dentro de los propios arenales. Porque no se trata de meter el carro por el mismo camino que los demás; hay que tener ciertas nociones fundamentales sobre el peso que puede soportar determinado camino, reconociendo a veces simplemente el color de la tierra, o los cambios que sufren los arenales luego de cada lluvia, donde un lugar que antes era ocupado por arenas firmes puede convertirse en un sumidero del cual sea prácticamente imposible sacar un carro cargado, porque tanto el vehículo como el animal se entierran en el suelo anegado.

Luego de llegar al punto de extracción propiamente dicho, el carrero-arenero tiene que reconocer el lugar del cuál extraer el material. Las estrategias son variadas y las capacidades también; la textura superficial de la arena generalmente engaña -por lo menos para el lego en la materia- y hay que dar algunas paladas para saber si debajo de las primeras capas de suelo se puede encontrar material que pueda ser bien procesado.

Algunos carreros aseguran que pueden reconocer la presencia de buenos materiales -o sea de guijarros grandes y homogéneos- a través del ruido que hace la pala al chocar contra el suelo arenoso. Estas capacidades, claro está, son producto de la experiencia -conocimiento empírico- y del vínculo que la persona genera con su medio, con el espacio en el cual se desenvuelve.

Pero la relación no es simplemente hombre-medio. El arenal es fuente de trabajo y de vida, para los carreros-areneros de la ciudad y a veces no es lo suficientemente extenso como para todos. En los vínculos con los demás trabajadores, los carreros-areneros son reservados en cuanto a los lugares de donde se extrae el material. Y no los mueve el temor de que se pueda agotar, porque luego de cada lluvia, el Santa Lucía Chico trae consigo grandes cantidades de arena que renueva las posibilidades de explotación. La reserva tiene que ver con la competencia, con el hecho de marcar un lugar como propio porque es considerado más accesible, o al contrario, porque se llegó hasta allí luego de un importante esfuerzo. Además una de las capacidades más valoradas entre los propios trabajadores es la de reconocer un lugar donde la extracción y el proceso sea más sencillo que en otros, hecho este que se convierte en otra de las razones para guardar silencio acerca  del lugar de donde cada uno extrae el material.

Pero esta reserva no siempre es posible, y muchas veces se utiliza el 'marcado' de un lugar como insignia de su apropiación. En las primeras jornadas de trabajo de campo, para nuestro acercamiento -y gracias a un conocimiento superficial de la actividad- utilizamos como referencia para ubicar a los trabajadores en el arenal los restos de su propio trabajo. Como indicáramos previamente el zarandeo deja un rastro inconfundible: pequeños montículos de arena más fina - lo que no sirve como pedregullo - alrededor de los lugares de extracción. Estos restos son marcas del trabajo - que si bien no responden a señas personalizadas - si remiten a cierta 'ética' del trabajo en la que un carrero-arenero no se 'mete' en el lugar donde otro ha estado trabajando recientemente. De acuerdo a esta ética violar un espacio ‘ajeno’ sería casi tan grave como apropiarse del material ya trabajado por otro; o sea 'meterse' en el lugar de otro es como robarle el producto de su trabajo. Esta es una cuestión de códigos de conducta, y precisamente su carácter normativo responde a que en la realidad ocurren hechos de este tipo, ya que son materialmente inevitables. La herramienta para combatir estas actitudes pasa también por la ética; de esta manera la sanción remite a la reprobación de las conductas que se alejan de estas prescripciones.

Sobre las formas de almacenamiento

Uno de los usos del espacio fundamentales para esta actividad es el almacenamiento, del que existen formas variadas.

