LA DOCUMENTACIÓN EN ARCHIVOS HISTÓRICOS COMO FUENTE Y HERRAMIENTA PARA LOS ARQUEÓLOGOS.

Por Genoveva Enríquez Macías.
Licenciada en Historia de América por la Universidad de Sevilla, España.

Por alguna razón inexplicable, quizás debido a los absurdos recelos gremiales que predominan entre los profesionales de las distintas disciplinas de la Historia, el estudio de los fondos archivísticos ha sido tradicionalmente relagado por aquellos que no eran estrictamente historiadores. No voy a entrar en discusiones bizantinas acerca de la manera apropiada de calificar a las distintas especialidades de la Historia: Arqueología, Antropología, Etnología, Etnografía, Etnohistoria, etc....no discutiré si cada una de ellas son "ciencias", "especialidades" o "disciplinas", ni cuáles son sus instrumentos de trabajo. Lo que pretendo en esta exposición es plantear la necesidad de olvidar actitudes restrictivas a la hora de estudiar e investigar los legados del hombre en su conjunto. Y tal es el caso de la Arqueología Subacuática cuando ésta trata de restos correspondientes a épocas en las que se puede contar con documentos escritos coetáneos.

Ahora se empieza a tomar conciencia de que una buena investigación en archivos puede resolver dudas, certificar datos, y desde luego proporcionar una información determinante que dé forma a un proyecto de recuperación de restos arqueológicos, y esta información es una excelente herramienta para todos aquellos que participan en el proceso, desde los arqueólogos hasta los restauradores.

Tomando el periodo comprendido entre los siglos XV y XIX, y como espacio geográfico los países que formaron parte, directa o indirectamente, del imperio colonial español, encontramos que los trabajos realizados en pecios de esta época adolecen frecuentemente de una increíble carencia en cuanto a la investigación histórica.

Mi experiencia como historiadora es que la recuperación de pecios se suele plantear de manera errónea en la mayoría de los casos. Con frecuencia se encarga la investigación histórica cuando ya se ha invertido dinero y esfuerzo en el proyecto, lo que suele llevar a desagradables sorpresas cuando el documentalista les revela (si es honesto), que el naufragio que les interesa en realidad no existió, o no está en el sitio que ellos pensaban, o no llevaba carga interesante, o ésta fue rescatada total o parcialmente en la época.


Los Archivos Históricos: bucear en los documentos es también apasionante.

¿Qué podemos encontrar en un Archivo Histórico?: fondos de distintos tipos, documentos variadísimos, mapas, planos, gacetas o periódicos de la época....

Tomaremos como ejemplo un naufragio en las costas o aguas jurisdiccionales de cualquier país americano, un galeón español que salió en conserva de una flota o armada, de regreso hacia España. ¿Qué documentación podemos encontrar? ¿Dónde hay que buscar?
En primer lugar, en el Archivo General de Indias de Sevilla, el mayor acervo documental para la historia del imperio español americano (Indias Occidentales y también la India Oriental, puesto que no podemos olvidarnos de Filipinas) y especialmente importante si lo que investigamos se centra en el tráfico comercial entre Europa y América, puesto que en Sevilla, y después en Cádiz, estaba la Casa de la Contratación, el organismo que controlaba dicho tráfico, tanto de mercancías como de personas en ambos sentidos. En segundo lugar hay que acudir a los archivos de los países que puedan tener relación con el naufragio.

¿Qué tipo de documentación? Vamos a enumerar distintas secciones y series, teniendo en cuenta que el Archivo de Indias está ordenado a partir de dos conceptos: instituciones productoras y receptoras de la documentación, y una catalogación según el espacio geográfico y temporal.

Si el naufragio que nos ocupa está, por ejemplo, en Cuba, México, o Colombia, nos encontramos con que aquí estaban los puertos "nudos" o principales de salida y llegada, o de escala para las flotas y armadas (La Habana, Veracruz, Cartagena de Indias...), por lo que el volumen documental será mayor que en otras zonas secundarias, como Ecuador o Chile.

