49 Congreso Internacional del Americanistas (ICA)

Quito Ecuador

7-11 julio 1997

 

Virginie Laurent

"Pueblos Indígenas Y Espacios Políticos En Colombia: Tendencias Nacionales, Diferencias Regionales"

Por Virginie Laurent

En los últimos años, los Indígenas de Colombia han adquirido una creciente visibilidad sobre la escena política nacional. A partir de una observación de su participación en las elecciones del 94, se propone una reflexión general sobre las motivaciones y los impactos de su experiencia, con un enfoque en los casos de los departamentos del Cauca, del Vichada y de la Guajira.

 

Pueblos Indígenas Y Espacios Políticos En Colombia:Tendencias Nacionales, Diferencias Regionales (1)

En los últimos años, los Indígenas de Colombia han adquirido una creciente visibilidad sobre la escena política nacional. Desde comienzos de los noventa se eligen representantes indígenas para algunos de los puestos claves del país: Asamblea Constituyente, alcaldías, consejos municipales, asambleas departamentales. Así mismo, con la adopción de una nueva constitución política en 1991, el Congreso se convierte en el objetivo de las "fuerzas indígenas", cuyos representantes detentan varios de sus puestos.

Esta presencia indígena en el juego político nacional no se da sin antecedentes. En la primera mitad de este siglo, tres figuras indígenas se van a destacar por sus acciones políticas en el país: Manuel Quintín Lame, quién da origen a las reivindicaciones de las comunidades indígenas para la defensa de sus derechos, José Gonzalo Sánchez, quién participó en la creación del Partido Comunista Colombiano, y Eutiquio Timote, candidato de dicho partido para las elecciones presidenciales de 1934. Paralelamente, las comunidades indígenas les han brindado tradicionalmente un apoyo significativo a los dos principales partidos políticos colombianos: el Partido Liberal y el Partido Conservador. Por otra parte, la participación de los Indígenas en procesos electorales corresponde a una expresión no-exclusiva de sus "formas de hacer política". La existencia del Cabildo y de las "autoridades tradicionales" -y, sobre todo, su supervivencia, hoy en día-, demuestran que también funcionan sistemas políticos propios al nivel de las comunidades.

Sin embargo, la trayectoria reciente de los Indígenas en la vida política colombiana tiene un carácter especifico: por primera vez, se afirman en los distintos órganos de representación de la Nación por medio de unas organizaciones políticas propias.

La experiencia de las comunidades indígenas de Colombia tiene un doble interés.

Primero, se inserta perfectamente en una reflexión no solamente colombiana ni latinoamericana, sino mundial, sobre la cuestión de la afirmación de lo étnico dentro de lo nacional. En efecto, los principios de los noventa han sido testigos del resurgimiento de las revindicaciones identitarias, de carácter étnico, religioso y/o cultural. Estas reivindicaciones, que se alimentan de la construcción de un discurso político fundado sobre la etnicidad, contribuyen al cuestionamiento sobre la estabilidad de las "sociedades nacionales". En algunos casos, han podido llevar a su destrucción o desagregación: los conflictos interétnicos recientes en varias partes de Europa oriental y Asia son seguramente una de sus expresiones mas significativas. Sin embargo, las reivindicaciones identitarias también han podido ser expresadas por "minorías" en otro tipo de dirección, en los términos de una búsqueda de inserción dentro de la Nación: en América latina, los movimientos comunitarios étnicos han pretendido llevar una lucha iniciada hace unos treinta anos por vía legal o por vía armada, a fin de poder afirmarse como ciudadanos dentro de las sociedades nacionales. Discriminados durante mucho tiempo por ser "indios" , los Indígenas de América latina van, a partir de la segunda mitad de los años 60, a usar su "cualidad de Indios" para hacer valer sus derechos. Se realiza así una conversión de una "identidad negativa" en una "identidad positiva", de una identidad "en sí" en una identidad "por sí"; se opera una "instrumentalización" de la etnicidad. Fundada en una historia común a todos los Indígenas del continente latinoamericano, la indianidad aparece como el pilar de sus demandas. La referencia identitaria llama al respeto de una especificidad étnica; implica paralelamente, sin embargo, la voluntad manifestada por las comunidades indígenas de tener acceso a la modernidad y de integrarse a la Nación (2). Les permite a los Indígenas ir mas allá del marco de las reivindicaciones puntuales -por la tierra, por una educación bilingue...; es el medio que se dan para denunciar el "colonialismo interno" y las relaciones de desigualdad Indios-"no-Indios", dominados-dominantes, "neocolonizados-neocolonizadores". Paralelamente a estas luchas identitarias, varios países de América latina han procedido a una redefinición del estatu de las comunidades indígenas. Fueron realizadas unas reformas constitucionales, que toman en cuenta el carácter "multiétnico y pluricultural" de las Naciones. Unas políticas indigenistas fueron reformuladas y unas campañas electorales llevadas, dándoles un significado sin precedentes a los Indios (3). En este sentido, la trayectoria de los Indígenas de Colombia es, en parte, paralela a la de otras comunidades organizadas en América latina.

Sin embargo, el otro interés del caso colombiano está relacionado con sus particularidades. Primero, Colombia se distingue de otros países de América Latina por la debilidad cuantitativa de su población indígena. El Estado colombiano, es más, se ha caracterizado por una cierta "indulgencia" con respecto a las comunidades indígenas: se ha afirmado como árbitro en relación con ellas con miras a reforzar su legitimidad en ciertas "zonas de riesgo" y les ha reconocido una posición de interlocutor (4). Se pueden resaltar, por último, algunas aparentes paradojas: no obstante su pequeño número los Indígenas colombianos han obtenido una cantidad de derechos que no tienen equivalente en el marco del continente latinoamericano; y esto se ha logrado, además, por medio de la ley, en un país señalado como tradicionalmente "violento". La experiencia colombiana, dado su carácter fuera de lo común presenta, por tanto, un gran interés.

A continuación, se realiza la presentación global de una investigación actualmente en curso sobre la la participación del movimiento indígena colombiano en la vida política nacional, haciendo émfasis, primero en las distintas organizaciones indígenas y en su movilización en el proceso electoral de 1994, luego en la situación observada en los departamentos del Cauca, del Vichada y de la Guajira. En este sentido, más que presentar conclusiones, se trata aquí de plantear algunas reflexiones generales a partir del material de trabajo recogido y de unas primeras estadías de terreno en las citadas zonas.

Tres preguntas principales se pueden destacar alrededor de la experiencia política de las comunidades indígenas de Colombia: ¿Qué razones motivaron su acceso a la vida política nacional? ¿Existe para ellas, de ahora en adelante, un espacio de participación, negociación y decisión dentro del sistema político colombiano? ¿Qué impacto puede tener su participación en el juego político tanto sobre el conjunto de la sociedad colombiana como sobre sus propios modos de organización -en las comunidades al igual que en el seno del movimiento indígena?

En respuesta, se han podido formular unas hipótesis de base.

La reciente participación de los Indígenas en la escena política colombiana parece poder interpretarse como la resultante de la conjunción de múltiples factores:

- la presencia de una situación atípica en Colombia con respecto al resto de América Latina; ya se mencionó la debilidad cuantitativa de la población indígena -ésta no es percibida como un "peligro potencial- y el papel del Estado que le reconoce un estatu de interlocutor;

- la naturaleza del movimiento indígena colombiano. Nacido en los años setenta, aparece como un movimiento social. Más allá de las reivindicaciones de identidad, tiene como proyecto la producción de una nueva sociedad. Junto a otros "excluidos" de la sociedad colombiana (campesinos, obreros, activistas de izquierda....), algunas organizaciones indígenas adelantan una lucha contra las relaciones de dominación impuestas por la clase dirigente del país y reproducidas por el cerramiento del sistema político.

- la puesta en marcha de medidas que oficialmente apuntan hacia una "apertura democrática" del país: elección popular de alcaldes a partir de 1988; elección de una asamblea constituyente en 1991. Al igual que otros grupos de la sociedad civil las comunidades indígenas han podido sacar provecho de este inusual contexto de remociones institucionales.

Sin duda alguna, las políticas de descentralización de fines de los años 80 y la aprobación de la Constitución de 1991 han permitido la aparición de nuevos espacios de participación, negociación y decisión para las poblaciones indígenas a nivel tanto local o regional como nacional (alcaldes indígenas elegidos popularmente, puesta en marcha de la elección popular de gobernadores, elección de dos senadores indígenas a través de una circunscripción electoral especial). Estas medidas pueden tener, sin embargo, "efectos perversos":

- a nivel nacional, se plantea la cuestión de la legitimidad de los representantes indígenas. Es posible preguntarse si los deseos del electorado indígena y/o pro-indígena serán respetados, si los nuevos líderes indígenas atenderán como es debido la representación de los intereses de las poblaciones indígenas del país, o si, una vez dentro de la arena política, se verán sometidos a la influencia de la clase política tradicional, siempre ampliamente mayoritaria.

- a nivel local y regional deben considerarse los riesgos de "manipulación" y de utilización de la "maquinaria política" dada la dimensión de los intereses territoriales, económicos, al igual que políticos. Es importante no olvidar la presencia, en algunas zonas con fuerte población indígena, de poderosos actores: partidos tradicionales, movimientos de oposición armada, compañías mineras, narcotraficantes, sectas protestantes... siendo sin duda varios los grupos que tendrán particular interés en ejercer un "control", directo o indirecto, sobre estas regiones. Por último, la participación de los Indígenas en la vida política probablemente tendrá un impacto sobre sus sistemas de organización:

- para las comunidades indígenas puede conllevar diferencias inter e intra comunitarias. Se puede pensar que se agudizarán las desigualdades entre las comunidades que se afirmen poco a poco en el universo político colombiano y aquellas que permanezcan aisladas. Igualmente podemos interrogarnos sobre la legitimidad del líder en el seno de la comunidad, sobre la adecuación entre la élite indígena tradicional y la nueva élite indígena -política.

- a nivel del movimiento indígena el acceso a la vida política nacional parece haber tenido como efecto la agudización de las diferencias existentes entre las distintas organizaciones y entre los nuevos líderes políticos indígenas: esto tendrá sin duda repercusiones sobre la cohesión del movimiento.