Los arenales del Santa Lucía Chico funcionan no sólo como el espacio productivo de este trabajo, sino como uno de los lugares de almacenamiento. A lo largo de cada jornada laboral, el arenero hace algunas interrupciones en sus tareas. El ejemplo más claro quizás es el de la típica siesta, el sueño breve de las tardes, que se mantiene en las ciudades del interior del Uruguay con el mismo arraigo que en el campo. En estas pausas los areneros dejan el producto de su trabajo -ya procesado- en el monte cercano al río. Pero esta forma de almacenamiento es utilizada otras tantas veces para acumular material de una jornada a la otra. Claro que no es de las formas más 'recomendables' porque una fuerte e inesperada lluvia puede hacer desaparecer el trabajo de una mañana, una tarde o de todo un día. Aunque lo de 'inesperada' corre más para un observador bastante más urbanizado -por llamarle de alguna manera- que estos trabajadores, cuyos códigos climáticos están mas relacionados con la percepción de los cambios en el ambiente o de la propia sintomatología somática, que con los pronósticos meteorológicos.

El lugar para realizar este almacenamiento debe ser tan reservado como el lugar de donde se extrae el material, o aún más, porque las relaciones de competencia con los demás carreros hacen de cualquier producto ya procesado un 'botín' bastante atractivo.

Hay carreros-areneros que prefieren -quizás por estos motivos- almacenar el producto extraído en sus propias casas. Es así que muchos de ellos tienen lugares determinados para el mantenimiento de cantidades fijas de arena o pedregullo. A partir de esta modalidad de almacenamiento es posible además otra forma de comercialización que no depende del 'encargo' sino que está relacionada con la capacidad de oferta del vendedor. En muchos casos estos trabajadores se benefician con el hecho de no tener que salir a distribuir el producto, ya que los compradores se acercan directamente a ellos.

Estas diferentes formas de acumulación de material pueden relacionarse directamente con las que propone Tim Ingold sobre los tipos de almacenamiento[6], distinguiendo entre el ecológico, el práctico y el social. Como almacenamiento ecológico podríamos definir, en este caso, a los propios arenales del Santa Lucía Chico ya que además de cantera de extracción representan un recurso siempre disponible para el momento en que el trabajador se decide a explotarlo. Como almacenamiento práctico podríamos catalogar esa reserva de material ya procesado que los carreros-areneros hacen en el monte, mientras que una clara expresión del almacenamiento social la hallamos en aquellos casos donde el trabajador destina un lugar específico de su propia vivienda para colocar el producto.


Los distintos Carreros-Areneros: una Tipología

Tratando de captar las diferentes generalidades que presentan los carreros-areneros es que proponemos la siguiente tipología, con el sentido de lograr agrupamientos de las diferentes situaciones en que se encuentran estos trabajadores.

Para cumplir con el fin propuesto nos valemos dos criterios diferenciadores: 1) la posición en las relaciones sociales de producción y 2) de acuerdo a sus saberes y habilidades.

Según el primer criterio y siguiendo la conceptualización que hace Marx del proceso de trabajo[7], proponemos tres tipos de trabajadores: los cuentapropistas, los familiares y los proletarizados.

Siguiendo el segundo criterio podemos diferenciar a los carreros-areneros en trabajadores tradicionales y 'sieteoficios' urbanos.

Para dar cuenta satisfactoriamente de la situación socio-económica de estos trabajadores ambos criterios deben cruzarse; esto es, las dos diferenciaciones que proponemos no son suficientes para explicar la realidad de los carreros-areneros si no se consideran a un mismo tiempo y de manera complementaria.

De acuerdo a las relaciones sociales de producción

Los cuentapropistas. Son aquellos carreros-areneros que son propietarios de los medios de producción. En este grupo encontramos a los trabajadores tradicionales y también a muchos de los 'sieteoficios' urbanos que han adaptado el uso de su carro no sólo para la extracción de arena, sino para otras actividades relacionadas o no con los recursos naturales que ofrece el monte fluvial.

Los trabajadores familiares. En este grupo podemos incluir a los trabajadores más jóvenes y a las mujeres. En muchos casos colaboran con el trabajo de un hombre adulto, y es de esa manera que toman contacto con la actividad. Los medios de producción que emplean son un bien común, que ha sido utilizado anteriormente por los adultos del núcleo familiar. El producto económico de su trabajo es administrado por el grupo familiar, que muchas veces se encarga hasta de la distribución y comercialización de los materiales.