Si éste se ha producido en una zona próxima a la costa, en la costa misma, en una región habitada o próxima a un núcleo de población importante, en aguas poco profundas... hay posibilidades de encontrar mucha información, porque estas circunstancias hicieron factible un rápido rescate en el momento de la pérdida y por tanto debió generarse gran cantidad de documentación. Pero, en consecuencia, habrá menos probabilidades de encontrar la carga intacta, de manera que los naufragios más interesantes son precisamente aquellos de los que no se tiene mucha documentación, porque fue imposible localizarlos en la época o porque no hubo supervivientes que dieran testimonio de lo ocurrido.

El historiador buscará primero en las correspondencia de las autoridades del lugar: virreyes, gobernadores, corregidores, .... ellos serán los que den la noticia a la metrópoli si la pérdida ha sido importante. Aquí encontraremos las primeras claves para ubicar la localización más o menos aproximada, las causas del naufragio, la carga que transportaba el navío y las órdenes dadas para su recuperación. Hay que tener en cuenta que los datos pueden ser imprecisos, sobre todo en lo que se refiere a las coordenadas de localización. En la época colonial es frecuente encontrar frases como "se perdió en el Golfo Grande", "en el Canal de Bahama", "a 34 º", o "en la costa de La Habana", lo que viene a ser como buscar una aguja en un pajar, miles de kilómetros o cientos a la redonda. Y aclaro también que "la costa de La Habana" puede ser las playas vecinas a la ciudad... o bien la costa comprendida entre la ciudad y el cabo de San Antonio, es decir, toda la costa occidental de la isla hasta dicho cabo. Y que ciertos topónimos se repiten a lo largo de la geografía americana, lo que nos puede llevar a confusión.

Las referencias a grados de latitud pueden ser una ayuda, pero no hay que tomarlos al pie de la letra, los instrumentos náuticos no eran muy precisos y, en medio de un huracán con el navío desaparejado a merced del temporal, poco tiempo había para tomar alturas. De manera que estos datos hay que asumirlos con precaución y tener presente a partir de qué meridiano se hacía la medición en aquellos años.

Lo que realmente ayuda es la referencia a un punto terrestre; un cabo, una ensenada, unos arrecifes, una playa, un pueblo costero, etc. Y hay que añadir el problema de la dispersión de los restos, acción de las corrientes, características de los fondos marinos (roca, arena). Quiero decir con esto que la localización, punto clave en un proyecto de rescate, suele ser lo que presenta mayor dificultad, a menos que la pérdida se produjera en un lugar muy concreto y documentado en la época.

No olvidemos tampoco que los topónimos del siglo XVI puede que ya no existan en la actualidad, que hay que confrontar mapas de distintos años para certificar que el cayo, isla, ensenada o cabo que se recoge en el documento sigue llamándose hoy con el mismo nombre. Un error en estos datos puede llevarnos a bucear a kilómetros de distancia de donde reamente se produjo el hundimiento.

A continuación habría que consultar las secciones de "Contratación" e "Indiferente General", donde encontraremos informes sobre el despacho de la flota desde España (número de bajeles, tripulantes, pasajeros, características de los navíos, carga, cargadores, puertos de destino,...) siempre sin olvidar que los barcos podían ir, pero no volver (por diversos motivos), o cambiar de nombre, de capitán, maestre y piloto en los puertos de Indias. Por ello es conveniente consultar también la correspondencia de los oficiales reales de los puertos americanos, eran ellos los que registraban allí la carga de los barcos en su regreso a España. Y hay que señalar que no es extraño encontrar varios barcos con el mismo nombre dentro de una flota, por lo que es necesario acumular la mayor cantidad de información posible aunque en un principio no nos parezca importante: el tonelaje, el nombre del capitán o del dueño del barco, puede servir para identificarlo.

