V Congreso de Antropologia Social

La Plata - Argentina

Julio-Agosto 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
https://www.equiponaya.com.ar/
info@equiponaya.com.ar

LA PERDIDA DE LA "CARA". Representaciones mediáticas de la comunidad china-española.

Gladys Nieto, Centro de Estudios de Asia Oriental, Univ. Autónoma de Madrid

Los chinos en España

Los chinos originarios de la República Popular y Taiwán constituyen un grupo bastante reducido entre la población extranjera residente en España1, aunque con una historia de larga data. Los primeros chinos arribaron al país después de la Primera Guerra Mundial, como parte del contingente emigrado a Francia que trabajó en las tareas vinculadas al frente. La mayoría de ellos, oriundos de la provincia continental sureña de Zhejian. Esta colectividad no registró crecimientos poblacionales significativos sino hasta bien entrada la década de los años ochenta (como es posible apreciar en el Gráfico 1) coincidiendo con la llegada de otros flujos migratorios originarios del Tercer Mundo.

Durante ese periodo, España se situó a muy corto plazo entre los países del mundo desarrollado, equiparando sus niveles de bienestar y desarrollo económico al de los países europeos más cercanos. Este reposicionamiento geopolítico y socioeconómico ha constituido el referente en la inversión del tradicional esquema de expulsión de la mano de obra local. Desde los años ochenta nuestro país recibe regularmente inmigrantes tanto del Primer como del Tercer Mundo.

Por su parte, la República Popular China en la actualidad presenta características más flexibles a la emigración que en su historia reciente. El periodo que cubrió los 30 años posteriores a la revolución maoísta (1949) constituyó un intervalo de alta restricción a la emigración. Si bien, la movilidad de personas ha estado en el pasado y en menor medida continúa siendo controlada por el Estado. La presente ubicación de China en el contexto internacional, desde las reformas iniciadas en 1979 a la muerte de Mao, han supuesto para el país un incremento significativo, rápido y estable en el crecimiento global de su economía.

La transición a una economía de mercado, con la aparición de nuevas oportunidades laborales para la población ha llevado consigo un aumento importante en la movilidad de las personas, tanto dentro como fuera de sus fronteras (Skeldon, 1996). El fenómeno migratorio en China parece cobrar así una especial importancia y recientemente está siendo abordado por la investigación social.

Gráfico 1
Evolución del volumen de población china originaria de República Popular (años 1952 a 1995)

Fuentes: Anuario Estadístico de España, Instituto Nacional de Estadísticas Migraciones, Instituto Nacional de Estadísticas

La última oleada de inmigrantes chinos del continente, que desde el año 1985 en adelante, pasaron a engrosar la preexistente comunidad chino-española hallaron un contexto de recepción bastante diferente al de sus predecesores. En los años noventa, la contracción económica que afecta a los países centrales, el debilitamiento del Estado de Bienestar, la preeminencia de ideologías conservadoras junto a otros factores contribuyeron a que las políticas migratorias aplicadas a nacionales de países extracomunitarios pasaran a orientarse a cuestiones de orden y seguridad interior. El nuevo espacio en el que se inserta la inmigración extranjera se presenta débilmente propicio a su integración política y social. En este contexto, los medios masivos de comunicación desempeñaron un rol activo, al crear y extender discursos e imágenes sobre los inmigrantes tercermundistas centrados en la diferencia cultural y en la percepción de ésta como amenaza (Aparici y Nieto, 1994).

En esta ponencia, describo en primer lugar algunas de las caracterizaciones simbólicas que los medios de comunicación locales, en especial la prensa escrita, han desplegado en relación a la comunidad china. Y en segundo lugar, los significados que estas representaciones, originadas desde la sociedad dominante, fueron adquiriendo para las asociaciones chinas y orientando sus prácticas en consecuencia. En esta línea argumental, presento una incipiente hipótesis de trabajo, que posteriormente desarrollaré: la comunidad sino-española ha perdido la "cara" en relación a la sociedad española y actualmente los esfuerzos de su movimiento asociativo se concentran en su recuperación.