Los proletarizados. Estos son los trabajadores que venden su fuerza de trabajo a los propietarios de los medios de producción. En estos casos generalmente se trata de 'sieteoficios' urbanos, trabajadores zafrales, que se dedican a la extracción de arena como complemento de otras actividades que realizan a lo largo del año. El propietario de los medios de producción generalmente es proveedor de barracas de construcción, a las que les vende arena extraída con camiones y el pedregullo que extraen para él los carreros-areneros. Del 'salario' que reciben estos trabajadores se les descuenta un porcentaje que supuestamente se destina al gasto de alimentación del caballo. A pesar de que este contratante generalmente posee permiso de extracción de arena -tramitado ante la Dirección de Hidrografía del Ministerio de Transporte y Obras Públicas- la relación con los trabajadores es completamente ilegal. Esta flexibilidad es la que permite -¿o provoca?- una gran movilidad de los trabajadores de esta actividad a otras.

De acuerdo a los saberes y habilidades

Los trabajadores tradicionales. En este tipo incluimos a aquellos carreros-areneros que se dedican exclusivamente a la extracción de arena y pedregullo. Son los exponentes del oficio tradicional, o sea de un conjunto de saberes y habilidades específicos transmitidos generacionalmente. Sus vinculaciones con la actividad se remiten a su infancia a sus años mozos. Como categoría son lo más próximo a las descripciones de Morosoli. Considerando la estructuración de saberes, estos trabajadores son los de mayor 'prestigio', los veteranos más conocedores de la actividad y los que aseguran que 'no cualquiera puede ser arenero'. Vinculándolos con la categorización anterior -en base a las relaciones sociales de producción- podemos decir que son propietarios de los medios de producción, y por tanto su actividad puede considerarse como autogestionada o cuentapropista.

Los ‘sieteoficios’ urbano. Esta quizás es la categoría más difusa. Aquí encontramos tanto a cuentapropistas como a trabajadores proletarizados, o sea desde propietarios de sus medios de producción hasta desposeídos que venden su fuerza de trabajo. Considerando sus saberes y habilidades podemos decir que se trata de personas calificadas para realizar diferentes tareas, tanto urbanas como rurales. Aquellos que son dueños de sus propios medios de producción, se reconvierten: además de areneros se transforman en vendedores de leña de monte -que ellos mismos montean-, vendedores de panes de césped -que ellos mismos cortan del monte y colocan en los jardines de los compradores- y en muchos casos también utilizan su carro como flete. Como se puede apreciar esta reconversión de los carreros apunta a una venta de servicios, que parece ser orientada tanto por la demanda del mercado local como por la creatividad de cada uno de estos trabajadores.

Aquellos que no poseen los medios de producción, los que venden su fuerza de trabajo, aplican esta actividad como una zafra más; cuando no hay trabajo en los tambos, en la esquila, en los hornos de ladrillo o en las cosechas de las granjas hortofrutícolas, se dedican a extraer arena o pedregullo para quien los contrate. Su relación en todos estos casos es similar a la del peón rural con su patrón, aunque con un grado mucho mayor de libertad, lo que le permite una importante movilidad laboral y le da una capacidad de subsistencia que seguramente envidiarían muchos de los trabajadores desempleados, que luego de expulsados del mercado formal de trabajo tienen pocas posibilidades de reinsertarse en él.


Una Actividad Informal Integrada a la Economía Formal

Como en parte hemos venido adelantando, la actividad de los carreros-areneros -que podría pensarse como marginal- está altamente integrada con la economía formal de la ciudad de Florida, que -obviamente- a su vez se integra de diferentes maneras en la economía nacional.

Para la calificación de informal partimos de los elementos que propone la socióloga Rosario Aguirre:

“...la inserción de trabajadores en actividades de pequeña escala (...) la inestabilidad laboral, los bajos ingresos y la falta de protección legal.”[8]

El conjunto de estos elementos es una constante en la situación de los diferentes tipos de trabajadores areneros.

