1er Congreso Internacional "Pobres y Pobreza en la Sociedad Argentina"

Universidad Nacional de Quilmes - Argentina

Noviembre 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
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Título de trabajo:

POBREZA Y RESISTENCIA CAMPESINA: EL CASO DE LOS CRIANCEROS

Autoras:

MONICA BENDINI y CRISTINA PESCIO

Grupo de Estudios Sociales Agrarios. FDyCS. Universidad Nacional del Comahue

email: rtbendin@uncoma.edu.ar , mcpescio@uncoma.edu.ar

RESUMEN:

En el noroeste de la Patagonia los campesinos autodenominados crianceros desarrollan una forma productiva ganadera particular caracterizada por la trashumancia. En los '70, estos campesinos eran identificados desde el estado como "carenciados" en un contexto en que la pobreza urbana era relativamente poco significativa en la región.

Durante aproximadamente dos décadas esta imagen orientó las políticas locales sociales y en menor medida sectoriales, produciendo mejoras coyunturales en las condiciones de vida de los crianceros aunque sustancialmente no modificaron su situación de campesinos pobres. Desde otra lectura estas políticas pueden pensarse como reforzadoras de la resistencia campesina. En este trabajo se analizan datos primarios de los '70 a los '90 referentes a disponibilidad de recursos, estrategias productivas y resultados socioeconómicos de estos sujetos sociales crianceros a fin de establecer tendencias y perspectivas del sector campesino en el área cordillerana del norte de la Patagonia en un nuevo contexto caracterizado por el fortalecimiento de la imagen territorial del problema campesino y respuestas institucionales en torno a la lucha contra la desertificación, la incorporación al mercado de tierras de predios fiscales, la presencia de corporaciones internacionales en el área, los procesos de ajuste y redefinición del estado (en especial del estado provincial) y el creciente empobrecimiento y pauperización de sectores urbanos regionales.

El escenario

El sistema trashumante relacionado con la actividad ganadera constituye una forma productiva particular que se presenta en diversas zonas cordilleranas del país, observándose el fenómeno de la trashumancia, en su máxima expresión, en la provincia del Neuquén.

La trashumancia es un movimiento recurrente, pendular y funcional. La periodicidad del movimiento está regulada por el ritmo cíclico de las estaciones y las actividades desarrolladas en las unidades domésticas de producción se ajustan a ellas. Esto origina un cambio temporal de asentamiento seguido por una situación de retorno que da comienzo a un nuevo ciclo. EL sistema trashumante queda eslabonado con el relieve, con el clima y con la receptividad de los campos, destacándose otrora tres o cuatro momentos, hoy dos: veranada e invernada con el objeto de complementar diferentes pisos ecológicos; de ahí también que se puede clasificar el movimiento como una trashumancia vertical (movilidad de arreos, de ascenso y de descenso).

La veranada, la invernada y la ruta pecuaria, conforman el circuito de este sistema productivo y señalan ámbitos territoriales con situaciones diferenciales de aptitud natural y de tenencia de la tierra. La veranada se realiza en los valles de altura, excediendo en muchos casos la cota de 1200 metros. Este ambiente brinda pastos y aguadas al rodeo durante el estío. Su estadía varía en función de la distancia a los campos de invernada y la altitud de los campos de veranada, pudiendo variar entre tres y cinco meses. La invernada se desarrolla en la meseta y valles inferiores en donde la escasez de agua y de pasturas se hace crítica a fines de la primavera.

El circuito no tiene una longitud regulada; las distancias varían considerablemente según la zona, desde unos pocos kilómetros hasta más de 200 km. La velocidad de circulación está condicionada a la alimentación del ganado, a la composición del rodeo, a la cantidad de cabezas, a las características del relieve, etc. Los crianceros acompañan el traslado a caballo, con cargueros (mulas con chihuas) o con camioneta o camiones de modelos viejos y deteriorados.

Esta práctica ganadera, entre la meseta árida y semiárida y la cordillera de los Andes abarca en Neuquén aproximadamente 2.500 productores, en su gran mayoría "fiscaleros" (ocupantes de tierras fiscales). De ellos, el 75% son campesinos pobres autodenominados crianceros y puesteros (aparceros).

La historia

Esta modalidad de vida y de trabajo se remonta a los primitivos asentamientos. Ya los viajeros y estudiosos del siglo XIX hacen referencia a los pobladores originarios (cazadores y recolectores de piñones) descendientes de una historia rica en movilidades espaciales estacionales.