La comunidad china en los medios

Los medios de comunicación no constituyen "ventanas abiertas al mundo", meros reflejos neutrales de la realidad social. Como señala Stuart Hall, ellos son una de las fuentes más importantes de producción de discursos en las sociedades capitalistas, al haber colonizado las esferas cultural e ideológica. Las representaciones que los mass media elaboran se nutren de elementos fragmentarios y dispersos para construir una imagen de las prácticas, normas, significados y valores de otros grupos, con un carácter holístico y coherente.

La producción discursiva en torno a los grupos étnicos -de la que activamente participan los medios- dentro de una sociedad nacional, se realiza en el seno de la elite blanca dominante y se extiende como ideología étnico-racista a los distintos niveles de la vida económica, social y política (Van Dijk, 1993) 2. Los grupos étnicos así representados escasamente tienen incidencia en la construcción de su propia imagen social. Son representados por otros sectores, quiénes detentan el poder de definición en primera instancia de los alcances y significados de esas imágenes.

En este proceso de representación, los medios seleccionan determinados aspectos de la realidad social que serán mostrados y otros que serán omitidos, en razón de su orientación político-ideológica.

Durante los últimos años, los medios de comunicación locales, especialmente la prensa escrita, han producido con regularidad informaciones relativas a la inmigración extranjera en España. En la configuración de la imagen de este grupo, se ha visibilizado a los sectores sociales más desfavorecidos de los diversos colectivos migrantes originarios del Tercer Mundo, mientras los migrantes de países industrializados se hallaban escasamente representados u estrictamente omitidos3. Esta situación permite indirectamente entrever las delimitaciones simbólicas que los medios asignan en el seno de un mismo grupo social, entre sectores en los que se ubican las características diferenciales y desviadas y sectores con una supuesta carencia de conflictividad social. En definitiva, un proceso que deriva en la definición de la pertenencia y la otredad, y sus fronteras.

Entre los colectivos migratorios "visibilizados" por la prensa hallamos a la comunidad china, profusamente descrita por su transgresión al orden social imperante. La representación de esta comunidad se ha limitado a una serie de estereotipos4: las mafias dedicadas al tráfico ilegal de inmigrantes, la explotación de estos inmigrantes como mano de obra barata en talleres clandestinos de confección y la extorsión a dueños de restaurantes chinos mediante el requerimiento del pago de un impuesto de protección. A partir del estereotipo central de las mafias se ha tejido un entramado de caracterizaciones delictivas, que por acción u omisión se hacen extensibles a toda la comunidad5.

Y cuestionan la legalidad de aquellas actividades que trascienden el marco laboral gastronómico, en el que se inserta la mayoría de los inmigrantes chinos6.

La comunidad china se fue constituyendo paulatinamente en objeto del estigma social desde el discurso de los medios, ampliamente hegemonizado por las fuentes informativas derivadas de los organismos de Seguridad del Estado.

Mencionaré a continuación algunas de las valoraciones propias de este discurso sobre la vida social de los chinos-españoles, que han incidido en la conformación de sus representaciones mediáticas.

1. En relación al lenguaje. Por una parte, la prensa, ha divulgado una interpretación etnocéntrica de la lengua china, entendiéndola como argot delincuencial o mecanismo de ocultación de actividades delictivas. En ocasiones, vaciándola de contenido7. La práctica corriente entre los chinos de hablar entre sí en su idioma, sin una preocupación última porque los oyentes ajenos al grupo, hablantes de la lengua normalizada nacional, comprendan los significados expuestos, es descrito en los medios como formas de conspiración. La imposibilidad por parte de los autóctonos de decodificar un lenguaje tan alejado del propio es percibido como un espacio sin control, que facilita la impunidad, la trama y la organización delictiva. Por otra parte, la prensa apela a una representación caricaturesca de los chinos hablantes de español, y resalta ciertas marcas fonéticas que suponen para el grupo un handicap en su competencia linguística.