Ahora, si pretendemos analizar la integración de este trabajo informal en la economía formal, podemos comenzar por el caso de los trabajadores familiares -los más jóvenes y las mujeres-, partiendo de un fenómeno particular también identificado por Aguirre:

“Los hogares son los ámbitos de integración de distintas modalidades de trabajo (doméstico, de subsistencia y remunerado) mediante los cuales se recomponen los ingresos a través de un proceso cambiante en el tiempo en función de las necesidades y recursos existentes. (...) Puede haber dentro de una misma familia quienes trabajen en actividades formales e informales; una misma persona puede incluso estar simultáneamente vinculada a trabajos informales y a trabajos asalariados. El desempeño de actividades informales cumple entonces un papel fundamental ya que al disminuir los problemas del ingreso familiar, se atenúan las presiones sociales.”[9]

Además la integración de la actividad de estos trabajadores con le economía formal se da por su la comercialización de productos para la construcción, tanto en barracas o de forma particular. En el caso de los trabajadores que aquí proponemos llamar proletarizados, la integración de su actividad se produce directamente al vender su fuerza de trabajo a alguien que comercializa los productos al por mayor.

Esta integración parece pasar desapercibida para las autoridades, tanto por las municipales como por las nacionales, y no sólo por el hecho de que no exista ninguna fiscalización de los permisos de extracción, sino por la vista gorda que realizan los organismos de seguridad social (tanto a nivel jubilatorio -Banco de Previsión Social- como a nivel de los servicios encargados de la fiscalización de las condiciones laborales y legales de los trabajadores -Ministerio de Trabajo y Seguridad Social).

Podría pensarse que la no fiscalización de los permisos de extracción puede beneficiar a los trabajadores, ya que les permite una mayor libertad laboral; sin embargo esta situación favorece a quienes extraen arena y pedregullo del río a través de los métodos no tradicionales -palas mecánicas y camiones- lo que genera una situación de competencia que los carreros-areneros no pueden afrontar. No en vano hemos señalado que esta competencia ha significado que para estos trabajadores no sea rentable la explotación del recurso arena.


LA TRANSMISIÓN CULTURAL DE UNA ESTRATEGIA DE SUBSISTENCIA

"De gurí fui benteveo, de muchacho embolsador,

fui taipero por el este, y en el norte domador,

naranjero por el Salto, y cañero en Bella Unión,

lobero en Cabo Polonio y en Colonia pescador,

rodé por muchos caminos, la bolita se gastó,

quién me diga siete oficios, pa' mi se queda rabón."

Historia de un viejo, Washington Benavídez

La estrategia de subsistencia de los carreros-areneros, esos saberes y habilidades a los que hacíamos referencia en el intento de tipología que proponíamos, tiene un claro origen rural, según las fuentes y antecedentes que hemos manejado.

Daniel Vidart por ejemplo incluye dentro de los "tipos paisanos" –categoría de trabajador rural afincado en una estancia- al "peón pa´ todo". Allí lo define como

“Hábil jinete, cortador de leña en el monte y en el patio de paraísos, alambrador cuando se necesita, albañil cuando cuadra, aguatero cuando el agua del pozo escasea, vareador de los parejeros del feudo, rasqueteador de los toros de raza, palafrenero humilde de la niña, mandadero hacia los cuatro puntos cardinales,...”[10]

El ‘sieteoficios’ había sido definido previamente por el narrador Juan José Morosoli –el mismo que hace la descripción de Perico, el arenero-

“El comienza todos los días. Allá averigua que se necesita un hombre para hacer piques.(...) Terminado el trabajo cobra y marcha buscando nuevos destinos. Ahora será alambrador, haciendo yunta con otro agenciavidas como él, con quién compartirá -siquiera sea- mate y silencio. Otra vez es parte de una comparsa de esquiladores que va picoteando aquí y allá, porque las estancias tienen sus máquinas para ese fin. Después será hornero, parando una quema de ladrillos, (...) Más tarde va a una cruzada buscando contrabando (...) Será al fin estaquero, que es el que apronta las estacas para hacer un monte (...) Será otro día domador (...) Hay, además, mil pequeñas changas en la que este hombre puede obtener unos días de actividad (...) Si la estancia cercana tiene chacra para el consumo de la casa desgranará maíz, compondrá algún chiquero, cortará paja en el bañado para hacer un quinche nuevo (...)”[11]

