1er Congreso Internacional "Pobres y Pobreza en la Sociedad Argentina"

Universidad Nacional de Quilmes - Argentina

Noviembre 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
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Pobres y pobreza en la sociedad argentina CEIL, Universidad Nacional de Quilmes, 4-7 de noviembre 1997

Vanina Leschziner
Silvia Kuasñosky

De Las Prácticas En La Pobreza

El objetivo de este trabajo es realizar un esbozo de distintas miradas sobre las artes de hacer de los pobres.

Abordaremos esta problemática a partir de los instrumentos lógicos y conceptuales de cuatro autores: Pierre Bourdieu, Michel de Certeau, Michel Foucault y James Scott. Los mismos se aproximan a los temas que plantea la lógica de la práctica de los sectores populares desde lugares teóricos diferentes, lo que tiene consecuencias sobre el recorte que se realiza de la "realidad" y la manera de interpretarla.

Asi como P. Bourdieu da cuenta de las prácticas de estos sectores sociales a partir del concepto de habitus, es decir, pensarlas como estrategias que son un producto de la estructura más que una acción subjetiva; J. Scott propone comprenderlas a partir de la noción de infrapolíticas lo que implica agudizar la mirada en las prácticas políticas esquivas, frecuentes y disfrazadas de los grupos dominados; M. de Certeau considera que hay que entenderlas explicando los usos tácticos que los sectores populares, en tanto practicantes, hacen con aquello que se les impone a través de distintos dispositivos de poder y M. Foucault, en sus últimos textos1, intenta pensarlas rescatando la subjetividad de los actores involucrados y la puesta en escena de prácticas imprevistas por las conductas instituidas, unas prácticas que puedan subvertir las verdades del poder por un poder de la verdad.

En sus trabajos, Bourdieu sostiene que las categorías de la percepción del mundo social resultan de la incorporación de las estructuras objetivas del espacio social. Por lo tanto, llevan a los agentes a tomar el mundo tal cual es, aceptarlo como natural, más que oponerse a él.

Esto implica una aceptación tácita de la propia posición, un sentido de los límites, un sentido de las distancias (materiales y simbólicas) y de lo que cada sujeto puede o no permitirse. A su vez, se manifiesta sin duda con una fuerza tanto mayor cuanto más negativas son las condiciones de existencia y más severamente impuesto el principio de realidad. De ahí el profundo realismo que caracteriza la manera en que los dominados representan el mundo y que funciona como una especie de instinto de conservación socialmente constituido que sólo puede parecer conservador en relación a un marco exterior, por ende normativo, del interés objetivo de estos sectores 2.

Al respecto, Scott señalaría que tal principio de realidad es sólo aparente, en tanto puede constituir una puesta en escena de distintos actores sociales con el fin de no explicitar aquello que hace a unos querer mantener el status quo y a otros desear revertirlo 3. Es más, este autor considera que a los sectores dominados les resulta beneficioso simular este acuerdo a través de actos de deferencia y gestos de subordinación, e incluso que cuanto más negativas son las condiciones de existencia, más probabilidad hay de que se genere un pensamiento resistente. A diferencia de Bourdieu, asevera que no naturalizan el mundo social al no dar cuenta en su discurso de la dominación ejercida sobre ellos sino que ésta es una operación táctica de no exposición (como único recurso) frente a quienes ejercen la dominación y por ello tienen la autoridad para establecer el sistema de premios y castigos.

Esta es una estrategia de los sectores dominados en tanto subyace a ella una transcripción oculta como instancia de resistencia y crítica al poder. La transcripción oculta es concebida por este autor como un producto social y en consecuencia un resultado de las relaciones de poder entre los subordinados. Al igual que la cultura popular, la transcripción oculta no tiene realidad como puro pensamiento; existe sólo si es practicada, articulada, actuada y diseminada entre los sitios sociales de trastienda. Los espacios sociales donde la transcripción oculta crece son, ellos mismos, un logro de la resistencia; son ganados y defendidos frente al poder. La creación de un sitio social seguro para la transcripción oculta puede no requerir ninguna distancia física del dominante mientras se utilicen códigos lingüísticos, dialectos, y gestos que permanezcan opacos a ellos 4. Una forma de dominación crea ciertas posibilidades para la producción de una transcripción oculta. Si estas posibilidades son llevadas a cabo o no, y cómo, depende de la capacidad constante de los subordinados de tomar, defender, y agrandar el campo de poder normativo.