AICO, ONIC, ASÍ, MIC: cuatro organizaciones por una -¿sola?- causa indígena

Como ya se señaló, la experiencia política reciente de las comunidades indígenas de Colombia tiene unos antecedentes en su trayectoria de lucha y en la creación de unas organizaciones propias para defender sus derechos. Se pueden distinguir la naturaleza y la función, por una parte, de las organizaciones gremiales y, por otra parte, de las organizaciones políticas indígenas. Todas tienen como propósito defender los intereses de las comunidades. Sin embargo, las organizaciones políticas -nacidas de las organizaciones gremiales- también tienen que asumir, además de su cargo de representación, un papel de "participante directo" dentro de las corporaciones públicas de la Nación.

· las organizaciones gremiales

El movimiento indígena colombiano nace, ya se dijó, a principios de los setenta. En febrero del 71, varios representantes de unos Cabildos de los Resguardos del Norte del Cauca se reúnen para la creación del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Con un "programa en siete puntos", fundado sobre reivindicaciones territoriales e identitarias, ponen las bases de su lucha (5). Progresivamente, siguiendo el modelo propuesto por el CRIC, Indígenas de otras regiones de Colombia se unen, otras organizaciones comunitarias toman forma. En 1982, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) es la primera organización indígena constituida a nivel nacional. En 1992, alcanza a federar 38 organizaciones regionales, departamentales, locales y "zonales", así como binacionales, en zonas de frontera. De tal manera, su presencia está asegurada en el conjunto de los departamentos y la ONIC reagrupa aproximadamente el 90 % de la población indígena organizada (6).

Frente a la ONIC, la segunda organización indígena gremial representada a nivel nacional es el movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia (AICO), con características distintas y una trayectoria paralela. Perteneciendo al CRIC en un primer momento, los miembros del Resguardo de Guambía (Cauca) y un grupo de Paeces del Resguardo de Jambaló (Cauca) deciden salir de la organización regional en 1975: a su juicio, la presencia de muchos asesores no-indígenas y las numerosas contradicciones existentes con los miembros indígenas de la organización perjudican la naturaleza del trabajo propuesto. Sin embargo, para estos disidentes quienes se consideran como la base de la organización, "el CRIC no ha muerto". De 1980 a 1983, se realizan operaciones de recuperación de tierras en el Cauca, esta vez de manera independiente del CRIC. Una coordinación se establece con representantes de comunidades de los departamentos vecinos de Nariño y Putumayo. En esta misma época se crea AISO (organización de las Autoridades Indígenas del Sur Occidente) que, a finales de los ochenta, dará origen a AICO. La organización AICO, mucho mas pequeña que la ONIC, concentra su actividad en las regiones del Cauca, de Nariño y de la Sierra Nevada de Santa Marta; reúne, en gran parte, indígenas Guambianos y Paeces, pero también Yanaconas, Ingas y Arhuacos (7). Así como lo sugierre su nombre, la organización está fundada, ante todo, sobre el respeto a las autoridades tradicionales y a su papel, como veedores del orden político-social dentro de la comunidad y como transmisores del saber ancestral.

Por último, también existen unas organizaciones regionales o locales, que se reivindican como independientes y se alían de manera esporádica a una u otra de las organizaciones nacionales, principalmente a la ONIC (8).

· las organizaciones políticas

Por otra parte, son tres las fuerzas políticas indígenas nacionales: la ASI (Alianza Social Indígena), el MIC (Movimiento Indígena de Colombia) y el movimiento AICO.

La ASI y el MIC, ambos inscritos en un primer momento en el marco de la ONIC, han preferido poner sus fundamentos propios en función de su pertenencia regional. En el momento de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, en el 91, la ONIC había defendido los intereses de las comunidades indígenas del país al lado de AICO y de un miembro del movimiento desmovilizado de autodefensa indígena, el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL). Sin embargo, cuando, en 1991, la organización se reúne con el fin de elegir su candidato al Senado para el periodo 1991-94, dos tendencias se definen. Una parte -mayoritaria- de los participantes, compuesta por las organizaciones de la zona selva-llano, se expresa a favor del Inga Gabriel Muyuy. Por su parte, los representantes indígenas de la zona andina se oponen a la elección de este candidato y prefieren crear una nueva organización: de esta manera se crea la ASI, encabezada, en este entonces por quien iba a ser su representante electo en el Senado, Anatolio

Quirá. En respuesta a estas contradicciones, la ONIC decide entregar su "personería jurídica" y abandonar así el papel de fuerza política que había alcanzado en el momento de la constituyente. De igual manera, se niega a brindarle un apoyo al nivel electoral a cualquiera de los sectores políticos indígenas. Paralelamente, el grupo encabezado por Gabriel Muyuy opta por tomar sus distancias de la organización federativa y por dar origen a su propia fuerza política, el MIC.

Al nivel de los objetivos, la Alianza Social Indígena se define como una organización que "surge cercana de las luchas indígenas, pero responde a una problemática mas amplia y en ese sentido es una propuesta desde lo popular y pretende actuar en el campo de la búsqueda de una alternativa de poder" (9). De forma tal, la organización se articula a la vez en una lógica étnica y en una lógica de clases. Se propone participar en la construcción de una Nación que tenga como eje fundamental la diversidad cultural y el respeto de la diferencia; defender el pluralismo y la democracia, desde un nivel local y a partir de las bases hasta la estructura del Estado, así como la autonomía de organizaciones sociales y locales para la definición de su forma de vida; favorecer la convivencia de diversas formas de economías dentro de un modelo mixto con el fin de asegurar un desarrollo sostenido (10). En otros términos, la ASI ofrece un proyecto alternativo, no solamente político sino también enriquecido por unos elementos de carácter étnico, social, regional...

Por su parte, el MIC plantea la búsqueda de una solución a la situación de estancamiento generada por el monopolio político de los partidos tradicionales. Aspira a constituír un movimiento político fundado sobre la defensa, la protección y la conservación de los recursos naturales del territorio nacional; sobre un desarrollo económico y social acompañado por un mejoramiento del nivel de vida; sobre una participación real de "todos los Colombianos, sin distingo de raza, sexo, religión, credo político, formación académica" (11) en las distintas instancias de decisión del gobierno. Dicho movimiento insiste, además, sobre la necesidad de defender los intereses de los grupos étnicos, de los campesinos, de los marginados de los grandes sectores urbanos, de los trabajadores, de los intelectuales y de los estudiantes. De tal manera que, como la ASI, el MIC presenta un proyecto político fundado a la vez en una modificación de la sociedad colombiana, en términos de clases, y en una dimensión étnica.

El movimiento AICO es, a su vez, heredero de la organización de las Autoridades Indígenas del Sur Occidente (AISO). En 1990, esta organización toma el nombre de movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia y propone la candidatura del Guambiano Lorenzo Muelas con motivo de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. El movimiento AICO dice optar por concentrar su acción en dos elementos básicos: la recuperación de tierras y la puesta en marcha de los principios de autonomía, tal y cómo están consagrados en la Constitución del 91. Paralelamente, se propone actuar para la realización de un objetivo central: la reconstrucción económica, política y social de los pueblos indígenas de Colombia (12).

1994: año electoral

En la perspectiva de un estudio de la participación de las comunidades indígenas en la vida política nacional, las elecciones del 94 constituyen una herramienta de análisis significativo por varias razones. Primero, porque marcan una segunda etapa para una participación política indígena en términos de representación propia, después de la experiencia inédita de la Asamblea Nacional Constituyente y después de las elecciones parlamentarias de 1991 y de las municipales y departamentales de 1992. En este sentido, el año 1994 aparece como un momento probatorio para las organizaciones indígenas, que ayuda a medir la consolidación de su presencia en el juego político nacional. Por otra parte, el año 94 también es importante en la medida que reune todo tipo de elecciones: parlamentarias en marzo, presidenciales en mayo, municipales y departamentales en octubre. Por fin, el proceso de las elecciones de 1994 presenta otro interés, que fue la participación de las tres organizaciones políticas "indígenas" representadas a nivel nacional.

· listas, candidatos y resultados indígenas

El primer elemento que se puede destacar de la observación del proceso electoral de 1994 en comparación con las elecciones anteriores de 1991 y 1992, es un crecimiento fuerte de la movilización de las organizaciones indígenas en materia de elaboración de listas (13). En 1991, se habían presentado, al nivel del Congreso, tres candidatos para el Senado de la República y cinco para la Cámara de Representantes. En 1994, se contaron dos candidatos más para el Senado. Al nivel regional y local también se ha notado, en 1994, un aumento marcado del número de listas: en las últimas elecciones, 37 listas fueron presentadas para las alcaldías, por parte de las organizaciones indígenas, 247 para los consejos municipales y 29 para las asambleas departamentales. En las elecciones municipales y departamentales del 92, las organizaciones indígenas habían sumado apenas un total de 33 listas: tres para alcaldías, 25 para consejos municipales y cinco para asambleas departamentales. Paralelamente, también se puede mencionar la participación de un candidato indígena a la elección de vicepresidente en 1994 : la del Paéz Jesús Enrique Piñacué, quién se presentó a lado de un representante del grupo guerrillero desmovilizado M-19, Antonio Navarro. La única excepción que se tiene que tomar en cuenta a propósito de la preparación de listas por parte de las organizaciones indígenas en el 94 ha sido su ausencia de las gobernaciones; en 1991, en cambio, un candidato indígena había sido lanzado para la gobernación del departamento del Cauca.

En términos de resultados, se puede notar que las tendencias han sido distintas según que se haya tratado de elecciones realizadas al nivel nacional, regional o local. Al nivel nacional, es decir, al nivel del Congreso, las comunidades indígenas cuentan ahora con dos representantes menos que en el 91. Al nivel regional y local, por el contrario, el número de representantes indígenas ha aumentado de manera impresionante: hoy en día, las organizaciones políticas "indígenas" cuentan con ocho alcaldes, 175 concejales y 11 diputados (14). Por su parte, las organizaciones indígenas han elaborado diferentes tipos de estrategias. Mientras los movimientos AICO y MIC han logrado acceder al Congreso, la ASI ha privilegiado un trabajo de campaña electoral y se ha afirmado al nivel local y regional (15).

· Presencia indígena en corporaciones públicas: avances y limites...