Pero Vidart incluye este ‘sieteoficios’ en su categoría de "los desclasados, los buscavidas, los refugiados". De esta manera sería un descendiente del gaucho, “ganapán del área ganadera” lo llama. No duda tampoco al atribuir esta modalidad de supervivencia a las condicionantes económicas:

"El subempleo crónico del medio rural obliga a los marginales económicos a rotar de tareas, a una indefinida sucesión de changas."[12]

El vínculo de estas estrategias de subsistencias con el medio urbano ya está presente en Vidart, no es para nada un descubrimiento de esta investigación. La diferencia que humildemente planteamos con este pionero de la antropología en Uruguay radica en la mirada, en el enfoque. Quizás su visión estuvo mediada por la experiencia urbana de Montevideo –a pesar de que Vidart es originario del interior-. Allí sin dudas el choque campo-ciudad es mucho más violento que el que pueda registrarse en una ciudad del interior del país.

Sus conceptos en 1969 eran claros:

"la voluntad de supervivencia de un proletario que huye del desempleo crónico buscando desesperadamente algún conchabo transitorio (...) Su ademán rebelde de supervivencia al final sucumbe: se sume en un rancherío, se engancha de soldado, cae como un aerolito en un planeta suburbano para revolver en los basurales y tripular un yoyó descangayado. Éste ya es el último chapaleo. El tipo prístino ha fermentado y decaído. Sin reservas de voluntad y paciencia, atenaceado por las enfermedades y loco de hastío, de soledad, se allega a las colmenas de los arrabales para terminar sus días entre las moscas, el hueserío y los olores agrios del cantegril"[13] (pág. 29)

Vidart ratifica estas afirmaciones con los propios testimonios que, de acuerdo a los "tipos humanos" que identifica, señala como los ‘orilleros’. Allí incluye a los habitantes de los cantegriles, y las propias entrevistas que reproduce en su trabajo muestran testimonios de personas  provenientes del interior, donde practicaban 'oficios tradicionales' o hacían 'changas'.

A nuestro entender, y a partir del acercamiento etnográfico que hemos tenido con los carreros-areneros de Florida, este conjunto de saberes y habilidades, propio del ‘sieteoficios’ que encontramos actualmente en un medio urbano del interior no ha sido valorado en tanto que estrategia de subsistencia. ¿ Es la expresión cultural de un mundo de la necesidad? No caben dudas. Pero no sólo eso. Al mismo tiempo esta es una herramienta que la cultura presenta a los individuos, una adaptación a condiciones socioeconómicas críticas, pautadas por crecientes niveles de desempleo. Esta adaptación parece ser la única respuesta posible ante la inercia de un orden social que instaura la desigualdad y se niega a reconocerla dando vuelta la cara.


Consideraciones Finales:

Perspectivas Futuras del Trabajo de los Carreros-Areneros.

Aunque parezca demasiado tajante consideramos que el trabajo de los

carreros-areneros como oficio tradicional está en vías de extinción. Hacemos esta afirmación basados en una multiplicidad de argumentos.

Como ya lo hemos expresado a lo largo de este trabajo, la extracción de arena ha dejado de ser redituable, ya que los mecanismos modernos logran costos que dejan a los areneros tradicionales fuera de competencia. ¿Qué pasa con la extracción de pedregullo? Si bien no existe -por lo menos por ahora- una forma mecánica de procesamiento de la arena para la producción de canto rodado, este material ya no se utiliza en las más modernas técnicas de construcción. El hormigón armado o las casas prefabricadas parecen ser la tendencia que seguirán los organismos públicos encargados de realizar construcciones planificadas (Banco Hipotecario, Ministerio de Vivienda o Intendencias) e incluso las empresas privadas. Esto afectará significativamente la capacidad de comercialización de los carreros-areneros, a quienes se reservaría el mercado de las autoconstrucciones o de las pequeñas empresas constructoras. Para completar este panorama se deben agregar las perspectivas de desarrollo económico para el departamento de Florida; según un trabajo del Grupo Interdisciplinario de Economía de la Energía

