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LA ARQUEOLOGÍA: ENTRE LA INVESTIGACIÓN Y LA DIFUSIÓN.

Elena Juncosa Vecchierini
Equipo de investigación Arqueobalear
(Universidad de las Islas Baleares, España)

Dentro del patrimonio cultural en general, el patrimonio arqueológico es uno de los que presenta mayor cantidad de bienes, mayor complejidad de documentación y conservación así como mayor riesgo de expolio. El arqueólogo es el profesional de una disciplina de la que se considera primordialmente investigador y, a pesar de que en las últimas décadas ha ido diversificando sus funciones, hasta el momento en nuestro país no ha demostrado tener demasiado interés por la difusión.

En el caso concreto de las islas Baleares, en los últimos años se ha producido un importante incremento (más a nivel cuantitativo que cualitativo) de la investigación arqueológica: mayor número de excavaciones programadas y de urgencia, promulgación de decretos, etc; incluso se aprecia un mayor número de estudiantes de arqueología. Pero hay que lamentar que este proceso no ha ido acompañado de una adecuada difusión en la sociedad; parece que el arqueólogo todavía no está concienciado de que el verdadero beneficiario de su trabajo debe ser la sociedad, el gran público, a quien este trabajo, por el momento, no llega. Para ello hay que difundir, divulgar, pero con voluntad didáctica. Existe la necesidad urgente de mejorar los sistemas de protección de nuestro patrimonio arqueológico. A menudo asistimos a la desaparición de muchos sitios que son destruidos al entrar en conflicto con obras de interés público o privado. Muchos de estos conflictos podrían evitarse de existir una coordinación global en la actuación antes, durante y después de la excavación. Actuar no sólo es excavar. En la universidad a menudo se enseña a los arqueólogos que la única actividad arqueológica es la excavación propiamente dicha, y que el trabajo termina con ésta. Debe existir un proyecto integral redactado de antemano que contemple la excavación, conservación, financiación, presentación y difusión de los restos[1]. El alto coste económico y la inversión necesaria es otro tema a tener en cuenta pues a menudo supone un serio problema. Por último, no podemos eludir la incapacidad de las Administraciones en establecer mecanismos de protección apropiados.

Si tenemos en cuenta que la arqueología es una profesión que depende casi exclusivamente del sector público (a pesar del auge de las empresas), y que vivimos en una sociedad donde se valora la utilidad de una profesión con criterios “materiales” (socioeconómicos) se puede llegar fácilmente a la conclusión de que esta profesión es poco útil para la sociedad. En pocas palabras, la demanda de arqueólogos es institucional, no social. Todo bastante ilógico si pensamos que la mayor parte del gasto generado por la arqueología es público; entonces, ¿qué rendibilidad social tiene?. En definitiva, la sociedad considera que la arqueología no le reporta beneficios directos y palpables, más bien la ve como algo extraño y distante, de interés minoritario, o bien de aventuras.

Para combatir esta escasa proyección social es necesario que los arqueólogos tomen la iniciativa, con metodologías estrictamente pedagógicas, difundiendo la arqueología mediante todos los sistemas disponibles a su alcance. Hay que romper ese círculo vicioso producido por la falta de interés social, institucional y de los propios arqueólogos. Proteger nuestro patrimonio supone un proceso educativo en el que la presentación e interpretación son primordiales por su capacidad de despertar la conciencia ante el valor del patrimonio. Dejar el sitio tras su excavación no es protegerlo sino destruirlo; y concebirlo sólo como un producto comercial hace que pierda sus valores básicos. No hay duda de que es posible un camino intermedio que contemple el beneficio para la comunidad. Un beneficio tanto social, como cultural, como económico.         

Dentro del marco de la difusión del patrimonio arqueológico en España cabe destacar el proyecto de “Plan Nacional de Parques Arqueológicos”, incluido en 1986 en los programas de inversión de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos del Ministerio de Cultura[2]. El objetivo de dicho Plan no era sólo el desarrollo de actuaciones integrales en zonas arqueológicas de interés para conseguir una rendibilidad social, sino ser una iniciativa de soporte tanto técnico como económico desde el Ministerio de Cultura a las comunidades autónomas, derivada de la publicación de la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985 y el proceso de transferencia a las comunidades autónomas en materia de cultura. Lamentablemente, esta idea quedó paralizada por problemas políticos y presupuestarios, pero el término fue ampliamente aceptado por los especialistas y se dieron algunas iniciativas de las cuales algunas han llegado a ver la luz con mayor o menor éxito[3]. Por último, cabe destacar la iniciativa de la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha, que en noviembre de 2000 presentó un borrador de Ley de Parques Arqueológicos, basándose en el artículo 18 de la Ley de Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha donde se alude a la creación de parques arqueológicos que aseguren la consolidación, recuperación y conocimiento de los yacimientos arqueológicos de la comunidad en su contexto natural y cultural[4].