De manera general, se puede decir que, a pesar de unos pocos y livianos retrocesos -sobre todo al nivel del Congreso y de las gobernaciones, la presencia de los Indígenas se ha afirmado de manera clara en el juego político nacional en el momento de las elecciones del 94: sea al nivel de la movilización o al nivel de los resultados obtenidos por las distintas organizaciones. Paralelamente a estos resultados, se alcanzan a distinguir "regiones políticamente indígenas", es decir zonas en las cuales la votación ha sido particularmente marcada a favor de candidatos indígenas. Son, por ejemplo, los casos de los departamentos :

- del Cauca y del Chocó, para las alcaldías

- del Cauca, del Chocó, de Antioquia, del Tolima, y de Nariño, para los consejos municipales

- del Vichada, de Antioquia, del Cauca, del Amazonas y del Chocó, para las asambleas departamentales.

Incluso, en algunos municipios del Cauca -Corinto, Jambaló, Toribío y La Vega, se logró elegir un consejo municipal mayoritariamente indígena.

Sin embargo, a pesar de su progresión global, es muy evidente que la participación de los Indígenas en el juego político nacional queda muy marginada en comparación con la posición de los partidos tradicionales. En efecto, se puede señalar que el voto a favor de candidatos indígenas no alcanza ni siquiera el 1 % del total de los votos para las elecciones municipales y departamentales. A este propósito, es interesante notar, de manera sorprendente, unos resultados muy bajos de los candidatos indígenas en algunos departamentos con una población indígena fuerte -como es el caso de los departamentos de la Guajira y del Guainía- y, por el contrario, resultados relativamente altos de algunos candidatos indígenas en las principales zonas urbanas del país -como Bogotá, Medellín y Cali. Este aparente desequilibrio entre "zonas indígenas" con baja votación a favor de candidatos indígenas, por una parte, y zonas urbanas "no- indígenas" con alta votación a favor de candidatos indígenas, por otra parte, lleva a algunas reflexiones relativas tanto al electorado "pro-indigenas" como a la naturaleza del voto a favor de los candidatos indígenas.

En un primer momento, se puede pensar que el electorado a favor de los candidatos de las organizaciones indígenas ha sido también compuesto por muchos no-Indígenas. También se puede suponer que el voto de estos no-Indígenas a favor de candidatos de organizaciones indígenas corresponde ante todo a un voto de protesta en contra de los partidos tradicionales: las organizaciones indígenas aparecen como una alternativa nueva; esta alternativa, además, aparece como viable para diversos sectores de la sociedad en la medida que, en parte, el discurso y el programa de unas de las fuerzas políticas indígenas no se limitan a la defensa de la indianidad, sino que, al contrario, también proponen unas medidas en acuerdo con intereses más amplios...

No obstante, si se trata de un voto de protesta, éste parece a la vez muy limitado y demasiado amplio. Como ya se mencionó, este voto no amenaza la posición de supremacía de los partidos tradicionales, o sea que, si se trata de un voto de protesta, queda siendo muy bajo. Es cierto que la "opción indígena" no es la única que se presenta frente a los partidos tradicionales: desde el momento de la Constituyente, también están presentes en el juego político varias fuerzas alternativas. Esto puede, en parte, contribuir a explicar la debilidad del voto "pro-Indígenas" como voto de protesta: la multiplicidad de las opciones estaría dividiendo los sectores opuestos a los partidos tradicionales y limitando la votación a favor de los Indígenas. Pero en este caso, los resultados de los candidatos indígenas también sorprenden, esta vez porque, al contrario, aparecen como muy altos en comparación con los de muchas de la otras fuerzas políticas, no tradicionales. Así que se puede pensar que, además de tener un contenido de protesta, el voto a favor de los candidatos indígenas corresponde también a un voto de apoyo (16).

Se puede señalar, además, que este tipo de voto de "no-Indígenas" a favor de candidatos indígenas ha sido mas sensible en el momento de la elección del Congreso. Por su parte, las elecciones realizadas a nivel de los municipios o de los departamentos han llevado a una mayor movilización de las comunidades indígenas. Sin embargo, esta movilización de las comunidades indígenas ha sido distinta según las regiones.

De manera general, las comunidades indígenas de las tierras altas de Colombia -y mas especialmente las de los departamentos del Cauca y de Nariño- así como las del Chocó, se han distinguido por su fuerte voluntad de participación. Se trata, en gran parte, de comunidades enfrentadas desde hace mucho tiempo al problema de presiones ejercidas en sus territorios; por esta misma razón, estas comunidades también han sido instigadoras de los primeros momentos de la lucha indígena. Veinticinco años después, aparecen como herederas de una larga experiencia. De tal manera, sus aspiraciones se inscriben dentro de un proceso continuo. Se expresan, hoy en día, en un contexto en el cual sus reivindicaciones primeras -derecho a un territorio, a una identidad, a unas autoridades propias- están reconocidas por la Constitución del país. Por esta misma razón, se trata para ellas, de ahora en adelante, de afirmarse dentro de la Nación en las bases existentes, fortaleciendo los distintos elementos que constituyen su indianidad; el acceso a cargos políticos sería, en esta perspectiva, un medio de realizar esta doble estrategia.

Por el contrario, otras comunidades -muchas, aisladas de la sociedad mestiza durante mas tiempo- han demostrado una menor participación en el momento del proceso electoral del 94. Este tipo de actitudes ha sido especialmente marcado en los departamentos del norte del país -Guajira, Cesar y Magdalena- así como en la mayoría de los departamentos de las zonas Amazonía y Orinoquía. Independientemente de la persistencia de la influencia de los partidos tradicionales, bastante fuerte en estas distintas regiones, parece que se pueden distinguir distintos tipos de casos y formular varias hipótesis para explicar el comportamiento de estas comunidades. En algunos casos, parece que el carácter muy bajo de los resultados obtenidos por los candidatos de las organizaciones "indígenas" en las ultimas elecciones podría traducir cierta indiferencia -o una oposición manifiesta- de las comunidades frente a la perspectiva de una participación propia en el juego político nacional. Seria, de pronto, el caso de unas comunidades de la Sierra Nevada de Santa Marta, fuertemente ligadas al respeto de sus autoridades tradicionales, o de las comunidades Wayuu del departamento de la Guajira, donde los resultados de los candidatos "indígenas" han quedado muy lejos de las expectativas después de unos esfuerzos de participación prometedores en las elecciones municipales del 92. En cambio, para la mayoría de las comunidades de los departamentos de la Orinoquía y la Amazonía, la debilidad de la movilización parece ser menos la expresión de un desinterés de las comunidades en materia de participación propia que el resultado de una mala preparación, de la falta de experiencia, de una capacidad a organizarse más limitada o de un conjunto de obstáculos externos -como pueden ser, por ejemplo, la lejanía de las mesas de votación, la "penuria" de cédulas y/o la presencia de numerosos "grupos de presión"...

Por otra parte, la reciente experiencia política ha generado o confirmado numerosos problemas de división para los Indígenas. Estas divisiones se han expresado a la vez al nivel de las organizaciones y al nivel de las comunidades. Se han podido ver claramente en las elecciones del 94 en la medida que, en algunos departamentos o municipios, las organizaciones indígenas se han presentado por listas distintas y, de esta manera, han aparecido como opciones antagónicas. En efecto, se ha dado una competencia entre las organizaciones ASI y AICO en los municipios Caucanos de Silvia, de la Sierra y de El Tambo; entre la ASI y AICO para la elección de la asamblea departamental del Cauca; y entre la ASI y el MIC para la elección de la asamblea departamental del Vichada. Si bien es cierto que muchas de estas divisiones no son recientes, también es evidente que, de manera general, han tomado cada vez más fuerza desde el principio de los 90 y que, en algunos casos, se han producido entre sectores que, en unos primeros momentos, fueron unidos. De esta manera, como ya se mencionó, dos fuerzas políticas se han conformado con base en distintos sectores de la ONIC, desde el 91: la ASI y el MIC. Además de estas divisiones principales, también han ocurrido otras divisiones, esta vez al nivel interno de las organizaciones. Así que el movimiento AICO se ha venido compartiendo entre dos tendencias encabezadas por dos miembros de la misma comunidad, la comunidad Guambiana: están los "pro-Muelas" por un lado, los "pro-Tunubala" por otro -lo que, obviamente, ha generado numerosos problemas de liderazgo al nivel del Cabildo de Guambía. Por su parte, la ASI se ha dividido, al nivel nacional, entre un sector a favor de Jesús Enrique Piñacué y un sector a favor de Francisco Rojas Birry.

Finalmente, no se puede hablar de participación y representación política sin tomar en cuenta la cuestión de la gestión de los municipios y departamentos, así que la capacidad de los líderes indígenas para asumir esta tarea. El movimiento de recursos de la Nación hacia los Resguardos indígenas por medio de los municipios -o departamentos- permitido a partir de la Constitución del 91, también ha tenido como efecto la agudización de rivalidades entre unos comuneros indígenas quienes aspiran a tener acceso a cargos tanto a nivel de corporaciones públicas como dentro del Cabildo, atraídos, ante todo, por el manejo de este dinero. En consecuencia, los Cabildos tienden a perder su cualidad de "autoridades tradicionales" y a ejercer un poder cada vez más "mecánico" (17). Por otra parte, la puesta en marcha de los "recusos de transferencia" no han preservado a las comunidades de prácticas clientelistas y robos. En consecuencia, debido a estas dificultades, se ha evidenciado la necesidad de una mejor preparación -capacitación- de los líderes indígenas.

Es muy evidente que la conjunción de los problemas de división y corrupción, así como la falta de experiencia de los líderes han llevado el movimiento indígena colombiano hacia una situación compleja. Sin embargo, un elemento interesante se puede destacar de este contexto dificil: las organizaciones AICO, ASI y MIC se han declarado conscientes de la crisis que está atravesando el movimiento indígena. En respuesta, han tratado de asumir una posicion crítica frente a las implicaciones de su participación en el juego político nacional y se han concentrado en la búsqueda de soluciones, principalmente articuladas en dos ejes prioritarios: por una parte, en una mejor correlación entre representantes elegidos y bases comunitarias; por otra parte, en la capacitación de los líderes indígenas.