Por su parte, de Certeau se encontraría entre ambas posturas. No considera que estos sectores acepten de forma automática las representaciones de la sociedad que se les imponen, incorporándolas pasiva o dócilmente; por el contrario, considera esencial el estudio del uso que hacen estos grupos o individuos 5. Así, opone el estudio de las representaciones al de los modos de comportamiento, considerando que ambos deben complementarse con un análisis sobre lo que los sujetos hacen con los productos recibidos.

Entonces, a una producción centralizada, racionalizada, espectacular y expansionista correspondería otra producción, que de Certeau llama consumo. Esta se insinúa en todos lados, es escurridiza, dispersa, silenciosa, porque no se manifiesta a través de productos propios, sino a través de modos de uso de los productos impuestos por el orden económico dominante. Entonces, si bien este autor ve una creación por parte de los sectores dominados, su estudio difiere del realizado por Scott, quien ve una producción concreta de estos grupos, la de la transcripción oculta.

Foucault apunta que la fuerza de las prácticas rebeldes responden, de diversas maneras, a las microtécnicas de constricción: "hay que analizar el conjunto de las resistencias al panóptico en términos de táctica y estrategia, diciéndose que cada ofensiva de un lado sirve de punto de apoyo a una contraofensiva del otro lado. El análisis de los mecanismos de poder no tiende a mostrar que el poder es a la vez anónimo y siempre ganador.

Se trata, por el contrario, de localizar las posiciones y los medios de acción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de contrataque de unos y otros 6".

A diferencia de los autores aludidos, Foucault se niega a reducir el análisis de la dominación en términos dicotómicos, es decir a dos polos opuestos omnipresentes y estables en cuanto a su distribución y estructura de fuerzas. Entonces, plantea que el poder está "siempre ahí", es coextensivo al cuerpo social no dejando espacios de libertad, sin embargo esto no significa que los sujetos se encuentran atrapados en las relaciones de poder. Estas relaciones se hallan imbricadas con otro tipo de relaciones con las cuales se condicionan mutuamente. De hecho, este autor concibe al poder como una forma diferente a lo largo del tiempo, de una serie de choques que constituyen el cuerpo social, choques de tipo económico, político, etc. El poder, entonces, es algo como la estratificación, la institucionalización, la definición de tácticas, de implementos y armas que son útiles en todos estos choques.

Esto es lo que puede ser considerado en un momento dado como cierta relación de poder, como cierto ejercicio de poder, este poder se transforma a sí mismo sin cesar. No se debe confundir una situación de poder, una cierta distribución o economía de poder en un momento dado, con las simples instituciones de poder.

Foucault afirma que si su concepción fuera la de un círculo ontológico del poder, habría, de un lado, "Poder con P mayúscula, un tipo de ocurrencia lunar, extra- terrestre; y por el otro lado la resistencia de los infelices que están obligados a reverenciarse frente al poder. Creo que un análisis de este tipo es completamente falso, porque el poder nace de una pluralidad de relaciones que son incorporadas a otra cosa, nacidas de otra cosa, y permiten el desarrollo de otra cosa 7".

De Certeau acordaría con Foucault en que el análisis muestra que una relación, que siempre es social, determina sus términos, y no al revés, y que cada individuo es un locus en el que una pluralidad incoherente -y tal vez contradictoria- de esas determinaciones relacionales interactúa. Scott concordaría con este autor en que la evidencia nunca es enteramente no-ambigua y que la subjetividad de los grupos dominados no es irrelevante para interpretar la lógica de su práctica, conjeturando que si esto no fuera así, todos los actos de desafío y rebelión serían exitosos, y si fallaran, habría que tomarlos como actos de locura o gestos de autoconciencia tomados como futiles. En consecuencia, tanto de Certeau como Scott dirían que la perspectiva objetivista, que profesa una visión estática de la naturalización y de la legitimación, no nos permite captar cómo, tanto los dominantes como los dominados, invierten constantes esfuerzos en su lucha por el poder (sea para mantenerlo u oponerse); esta mirada no permitiría dar cuenta de los conflictos cotidianos (las tácticas, para de Certeau, y las infrapolíticas, en términos de Scott) que se suscitan en el encuentro de estos dos sectores.