Posteriormente, los grupos poblacionales que se asentaron en el área, se adaptaron al trabajo trashumante como estilo de vida organizándose en torno a la actividad ganadera. La cercanía con Chile y la accesibilidad de los pasos sumadas a la atracción por la disponibilidad de tierra, produjo inmigraciones que se localizaron en las grandes extensiones fiscales sentando las bases de una vida rural y pastoril con actividad trashumante, acentuando su participación a mediados del siglo XIX.

La bondad de los recursos en las zonas cordillerana de veranada y la accesibilidad a un mercado relativamente rentable debido al comercio libre con Chile favoreció el avance de la ganadería con organización espacial trashumante. El ganado engordado en veranada se vendía en Chile con impacto económico en el desarrollo de la región.

A través de tres siglos, los pobladores de la región - mapuches, chilenos y criollos- fueron modulando una actividad que con el correr del tiempo, se cristalizó predominantemente en unidades domésticas de producción ganadera extensiva trashumante. Los pobladores que comenzaron a asentarse libremente en las extensas áreas de tierras fiscales presenciaron hacia fines del siglo XIX el aumento de la presión ejercida sobre las tierras marginales como consecuencia de un nuevo reparto de tierras a nivel nacional. Las mejores tierras hacia el sur de la región pampeana se "desalojan" de los habitantes originarios (expediciones y campañas al desierto) y es, a partir de ese momento que se inicia el repoblamiento del territorio al sur del Río Colorado. En la franja longitudinal precordillerana se ubican las tierras mejor dotadas (en términos de receptividad y pastizales naturales) en la mayor parte del año. En aquella franja norte-sur que por lo dicho es la de mayor aptitud ganadera entre los campos áridos de la invernada y los campos de veranada se ubican las grandes extensiones que fueron privatizadas a partir de la "conquista del desierto" y por sucesivos procesos de adjudicación en el marco del derecho positivo vigente.

La creación de barreras aduaneras y mayores controles fronterizos junto con el modelo de desarrollo industrial en auge a mediados del siglo XX termina por descomponer este mercado específico regional con la consiguiente subordinación al capital agroindustrial. Con el correr del tiempo y, en especial, a partir de la etapa de industrialización del país, los organismos nacionales y provinciales instrumentaron controles desde distintos ángulos tendientes al disciplinamiento de la actividad ganadera trashumante.

Dada la estructuración del espacio no continuo, con un incierto régimen de tenencia, producto de circunstancias históricas, culturales, económicas y físicas, se sanciona la legislación fundiaria provincial (ley, decreto, código, reglamentación) que establece formas legales de ocupación de tierras fiscales. Uno de los aspectos regulados es el referido al uso de las tierras de veranada. EI otorgamiento de permisos ordena la utilización temporaria de campos de veranada hasta tanto se defina su adjudicación. Se establece un control estricto que determina que ninguna persona puede trasladar hacienda con destino a campos fiscales sin poseer dicho permiso, el que es personal e intransferible.

La tendencia en el largo período histórico ha sido la subsistencia de la forma social de producción tierra-ganado - trabajo familiar. La unidad doméstica de producción de los crianceros se ha mantenido. Esa persistencia no sólo se explica por la lógica interna de este tipo social agrario - intensificación del trabajo familiar, maximización de sus ingresos- sino también, por la lógica del sistema económico, dado el bajo nivel de desarrollo local del capital comercial y agroindustrial.

Los sujetos

Desde el abordaje de las representaciones sociales y de la perspectiva de los actores se ha señalado reiteradamente la orientación generalizada de los crianceros de apego a la tierra y a los animales y a su voluntad de permanecer en la misma actividad. Esto explica la continuidad intergeneracional de la forma social de trabajo ganadero trashumante -los hijos o al menos uno de ellos, a quien, en general el padre elige habitualmente a los dieciocho años o al casarse- solicita boleto de señal y permiso.

Si bien la tendencia desde mediados de este siglo ha sido la acentuación de la diferenciación y la descomposición social con fuerte peso hacia la dependencia laboral de los crianceros convertidos en peones, obreros o empleados; en los períodos de crisis, y más aún en la actualidad, la unidad doméstica actúa como ámbito de refugio en una estrategia de sobrevivencia que incluye a los que migraron y a los que residen permanentemente en la unidad.