Cauca, Vichada, Guajira: hacia una mirada regional

Porque, independientemente de unos numerosos obstáculos, el movimiento indígena sí parece haberse afirmado como nuevo potencial en el juego político nacional, un doble nivel de análisis es seguramente necesario a fin de poder medir mejor tanto sus avances como sus limites. A nivel nacional, es muy probable que los "logros" políticos de las organizaciones indígenas continuarán siendo débiles: están restringidos por la desproporción que existe entre el bajo número de sus representantes y la omnipotencia de los partidos tradicionales. Este desequilibrio evidente entre el poder de los partidos tradicionales y la falta de experiencia de los "partidos indígenas" nacientes puede, además de impedir un verdadero margen de maniobra de los elegidos "indígenas", tener un impacto negativo: la participación de representantes indígenas en el juego político nacional puede, indirectamente, servir para "legitimar" un sistema cerrado dentro del cual los partidos tradicionales siguen siendo ampliamente mayoritarios y al cual los "partidos indígenas" tienen acceso sólo en apariencias. A nivel local o departamental, por el contrario, parece haber unas zonas del país que, como ya se mencionó, alcanzan a distinguirse como "políticamente indígenas" a pesar de las dificultades impuestas por la presencia de los partidos tradicionales. Sin embargo, por prometedores que séan, estos "logros políticos indígenas" no se dan sin tener ciertos riesgos. A nivel local y regional, las comunidades indígenas pueden estar sometidas a todos tipos de estrategias ligadas a la defensa de intereses personales y al buen funcionamiento de la maquinaria política -prácticas clientelistas impuestas por medio de "manipulaciones" de los partidos tradicionales o instigadas por las mismas "fuerzas políticas indígenas".

Por otra parte, vista la fuerte disparidad de la población indígena en Colombia y la multiplicidad de actitudes y reacciones que ha asumido frente a las elecciones de 1994, según los departamentos, es seguramente imposible hablar de "la" participación del movimiento indígena en la vida política nacional cómo si se tratara de una sola forma de movilización difundida en todo el país. Por esta misma razón, a partir de la observación general del proceso electoral del 94, tres departamentos fueron escogidos para la realización de unos estudios de caso: el Cauca y el Vichada, por haberse destacado como "regiones políticamente indígenas"; la Guajira, en cambio, porque a pesar del potencial electoral que representa la población Wayuu, su movilización y representación por medio de organizaciones políticas propias han sido muy limitadas (18).

· Cauca: influencia de una larga trayectoria de lucha...

En Colombia, el departamento del Cauca se caracteriza, primero, por la presencia de una fuerte población indígena (19); también, por una repartición muy desigual de la tierra y por haber sido uno de los últimos departamentos a acabar con la práctica del terraje; por fin, por la larga trayectoria de resistencia de la población indígena. Por otra parte, como ya se señaló, el departamento del Cauca se destacó, en las elecciones de 1994, por la fuerte movilización y los buenos resultados de las organizaciones ASI y AICO: de la ASI fueron elegidos ocho alcaldes, 84 concejales y dos diputados; de AICO están un diputado y seis concejales en tres municipios.

Paralelamente con una evidente continuidad que existe al nivel del movimiento indígena del Cauca, entre la trayectoria de lucha y organisativa y la experiencia reciente de participación política por medio de fuerzas propias, el departamento demuestra una gran heterogeneidad, fundada sobre una serie de diferencias "zonales". Heterogeneidad que se expresó desde los primeros momentos del proceso organisativo de la sociedad civil, y que parece seguir teniendo un impacto fuerte al nivel de la experiencia política de los sectores llamados "alternativos", entre los cuales se encuentra el movimiento indígena.

Se distinguen varias "zonas" en el departamento del Cauca. A grandes razgos, las zonas Norte, Nororiente, Oriente, Centro, Occidente y Tierradentro presentan, de manera general, los mismos tipos de características: población muy diversificada, tanto al nivel étnico que al nivel socio-économico; fuerte población indígena -mayoritariamente Paéz, pero también Guambiana, en la Zona Oriente, y Coconuco, en la Zona Centro; presencia de actores armados; actividad del narcotráfico... Por su cercanía al departamento del Valle y por la actividad, en este departamento, primero de los azucareros, luego también de los narcotraficantes, la Zona Norte ha sido la más marcada por el problema de la tierra. Por esta misma razón, también se ha convertido en un lugar de numerosos enfrentamientos entre actores múltiples: campesinos -indígenas y negros-, terratenientes, grupos guerrilleros, nárcos, paramilitares.... Paralelamente, es la zona en la cual se han concentrado la lucha indígena de los 25 últimos años y la mayoría de las actividades del Instituo Nacional de Reforma Agraria en materia de compra y legalización de tierras. En la Zona Sur, en cambio, la población es principalmente mestiza y campesina, a pesar de la presencia de algunas comunidades negras y de las comunidades Yanaconas. Allí también, la lucha por la tierra ha sido fuerte; sin embargo, en esta región, el proceso de adquisición de tierras ha sido permitido, principalmente, por la existencia de organizaciones campesinas y sin que las reivindicaciones étnicas tengan mayor importancia. La Zona Sur se caracteriza, además, por la larga trayectoria de los grupos armados y por haber sido zona de predilección del narcotráfico. Finalmente, en la Zona Pacifica se concentra, en gran parte, la población negra del departamento. Con las perspectivas nuevas dadas a los grupos étnicos por la Constitución del 91 en términos de territorios, esta zona puede ser marcada, en un futuro próximo, por rivalidades interétnicas.

Frente a estas "diferencias zonales", un factor determinante en el departamento del Cauca han sido las numerosas experiencias organizativas y la creación, por una parte, de organizaciones de comunidades indígenas y, por otra parte, de organizaciones de otros sectores de la sociedad -campesinos, urbanos, etc....

Entre las experiencias organizativas indígenas, se destacan primero las ya mencionadas del CRIC y de AISO. Por otra parte, en la primera mitad de los 80s, se crea un movimiento armado indígena de autodefensa, el Movimiento Armado Quintín Lame. Este grupo dice no pretender luchar para el poder sino actúar de acuerdo con los Cabildos y estar al servicio de las comunidades indígenas, campesinas y urbanas para protegerlas de las acciones tanto de los grupos de "pájaros" como de los movimientos guerrilleros. En mayo del 91, el MAQL se desmoviliza y, convertido en organización política legalmente reconocida, participa en la Asamblea Nacional Constituyente por medio de un vocero. Finalmente, a final de los 80, se crea el Cabildo Mayor Yanacona, que reúne las comunidades Yanaconas de la Zona Sur, y se presenta como autónomo frente al CRIC y AICO.

Además de estas organizaciones comunitarias étnicas, otras fuerzas populares, esta vez no-indígenas, han tenido, un impacto importante al nivel del departamento -y, en consecuencia, también sobre las comunidades indígenas. Entre las organizaciones no-indígenas se encuentra la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), creada a finales de los 60s por el Presidente Carlos Lleras Restrepo para acompañar el proceso de Reforma Agraria y, sobre todo, a fin de enmarcar el sector campesino. La experiencia de la ANUC es importante en el sentido que la organización se convierte en herramienta para la recuperación de tierras, y que, por primera vez, permite que se reúnan varias comunidades indígenas del departamento dentro de un mismo movimiento. También tiene influencia, en el sur del departamento, el Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA), que fue creado en el 91 y se autodefine como un movimiento campesino regional a favor de la "participación popular en los campos político, cultural, económico y social" (20). Por fin, han tenido una considerable influencia, por su presencia en el departamento, las distintas organizaciones políticas de izquierda, sean cualquiera sus formas de expresión -legal o ilegal. En muchos casos, estas organizaciones han constituido factores de desestabilización para las comunidades indígenas. Sin embargo, también han podido convertirse en un elemento determinante -aunque sea indirecto- para que éstas fortalezcan su estructura organizativa contra numerosos riesgos de desintegración y fomenten estrategias en respuesta a la presencia de actores armados diversos en sus territorios -como lo ha sido, por ejemplo, la creación del MAQL.

Así como, al nivel del Cauca, se puede hablar de diversas experiencias organizativas, también parece necesario pensar en varios procesos políticos paralelos, y no en uno solo. Esto porque, paralelamente a la institucionalización de las demandas de las comunidades indígenas por vía de una participación en el juego político nacional con representación propia, se han distinguido las distintas tendencias ya mencionadas. Por una parte, la "linia CRIC" se expresa, al nivel político, por intermedio de la organización Alianza Social Indígena. Al nivel del Cauca, la ASI reúne una combinación de sectores e intereses, no solamente, indígenas sino también campesinos y urbanos. Por otra parte, la "linia Guambía" y el movimiento AISO se inscriben en el juego político nacional en el momento de la constituyente por medio del movimiento AICO.

La experiencia de estas organizaciones políticas "indígenas" -y particularmente la de la ASI- parece haber pasado por dos etapas en el departamento del Cauca. En un primer momento, parece haber obedecido a una lógica de unificación de todos los oprimidos. Sin embargo, parece que actualmente están resurgiendo las diferencias, y que se está reafirmando la heterogeneidad característica del departamento. Esta heterogeneidad, además de haberse expresado por las diferentes experiencias organizativas y políticas, también parece tener repercusiones en el funcionamiento -o disfuncionamiento- interno de las fuerzas políticas "indígenas" presentes en el departamento.

Muchos de los alcaldes, concejales y diputados elegidos por la ASI y AICO se caracterizan por haber tenido una experiencia previa al nivel de una organización popular. Sin embargo, sus trayectorias han sido muy diversas y, allí también, la "pertenencia zonal" de los candidatos ha tenido una influencia. En efecto, la mayoría de los candidatos elegidos al nivel de las Zonas Centro, Norte, Nororiente, Oriente, Occidente y Tierradentro son Indígenas. De manera general, en éstas regiones que han sido marcadas por la presencia de las organizaciones regionales CRIC y AISO, las autoridades tradicionales siguen teniendo mucha influencia y los elegidos mantienen una relación estrecha tanto con los Cabildos que con las fuerzas socio-políticas indígenas. Al nivel de la Zona Sur, en cambio, los candidatos elegidos por las organizaciones ASI y AICO son mayoritariamente mestizos y han tenido una experiencia de participación al nivel de "movimientos cívicos" mas bien no-Indígenas, sino campesinos o urbanos. Muchos de estos candidatos, es mas, no han dejado de pertenecer a estos movimientos cívicos, a pesar de su estatus nuevo de "representante" de la ASI o de AICO -muchos, por ejemplo, siguen perteneciendo al CIMA.