Bourdieu les respondería que las estrategias diseñadas por los sujetos no consisten en un cálculo cínico, una búsqueda conciente de la maximización del beneficio, sino una relación inconciente entre un habitus y un espacio estructurado. Estas estrategias son un producto de la estructura más que una acción subjetiva, es decir, son más habladas que hablantes. Entonces, los sujetos sólo tienen que dejar actuar sus habitus para obedecer a la necesidad inmanente del campo y satisfacer las exigencias que en él se encuentran inscriptas, sin tener conciencia de sacrificarse por un deber y menos aún de buscar la maximización del beneficio, obteniendo el beneficio suplementario de verse y ser vistos como perfectamente desinteresados.

Así como este autor sostiene que los sectores dominantes son capaces de desdoblar sus prácticas de sus discursos, por ejemplo eufemizando las relaciones de poder, dándoles un aspecto inofensivo para embellecer aspectos de las mismas que no pueden ser negados, Scott y de Certeau van más allá, mientras el primer autor se interesa por el fenómeno de la dominación, éstos están preocupados por la resistencia. Vislumbran los modos en que toda la sociedad intenta resistir la "disciplina" que es cada vez más clara y extensa. Por un lado, de Certeau bucea en los procedimientos populares, aunque minúsculos y cotidianos, que manipulan los mecanismos de la disciplina y se adaptan a ellos para evadirlos, sea a través de robos, hurtos, pillaje, interpretaciones de los representaciones recibidas, usos de los productos culturales, etc.; concluye que sus tácticas de consumo, es decir sus modos ingeniosos de oponerse a los fuertes, otorgan una magnitud política a las prácticas cotidianas. Por otro lado, Scott repara también en la dimensión política de las acciones, aunque a diferencia del autor anterior ve una actividad colectiva, organizada, incluso ofensiva, de oposición a los fuertes, que además permanece opaca al investigador. También advierte -al igual que Bourdieu- la capacidad de actuación, aunque, a diferencia de éste, la observa también en los sectores dominados, es decir que estos grupos podrían expresarse de una manera frente a los dominantes -espacio de la transcripción pública- y de otra cuando se encuentran fuera de su mirada -espacio de la transcripción oculta-.

Foucault afirma que no existen relaciones de poder sin resistencias, que éstas son más reales y eficaces cuando se conforman en el mismo lugar en que se ejercen las relaciones de poder. La resistencia al poder no está atrapada por éste por ser su reverso, entonces no necesita nacer fuera de él para ser real, por el contrario existe porque está en el lugar que está el poder. Tanto el poder como la resistencia son múltiples, multiformes e integrables en estrategias globales.

Bourdieu, más en consonancia con Foucault, tildaría a de Certeau y Scott de ingenuos, por desatender las marcas que la hegemonía deja en el comportamiento. De hecho, diría que niegan por completo la existencia de la hegemonía como fenómeno social, porque sólo se obtendría conformidad de los grupos dominados cuando hay voluntad de su parte, no se la obtendría por el uso de presión, pero entonces, si el consentimiento se logra por medio de la voluntad ya no se puede seguir caracterizando a este proceso de hegemónico.

Observaría que al estar las disposiciones inculcadas inscriptas en las condiciones objetivas, engendran disposiciones objetivamente compatibles con esas condiciones y en cierto modo preadaptadas a sus exigencias "...las prácticas más improbables se encuentran excluidas sin examen alguno, a título de lo impensable, por esa especie de sumisión inmediata al orden que inclina a hacer de la necesidad virtud, es decir, a rehusar lo rehusado y querer lo inevitable 8". De esta manera, para este autor, el acuerdo entre el sentido práctico y el sentido objetivado tiene, como uno de sus efectos fundamentales, "la producción de un mundo de sentido común cuya evidencia inmediata es redoblada por la objetividad que asegura el consenso sobre el sentido de las prácticas y del mundo, es decir la armonización de las experiencias y el refuerzo continuo que cada una de ellas recibe de la expresión individual o colectiva improvisada o programada de experiencias semejantes o idénticas 9".