El trabajo social productivo de los crianceros se caracteriza por presentar alto nivel de subempleo encubierto, formas varias de aparcería siendo la forma social del trabajo predominantemente familiar. Hasta mediados de los '80 la participación de la mujer y de los niños ha sido altamente significativa, reduciéndose en los últimos años su participación en las veranadas. La persistencia de la aparcería se vincula al hecho de que la gran propiedad se basa en la ganadería extensiva. Dicha forma es una modalidad económica de la ganadería regional que aún hoy resulta conveniente desde la perspectiva de la rentabilidad privada o empresarial. Colindantes a las grandes explotaciones ganaderas -estancias- se encuentran las explotaciones de los llamados crianceros. Estos son productores basados en el trabajo familiar predominando (en número y control de existencias ganaderos) los crianceros campesinos quienes por su dotación de recursos no alcanzan el umbral de capitalización estimado en 1000 unidades ganaderas menores.

La permanencia de los crianceros -aún dentro de una diversidad de procesos de descomposición social- se explica fundamentalmente por la restricción a la expansión capitalista que produjo la persistencia de grandes extensiones de tierras fiscales y por la incapacidad del sistema económico de absorberlos en actividades alternativas. Actualmente hay signos de descompresión de esta situación fundiaria al proyectarse la privatización de tierras fiscales mediante un programa de titularización.

La persistencia de los crianceros (aún dentro de una diversidad de procesos de descomposición social) se explica fundamentalmente por la incapacidad del sistema económico de absorberlos en actividades alternativas. Sus vínculos con el resto de la sociedad local adoptan las siguientes características: el acceso diferencial a los recursos, el escaso poder de negociación en el mercado de productos, el desarrollo de una pluralidad de actividades y la combinación de ingresos prediales y extraprediales como estrategias de sobrevivencia.

Pastoralismo y desertificación. El ambiente y las imágenes institucionales.

La imagen institucional de los años '70 y '80 de estos productores era la de pobladores rurales pobres, que desarrollaban una actividad de subsistencia con características extractivas y con uso abierto y depredatorio del territorio. Abierto, en tanto práctica trashumante en campos sin delimitar y depredatorio en tanto presencia importante de ganado caprino. Se trataba, entonces, de un problema social básicamente y la preocupación respecto de su actividad depredadora aparecía asociada al agotamiento de un recurso que haría más dificultosa su situación como productores marginales.

Coincidentemente con la identificación del riesgo de la desertización de vastos territorios neuquinos hacia fines de los '80, se produce una fuerte presión sobre los campesinos trashumantes que se ven cercados temporada a temporada, reducidos a callejones de extrema aridez para desplazar su ganado y obligados a veranar en áreas cada vez más alejadas. El corrimiento de los alambrados sobre campos tradicionalmente usados por los campesinos y la reocupación de tierras que habían sido abandonadas mucho tiempo atrás, con el correspondiente cercamiento, da cuenta de una dinámica social en el campo neuquino, especialmente en las áreas predominantemente campesinas, que coincide con una fuerte prédica ambientalista desde distintos sectores gubernamentales.

Las políticas sectoriales influenciadas por este discurso ha propiciado prácticas aparentemente no deteriorantes como la silvicultura, práctica que tiende a la concentración territorial tanto por las características de la producción como por las políticas crediticias y de incorporación tecnológicas orientadas a los productores más capitalizados.

La situación de tenencia de la tierra no resuelta para los campesinos fiscaleros en todos estos años facilita el proceso expulsivo y produce un verdadero reordenamiento territorial legalizado, en algunos casos, con el saneamiento de los títulos de la propiedad. El discurso ambientalista originado en una preocupación legítima sobre el uso de los recursos naturales, deviene en respaldo ideológico a un nuevo proceso de apropiación que completa la ocupación selectiva inicial de principio de siglo. En términos de tenencia se ha mantenido en la provincia hasta esta década, la convivencia de la propiedad privada de las mejores tierras con la ocupación de lotes fiscales por parte de los productores campesinos -mapuches y criollos.

Este proceso comienza a cerrarse y es el indicador más elocuente de una etapa de expansión capitalista en áreas marginales.

Conviene reflexionar sobre las percepciones diferenciales de los propios productores respecto del proceso de desertización. La relación que mantiene el productor con los recursos naturales encierra una variada gama de posibilidades de uso, condicionada por el medio, por la cultura del grupo y por las relaciones sociales de producción anterior a él. El productor trashumante se relaciona con los recursos en un marco y contexto específico. Los crianceros no reconocen la denominación desertización, no se refieren al ambiente en que desarrollan sus actividades agropecuarias como desierto ni al proceso de degradación y erosión como de desertización.