Nos referimos especialmente a la pronunciación de la 'R', sonido inexistente en la lengua china, como una 'L' en nuestro alfabeto.

2. En relación al cuerpo. Si el lenguaje era entendido como instrumento de ocultación, el cuerpo se interpreta en la misma línea: como símbolo de la astucia y el engaño. La presentación del grupo en actitud conspirativa, intentando huir de los controles de la sociedad dominante, se expresa corporalmente. Por ejemplo, se suele indicar que el físico de los chinos no facilita las investigaciones policiales porque los funcionarios no pueden distinguir entre el sexo de las personas ancianas. Tras esta idea subyace la imagen de un colectivo homogéneo e indiferenciado, sin variaciones físicas, en el que todas las personas son iguales. Pero lo más interesante es que el problema no se localiza en quiénes no pueden notar esas diferencias (en este caso la Policía), sino en los mismos chinos y su capacidad para transformarse corporalmente y transfigurarse8. La astucia china acotada al cuerpo aparece en una nueva referencia: "los chinos no mueren". Las informaciones periodísticas que giraron en torno a esta afirmación se iniciaron a raíz de una investigación de la policía por el bajo número de muertes de chinos registradas en España. Y en la que la prensa volvía a conectar este hecho con las mafias y la falsificación de pasaportes9.

3. En relación a las actividades económicas. La propensión hacia el delito que se asigna a este colectivo migrante desde los medios suele equipararse a las actividades de los chinos en el ámbito de los restaurantes. Con una relativa saturación de estereotipos varios titulares periodísticos recurren a una asociación directa entre la delincuencia y la gastronomía china: 'Sangre, miedo e impuesto de protección, nueva receta del arroz tres delicias' (ABC, 17.10.93), 'Casualidades agridulces' (El País, 13.6.93).

Así también los restaurantes se describen como fachadas de actividades legales que esconden negocios turbios.

4. En relación a las características culturales. El universo de adjetivaciones con que se describe a este grupo se concentra en la reiteración de ciertas características culturales, que tienden a fijarse como esencias de la colectividad como tal. Ellas se limitan a recrear la introspección y los fuertes vínculos internos del grupo, perfilando un objeto social cerrado y autosuficiente. Estas son algunas de esas afirmaciones: "la impenetrabilidad de los ciudadanos chinos" (El Mundo, 4.1.94), es un "colectivo cerrado" (ABC, 3.1.94), "el colectivo chino es muy opaco" (El Mundo, 4.1.94), "arreglan los asuntos entre ellos" (ABC, 5.1.94), "el silencio forma parte de la endogamia que caracteriza a la comunidad china" (El Mundo, 9.1.94), "Todo se lo guisan y se lo comen entre ellos. Viven en un mundo paralelo, con su propia ley, su justicia y sus castigos" (El Mundo, 9.1.94).

La transmisión de estas imágenes han contribuido a instalar en el imaginario social dos aspectos centrales sobre la colectividad china-española. En primer lugar, la idea de que los chinos no son integrables o asimilables para el país receptor, estereotipo similar al dominante en los Estados Unidos desde el siglo pasado (Wang, 1991). La insistencia en denotar marcas culturales que provocan la escasa interacción del grupo con la sociedad de acogida, relega a un segundo plano las explicaciones de la falta de integración plena del colectivo en razón de las condiciones políticas, económicas y sociales imperantes en el país receptor. En ese sentido, la comunicación con la sociedad de acogida pasa a considerarse una responsabilidad que recae únicamente en supuestos aspectos culturales de los inmigrantes, y no en el Estado. En segundo lugar, las constantes referencias en la prensa a los 'pactos', las estrechas relaciones entre chinos, ha privilegiado una imagen comunitarista del grupo. En ella no se distinguen fracturas internas, los chinos están unidos en una especie de comunión última. Hecho que dista bastante de su realidad social, cruzada por conflictos que los mismos actores expresan y que les diferencian en función de encontradas orientaciones políticas, de clase, lugar de origen y sexo.