Este énfasis en la instancia estructurada del habitus se contrapone con los análisis que proponen Scott y de Certeau para comprender la práctica política esquiva, frecuente y disfrazada de los grupos dominados. Podemos afirmar que estos autores privilegiarían la dimensión estructurante del habitus, y por ende, concebirían que el "sense of oneïs place" se conforma en relación a cada contexto específico de hablantes; ésto implica considerar que aquello que puede resultar impensable para un grupo social en un momento dado, puede no resultarlo en otro momento, sin que ello implique un cambio en la identidad del grupo. De Certeau postuló que los modos de operar implican una lógica de la operación de acciones relativa a los tipos de situaciones. Esta lógica, que depende de las circunstancias, tiene como precondición, contrariamente a los procedimientos de la ciencia occidental, la no autonomía de su campo de acción10.

Para Foucault, la dominación se organiza en una estrategia relativamente coherente y unitaria, los procedimientos heteromorfos locales y dispersos de poder son readaptados, reforzados y modificados por estrategia globales, conviviendo todo esto con procesos de inercia, de desniveles, de resistencias. Entonces, no se parte de una estructura binaria de "dominantes" y "dominados" sino de una producción multiforme de relaciones de dominación integradas en estrategias generales. "Me pareció interesante tratar de entender nuestra sociedad y civilización en términos de sus sistemas de exclusión, de denegación, de rechazo, en términos de lo que no quiere, sus límites, el modo en que es obligada a suprimir un número de cosas, gente, procesos, qué debe dejar caer en el olvido, su sistema de represión-supresión11".

De este modo, Foucault se defiende contra las formulaciones que lo acusan de ser un estructuralista.

Sostiene que las prácticas constitutivas del mundo social no pueden ser reducidas a la racionalidad que gobiernan los discursos. La lógica que produce los discursos es distinta de la lógica que comanda las operaciones. El problema consiste al mismo tiempo en distinguir los sucesos, en diferenciar las redes y los niveles a los que pertenecen, y en reconstruir los hilos que los atan y los hacen engendrarse unos a partir de otros. De aquí el rechazo a los análisis que se refieren al campo simbólico o al dominio de las estructuras significantes; y el recurso a los análisis hechos en términos de genealogía, de relaciones de fuerza, de desarrollos estratégicos, de tácticas. "Pienso que no hay que referirse al gran modelo de la lengua y de los signos, sino al de la guerra y la batalla. La historicidad que nos arrastra y nos determina es belicosa; no es habladora. Relación de poder, no relación de sentido. La historia no tiene"sentido", lo que no quiere decir que sea absurda e incoherente. Al contrario es inteligible y debe ser poder analizada hasta su más mínimo detalle: pero a partir de la inteligibilidad de las luchas, de las estrategias y de las tácticas 12".

Una pregunta central que atraviesa los trabajos de los cuatro autores, aunque con distinto énfasis -un viejo problema para las ciencias sociales- es: ¨por qué una clase dominada acepta o parece aceptar un sistema económico que está objetivamente contra sus intereses si no está obligada por aplicación directa de coerción o por el miedo de sus aplicaciones?

Al respecto, Scott plantea, en primer lugar, que no se pueden analizar las prácticas y discursos de los sectores dominados (deferencia lingüística, gestos, actitudes de complacencia) como actuaciones impuestas por el poder. Las mismas deben ser leidas como puestas en escena, acciones rutinizadas (aprendidas desde pequeños) hacia el que tiene poder o status, y en ese sentido, hay que distinguir entonces la actitud hacia un individuo de la actitud hacia un status en general. Así, sostiene que no podemos ver la deferencia lingüística y los gestos de subordinación solamente como actuaciones extraidas por el poder, sino que también sirven como barrera y velo que el dominante encuentra difícil o imposible de penetrar. Las apariencias que el poder requiere son, seguro, impuestas a la fuerza sobre los grupos subordinados, pero ésto no excluye su uso activo como medio de resistencia y evasión. Esta evasión, sin embargo, es adquirida al costo de contribuir a la producción de una transcripción pública que aparentemente ratifica la ideología social del dominante. En la medida en que la conformidad es táctica es seguramente manipuladora.