"La Construcción reduciría su participación en el PBI departamental en todos los escenarios. Descendería un lugar en los 10 sectores cuya participación en el PBI departamental sería más elevada en el año 2010; pasaría de representar casi 10% en 1993 a 5,7% en dicho año".[14]

Es diferente la situación para la estrategia de subsistencia. Creemos que precisamente a partir de su propia naturaleza tiene una capacidad inherente de adaptarse a las condiciones materiales que el desarrollo de las diferentes actividades económicas vayan registrando. Muestra de ello son las reconversiones que señalamos a lo largo de este trabajo, donde algunos carreros-areneros han pasado de productores y vendedores a proveedores de nuevos servicios. En estas adaptaciones la constante parece ser el carro, señal de identidad de estos trabajadores. Estas reconversiones que mencionábamos así lo indican, ya que giran en torno al carro como herramienta principal. La explicación de esta constante puede ser bastante sencilla: como medio de producción el carro es barato y  accesible incluso para los sectores más carenciados de la sociedad. Prueba de ello es la difusión de los ‘carritos’ entre los habitantes de los asentamientos irregulares de la periferia Montevideana, donde la supervivencia radica en la recolección y clasificación de residuos. Siguiendo esta línea de investigación, acercándonos a una mirada diacrónica, quizás podríamos considerar esta adaptación que hemos descrito en la ciudad de Florida como el eslabón perdido entre las carretas de los caminos rurales del novel Uruguay y los vehículos de los hurgadores  del Montevideo finisecular.




NOTAS

[1] Instituto Nacional de Estadística, Censo Nacional de Población y Vivienda, Montevideo, 1996.

[2] “Con gran esfuerzo y sacrificio de vidas, este territorio fue poblado poco a poco por el español y por indios ‘mansos’, al punto de que el indio Antonio Díaz donó terrenos para la primera capilla del Pintado [así se llamó originariamente al poblado de Florida, antes de que se trasladara a su ubicación actual], Monti Grane, Wilson, “El Paisaje y la Historia de Florida”, en Colección Los departamentos, Nº 6: Florida, Editorial Nuestra Tierra, Montevideo, 1970.

[3] Cruz, Alberto y Goirena, Felipe, “La Población” en Colección Los departamentos, Nº 6: Florida, Editorial Nuestra Tierra, Montevideo, 1970, y “Florida: Economía del departamento. Análisis y perspectivas al año 2010” Grupo Interdisciplinario de Economía de la Energía, UTE-Universidad de la República, Montevideo 1996.

[4] Morosoli, Juan José, "Arenero" en "Perico", EBO, Montevideo, 1982.

[5] Resumen de las ponencias presentadas en la conferencia realizada por la Asociación de Antropólogos Sociales de Gran Bretaña, en 1979, sobre el trabajo. “Social Anthropology of Work”, Book Review, Current Anthropology, Vol. 21, Nª 3, University of Chicago Press, Chicago, USA, 1980.

[6] Ingold, Tim, "El surgimiento del excedente económico y su apropiación", Trabajo y Capital Nº 1, págs. 107-137, Montevideo, 1989.

[7] Marx, Karl, "Proceso de trabajo y proceso de valoración" capítulo V de El Capital, México, Siglo XXI, 1987.

[8] Aguirre, Rosario “Las trabajadoras informales”, Uruguay hoy, Tercera serie Mujer y Trabajo Nº 3, pég. 2, CIEDUR, Montevideo, 1988.

[9] Ibidem.

[10] Daniel Vidart, “Tipos humanos del campo y la ciudad”, Nuestra Tierra Nº !2, Montevideo, 1969.

[11] Juan José Morosoli, “El siete oficios”, Marcha Nº 39, Montevideo, 1940.

[12]  Daniel Vidart, Op. Cit. Pág. 14.

[13] Op. Cit. Pág. 29.

[14] Grupo Interdisciplinario de Economía de la Energía, UTE-Universidad de la República, Op. Cit., pág. 29.

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