Reconocen que existe un "problema" pero se refieren a él como al empobrecimiento de los campos o a la menor disponibilidad de pastizales. En cambio, los productores de tipo ganadero-empresarial local se refieren explícitamente al proceso de desertización pero como una problemática ajena a ellos, como un proceso asociado a los crianceros originado por concentración de población y de carga animal (sobrepastoreo y predominancia de ganado caprino). Tanto los crianceros como los ganaderos consideran el problema de la desertización en el contexto de sus respectivas orientaciones productivas globales.

Para los crianceros las prácticas de conservación del suelo son estrategias de existencia en torno a la reproducción social . Aunque se encuentran presionados a adoptar técnicas de prevención y control de la desertización, la oferta tecnológica específica ha sido escasa en general e inexistente en términos de tecnologías apropiadas para este tipo de productor.

Las orientaciones de las políticas regionales

En los' 70 y los' 80.

En el sector rural neuquino se destacan en los '70, por su relevancia y extensión, dos líneas de políticas: la de comercialización de lanas y la de difusión tecnológica y extensión agropecuaria.

A partir de 1974 se implementa gradualmente un nuevo sistema de comercialización mediante la agregación de la oferta y la asociación entre los productores, partiendo del proceso de esquila y extendiéndose hasta la venta del producto, en cuya transacción interviene el estado y los representantes de los productores.

En este programa el estado intervino no sólo como agente de difusión tecnológica (esquila mecánica) sino también absorbiendo algunos gastos y financiando otros. Se intentó así, compensar el menor poder de negociación relativamente menor de los crianceros. Las metas productivas y de comercialización del programa tendían a mejorar la calidad del producto para su posterior concentración y venta, y aumentar los ingresos del productor a través de mejorar el precio obtenido eliminando intermediarios. Estas líneas de políticas se incorporaban a una estrategia de desarrollo global, ya que implícitamente apuntaba a una redistribución del ingreso, pero sin una mayor definición respecto de los ejes de desarrollo campesino. La política agraria en esta década asociada a la conformación de un pujante estado benefactor, no es cuestionada por la burguesía agraria comercial tradicional. La situación de mejoramiento general en las condiciones de vida y en el ingreso de la población amplía las perspectivas de los sectores propietarios que asisten a la conformación de un nuevo mercado, producto fundamentalmente del crecimiento demográfico de la región.

La etapa de expansión de los programas analizados perdura hasta los años 1983-84; a partir de entonces entra en una etapa de inercia, al no profundizarse su ejecución. Pese a la reinstalación del gobierno democrático en esos años, estos programas no reciben nuevos impulsos. con indefinición respecto al modelo de desarrollo provincial, se recortan subsidios y se produce una redistribución social y espacial de los ingresos, al consolidarse la estructura urbana de la provincia. en relación al programa de comercialización de lanas, las condiciones de subordinación al capital comercial local impidieron la extensión al conjunto de los productores, ya que están inmersos en una totalidad compleja que involucra lo que venden, lo que compran, lo que consumen y las necesidades ligadas a los servicios básicos. Coinciden en un solo canal de comercialización el mercado de productos, de insumos, de consumo y de crédito. El paternalismo, asistencialismo y voluntarismo en la ejecución de este programa restringieron su generalización.

Hacia fines de los '80 se debate en torno a la viabilidad de la autogestión de estros productores en el marco del programa, esta posibilidad se vincula a dos variables intervinientes: volumen y homogeneidad campesina y calidad e intensidad de la extensión agropecuaria. En términos de aspectos estructurales no resueltos, perdura una situación de inestabilidad en torno al control real de la tierra, situación que provoca en este período una creciente apropiación privada de tierras fiscales ocupadas por los campesinos sin que se implementen mecanismos de defensa en torno a la actualización de legislación de tierras, para los reales ocupantes. La generalización del debate en torno al deterioro del recurso atribuido a la práctica predominante desvía la atención sobre estos conflictos.