Las actuaciones no están totalmente determinadas desde arriba, también está presente la agencia del actor en apropiarse la actuación para sus propios fines. Es decir, tanto los grupos dominantes como los sectores dominados participan tácticamente de esta puesta en escena sacando provecho de la situación. Es más, Scott señala que la obediencia forzada no sólo falla en producir actitudes que provocarían esa complacencia en ausencia de la dominación, sino que incluso genera una reacción contra esas actitudes.

Es probable que las creencias individuales y las actitudes refuercen la obediencia a los deseos de los que tienen poder si, y sólo si, esa obediencia es percibida como elegida libremente, como voluntaria. Hay poca probabilidad de que la utilización de una máscara vaya a afectar apreciablemente la cara del actor.

Con esto, este autor se opone a las teorías de la hegemonía, porque no cree que se obtenga conformidad de ningún tipo cuando la ausencia de voluntad es suplida por el uso de coerción, y lo que parecería ser una evidencia de la presencia de la hegemonía en realidad no es más que simulación de la misma. Aún más, asevera que no hay evidencia histórica que acredite la existencia de la hegemonía. Entonces, su crítica central a esas tesis radica en que no pueden explicar cómo el cambio social podría originarse desde abajo.

En el polo opuesto encontramos a Bourdieu para quien el concepto de hegemonía es fundamental en su corpus teórico para explicar la lógica de la práctica de los distintos sectores sociales. En su marco conceptual no hay lugar para el juego de la simulación por parte de las clases dominadas. Las respuestas del habitus se definen de acuerdo a potencialidades objetivas, inscritas en el presente pero en relación con un porvenir probable.

Entonces los estímulos sólo existen para la práctica cuando los individuos están condicionados para reconocerlos. El mundo práctico construido en relación con el habitus es un mundo de fines ya realizados, de caminos a seguir ya establecidos.

El habitus produce prácticas tanto individuales como colectivas; produce historia conforme a los principios engendrados por la historia, asegura la presencia activa de las experiencias pasadas. Engendra las conductas "razonables" o de "sentido común" posibles en los límites de las regularidades objetivas que a su vez producen el habitus.

Las prácticas se explican por las condiciones sociales en las que se ha constituido el habitus que las engendró y por las condiciones sociales en que se manifiestan. El habitus da a las prácticas una independencia relativa en relación a las determinaciones exteriores del presente inmediato. Como el habitus es la incorporación de la historia -objetivada en habitus y estructuras- las prácticas engendradas por ellos son mutuamente comprensibles y ajustadas a las estructuras. El sistema de disposiciones individual es una variante estructural de los otros, en él se expresa la singularidad de la posición en el interior de la clase y de la trayectoria.

Las estrategias permiten encarar las situaciones imprevistas y constantemente renovadas que produce el habitus, sólo en apariencia están determinadas por el futuro; en realidad están determinadas por las condiciones pasadas de la producción de su principio de producción, o sea, por el porvenir ya dado de prácticas pasadas, idénticas o sustituibles, y tienden siempre a reproducir las estructuras objetivas de las que son producto.

El habitus está en el origen de los encadenamientos de "golpes", objetivamente organizados como estrategias sin ser producto de una verdadera intención estratégica, guarda la solución a las paradojas del sentido objetivo sin intención subjetiva. Los casos en que las disposiciones funcionan a contratiempo y en los que las prácticas están objetivamente inadaptadas a las condiciones presentes, porque están objetivamente adaptadas a condiciones caducas o abolidas, están explicados por el habitus -la permanencia recurrente del efecto de los condicionamientos primarios-.

Tanto la inadaptación como la adaptación, la rebelión como la resignación, pueden estar explicados por la tendencia a perseverar en su ser, debido a que las disposiciones duraderas pueden sobrevivir a las condiciones económicas y sociales de su propia producción.