En punto a lo anterior, se puede señalar que, según la dirección regional de la ASI, han sido pocos los candidatos de la organización elegidos a alcaldías que hayan realmente respondido a las condiciones y a los objetivos fijados por la organización: a parte de los casos de unos pocos municipios de la Zona Norte, la mayoría de los alcaldes y consejales elegidos por la ASI se habrían alejado de la organización. Entre estos candidatos "aislados" de la organización de base, se encuentran dos principales tipos de figuras. Algunos, parecen haber sufrido de una "recuperación" por los partidos tradicionales. Pero otros, parecen haber decidido, de manera deliberada, tomar sus distancias frente a la organización; en esta segunda categoria se encuentran muchos de los candidatos originarios de la zona Sur del departamento, que han sido elegidos por la ASI pero que tienen unos lazos mas estrechos con otros "movimientos cívicos".

Dos factores ayudan a entender la existencia de este tipo de situaciones. Primero, la naturaleza del programa político propuesto por la ASI y la voluntad de la organización de aparecer como "abierta" a todos los sectores a favor de la democracia, y no limitada solamente a las comunidades indígenas. También, la necesidad de tener el aval de una organización política con personería jurídica para poder presentarse como candidato a estas elecciones -lo que ha llevado las organizaciones socio-políticas mas pequeñas a pedirles un aval a otras, mas grandes. Por su parte, para su defensa, estos elegidos de la ASI tienen como argumento que el futuro de las relaciones a establecer con la organización esta muy limitado por el hecho de que, a pesar de un discurso de apertura hacia numerosos sectores de la sociedad, la acción de la ASI se concentra al nivel de las comunidades indígenas y que la organización sigue dependiendo muy estrechamente del CRIC.

Con respeto al movimiento AICO, este problema de la adecuación candidatos elegidos/organización parece haber sido menos perceptible que para la ASI a nivel local y regional. Tal vez, primero, porque el numero de elegidos de AICO ha sido menor, lo que reduce los riesgos de "dispersión". Y quizas, porque en el caso de AICO, la "estructura de partido" está menos marcada que dentro de la ASI y que, en consecuencia, sus elegidos gozan de una mayor autonomía a nivel local y regional. Sin embargo, a nivel nacional, esta misma cuestión de la relación elegido/bases comunitarias corresponde seguramente a una de las principales dificultades que tiene que enfrentar la organizacion.

Estos elementos llevan a pensar que la crisis general que están atravesando las organizaciones políticas "indígenas" al nivel nacional (fuertes divisiones, falta de claridad frente a la función de representación al nivel de las corporaciones publicas...) también parece tener efectos en el Cauca.

Además de las dificultades ya evocadas de adecuación candidato elegido/organización, el movimiento indígena del Cauca ha sido básicamente confrontado a tres problemas principales desde las ultimas elecciones, que han, en parte, limitado su campo de acción al nivel político. El primero, interno, es la falta de recursos económicos. El segundo es, como ya se mencionó, la fuerza de la oposición de los partidos tradicionales. Sin embargo, en los últimos meses, la mayor preocupación para las comunidades indígenas del Cauca han sido las amenazas y/o acciones realizadas en sus territorios por grupos armados y en contra de sus dirigentes, entre las cuales se encuentra el asesinato por la guerrilla, el 19 de Agosto pasado, del alcalde -ASI- del municipio de Jambaló, Marden Betancur.

En el caso del Cauca, sin embargo, estas dificultades parecen haber llevado las organizaciones indígenas a cuestionar y a repensar, por una parte, su posición frente a actores externos a las comunidades pero presentes en sus territorios; por otra parte, sus proyectos políticos y la manera como plantean la relación organización/candidato electo.

En efecto, el asesinato del alcalde de Jambaló se ha acompañado de una reacción muy fuerte de parte del CRIC, respaldada no solamente por la ASI sino tambien por el movimiento AICO y las comunidades Guambianas. De esta manera, se ha demostrado la capacidad de éstas organizaciones a unirse a pesar de sus diferencias y desacuerdos antiguos así como su firmeza frente a este tipo de problemas. El CRIC ha respaldado la condenación de los culpables por los Cabildos de la Zona Norte como forma de expresión de la jurisdicción especial indígena (art. 247), ha denunciado públicamente la presencia de los grupos guerrilleros en territorios de las comunidades indígenas, y ha exigido el respeto de los principios fundamentales de sus reivindicaciones a favor de una autonomía indígena: defensa de los territorios, de las autoridades y de las formas de desarrollo de las comunidades.

Por otra parte, la cercanía de las próximas elecciones ha llevado las organizaciones políticas "indígenas" a sacar balances de su experiencia y a redefinir los términos tanto de sus discursos y programas como de sus estrategias. Para AICO, la mayor preocupación siga siendo, sin duda, la cuestión de la adecuación entre las comunidades que representa esta organización y sus elegidos. En los últimos meses, la desolidarización de las comunidades de Guambía frente al senador Lorenzo Muelas ha puesto en peligro el equilibrio del movimiento. Por lo que concierne a la ASI, parece que la primera necesidad sería dar mas claridad, por una parte, a los términos de su proyecto político: se tiene que definir si la ASI quiere ser ante todo alianza indígena o alianza social; y con base en este proyecto, se tienen que clarificar los términos de las relaciones candidatos/organización.

· Vichada: herencia de los patrones del clientelismo local

Al nivel del Vichada, la participación política de las comunidades indígenas parece haber tenido otros efectos y generado otros tipos de perspectivas y preocupaciones.

El departamento del Vichada se caracteriza primero por ser, relativamente, uno de los "mas indígenas" del país: la población indígena de este departamento alcanzaría mas del 90 % de la población total (21). Paralelamente, este departamento aparece como fuertemente multiétnico: la sola población indígena reúne unas nueve etnias -Sikuani, Saliva, Piarroa, Piapoco, Puinave, Curripaco, Amorua, Uitoto y Tiratapuyo. El Vichada presenta, además, unas propiedades representativas de los departamentos de la zona selva-llano, alejados de la capital y aislados del poder central: por ser zona de colonización y por ser una zona con poca presencia del Estado, en la cual se han venido constituyendo redes de poder entre las manos de diversos actores (grupos de guerrilla, paramilitares, narcotraficantes...) y en la cual ha aumentado fuertemente la presencia de las fuerzas armadas (22).

Dentro de este contexto, la experiencia política de las comunidades indígenas se destaca por haber sido única al nivel nacional. En este departamento, la creación de las organizaciones indígenas es relativamente reciente. Sin embargo, desde la aprobación de la Constitución del 91, se ha visto su fuerte movilización al nivel electoral. Esta movilización política se ha expresado por medio de distintas corrientes (la ASI y el MIC) y se ha traducido por una fuerte representación a nivel de la asamblea departamental del Vichada, con cinco diputados -cuatro Sikuani- elegidos por estas organizaciones. Por su carácter mayoritario, es bien evidente que la población indígena del Vichada constituye un potencial electoral significativo. Por esta misma razón, esta población está muy en la mira de las diversas fuerzas políticas presentes al nivel del departamento: fuerzas políticas indígenas, por una parte, con sus distintas tendencias, pero también partidos tradicionales y grupos armados de la izquierda que pueden tener interés en buscar unos "medios de cooptación" y brindarles un apoyo a "sus" candidatos. A este propósito, dos elementos, relativamente nuevos, han venido aún aumentando la importancia del papel de las comunidades indígenas en el juego político del departamento. El primero, es la posibilidad que ofrece la Constitución del 91 de elegir popularmente los gobernadores de los departamentos -gobernador que, en el caso del Vichada, podría ser indígena, dada la composición de la población. El segundo, es la creación reciente de un nuevo municipio; municipio de Cumaribo, del cual dependen ahora la mayor parte tanto de la población indígena como del territorio del Vichada y en el cual se elegirán alcalde y concejales a partir de las próximas elecciones.

La primera observación que se puede mencionar a propósito del caso del Vichada es que, en este departamento, lo gremial y lo político parecen estar totalmente separados. En efecto, a pesar de la existencia de unas organizaciones de base, los diputados elegidos actúan de manera aislada frente a ellas. Esto se traduce por la constitución de unos sistemas de alianzas y "desalianzas" de todos tipos entre las distintas "facciones" de las organizaciones indígenas -sean éstas gremiales o políticas.

Al nivel del Vichada existen dos organizaciones indígenas gremiales: por una parte, el CRIVI (Consejo Regional Indígena del Vichada), creado en 1988 básicamente alrededor del problema de recuperación de tierras, y afiliado a la ONIC; y por otra parte, la organización CRITOC (Confederación de Resguardos Indígenas Triplovia, Oricevi, Cavasi), que nació en respuesta al CRIVI y corresponde a la confederación de tres Resguardos marcados por una fuerte influencia protestante.

Con el motivo de las últimas elecciones, se realizaron, en el Vichada, un alto número de alianzas. Estas alianzas fueron determinadas, por una parte, entre las distintas organizaciones indígenas -gremiales y políticas; el CRIVI respaldó dos candidatos que se lanzaron con el aval de la ASI y CRITOC apoyo dos de los tres candidatos que se presentaron por el MIC. Por otra parte, también se hizó un acuerdo entre la ASI, el CRIVI y una asociación de colonos ASOCOAMVI (Asociación de Colonos del Alto y Medio Vichada) para que se presente una lista conjunta, encabezada por un colono. Por fin, también se tienen que mencionar otros tipos de arreglos definidos, esta vez, con el Partido Liberal: por una parte, entre un Indígena Piarroa y un candidato -no-Indígena y liberal- a la asamblea departamental, con el fin de compartir el mandato entre los dos; por otra parte, entre el CRIVI, la ASI y Alvaro Londono, candidato -electo- a la gobernación: a cambio de unos compromisos frente a las comunidades indígenas, estas lo respaldarían para su elección.