Finalmente, cabe destacar un recurso utilizado constantemente por la prensa, la apelación a la ironía, que ha contribuido sobremanera a la valoración negativa del grupo. Hemos interpretado este recurso desde la violencia simbólica que genera y la forma en que contribuye a la consolidación del estigma social. Así también como respuesta a la presupuesta astucia cultural china, mediante una especie de reconocimiento del engaño. Estos son algunos de los ejemplos traducidos en la prensa escrita: "los recién llegados con tendencia constante a perder el pasaporte" ( El País, 21.8.93), "habitualmente semimudos orientales" (El Mundo, 5.1.94), "los chinos no mueren" (El País, 13.6.93), "pero los chinos no parecen ser sólo 'muy longevos', sino también 'muy despistados'" (ABC, 17.10.93)

La pérdida de la cara

A raíz de las imágenes que los medios de comunicación contribuyeron a extender y reforzar, la comunidad china- española, se conformó como uno de los colectivos migrantes más estereotipados, y sus miembros fueron definidos por acción u omisión bajo una implicación en prácticas desviadas del orden social.

La recurrencia de sucesos policiales relacionados con inmigrantes chinos y la propagación de interpretaciones mediáticas sui generis relativas a las prácticas culturales comunitarias (los pactos de silencio, el encapsulamiento, la oscuridad, el lenguaje como instrumento de conspiración, junto a otros) incidieron en que este colectivo comenzara a hacerse visible para la sociedad general, aún como objeto del estigma social. Así también, estas prácticas discriminatorias reproducidas y ampliadas por los medios de comunicación locales influenciaron la marcha del negocio de los restaurantes chinos10.

Como indicamos más arriba, la producción de discursos mediáticos sobre grupos étnicos minoritarios es un proceso en el que estos mismos grupos se hallan excluidos. Su representación depende de otros. Van Dijk indica que, aunque en ocasiones, los medios requieren la opinión de algunos miembros provenientes de grupos étnicos, sus palabras permanecen subordinadas al discurso dominante. En el caso de la comunidad china, se percibe claramente la colonización de un discurso originado en los organismos de seguridad estatales, especialmente a través de las diversas instancias policiales y la Brigada de Extranjería. En los últimos años, tímidamente han comenzado a aparecer en la prensa, al menos mencionadas, otras fuentes informativas provenientes del extenso universo asociativo con el que cuenta esta colectividad11.

Las primeras referencias a las mafias chinas en los medios de comunicación, en los primeros años de la década de los noventa, derivó en requisas y controles policiales a los restaurantes chinos. Esta violencia simbólica y física generó en cierta medida algunas respuestas por parte de la comunidad china, como por ejemplo, la constitución de una nueva agrupación de inmigrantes en julio de 1994: la Organización del Fondo Hispano-Chino. Asociación que ha participado desde sus inicios en la restauración de la imagen de la comunidad china en la sociedad española.

Los sectores sociales chinos que ocupan puestos jerárquicos en sus propias asociaciones corresponden a grupos muy prestigiados, ya sea por su posición socioeconómica, su nivel de status, o por la generosidad demostrada dentro de las redes de solidaridad internas. El líder o "el chino mayor" entre los chinos de ultramar de una ciudad, es una persona que debe expresar su vocación de ayuda a sus compatriotas y la voluntad de realizar obras de caridad e infraestructura en su lugar de origen, por ejemplo fundar escuelas, distribuir donaciones en casos de desastre, etc.

La incidencia del discurso mediático en la sociedad de acogida, llevó a algunos estamentos de las asociaciones chinas de la República Popular, a la percepción de que su imagen como colectivo se deterioraba progresivamente.