Por su parte, de Certeau critica el uso que hace Bourdieu del término estrategia, sosteniendo que está muy limitado; como observamos, está determinado por las condiciones pasadas y por la estructura, justificado por el hecho que las prácticas dan una respuesta adecuada a situaciones contingentes, son simplemente estrategias de corto plazo y de corto alcance, respuestas anárquicas relativas a un conjunto de "semiconocimientos". Bourdieu repite que no es una cuestión de estrategias estrictamente hablando. No hay elección entre distintas posibilidades, en consecuencia, no hay "intención estratégica", no hay introducción de correctivos debido a la obtención de mejor información, entonces, no hay el "más mínimo cálculo", no hay predicción, sólo un mundo asumido como la repetición del pasado. Porque los sujetos no saben lo que están haciendo es que lo que hacen, para Bourdieu, tiene más significado que lo que ellos se dan cuenta. "Docta ignorancia" entonces, una astucia que no se reconoce así misma como tal.

Foucault estaría en franca oposición con los postulados de Bourdieu, y en este punto, más en consonancia con la visión de de Certeau. Foucault no comparte este automatismo sostenido por Bourdieu para comprender la lógica de las prácticas de los sujetos. El encuentra que la acción de los sujetos no sufre de tal determinación exterior sino que, por el contrario, es relativamente autónoma. Aún más, sostendría que, cuanto más presión externa reciba el sujeto para actuar de determinado modo, más energía pondrá en liberarse de tal presión. De este modo, arguye "Uno siempre se queja de que los medios (de comunicación) atiborran las cabezas de la gente, pero hay cierta misantropía en esta idea. Pienso, por el contrario, que la gente es reactiva; cuanto más uno quiere convencerla más trata de investigar. La mente no es una cera blanda; es una sustancia reactiva. Y el deseo de saber más, y mejor, y algo más, crece con este intento de rellenar los cráneos 13".

Por su lado, de Certeau hace una distinción entre lo que él denomina estrategias y tácticas. Se diferencian principalmente en que las primeras tienen un lugar propio, las estrategias son acciones que gracias al establecimiento de un lugar de poder (la propiedad de un lugar propio) lugares elaborados estratégicos (sistemas de discursos totalizadores) capaces de articular un conjunto de lugares físicos en los cuales las fuerzas están distribuidas. Estas privilegian relaciones espaciales. Al menos intentan reducir las relaciones temporales a espaciales a través de las atribuciones analíticas de un lugar propio a cualquier elemento particular y a través de la organización combinatoria de los movimientos específicos a unidades a grupos de unidades. El modelo era militar antes de volverse "científico". En cambio, las tácticas son procedimientos que ganan validez en relación a la pertenencia que llevan al tiempo, a las circunstancias que el instante preciso de una intervención transforma en una situación favorable, a la rapidez de los movimientos que cambian la organización de un espacio, a las relaciones entre momentos sucesivos en una acción, a las intersecciones posibles de duración y ritmos heterogéneos, etc. En este respecto, la diferencia corresponde a dos opciones históricas que tienen que ver con la acción y la seguridad (opciones que tienen que ver más con constricciones que con posibilidades): las estrategias ponen sus esperanzas en la resistencia que el establecimiento de un lugar ofrece a la erosión del tiempo; las tácticas tienen una utilización del tiempo más astuta, de las oportunidades que presenta y también del juego que introducen las fundaciones del poder. Aunque los métodos practicados por el arte cotidiano de la guerra nunca se presentan así mismos de una forma tan clara, sin embargo permanece el caso que los dos modos de actuar pueden ser distinguidos de acuerdo a si es que están apostando a un lugar o a un tiempo.