Sin embargo, a pesar de estas numerosas alianzas pre-electorales, también se hicieron muchas "desalianzas" post-electorales. En cambio, se han venido creando, en respuesta, otros tipos de acercamientos, muchas veces inesperados. Primero, se ha visto un alejamiento entre los diputados elegidos por la ASI y la dirección nacional de esta organización; estos diputados se han quejado de haber sido "abandonados" por la ASI y han decidido aliarse con el MIC para las próximas elecciones. También se han visto, por una parte, una separación fuerte entre el gobernador elegido y el CRIVI: según la organización, el gobernador no ha cumplido con sus promesas pre-electorales; y por otra parte, un acercamiento entre el gobernador y tres diputados indígenas (23). Por fin, ha aparecido como precaria la alianza entre el sector indígena de la ASI y los colonos... Como había de esperarse, estas "desalianzas" y nuevas formas de alianzas han venido cambiando bastante el margen de acción de los diputados. Después de haber alcanzado una posición mayoritaria dentro de la asamblea departamental, y de haber ganado, por esta razón, la presidencia de la asamblea, los diputados elegidos con el aval de organizaciones políticas indígenas se han dividido totalmente y lo que antes se podía considerar como el "sector indígena" se ha vuelto minoritario.

Estos elementos dejarían entrever que, a pesar de las apariencias y de expectativas creadas, el movimiento indígena del Vichada no alcanza a constituirse como una verdadera opción política con estrategia propia. Es posible interpretar este tipo de situación, a la vez como consecuencia y causa de la influencia de la fuerza de los partidos tradicionales en este departamento. Esta influencia se expresa principalmente de una forma directa, a través todas las estrategias tradicionales de manipulaciones -en este caso, no solamente del electorado indígena sino también de algunos de sus representantes elegidos, a fin de dividir la fuerza que pueden representar. Sin embargo, los partidos tradicionales parecen, además, haber alcanzado a tener también un impacto indirecto sobre las comunidades indígenas y algunos de sus representantes por el modelo que han venido dando e imponiendo de un "modo de hacer política" -modelo básicamente fundado en el uso de practicas clientelistas que, hoy en día, están reproducidas por unos elegidos indígenas. En efecto, el modo de actuar de la mayoría de los diputados "indígenas" parece obedecer a la idea que tener acceso a cargos públicos por vía de la participación política es el mejor medio para lograr unos recursos y solucionar, por lo menos a corto plazo, unos de los numerosos problemas materiales que tocan la población indígena del departamento.

Ultimamente, sin embargo, los diputados indígenas aliados de los partidos tradicionales han parecido intentar reacercarse de las organizaciones gremiales. A unos pocos meses de las próximas elecciones departamentales y municipales, se puede suponer que la actitud de estos diputados corresponde, ante todo, a la búsqueda de una nueva legitimación. De ahora en adelante, ellos son candidatos potenciales. Por esta razón, necesitan el respaldo de las organizaciones gremiales para tener acceso a los votos de las comunidades y, sobre todo, para obtener un aval de las organizaciones políticas indígenas. De tal manera, parece haberse invertido el principio de base : no se da una proyección política y electoral a partir de las organizaciones gremiales, sino un intento de reapropiación de lo gremial por los políticos.

En punto a lo anterior, con la preparación de las próximas elecciones, los grandes interrogantes fueron, en el departamento del Vichada:

- determinar cuales iban a ser los candidatos, y para que cargos -sabiendo que se puede competir, al nivel electoral, para muchos: asamblea departamental, gobernación, alcaldía y consejo del nuevo municipio de Cumaribo, Cámara de Representantes;

- y cuales iban a ser las alianzas: entre organizaciones indígenas (gremiales y políticas), entre organizaciones indígenas y organizaciones de colonos, entre sectores de organizaciones indígenas que, a pesar de ser aislados se reivindican como miembros de ellas, y partidos tradicionales.

· Guajira: ¿"pragmatísmo" Wayúu frente al mundo -blanco- de la política electoral?

Por su parte, como ya se señaló, el departamento de la Guajira se ha destacado, en el momento del proceso electoral del 94, por los resultados particularmente débiles de las organizaciones políticas "indígenas" allí representadas, MIC y ASI.

Una de las principales características de este departamento es el tamaño de la población indígena, que reúne unas 131 624 personas (24). Esta población se divide entre unos pocos miembros de comunidades Ijka, Kogui y Wiwa -principalmente presentes en la región vecina de la Sierra Nevada de Santa Marta- y la etnia Wayúu que es ampliamente mayoritaria (25). Vale la pena mencionar, a este respecto, que esta última representa, con las del Cauca, una de las poblaciones indígenas cuantitativamente mas grandes de Colombia.

De manera general, desde la mitad del siglo XX, la población Wayúu ha mantenido un contacto fuerte con la sociedad blanco-mestiza del departamento. La incursión del trabajo asalariado a sus comunidades por el desarrollo de la explotación de las minas de carbón del Cerrejón, en el sur del departamento, y de las salinas de Manaure, en la región de la Alta Guajira, así como, la existencia notable del contrabando en esta zona de frontera con Venezuela, han favorecido relaciones de intercambio entre los sectores indígenas y no-indígenas. Por otra parte, de las comunidades Wayúu de la Guajira han salido "profesionales" de todos tipos (médicos, abogados, antropólogos...) que se han dirigido hacia los centros urbanos. Sin embargo, la articulación de los Wayúu en la sociedad nacional también se ha distinguido por una voluntad de resistencia a la penetración e imposición, en sus comunidades, de un modelo cultural ajeno. Después de varios siglos de oposición y/o levantamientos frente a "invasores" -tales como, colonizadores españoles, comerciantes occidentales y criollos, monjes capuchinos-, las comunidades Wayúu han logrado la conservación de una "matriz cultural" y su "reproducción étnica" (26). De suerte tal, ha podido persistir, al nivel de estas comunidades, un sistema de organización y control social propio, marcado por "la falta de órganos gubernamentales, la ausencia de instituciones legales, de liderazgo desarrollado (...) y de un poder político centralizado" (27) y fundado sobre la existencia de "clanes" y de una "justicia informal y privada" (28).

En esta misma perspectiva, las reivindicaciones de las comunidades Wayúu ante la Nación se han expresado ante todo por intermedio de unas organizaciones locales y regionales que a pesar de haber trabajado en coordinación con la ONIC, no han dejado de afirmarse como independientes. Este esfuerzo organizativo se ha concentrado, principalmente, en las partes baja y mediana del departamento, mientras que la región de la alta Guajira ha permanecido mas aislada. A partir de la segunda mitad de los años 70s, las necesidades y demandas de las comunidades Wayúu se han dado a conocer: con fín de promover y preservar la cultura Wayúu apareció primero la organización Yanama en 1975 en la región de la Media Guajira; luego, en los ochenta, nacieron las organizaciones Waya Wayúu -también activa a nivel de la Media Guajira- y Oziguasu -principalmente presente en el Sur del departamento.

A nivel político, el departamento de la Guajira ha sido marcado por la presencia y el poder de los partidos tradicionales. Recientemente, se ha caracterizado también por la debilidad paralela de las organizaciones políticas "indígenas". En las contiendas del 94, los partidos liberal y conservador obtuvieron mas del 60 % del total de los votos del departamento a nivel de alcaldías y mas del 75 % de estos mismos votos a nivel de consejos municipales, asamblea departamental y gobernación. Frente a estos dos partidos, las organizaciones políticas "indígenas" no lograron proponer sino tres listas para los consejos de los municipios de Maicao, Uribia y Manaure, de las cuales solamente dos candidatos salieron elegidos -uno del MIC en Uribia, otro de la ASI en Manaure.

En el caso de la Guajira, no deja de sorprender el aparente contraste existente entre el tamaño de la población indígena del departamento, sus esfuerzos manifiestos para defender sus formas propias de organización y cierta autonomía frente a la sociedad nacional, y la poca capacidad demostrada en las elecciones pasadas por las organizaciones políticas ASI y MIC a afirmarse frente a los partidos tradicionales en el juego político a nivel regional y local.

Para explicar este tipo de situación, se ha podido hacer referencia a la presencia marcada de los partidos tradicionales y a la imposición de diversas estrategias: promesas en épocas pre-electorales, compra de votos, agilidad en materia de transporte y desplazamiento "en grupo" de los miembros de las comunidades hacia las mesas de votación, etc.... Dentro de tal contexto, las comunidades indígenas de la Guajira hubieran perdido toda motivación ante la eventualidad de una participación política al nivel electoral por medio de organizaciones propias -tanto por el poder de "convicción" de los partidos tradicionales, como por cierta "resignación". Paralelamente, no hubieran logrado constituírse opciones políticas indígenas como alternativas frente a los partidos tradicionales.

Sin embargo, estas hipótesis parecen tener sus fallas. Si bien es cierto que, como ya se mencionó, los partidos tradicionales tienen allí una posición afirmada y reconocida desde hace muchos años, este elemento es insuficiente para hacer de la Guajira un caso aparte en Colombia. Otros departamentos del país -por no decir todos, de igual manera cuentan con la "omnipotencia" de los partidos tradicionales, entre los cuales se puede destacar, por ejemplo, el caso ya mencionado del Vichada. No obstante lo anterior, en la mayoría de los departamentos, las comunidades indígenas han optado por demostrar su movilización en momentos de procesos electorales, con el fin de tener representación por medio de fuerzas políticas propias dentro de las corporaciones públicas -independientemente de las consecuencias que este tipo de movilizaciones han podido ocasionar. Por lo tanto, la sola trayectoria de los partidos tradicionales en el departamento parece no bastar para entender la "dinámica política" -¿seria apatía?- de las comunidades indígenas en el departamento de la Guajira.

Otra posible respuesta, también ligada a la influencia de los partidos tradicionales en el departamento, sería ver, en la actitud de las comunidades indígenas de la Guajira, los efectos de un fuerte proceso de "aculturación", de "blanqueamiento" de los Wayúu, que se expresaría a nivel de la política electoral. En efecto, habría que constatar, no solamente que muchos candidatos de los partidos tradicionales han salido elegidos gracias al apoyo de electores Wayúu, sino también que varios de estos candidatos elegidos en representación de los partidos tradicionales son... Wayúu. Estos "miembros de la clase política tradicional" no estarían sino rechazando su origen y condición de "indios" y buscando un mejoramiento de su estatu personal gracias a su integración dentro de la sociedad blanco-mestiza por medio de una participación dentro de las corporaciones públicas a nombre de organizaciones políticas no-indígenas.