Cuestión que se perfiló como una preocupación por la que trabajar, como una tarea colectiva. Merece destacarse la forma en que los inmigrantes chinos interpretaron el resquebrajamiento de su imagen, no como una acción dirigida desde la sociedad receptora sino como una responsabilidad colectiva, en la que ellos tenían incidencia. Así lo indicaba una de nuestras informantes: "somos responsables de nuestra imagen" (Trabajo de campo, Reg. 4:2).

Esta preocupación de las asociaciones por la imagen de la comunidad china frente a la sociedad receptora nos fue orientando en la búsqueda de algunos elementos socioculturales propios que pudieran dar cuenta de este fenómeno. Desde allí, indagamos sobre el concepto chino de la cara y la centralidad que posee en la vida social cotidiana.

Algunos autores consideran que la categoría de cara es un universal. Es decir que el interés por la cara es invariante en toda sociedad, aunque puedan variar las reglas culturales que gobiernan el comportamiento sobre esta cuestión. Cuando hablamos del concepto de cara, nos referimos a una especie de relación bidireccional, en la que actúan por un lado las demandas de valoración que espera un individuo en razón de su posición social y el reconocimiento que la sociedad le dispensa. Goffman (1971) describe los procesos de interacción en la vida cotidiana que podrían ser equiparados a la categoría de cara, entendiendo a ésta desde una perspectiva situacional:

"La sociedad está organizada sobre el principio de que todo individuo que posee ciertas características sociales tiene un derecho moral a esperar que otros lo valores y lo traten de un modo apropiado. En conexión con este principio hay un segundo, a saber: que un individuo que implícita o explícitamente pretende tener ciertas características sociales deberá ser en la realidad lo que alega ser. En consecuencia, cuando un individuo proyecta una definición de la situación y con ello hace una demanda implícita o explícita de ser una persona de determinado tipo, automáticamente presenta una exigencia moral a los otros, obligándolos a valorarlo y tratarlo de la manera que tienen derecho a esperar las personas de su tipo. También implícitamente renuncia a toda demanda a ser lo que él no parece ser, y en consecuencia renuncia al tratamiento que sería apropiado para dichos individuos"

Si bien las formas de presentación y adecuación en sociedad cruzan a diferentes sociedades en diversas épocas, entre los chinos cobran una vital importancia. Centralidad que se funda a nuestro entender, en la valoración que esta sociedad otorga a las jerarquías sociales (de status, clase o estamento), y las conductas pertinentes a observar dentro de cada una de ellas, tanto por parte de los sujetos como de sus grupos de allegados (familiares y amigos). La valoración social relativa a la cara no solamente incumbe al individuo, sino que se extiende a su red de relaciones sociales de acuerdo a la cercanía existente con respecto a aquél. En ese sentido, el divorcio de una hija puede suponer para un padre la pérdida de la cara social, de su respetabilidad con la sociedad. La importancia de esta categoría puede vincularse también con las formas indirectas de relacionamiento características del mundo chino. Formas en las que no se valora la expresión abierta, la exposición social de los problemas o ciertas condiciones de penuria, ya que ellas podrían constituir un motivo de vergenza. En estos casos prevalece el ocultamiento indirecto de los conflictos y la presentación de una imagen individual o social armónica o adecuada.

En chino el término cara se denomina con las palabras lian y mianzi. Hu (1944) en un análisis clásico sobre los significados chinos de la cara, distingue los usos de ambos conceptos, gobernados por diferentes tipos de criterios.

Mianzi se referiría a un prestigio ganado a base del esfuerzo personal, mientras lian representaría la confianza de la sociedad en el carácter moral del individuo. En ese sentido, la pérdida de lian es más reprobable socialmente que la pérdida de mianzi. Y constituye una seria sanción moral, que hace imposible el funcionamiento apropiado del actor en sociedad. Ho (1976) por su parte criticará la diferenciación de Hu entre ambos términos, no en relación con los criterios para juzgar la cara sino en la imposibilidad de asegurar una diferenciación lingística como la propuesta por aquel autor.