Es decir, en contraste con la estrategia (cuyas formas sucesivas introducen cierto juego en este esquema formal y cuyas conexiones con una configuración histórica particular de racionalidad también debieran ser aclaradas) una táctica es una acción calculada determinada por la ausencia de un locus propio. No hay delimitación de la exterioridad, entonces, lo provee con la condición necesaria para la autonomía. El espacio de una táctica es el espacio del otro. Entonces debe jugar y con un terreno impuesto en él y organizado por la ley de un poder extraño. No tiene los medios para mantenerse a sí mismo, a distancia, en una posición de extracción o mirada: es una maniobra en el "campo enemigo de la visión" y dentro del territorio enemigo. Entonces, no tiene las opciones de planear una estrategia general y mirar al adversario como un todo dentro de un distrito visible y un espacio objetificable.

Opera en acciones aisladas golpe contra golpe. Toma ventajas de las "oportunidades" y depende de ellas. Esta falta de lugar da una movilidad táctica para estar seguros, pero una movilidad que debe aceptar las ofertas de posibilidad del momento y tomas las posibilidades que se les ofrecen en cualquier momento dado. En breve, una táctica es un arte del débil. Una táctica es determinada por la ausencia de poder así como una estrategia es organizada por la postulación de poder.

Foucault desarrolla un análisis ascendente del poder, partiendo de los mecanismos infinitesimales que poseen su propia historia, su propia técnica y táctica, para luego observar la investidura de los mecanismos de poder. Son estos mecanismos los que han sido utilizados, modificados y desplazados por los mecanismos más generales y por formas de dominación global. La investigación sobre el poder se debe orientar hacia la dominación, hacia las formas de sometimiento, hacia las conexiones y utilizaciones de ese sistema social de sometimiento, hacia los dispositivos de estrategia. Es decir, estudiar el poder desde las técnicas y las tácticas de dominación.

Este autor, en una mirada restrospectiva de su obra plantea que lo que ha estudiado han sido tres problemas tradicionales: "1 ¨cuáles son las relaciones que tenemos con la verdad a través del conocimiento científico, con esos "juegos de verdad" que son tan importantes en la civilización y en los cuales somos, a la vez, sujeto y objeto?; 2 ¨cuáles son las relaciones que entablamos con los demás a través de esas extrañas estrategias y relaciones de poder?; y 3 ¨cuáles son las relaciones entre verdad, poder e invididuo?14".

De Certeau considera que Foucault ha abierto un nuevo campo de estudio15. Mostrando la heterogeneidad y las relaciones equívocas entre los dispositivos y las ideologías constituyó un objeto histórico tratable donde los procedimientos tecnológicos tienen efectos de poder específicos, cuya función es acorde a sus propias lógicas, y que pueden producir una desviación ("diversion") dentro de las instituciones del orden y del conocimiento.

Foucault extrapola sus nociones de Microfísica de poder para mostrar una visión del cuerpo social como un todo. Los mecanismos disciplinarios han invadido todo el espacio social, que entonces se vuelve un lugar de luz impersonal, medido, controlado. "Uno no puede hablar más de represión, porque en tal perspectiva no queda nada para reprimir. Parece que para Foucault en Vigilar y Castigar no hay un 'afuera'16". En este libro Foucault sostiene que el individuo es cuidadosamente fabricado en el orden social, de acuerdo a toda una táctica de fuerzas y cuerpos.

Sin embargo, Foucault ha discutido en repetidas oportunidades este tipo de visiones, oponiéndose a las lecturas reductoras de su trabajo. Soteniendo -entre otras cosas- que no se comprendió la tesis de Vigilar y Castigar y que, en cambio, se confundió ésta con el objeto de estudio del libro, es decir lo que era el objeto de estudio se tomó por la tesis. "El poder no es omnipotente u omnisciente -­todo lo contrario! Si las relaciones de poder han producido formas de investigación, de análisis, de modelos de conocimiento, etc., no es precisamente porque el poder era omnisiciente, sino porque era ciego, porque estaba en un estado de impasse. Si es cierto que tantas relaciones de poder han sido desarrolladas, tantos sistemas de control, tantas formas de vigilancia, es precisamente porque el poder siempre fue impotente 17".

En una etapa posterior Foucault reconoce que ha insistido demasiado en el tema de la tecnología de la dominación y el poder. "Cada vez estoy más interesado en la interacción entre uno mismo y los demás, así como en las tecnologías de la dominación individual, la historia del modo en que un individuo actúa sobre sí mismo, es decir, en la tecnología del yo 18".