La existencia de reinvidicaciones económicas, sociales y políticas expresadas por las comunidades Wayúu en terminos étnicos y culturales frente a la sociedad nacional iría contra la idea de una perdida de su identidad. Su afirmación, en los ultimos años, en procesos de lucha en contra de los daños causados por la explotación del carbón del Cerrejón o a favor de un manejo propio de las salinas de Manaure, así cómo su participación a las movilizaciones indígenas realizadas en Colombia en el mes de julio de 1996 y, mas específicamente, su papel como protagonistas en la toma de las oficinas de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno, en Bogotá y en Uribia, comprobaron que no se trata aquí de una sociedad "blanqueada" y pasiva frente a la Nación, sino de comunidades dispuestas a reivindicarse cómo "pueblo Wayúu" frente a la puesta en marcha de medidas o a decisiones que les conciernen.

Así las cosas, se puede suponer que las comunidades Wayúu tienen la intención de actuar políticamente. Sin embargo, también parece existir un desinterés frente a la posibilidad de una participación en los procesos electorales por medio de organizaciones políticas propias. Por estas razones parece necesario considerar otras pistas de relfexión, ademas de las ya mencionadas, en relación con este fenómeno.

En el caso de la Guajira, un primer elemento, sobre todo perceptible en las comunidades del sur del departamento, puede haber sido decisivo en la decisión de no participar en los procesos electorales pasados por medio de organizaciones propias. A partir de unos balances y análisis de la experiencia reciente de los Indígenas en la vida política nacional, parece haber resaltado la conciencia de la falta de preparación y capacitación para lograr enfrentar los numerosos problemas percibidos en muchas regiones del país: divisiones, ineficiencia total de una representación en condición de minoría... .

Otro factor importante, que puede ayudar a entender la actitud de las comunidades Wayúu en el proceso electoral del 94, podrían ser las fuertes divisiones que conocen, ligadas a la naturaleza de su modo de organización social. La convivencia del sistema de clanes y de una "justicia wayúu" fundada sobre los principios de "responsabilidad" y "compensación necesaria" (29), parece haber venido difundiendo acciones violentes entre las familias (30) y contribuído a "fragmentar" la etnia Wayúu en pequeños núcleos que reposan sobre relaciones de parentesco. En consecuencia, a pesar de sus discursos y esfuerzos demostrados en varias oportunidades frente a la sociedad nacional, pensados en base a la existencia de un "pueblo unido" por su especificidad, las comunidades Wayúu parecen tener dificultad en constituírse cómo tal.

Por fin, la "falta de conciencia" de las comunidades Wayúu frente a las elecciones del 94, se podría explicar por el hecho que esta forma de expresión de la política no cabe en su modo de organización social, sino que, al contrario, corresponde a un sistema impuesto por la sociedad blanco-mestiza, "alijuna". Por esta misma razón, no merece ser tomada en consideración y -se supone- no tiene ningún tipo de incidencia directa para las comunidades Wayúu: para éstas, las elecciones no parecen constituír una herramienta para la formulación o el respaldo de sus reivindicaciones; paralelamente, el apoyo a candidatos de sectores políticos cercanos a los partidos tradicionales -así como su elección- tampoco parece estar considerado como ligado a consecuencias negativas para las comunidades Wayúu.

La combinación de dos tipos de actitudes -fuerza de movilización para incidir en tomas de decisiones por vías de hecho; desinterés -o/y rechazo- por la expresión electoral de la política- puede dejar pensar que quizás, en el departamento de la Guajira, las comunidades indígenas demuestran cierto "pragmatismo", usando distintos medios para que estén tomadas en cuenta sus reivindicaciones. Por una parte, dejan que siga funcionando el sistema del clientelismo "impuesto" por los partidos tradicionales; pertenece al mundo del "blanco", o sea a un mundo "paralelo" al de las comunidades Wayuu y, por esta misma razón, no las toca directamente; sin embargo, permite una margen de negociación para algunas de las necesidades de las comunidades: en cambio de un voto, se obtiene cualquier tipo de ayuda material. Por otra parte, para hacer entender sus reivindicaciones, las comunidades Wayuu siguen recurriendo a un modo de "acción directa" frente a la sociedad nacional que han venido desarrollando desde hace muchos años.

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A partir del material de trabajo recogido hasta el momento, se podría decir, por una parte, que se definen unas tendencias generales de la experiencia de las comunidades indígenas en la vida política nacional: su afirmación dentro del juego político, los procesos de divisiones, la falta de claridad entre candidatos y organizaciones, los problemas de corrupción, etc.... Sin embargo, también existen por otra parte, fuertes diferencias de un departamento al otro en los "modos indígenas de hacer política"...

Se podría decir que, en el caso del Cauca, a pesar de unas dificultades evidentes, la fuerza del movimiento indígena se proyecta y se alcanza a percibir en sus expresiones políticas. Hay una articulación fuerte entre lo gremial y lo político, una capacidad de controles y cuestionamientos mutuos. Estos elementos permiten que las organizaciones indígenas del Cauca (no solamente políticas sino también gremiales) se constituyan en verdaderos actores dentro del contexto político del departamento y que, les guste o no, tanto los partidos tradicionales como los grupos armados de la izquierda, tendran que tener en cuenta.

En el departamento del Vichada, en cambio, parece darse una fuerte desarticulación del movimiento indígena: las organizaciones gremiales se han debilitado, no hay coordinación entre lo gremial y lo político, y el "oportunismo" de varios candidatos elegidos es grande. Paralelamente, los partidos tradicionales siguen teniendo mucha influencia; en este sentido, el mayor riesgo es que se desperdicia el potencial electoral que representan las comunidades indígenas en este departamento, y que se sigan imponiendo unas practicas políticas básicamente clientelistas.

Por fin, respecto a la Guajira, es muy probable que, alli también intervenga el papel de los partidos tradicionales en la baja movilización de las comunidades Wayúu para una representación propia al nivel electoral. Sin embargo, parece existir otro elemento que podría ser determinante: el hecho que, de pronto, para muchos Wayúu, la política (vista como participación electoral) no es sino... una cosa del "alijuna", del Blanco... entonces, no importa mucho...

A unos pocos meses de las próximas elecciones -municipales y departamentales en octubre del 97, parlamentarias en marzo del 98-, uno de los mayores interrogantes es el de saber comó se ubicarán las organizaciones políticas indígenas que tienen pretenciones de proyección nacional frente a tal situación de heterogeneidad. En un periodo marcado tanto por la realización de reuniones para la evaluación de su trabajo a nivel local, regional y nacional, como por los procesos de campaña electoral, las organizaciones AICO, ASI y MIC se hallan confrontadas a numerosas incertidumbres.

En este contexto, estas organizaciones estan dándole prioridad a la búsqueda de soluciones a las dificultades que, a cada una de ellas, les corresponden. Para el movimiento AICO, la precaridad de la cohesión de la comunidad alrededor de sus líderes y el cuestionamiento de la legitimidad de sus representantes elegidos a nivel nacional cosntituyen el mayor problema. Por su parte, la ASI tiene que enfrentar las numerosas y fuertes divisiones que existen dentro de la organización entre sus distintas tendencias; divergencias internas que se pueden percibir, no solamente a nivel nacional, sino también en algunas de sus "regionales", entre las cuales se encuentra la del Cauca. El MIC, por fin, corre el peligro de desaparecer como fuerza política autónoma. A pesar de una indudable expansión del movimiento en algunas regiones -en el Vichada o en los departamentos de la Zona Cafetera, por ejemplo-, la noreelección de su senador tendría seguramente que significar la pérdida de su "personería jurídica"; la decisión de la ASI de competir para el Senado, esta vez por medio de la circunscripción especial indígena tiende a comprobar que, para el MIC, la batalla electoral promete ser dificil.

Con base en estos elementos, se destacan, para todas y cada una de las organizaciones AICO, ASI y MIC unas preguntas para las cuales las próximas elecciones constituíran en parte la respuesta. ¿Alcanzarán estas fuerzas socio-políticas indígenas a confirmar su presencia en el juego político nacional de Colombia, siete años después de su experiencia inédita dentro de la Asamblea Nacional Constituyente? ¿Cual sera su capacidad a "tocar" el electorado? ¿Electorado indígena o no-indígena? ¿Voto de apoyo o voto de opinión? ¿Para cuales cargos saldrán los elegidos? ¿Permitirán las próximas elecciones una real proyeccion nacional del radio de acción de las organizaciones AICO, ASI y MIC o continuarán éstas a concentrar sus fuerzas en sus "zonas de predileccion": Cauca, Tolima, Antioquia para la ASI, suroccidente para AICO, zona "selva-llano" para el MIC?

Independientemente de las numerosas expectativas generadas por el contexto pre-electoral, tanto las implicaciones de la participación de las comunidades indígenas en la vida política nacional como el futuro de las organizaciones AICO, ASI y MIC, están sin duda ligadas a otros elementos que se tendrán en cuenta. En primer lugar, es seguramente necesario que se tenga claridad frente a lo que se espera de una "presencia indígena" en las corporaciones públicas para que esta "institucionalización" de las demandas de las comunidades sirva de verdadera herramienta para hacer valer sus derechos y respetar su especificidad, y que no se convierta en medio de su "absorpcion" por el sistema nacional, haciendo de los "políticos indígenas" agentes para la reproducción del modelo impuesto por los partidos tradicionales. También tendrán importancia las distintas decisiones y acciones que se definirán para que las comunidades y organizaciones indígenas logren enfrentar los numerosos obstáculos que conocen: divisiones, falta de capacitación de los líderes, omnipotencia de los partidos tradicionales, presencia de actores armados ajenos a las comunidades en sus territorios... Por fin, serán seguramente de mucha incidencia las estrategias de alianzas que se determinarán. Alianzas, que podrían ser resalizadas, por una parte, entre las distintas organizaciones indígenas frente a un "enemigo común": este tipo de coalicion devolvería la imagen de un "frente indígena unido" tal como parecía ser en el momento de la Constituyente; o en cambio, con otras fuerzas político-sociales, "no-indígenas": esto les podría permitir a las organizaciones políticas "indígenas" el aparecer como los portavoces de sectores no-indígenas de la sociedad colombiana y de sus intereses, lo que les podría brindar un respaldo más amplio en la arena política del país.

Notas

(1) Parte de las reflexiones de esta ponencia han sido expuestas en un artículo titulado "Populations indiennes et espaces politiques en Colombie. Coup d'oeil sur cinq années d'expérience". Mis agradecimientos van a Angela María Díaz, Pilar Lozano y Sergio Chaparro por las correcciones realizadas al texto en español.