El interés por la cara en la sociedad china, queda evidenciado en la riqueza de usos y alcances que posee este concepto en el lenguaje. Veamos algunos de los ejemplos enunciados por Hu12: considerar la cara (ego debe tener en cuenta su cara para aumentar su prestigio), algo no se ve bien en la cara propia (describe los sentimientos de vergenza frente a la desaprobación social), no querer cara (ego no se preocupa por lo que la sociedad piense sobre su carácter), perder la cara (es el reflejo de la propia vergenza o la de los allegados a ego), no tener cara (ego no canaliza suficiente prestigio para lograr un objetivo), aumentar la cara (se logra ayudando a la gente y colocando a ego en el centro de la opinión de los otros), pelear por la cara (la disputa entre dos individuos que se esfuerzan en exponer su riqueza atrayendo la atención favorable del público), dar cara (incrementar el prestigio de alguien), pedir prestada la cara a alguien (lograr ventajas del prestigio de una persona con reconocimiento en la comunidad), acolchar la cara de alguien (cuando dos personas no tienen una relación de demasiado aprecio, pero para obtener los favores del otro, ego le muestra alguna deferencia), la piel de la cara es gruesa o delgada (concepto similar a tener la cara dura o sentir vergenza en determinadas situaciones según nuestros parámetros), etc.

En síntesis, podemos indicar que la cara es para los chinos una categoría que no parece ajustarse estrictamente al prestigio, el honor o el status. En ese sentido recogemos la definición de Ho y la incorporamos a nuestro análisis de la representación mediática de la comunidad china, postulando que esta representación parece haber sido recreada entre los inmigrantes chinos en términos de cara.

"Cara es la respetabilidad y/o deferencia que una persona puede reclamar de los demás para sí, en virtud de la posición relativa que ocupa en su red social y el grado en el cuál se juzga que debe funcionar adecuadamente dentro de aquella posición y de acuerdo a una conducta general aceptable; la cara extendida por los otros a una persona es una función del grado de congruencia entre los juicios de una condición total de vida, que incluye sus acciones así como las de aquellas personas asociadas con él, y las expectativas sociales que los otros han ubicado en él. En términos de partes interactuando, la cara es una complicidad recíproca, respeto y deferencia que cada parte espera y extiende a la otra parte." (1976: 883)

La cara, en el caso de la sociedad china, puede entenderse como un continuum. Es decir, puede ser aumentada o reducida hasta su agotamiento. La pérdida de la cara social no en todas ocasiones es una acción final e irrevocable, imposible de modificar. La cara puede ser obtenida nuevamente a través de los esfuerzos por la recuperación de la respetabilidad perdida. Habiendo ya introducido algunos de los sentidos socioculturales que gobiernan este concepto, entendemos que cuando los inmigrantes chinos se refieren a su "mala imagen", extendida predominantemente por el discurso de los medios de comunicación, esta representación comunitaria puede interpretarse en términos de cara social. Nuestra hipótesis de trabajo sugiere que la comunidad china en los últimos años ha perdido la cara en relación a la sociedad de acogida. Y a partir de allí, un sector de su movimiento asociativo se encuentra abocado a la tarea de recuperación de la misma. La necesidad por parte de las asociaciones de presentar una buena imagen, que se distancie de aquella que prevalece en los medios de comunicación, radica en la posibilidad de volver a obtener el respeto adecuado de la sociedad española mediante un comportamiento correcto. Y así como nos referíamos a la pérdida de la cara en un individuo por la conducta inadecuada de sus allegados, podemos establecer el siguiente paralelismo: la pérdida de la respetabilidad de cualquier chino dentro de la comunidad toca de alguna manera al resto de estos nacionales. En esos términos es factible comprender la afirmación primera de nuestra informante, de que los propios chinos son responsables de su imagen. La recuperación de la cara entre los chinos- españoles parece definirse simbólicamente como una responsabilidad común, que compete a todos. Aunque en la práctica permanezca relegada a la competencia de las asociaciones que constituyen la elite comunitaria.