Por otro lado, Scott centra su interés en la comprensión e interpretación de las prácticas políticas, a menudo fugitivas, de los grupos subordinados; éstas constituyen las infrapolíticas que, a diferencia de la oposición abierta y frontal al poder, se desarrollan de un modo fragmentario, de bajo perfil pero no por eso menos explosivo. Sostiene que mientras se crea que lo político es sólo la actividad que está abiertamente declarada, se concluirá que los grupos subordinados no tienen una vida política o que la que tienen está restringida a aquellos momentos excepcionales de explosión popular, pero se perdería el inmenso terreno político que está entre la pasividad y la revuelta, que es el ambiente político de las clases subordinadas. Las infrapolíticas son la forma estratégica que la resistencia de los sujetos debe asumir bajo condiciones de gran peligro. Imponen una lógica fundamentalmente diferente de acción política, están diseñadas para oscurecer sus intenciones o cubrirlas con un significado aparente y, a la vez, para ser anónimas.

Al decir de Scott, la cuestión de si ha ocurrido o no un acto de insubordinación no es simple, ya que el significado de una acción determinada no es algo dado sino socialmente construido. En los extremos hay menos libertad interpretativa. Los dominantes van a elegir ignorar un desafío simbólico, o van a convertir un acto ambiguo en un desafío simbólico directo. El modo en que un acto de este tipo es interpretado es una cuestión de política. La lucha política para imponer una definición o una acción y hacer que permanezca es, en general, tan importante como la acción misma.

Como hemos intentado demostrar en estas páginas, las interpretaciones que se desprenden de cada uno de los enfoques mencionados son lo suficientemente diferentes como para provocar un serio debate sobre cómo interpretar la lógica de la práctica de los sectores populares, sobre todo en este momento histórico en el que se visualiza un creciente aumento de la pobreza y la exclusión social, que contienen una dimensión cultural cuyo estudio es aun escaso y cuya significación permanece en gran parte opaca.

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NOTAS

1- La mayor parte de los estudios sistemáticos que se han ocupado de la obra de Foucault señalan que su última etapa (estimada entre 1978 y 1984) se articula alrededor de la cuestión de la subjetividad o, si se prefiere, de las técnicas y tecnologías de la subjetividad. Ver Morey, M.: (1990); Chartier, R.: (1996).

2- Bourdieu, P.: (1990), (1991), (1995).

3- Scott, J.: (1990).

4- Scott señala que ejemplos de estos espacios pueden ser hallados en la privacidad de la casa o en lugares públicos como la taberna o la capilla , el pub, el cabaret, etc., los cuales eran vistos en la cultura europea por las autoridades seculares y por la iglesia como lugares de subversión. La importancia de estos sitios residía en que constituian el lugar principal de reuniones no autorizadas para los vecinos de clase baja y los trabajadores. Ver Scott, J.: (1990). Pág. 121.

5- De Certeau, M.: (1984).

6- Bentham, J.: (1977). Pág. 206.

7- Foucault, M.: en Lotringer, S.: (1989). Pág. 260.

Traducción de Vanina Leschziner.

8- Bourdieu, P.: (1991). Pág. 94.

9- Bourdieu, P.: op. cit. Pág. 100.

10- Certeau, M. de: (1984).

11- Foucault, M.: op. cit. Pág. 69. Traducción de Vanina Leschziner.

12- Foucault, M.: (1980). Pág. 179.

13- Foucault, M.: en Lotringer, S.: (1989). Pág. 305. Es un extracto de una entrevista titulada "El filósofo enmascarado" publicada primero en Le Monde el 6 de abril de 1980 en la que la identidad de Foucault no fue divulgada. Traducción de Vanina Leschziner.

14Foucault, M.: (1990). Pág. 150.

15- Ver Ahearne, J.: (1995).

16- Ahearne, J.: op. cit. Pág. 146. Traducción de Vanina Leschziner.

17- Foucault, M.: en Lotringer, S.: (1989). Pág. 258. Traducción de Vanina Leschziner.

18- Foucault, M.: (1990). Pág. 49.

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