Si el barco se hundió y nadie pudo salvar los registros de carga, debieron quedar copias en los archivos de los oficiales reales del puerto de salida, en cuyo caso es ahí donde tendremos que buscarlos. Si se salvaron, estarán en la sección de "Contratación" o "Contaduría". Con esto quiero destacar que es importante conocer el funcionamiento de la burocracia colonial, saber el circuito que seguían los papeles, quiénes eran los funcionarios que participaban en todo el proceso comprendido entre la salida y la llegada de una flota o armada, quiénes son los que nos pueden proporcionar información, y no perder nunca de vista la fecha de los documentos, puesto que un barco pudo hacer dos viajes en un mismo año, como por ejemplo llegar a España en 1705 y volver a salir para América en ese mismo año, pero de este segundo viaje regresó en 1706, en cuyo caso debemos prestar atención a los meses de partida de cada puerto para no confundir documentos de dos viajes distintos.

Otra sección interesante es aquella que contiene pleitos, documentos de tipo judicial ("Justicia" o "Escribanía", según las épocas); aquí podemos encontrar una excelente información, a veces detalladísima, sobre un naufragio. Si el dueño del barco o los cargadores consideraban que éste había sido intencionado (los había) o producto de la impericia del piloto, era normal que reclamasen ante la Justicia, en cuyo caso contamos con declaraciones de supervivientes, de gente que iba en el barco y da su testimonio sobre lo ocurrido. Aquí podemos encontrar los datos que más nos interesan: localización, causas de la pérdida, estado en que quedó el navío y su carga, posibilidades de rescate, etc... Puede ser que nos topemos con jugosas declaraciones sobre dirección de los vientos, momento y lugar aproximado en que empezó un temporal o una vía de agua, defectos en la construcción del barco, errores de la tripulación, sobrecarga, ataques de piratas, tiempo que tardaron los supervivientes en llegar a la costa y cómo lo hicieron, etc. Conviene, de todas formas, confrontar todas las declaraciones entre sí: los culpables de la pérdida, si los hubo, intentarán descargar su responsabilidad alegando otras causas, o mintiendo sobre ciertos datos que podían costarles una condena severa. Hay que saber leer entre líneas y ser cautos.

Pero vayamos a los datos que más pueden interesar a un aqueólogo que busca un naufragio, o que ya tiene localizados sus restos. Los documentos nos pueden propocionar información sobre la construcción del navío: astillero, maderas empleadas, reformas sucesivas, tonelaje, gálibos (medidas) a veces con minucioso detalle, aparejos, y hasta el número de ollas que llevaba el cocinero. Con esto nos ahorramos costosos análisis de laboratorio, o enfrentarnos a un simple trozo de cuaderna del que nos es imposible obtener más que una mínima información sobre el tipo de madera y su grado de resistencia o descomposición.

También podemos saber el número de cañones que llevaba y (lo que es poco frecuente, pero podemos contar con esa suerte), la descripción de los mismos, su calibre y hasta el escudo, fecha y nombre que llevaba grabados. Esto es un dato esencial para identificar si el naufragio que buceamos es efectivamente el que nos interesa, pero hay que contemplar la posibilidad de que tanto el barco como sus cañones pueden ser de fabricación no española ni americana, si se da el caso de que fue un navío capturado a enemigos ingleses u holandeses e incorporado luego a la flota española.

En los registros de carga, si son minuciosos, encontraremos el número de cajones que llevaba cada cargador, a quiénes iban remitidos, qué marca llevaba la caja y qué contenía, aunque esto último suele obviarse, pero sí se registra el valor de la mercancía y, en el caso de las remisiones por cuenta de la Real Hacienda, la cantidad exacta de dinero que se enviaba.

Advertir igualmente que hay que contar siempre con el hecho de la carga ilegal, aquella que se introducía en el barco sin registro para evitar pagar los impuestos correspondientes. En ocasiones podía ser más de un tercio de la carga registrada, lo que implica que siempre se puede esperar encontrar más de lo que tenemos calculado según los documentos. Además estaba el equipaje de los pasajeros, sus objetos personales, donde se incluirían algunos de gran valor y que pudieran transportar fuera de la bodega. Si tenemos la lista de pasajeros y entre ellos se señalan personajes importantes (virreyes, obispos, funcionarios de alto rango) podemos aventurar que habrá una carga interesante de ajuar doméstico y personal.