En apoyo a esta hipótesis, consideramos relevante enunciar algunas estrategias desplegadas por las asociaciones chinas en estos últimos años, orientadas a equilibrar las relaciones con la sociedad receptora.

En primer lugar, las formas de oposición de las asociaciones a la violencia simbólica ejercida desde la sociedad mayoritaria se apoyaron en un refuerzo de las declamaciones de respeto a los marcos legales del Estado español. Por ejemplo, los estatutos de la Asociación de Mujeres Chinas en España, creada en julio de 1995, incluían como uno de sus fines: "trabajar para el desarrollo económico y cultural de España y respetar la legalidad y buena tradición para penetrarse completamente en la sociedad española". En el primer aniversario de la constitución de la Organización del Fondo Hispano-Chino, en julio de 1995, la entonces presidenta expresaba lo siguiente: "en el futuro seguiremos trabajando (...) porque nuestros paisanos asimilen la cultura española y se lleven bien y hagan grandes esfuerzos para construir una España próspera y poderosa".

En segundo lugar, las representaciones o imágenes generadas desde el interior de la comunidad china hacia la sociedad receptora, apelaron asimismo a los medios de comunicación nacionales o autonómicos. Se orientaron en función de una representación visual. Este interés por presentar una imagen de la comunidad que rescate ciertos aportes culturales beneficiosos para el pueblo español ha sido una constante en aquellos festejos que reunían a españoles y chinos, en los cuáles se ha invitado permanentemente a los medios de comunicación para que cubrieran los eventos. Esta inclinación de las asociaciones por generar nuevas imágenes y otorgar un espacio significativo a los mass media queda evidenciada en el discurso del redactor de un periódico chino en una fiesta comunitaria: "Estamos muy contentos de haber logrado tanto éxito, muy agradecidos de la asistencia y transmisión de nuestro acto, de todos ustedes, paisanos, y sobretodo, amigos españoles de la radio y televisión." En último término, entre las estrategias de recuperación de la cara, los miembros de las asociaciones chinas facilitan a aquellos autóctonos que trabajan en determinadas instituciones (profesionales ejercientes de organizaciones no gubernamentales, colegios profesionales, departamentos universitarios) cierta información sobre su propio grupo.

La cuál servirá para constituir intermediarios españoles que puedan dar cuenta de manera más apropiada a los usos locales, especialmente al dominar el lenguaje, de las formas de vida de la comunidad china en su conjunto.

Consideramos finalmente que el caso expuesto permite describir algunas de las asignaciones simbólicas que los medios de comunicación elaboran respecto a los grupos minoritarios en una sociedad nacional. Y que contribuyen a señalarlos como objetos estereotipados. Así también este ejemplo nos posibilita describir a una colectividad, que aunque no posee el control de la producción discursiva sobre sí, establece estrategias de acción orientadas según ciertos parámetros socioculturales y los medios disponibles para lograr una imagen de comunidad armónica al interior y en relación con la sociedad de acogida. Aún con los límites a los que se enfrenta para producir una imagen alternativa, la comunidad china continúa negociando bajo formas propias el establecimiento de una representación adecuada al grupo, buscando relaciones equilibradas con los españoles e intentando superar la pérdida de su cara social.

Bibliografía

Anuario Estadístico de Extranjería 1995, Dirección General de Migraciones. Ministerio de Asuntos Sociales, Madrid

APARICI, Roberto; NIETO, Gladys: Inmigrantes en España. La construcción del 'otro' a través de los medios de comunicación. Informe de investigación, Dirección General de Migraciones, 1994 (sin publicar)

GOFFMAN, Erving: La presentación de la persona en la vida cotidiana, Buenos Aires, Amorrortu, 1971

HO, David Yau-fai: "On the concept of face". En American Journal of Sociology, Vol. 81, N§ 4, enero 1976, pp. 867-84

HU, Hsien Chin: "The Chinese concepts of face". En American Anthropologist, N§ 46, 1944, pp. 45-64

SKELDON, Ronald: "Migration from China". En Journal of International Affairs 49, N§ 2, invierno 1996

VAN DIJK, Teun A.: "El racismo de la elite", Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura N§ 1, 1993

WANG, Ling-Chi: "Roots and changing identity of the chinese in the United States". En Daedalus, Vol. 120, N§ 2, primavera 1991, pp. 181-206

Notas:

1 Sobre un volumen de 499.773 residentes extranjeros en España, tan solo 9.733 son chinos, representando así un 1,9 % de la población total de origen inmigrante (Anuario Estadístico de Extranjería 1995).