Los años '90

La aplicación de las políticas nacionales de ajuste llevan en lo que va de esta década de los '90, a una profunda crisis en la provincia: al restringirse el acceso a la principal fuente de recursos (las tansferencias del estado nacional en concepto de regalías, coparticipación federal, etc.) se agota el rol del estado como fuerte inversor en obra publica, rol preponderante de la década anterior. Las políticas sociales como mecanismos de redistribución se resienten frente al nuevo modelo de acumulación. En el sector agrario se producen transformaciones en el plano institucional y en la orientación de las políticas, con énfasis en el control: control de la actividad ganadera y control en el uso de los recursos, principalmente la tierra, en un marco general de desregulación. Estos controles presentan rasgos de tendencia hacia una política de exclusión de los campesinos fiscaleros, ya que en principio la actual expansión de los sectores terratenientes locales se vislumbra como de tipo predominantemente especulativo. La competencia por el recurso tierra tiene su respaldo ideológico en un discurso ambientalista del cuidado del medio ambiente (control de la erosión y de la desertización), y se traduce en propuestas productivas con oferta tecnológica, que sólo podrían llevar adelante los sectores mas capitalizados, dado sus altos costos.

A principio de los '90, las orientaciones para la actividad productiva (especialmente en ganadería y forestación) no están totalmente definidas, por lo que se genera un espacio de contienda. En este realineamiento de fuerzas se producen avances de los grupos dominantes con algunas resistencias de los campesinos, en especial de las organizaciones indígenas. Este espacio de pugna se inserta en la heterogeneidad ideológica de gobierno provincial del momento que en esos años resultaba presionable a la implementación de propuestas diferenciadas y alternativas.

En la actualidad, la situación general de la provincia se agudiza por el aumento de la desocupación y de la pobreza canalizándose los programas sociales a las zonas urbanas donde se concentran las mayores urgencias y estallidos sociales. En este contexto, hay una menor direccionalidad de las políticas sociales a las zonas rurales.

Concomitantemente aparece un nuevo actor, las grandes corporaciones internacionales, originariamente industriales con estrategia de integración hacia atrás ocupando grandes extensiones del territorio. Surgen políticas de titularización de tierras fiscales a los campesinos, que para las provincias de Neuquén y Río Negro implican 8.500.000 de ha y aproximadamente 6.000 productores Con el argumento del otorgamiento de títulos atendiendo a un derecho legítimo de los ocupantes de hecho se diseñan cambios normativos que priorizan la incorporación de vastos territorios al mercado de tierras por sobre el desarrollo rural. campesino. Si bien desde los '50 fueron aumentando los controles para el disciplinamiento de la actividad junto con procesos crecientes de ciudadanización de los crianceros, es con la entrega de títulos que se cierra este proceso convirtiendo a estos sujetos más que en ciudadanos en contribuyentes. La entrega de tierras no aparece directamente vinculada a obligaciones por parte del estado que garanticen la permanencia de los crianceros como productores directos viables. No sólo se está cristalizando una situación de pobreza sino que aparecen signos de una amenazante exclusión.

De los '80 a los '90: de la supervivencia a la exclusión?

En este apartado se analizan datos primarios recabados a inicios de los '80 y a mediados de los '90 en investigaciones propias a fin de establecer comparaciones y tendencias. Para tal fin se han identificado aquellos aspectos relacionados con la forma social del trabajo y las estrategias de sobrevivencia vinculadas a las formas de inserción en los mercados de productos y de trabajo.

Los indicadores más relevantes para explicar el funcionamiento de estas unidades de producción campesina son la incidencia del trabajo familiar en el total de la unidad, el destino de la producción agropecuaria y su valor en términos de salario de oportunidad .

La situación de los '80 se caracterizaba por :

a) la composición por hogar en las familias de puesteros chiveros y crianceros campesinos es extensa, con valor modal de 7 miembros.

a) la relación entre el trabajo familiar y el trabajo total empleado en la unidad domésticas oscilaba entre 0,80 y 0,98 b) el valor bruto de la producción para el mercado respecto del valor bruto de la producción total era de 79% variando entre el 72% y el 91% c) si se relaciona el valor bruto de la producción total con el salario de oportunidad, estas unidades obtenían un ingreso entre uno y tres salarios, (entre la peor y la mejor situación) d) analizando el rango o dispersión de ingresos de diferentes familias tipo los ingresos más bajos se ubican entre las que tienen más alta participación de ingreso extrapredial. Las familias que tienen mayor componente de trabajo predial superan de 3 a 7 veces los ingresos de las familias que tienen predominantemente trabajo extrapredial.

e) el ingreso por salarios indirectos (pensiones, jubilaciones, caja PAN y otros tipos de subsidios) era inferior al generado por actividades extra-prediales de tipo asalariado.