            A la hora de hablar de las Baleares la problemática se agudiza puesto que el turismo de masas, el turismo de playa, acapara toda la atención ya que supone la mayor fuente de ingresos de la isla. Parece que hay poco interés por desarrollar un turismo de calidad. Esa imagen de paraíso que se vende es la misma que se está destruyendo. Pensamos que el patrimonio arqueológico es un recurso no apreciado, y que bien planificado y gestionado, además de favorecer su conservación y difusión podría ofrecer una alternativa que ayudaría a la revalorización del turismo balear.

No está de más recordar que las islas poseen un importante patrimonio arqueológico, representado por gran cantidad de elementos singulares así como de una serie de equipamientos (museos) que hasta el momento no se han sabido ordenar y estructurar. Se han ignorado las potencialidades de este patrimonio y el dinamismo del territorio. Para dinamizar el patrimonio arqueológico habría que poner en marcha una serie de medidas y herramientas que garanticen su protección, catalogación y difusión, para que realmente puedan desarrollar ese potencial lúdico, educativo, social y económico.

BIBLIOGRAFÍA

(I) JORNADES D'ARQUEOLOGIA I PEDAGOGIA. Barcelona: Museu d'Arqueologia de Catalunya. 1996.

(II) JORNADES D'ARQUEOLOGIA I PEDAGOGIA. Barcelona: Museu d'Arqueologia de Catalunya. 1998.

Juncosa Vecchierini, Elena: Musealización del yacimiento arqueológico de Closos de Can Gaià. Tesis de licenciatura. Barcelona, 2001. Inédito.

Juncosa Vecchierini, Elena: "Valoración del patrimonio histórico como elemento de diferenciación turística". Premio Art Jove 2001, Govern de les Illes Balears. Palma de Mallorca, 2001.

JUNCOSA VECCHIERINI, E.; CALVO, M.; et alii. “El jaciment dels Closos de Can Gaià com a recurs turístic i cultural”. En: Jornades d'estudis locals de Felanitx, 26 i 27 de maig del 2000.

SANTACANA, Joan. "Los parques arqueológicos en Europa. Noticia de unos espacios didácticos desconocidos hasta ahora en España". En: Iber, Didáctica de las Ciencias Sociales, número 3. Barcelona: enero 1995. Pp. 100-112.

Seminario de Parques Arqueológicos. (Madrid, 13-15 de diciembre 1989). Ministerio de Cultura, Madrid, 1993.



[1] Ciertas comunidades autónomas como la de las Baleares contemplan en su Ley de Patrimonio Histórico esta visión global.

[2] En este Plan se define un Parque Arqueológico a partir de los siguientes rasgos y particularidades:

-          Es un yacimiento o zona arqueológica declarada Bien de Interés Cultural juntamente con su entorno.

-          Presenta un alto grado de interés científico, educativo e histórico.

-          Su estado de conservación es lo suficientemente bueno como para que sea posible la exposición al público de sus componentes principales.

-          Ha sido dotado de una infraestructura apropiada para su consideración como área visitable o abierta al público.

-          Su conversión en zona visitable ha tenido en cuenta la doble interacción entre el yacimiento y su entorno (micro entorno), y entre el Parque y su entorno (macro entorno).

-          La clave o guía de dicha conversión ha sido la consecución de la mayor rentabilidad social posible.

[3] Fruto del "Plan Nacional de Parques arqueológicos": AAVV. Seminario de Parques Arqueológicos. (Madrid, 13-15 de diciembre 1989). Ministerio de Cultura, Madrid, 1993.

[4] Página web: http://www.jccm.es/educacion/cultura/arqueo. En este proyecto se incluyen los yacimientos de El Tolmo de Minateda en Hellín (Albacete), Alarcos (Ciudad Real), Segóbriga (Saelices, Cuenca), Recópolis(Zorita de los Canes, Guadalajara), y Santa María de Abajo en Carranque (Toledo). Hay que recordar que esta comunidad fue la primera en promulgar su propia Ley de Patrimonio Histórico en 1990.

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