Por último hay que contar también con el "rancho", la relación detallada de los allimentos que se embarcaron para ser consumidos a lo largo del viaje, lo que nos puede despejar dudas acerca de la variedad de restos óseos que se encuentren, pues que se llevaban animales vivos que se sacrificaban en el camino, y asimismo puede ayudar a identificar las semillas de frutas. Incluso es posible que aparezca el cajón de las medicinas con todos sus frascos de aceites, ungüentos y preparados, y los instrumentos náuticos que llevaba el piloto. La información puede ser, por tanto, extensa y nada despreciable.

He procurado resumir la variadísima documentación a consultar, pero el número de secciones y series pueden ser ampliado dependiendo de la zona en que se produjo la pérdida, de las instituciones implicadas, de las características del naufragio... pero básicamente ésta es la tipología documental y las oportunidades que ofrece. Nunca hay garantías de que vayamos a encontrar todos estos datos, la experiencia demuestra que, donde pensamos que puede haber más, pasamos meses buscando y no encontramos nada; que el funcionario que debería informar no lo hizo, que desapareció la documentación (incendios, robos, extravíos), que el naufragio no se investigó por causas inexplicables,... Hay lagunas decepcionantes, información detalladísima de la flota de 1574, y escasez exasperante para la de 1575 que es la que investigamos.

Otro aspecto a tener en cuenta es el vocabulario utilizado en la época para cuestiones navales. Hay términos que pueden llevar a confusión, y a veces a costosos errores, a quien lea estos documentos sin saber qué significa exactamente "varar", irse a pique", "echar a pique","zozobrar", "hundirse",... a veces hay diferencias sutiles y no tan sutiles entre cada uno de estos conceptos, normalmente relacionados con las circunstancias del naufragio, como profundidad de las aguas, caso fortuito o intencionado, etc... y que determinan la situación en que quedó el navío.
Igualmente hay que ser extremadamente cuidadosos a la hora de transcribir los datos sobre la dirección de la derrota que siguió el barco, porque podemos encontrar términos como "lest uest", y hay que establecer la correspondencia correcta con los equivalentes puntos cardinales. Un error de transcripción puede significar el desperdicio de meses de trabajo y por consiguiente de dinero y esfuerzo invertidos.


Conclusiones.

Podríamos continuar señalando más datos sobre la variada casuística que presentan los documentos, pero valga esto para llamar la atención de los profesionales interesados en el Patrimonio Subacuático.
Es necesario contar en los proyectos de recuperación con historiadores que tengan experiencia en temas navales y que conozcan mínimamente los vericuetos de la burocracia española colonial. Plantear esos proyectos una vez que se cuente con suficiente información histórica, para establecer las posibilidades, los costes probables de recuperación, y para analizar los objetos rescatados con una ayuda que en ocasiones puede ser inestimable y que ahorrará muchas dudas y pérdidas de tiempo. Asimismo, los restauradores que se hagan cargo de lo rescatado pueden contar con un buen apoyo si a través de los documentos de la época se les proporcionan descripciones de esos objetos.

Un naufragio es una cápsula del tiempo, y los testimonios escritos deben forman parte del proyecto de recuperación. Nos aportan un compendio de información sobre formas de vida en los barcos, circuitos comerciales, y hasta la descripción física de los tripulantes y pasajeros. Si no contemplamos estos rescates como una empresa multidisciplinar, en la que participen distintos especialistas relacionados con el fenómeno histórico en su totalidad, estaremos desperdiciando la oportunidad de hacer una investigación completa y detallada. Es necesario mantener un contacto permanente entre todos los implicados en el proyecto, dejar a un lado recelos gremiales y aprovechar los conocimientos de los profesionales de las distintas disciplinas para conseguir unos resultados lo más amplios y fiables que sea posible.

 


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