La situación de los '90 se caracteriza por:

a) la cantidad de miembros que conforman el hogar campesino es en promedio 4,8.

a) la relación trabajo familiar predial /trabajo total de la unidad doméstica oscila entre 0,78 y 0.90 para los distintos tipos sociales de crianceros.

b) el valor bruto de la producción para el autoconsumo es del 53% con un rango de oscilación entre el 33% y el 67%.

Dicho de otro modo el 47% de la producción se destina en promedio al mercado.

c) la media de ingresos prediales (por comercialización y autoconsumo de productos agropecuarios ) equivale en promedio a 1,8 salarios de oportunidad con una variación entre 0,9 y 2,9.

d) el mayor peso en el conjunto de los ingresos extra- producción corresponde a jubilaciones y pensiones, rubro que genera ingresos para el 43% de los hogares, siendo mucho más significativo que el generado por trabajos extra- prediales o ayuda externa de familiares.

Algunos de los indicadores presentan variaciones leves que sin embargo pueden considerarse significativas en términos de tendencias como en el caso de la relación trabajo familiar predial y trabajo total. La presencia campesina como forma social del trabajo se mantiene predominante en los hogares pobres crianceros.

El objetivo del criancero es el de equiparar, mientras le sea posible, el término inicial de esa operación (la mercancía que vende) con el término final de la misma (la mercancía que compra). Se trata de un objetivo cualitativo para cuyo logro el criancero intenta obtener el máximo ingreso posible mediante la aplicación de la disponibilidad total de trabajo familiar para tres fines: producción para el mercado, producción para el autoconsumo y trabajo extra- predial. De este modo logran la máxima satisfacción de necesidades compatible con los escasos recursos y la fuerza de trabajo familiar disponible, respondiendo a una situación que les viene impuesta por la dotación inicial de recursos productivos.

La orientación más generalizada y tradicional es que ante una situación de baja de precios, estos productores intentan aumentar la producción, aumentando el número absoluto de cabezas para asegurar el ingreso mínimo, que en muchos casos coincide con el umbral de saturación del recurso tierra y pastizal., situación que ha sido parcialmente revertida a partir del trabajo de extensión agropecuaria realizada por organizaciones gubernamentales y no gubernamentales para mejorar el manejo ganadero.

El cambio producido en la relación entre lo que venden y lo que consumen el cambio es por demás elocuente. En los '80 casi el 80% de la producción se destinaba al mercado, mientras que en los '90 a este destino se ofrece el 47%. El aumento de lo que se consume sobre la producción total expresa el proceso de empobrecimiento definida como descomposición social hacia abajo. Sin embargo, esta descomposición no es una descampesinización ya que las condiciones del contexto no facilitan la asalarización.

Pese a lo cual se producen en estas unidades procesos expulsivos expresados en el indicador de tamaño del hogar que pasa de 7 a 4,8. La estrategia de combinación de trabajo de los miembros dentro y fuera de la unidad doméstica de producción explica la capacidad de resistencia de este tipo de productores.

Los crianceros participan en los distintos mercados: en el mercado de productos como vendedor, en el mercado de insumos y en el de consumo como comprador., y en el mercado de trabajo como vendedor permanente u ocasional de su fuerza de trabajo La participación en mercados de créditos y de tierras es casi inexistente (quedando circunscripto a modalidades de crédito subsidiado de bajo monto y a compras de mejoras a quienes optan por migrar). Aunque existen algunas formas de pago en especie, estos crianceros están inmersos en una economía estrictamente mercantil. Las formas de pago en especie tienen una referencia monetaria, es decir un precio y los términos del intercambio varían con las variaciones de los precios. La poca circulación de dinero tiene más relación con el contexto general de pobreza que excede el ámbito rural que con el supuesto carácter no monetario de tal economía.

Si bien el ingreso total de las unidad campesina considerado en términos de salarios de oportunidad desciende levemente, es significativa la disminución ido el poder adquisitivo del salario tal como lo demuestra el peso creciente del autoconsumo sobre la producción total.

Históricamente la participación de estos productores en la oferta total de productos no ha sido marginal, especialmente en los de origen caprino. Sin embargo, la dinámica de los procesos de internacionalización y de concentración, las políticas ambientales e inevitables avances de apropiación territorial selectiva, modifica y pone en riesgo su participación en ese mercado como también se restringen las posibilidades de inserción en el mercado de trabajo rural regional. La perspectiva de incorporación al mercado de tierras de áreas campesinas profundiza la diferenciación entre los productores viables y no viables como un signo amenazante (de exclusión) en el horizonte de los crianceros.

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