(2) Frente a la problemática de la indianidad se han podido definir cuatro tipo de análisis: el análisis "primordialista" (la identidad está respaldada por unos marcadores "objetivos" tales como la lengua, la religión, el territorio...); el análisis del "colonialismo interno" (la identidad está fundada en una relación dialéctica que existe entre la clase dominante, blanco-mestiza, y una clase dominada que no tiene acceso a los bienes económicos estratégicos: los Indios); el análisis "instrumentalista" (la identidad es una estrategia a la cual recurren los Indios con el objetivo de acceder a los bienes detenidos por la clase dominante; el análisis "situacional" (la noción de subjetividad está comprendida como fundamento de la identidad: la etnicidad es dinámica, corresponde a la respuesta que se da el grupo étnico a partir de una situación a la cual esta confrontado. Este último tipo de análisis parece mas valido: sin ninguna duda, la comunidad étnica está fundada en un conjunto -variable- de elementos que constituyen lazos objetivos entre sus miembros; sin embargo, la "autoproducción" y la reproducción de esta comunidad dependen, en función del contexto en el cual se inserta, de su subjetividad.

(3) Entre varios ejemplos, se puede recordar que la adopción de nuevas constituciones políticas en Brasil (1988) y en Colombia (1991) iba a conferir a las comunidades indígenas -y negras- un reconocimiento oficial dentro de la Nación, suponiendo el respeto de su especificidad. En Ecuador, la actualización de la Ley de Comunas iba a estar en el orden del día a finales de la década de los 80, sin tener éxito sin embargo. Se puede consultar, a este propósito, SANTANA, Roberto, Les Indiens d'Equateur, citoyens de l'ethnicité ? , Toulouse, CNRS, 1992, pp. 15-33. Por otra parte, en este estudio, Santana muestra como, en las elecciones 1984, las comunidades indígenas han realizado un voto "en grupo"; como, a partir de allí, han despierto el interés de la clase política; y como han permitido la victoria de la Izquierda Democrática en el proceso electoral de 1987-1988 (ver pp. 166-171). En México, por fin, donde "constitucionalmente hablando", el carácter multiétnico y pluricultural de la Nación esta incluido en las normas desde la reforma constitucional de 1981, la insatisfacción de los Zapatistas de pronto ha puesto la cuestión indígena en el centro del escenario no solamente nacional sino también internacional.

(4) Ver GROS, Christian, "Vous avez dit Indien ? L'Etat et les critères d'indianité en Colombie et au Brésil", in: Cahiers des Amériques Latines , n°1 (nouvelle série), IHEAL, 1985, pp. 29-48.

(5) El programa del CRIC está fundado en los siguientes puntos: recuperar las tierras de los Resguardos; ampliar los Resguardos; fortalecer los Cabildos indígenas; no pagar terraje; hacer conocer las leyes sobre Indígenas y exigir su justa aplicación; defender la historia, la lengua y las costumbres indígenas; formar profesores para educar de acuerdo con la situación de los Indígenas y en su respectiva lengua; ver CRIC, Diez años de lucha , Bogotá, CINEP, 1981.

(6) Es obviamente difícil establecer una cifra exacta para el número de personas participando de la ONIC; el porcentaje aquí citado fue comunicado en una entrevista con Rodrigo Bocanegra Martínez, representante de la ASI (Bogotá, 25.05.95).

(7) Entrevista con Segundo Tombe Morales, representante AICO (Bogotá, 30.05.95).

(8) Se pueden citar, entre ellas, dos de las organizaciones que reúnen Arhuacos y Kogis de la Sierra Nevada de Santa Marta, la organización Gonavindua Tayrona , y la CIT ( Confederación Indígena Tayrona ); también las organizaciones Waya Wayuu y Yanama , del departamento de la Guajira; las organizaciones ACIT ( Asociación de Cabildos Independientes de Tolima ) y FICAT ( Federación Indígena de Cabildos Autónomas de Tolima ) del Tolima....

(9) Alianza Social Indígena, Perfil político y programa de la ASI , Bogotá, mimeo, p. 15.

(10) Ibid., pp. 15-19.

(11) Movimiento Indígena Colombiano, Estatutos del Movimiento Político "Movimiento Indígena Colombiano" - MIC , Bogotá, mimeo, p. 2.

(12) Entrevista con Lorenzo Muelas, senador AICO (Bogotá, 15.06.95) y Segundo Tombe Morales, representante AICO (Bogotá, 30.05.95).

(13) Las cifras mencionadas a continuación han sido recogidas en la Registraduría Nacional del Estado Civil, consultadas en sus publicaciones o calculadas a partir de datos entregados por esta entidad. Ver Registraduría Nacional del Estado Civil, Elecciones de Congreso 1994 (Tomo I y II), Bogotá Editorial Linotipia Bolivar y Cia, 1994. Por "candidatos indígenas", se entiende aquí candidatos que se presentaron por las organizaciones AICO, ASI o MIC.

(14) En 1991, tres senadores indígenas (Floro Alberto Tunubalá/AICO, Gabriel Muyuy/MIC y Anatolio Quirá/ASI habían salido elegidos por el periodo 1991-94. Con respecto a las elecciones municipales y departamentales del 92, se había contado, según la Registraduría Nacional del Estado Civil, con 23 consejales y cinco diputados de organizaciones políticas indígenas.

(15) Con la Constitución del 91 se creó una "circunscripción electoral especial" para los grupos étnicos del país (Art. 171). Con la misma, está asegurarada la presencia en el Senado de dos representantes de las comunidades indígenas: los dos candidatos que alcanzan la mayor cantidad de votos a nivel de la citada circunscripción salen elegidos. A propósito de la elección del Congreso de 1994, es interesante anotar que solamente dos de los candidatos indígenas al Senado (Lorenzo Muelas y Gabriel Muyuy) han escogido este tipo de circunscripción, mientras que los otros (Floro Alberto Tunubalá, Jesús Enrique Piñacué y Francisco Rojas Birry) han preferido competir en pie de igualdad con los candidatos de la circunscripción nacional. Sin embargo, los dos candidatos de la ASI (Jesús Enrique Piñacué y Francisco Rojas) obtuvieron mejores resultados que el candidato del MIC, Gabriel Muyuy, lo que llevó a la organización a repensar su estrategia para las próximas elecciones.

(16) Al respecto, se puede observar que el ex-constituyente, Lorenzo Muelas, fue el candidato indígena que recibió el mayor número de votos al nivel del Congreso -principalmente, en las grandes ciudades. Este elemento puede sorprender en el sentido de que el discurso del movimiento AICO está mas estrechamente relacionado con la defensa de la identidad guambiana, o sea mas "indianista" y, aparentemente, menos abierto hacia sectores no-indígenas, que los de las organizaciones ASI y MIC. Sin embargo, allí se tiene que recordar que la experiencia de Lorenzo Muelas como constituyente le ha conferido una gran popularidad y que, desde ese momento, tanto su discurso como su imagen (con la importancia que tiene, en ella, el uso del traje tradicional), lo han convertido para muchos en el candidato indígena ideal. Esto podría explicar, en parte, el hecho que éste candidato haya recibido muchos de los votos pro-Indígenas. Por lo tanto, esto también tiendría a demostrar que el elector no-indígena no tiene un buen conocimiento de las diferentes alternativas propuestas por las organizaciones indígenas, entre las cuales algunas otras podrían parecer a priori mas adecuadas para sus propios intereses.

(17) Ver CHINDOY, Miguel, "Algunas reflexiones sobre la situación de las autoridades tradicionales de los Pueblos Indígenas", in: Organo informativo del Equipo de Trabajo del Movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia en el Congreso de la República, Noticias desde el Senado , Boletín n° 5, Enero de 1996.

(18) Hasta el momento, se empezó la realización de un trabajo de terreno con unas primeras estadías en estos departamentos: en el Cauca de octubre a diciembre del 96, en el Vichada en junio del 96 y enero del 97, y en la Guajira en mayo del 96.

(19) Según el Departamento Administratívo Nacional de Estadísticas (DANE), la población indígena del Cauca alcanzaría unas 135 952 personas, originarias principalmente de comunidades Paeces, Guambianas, Coconuco y Yanaconas, así que de algunas comunidades Guanacas y Embera-Empera. DANE, Estadísticas Municipales de Colombia 1990. Proyecciones de población municipal. Población indígena según DNP-INCORA , Bogotá, DANE, 1990.

(20) CIMA, Conclusiones Primera Asamblea del Macizo Colombiano , Popayán, FUNDAC, 1993, p. 5.

(21) DANE, op. cit..

(22) A proposíto de la debilidad del Estado colombiano y de la constitución de redes de poder extra-institucionales en zonas con poca presencia del Estado, ver, entre sus numerosos trabajos, el artículo reciente de Daniel PECAUT, "Présent, Passé, Futur de la Violence en Colombie", in: La Colombie à l'Aube du Troisième Millénaire , Paris, Editions de l'IHEAL, 1996, pp. 17-63.

(23) De estos diputados, uno pertenece a CRITOC, otro al CRIVI; por supuesto, se ha visto un alejamiento de hecho entre estos diputados y sus organizaciones de base. En consecuencia, hoy en día, además de la existencia de divergencias entre las organizaciones CRIVI y CRITOC, se oponen dos sectores: el de los "londonistas" contra el de los "puristas".

(24) DANE, op. cit..

(25) Según otras fuentes, también del DANE, la población Wayúu sumaría mas de 80 000 personas para una población indígena total para el departamento de 85 649. DANE, XVI Censo Nacional de Población y de Vivienda. Censo de Población y Vivienda en Area Indígena. Propuesta Metodológica Preliminar , Bogotá, DANE, 1992.

(26) CORREA C. Hernán Darío, "Los Wayúu: pastoreando el siglo XXI", in: CORREA, François (Editor), Encrucijadas de Colombia Amerindia , Bogotá, ICAN Colcultura, 1993, p. 211.

(27) VERGARA, Otto, "Guajiros" in: Introducción a la Colombia Amerindia , Bogotá, ICAN, 1987, p. 35.

(28) ibid..

(29) CORREA C. Hernán Darío, op. cit., pp. 221-222.

(30) VERGARA, Otto, ibid..

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