2 Este autor define la ideología étnico-racista como un proceso social-cognitivo de los integrantes de un grupo social en relación a los de otro grupo que se traduce en la valoración de éstos a través de la insistencia en las notas de diferencia, competencia, amenaza, desorden y la autorrepresentación en términos paternalistas.

3 Aparici y Nieto. Op. Cit.

4 La constante reiteración de ciertas características y actividades relacionadas con los chinos; la utilización de fotografías iguales para ilustrar artículos publicados en diferentes fechas; el uso de nexos (otro, nuevo, otra vez, etc.) en los titulares como forma de hallar un antecedente lógico con noticias ocurridas hace meses o años; la recurrencia a la descripción de sucesos anteriores en el cuerpo de una noticia son algunos de los recursos utilizados en la conformación de los estereotipos de estos inmigrantes.

5 Estas son algunas de las afirmaciones en la prensa: "Ahora cualquier chino es sospechoso" (El Mundo, 5.1.94) "Hay un fortísimo concepto de la obediencia. Todos están relacionados con la organización" (El Mundo, 9.1.94)

6 "El 'monopolio' de la venta de flores nocturna, otro misterio de la colonia china" (El País, 4.6.95)

7 Por ejemplo, en el periódico ABC del 17.10.93 se publica una nota titulada: "Sangre, miedo e impuesto de protección, nueva receta del arroz tres delicias" que se ilustra con un dibujo de un pistolero, un hombre muerto, un dragón y dos caracteres que simulan una palabra china, pero no tienen significado alguno.

8 "Uno de los datos que más llama la atención cuando se investiga a estos clanes mafiosos es lo difícil que es introducirse en ellos, ya que impera la ley del silencio.

El idioma es una complicación añadida e, incluso su físico no facilita en modo alguno las pesquisas." (ABC, 3.1.94) "El idioma es una complicación añadida e incluso, su físico no facilita tampoco el trabajo de la policía" (repetido en ABC, 17.10.93) "Cuando llega un chino de 80 ó 70 años es muy difícil para el funcionario distinguir si se trata de un hombre o de una mujer. Es muy fácil que nos engañen si no tomamos las huellas" (El País, 1.6.93)

9 Algunos de los titulares a este respecto indican: "En 1993 murieron más chinos en Madrid que en todo el lustro anterior" (El País, 4.1.94), "La policía investiga por qué solo han muerto en Madrid oficialmente ocho chinos en cinco años" (El País, 1.6.93), "Solo un chino murió oficialmente en Madrid el año pasado" (El País, 4.3.95). Después de más de tres años de que se hubiera lanzado prejuiciosamente esta afirmación, inexplicablemente la prensa se hace eco del discurso policial, dando por concluida la incógnita del bajo número de defunciones mediante la explicación del regreso al país de origen de los ancianos: "El enigma de los chinos que no mueren ha sido enterrado" (El País, 1.12.96) La cursiva es mía.

10 La misma prensa recoge en un titular esta situación: "Rollitos por los suelos. Los 'chinos' pierden casi la mitad de clientes por las dudas sobre la comida" (El Mundo, 10.11.96)

11 Actualmente hemos contabilizado más de 40 asociaciones chinas que reunen a inmigrantes de la República Popular, Taiwán, y chinos y españoles.

12 Por razones de simplicidad, no me remito aquí a los términos en chino.

Buscar en esta seccion :