Perspectivas del Turismo Cultural II

La gestión del turismo y sus problemáticas desde visiones sociales.

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Materia Pendiente: Generar conciencia. Turismo Cultural y Patrimonio Local en la Escuela.

Diego Marazza,
San Salvador de Jujuy, Jujuy, Argentina.
E-mail: dmrzz@hotmail.com

"Los sueños y las pesadillas están hechos de los mismos materiales, pero esta pesadilla dice ser nuestro único sueño permitido: un modelo de desarrollo que desprecia la vida y adora las cosas".
Eduardo Galeano, Patas Arriba.


I. Introducción.

La presente indagación pretende analizar cómo desde el turismo es posible contribuir con la educación ambiental. Así el desafío de la educación ambiental es promover una nueva relación de la sociedad humana con su entorno, a fin de procurar a las generaciones actuales y futuras un desarrollo personal y colectivo más justo, equitativo y sostenible.

Podemos decir que la educación ambiental (formal y no formal) es por sobre todas las cosas una educación para la acción, desde una aproximación global e interdisciplinar, facilitando así un mejor conocimiento de los procesos ecológicos, económicos, sociales y culturales.

La educación ambiental debe fomentar el cambio social a partir del desarrollo de valores, actitudes y habilidades para asumir una responsabilidad ambiental. El turismo puede contribuir en esto. El turista es un individuo capaz de transformar su comportamiento durante el viaje, al desarrollar diferentes respuestas ante las situaciones y ambientes por donde se mueve y a los que percibe de forma diferente a lo habitual. Muchos de estos aspectos en su vida cotidiana pasarían por alto.

El turismo puede convertirse en un disparador de situaciones que se pueden materializar en buenas prácticas (no arrojar basuras, cuidar los árboles, etc.) o nuevas demandas que obliguen al mercado a tomar medidas de control.

A partir de lo planteado se propone trabajar con las temáticas desarrolladas, desde el abordaje de situaciones concretas en donde se articule el debate teórico con la implementación de itinerarios y propuestas en diferentes ámbitos.

Tal como se señaló la educación ambiental es un proceso mucho más abarcativo y complejo, no obstante, desde las actividades recreativas, turísticas y deportivas, se puede educar en el respeto a otras culturas, otras formas de organización social, otros recursos, en definitiva, otras formas de ver el mundo.

II. Turismo y medio ambiente.

El hombre, tanto individualmente como organizado en un grupo social de cualquier escala y nivel de complejidad, desarrolla sus múltiples actividades en un escenario concreto, formado por muchos elementos: luz solar, suelo, aire, agua, plantas y animales, construcciones de todo tipo y tamaño, luz artificial, máquinas, etc. Este complejo escenario es lo que podemos llamar el ambiente.
El hombre tiene una gran capacidad para modificar algunos de los factores que forman el ambiente y también para agregarle nuevos elementos.

Las grandes transformaciones ocasionadas por el hombre en el ambiente, han conducido al planeta a una situación de crisis, por lo cual es necesario restablecer el equilibrio con la naturaleza.
Esto nos lleva al concepto de desarrollo sostenible, que según la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, "es un desarrollo cuyo principio general es el de satisfacer las necesidades humanas del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias". Es necesario un desarrollo antrópico equilibrado, integrado y acorde con su medio ambiente (Ministerio de Medio Ambiente (1997) Tomo 6. p. 10).

En la incorporación de la dimensión ambiental en proyectos de inversión asociados al turismo, todo proyecto debe tener en cuenta que múltiples zonas turísticas ausentes de adecuada planificación han experimentado procesos de deterioro.

Las causas son múltiples y están asociadas con la ineficiente actuación pública.
"Por falta de directrices. Desconocimiento del entorno y el mercado. Falta de recursos humanos capacitados. Falta de iniciativa e interés. Escasa preservación de los recursos del sector. Legislación inadecuada (obsoletas o inexistentes). Instituciones desarticuladas. Falta de trabajo interinstitucional. Ausencia de intercambio público privado. Carencia de medios de articulación. Ausencia de responsabilidad. Comunicación interinstitucional deficiente. Inexistencia de modelos y experiencias. Deficiente infraestructura turística. Inexistencia de infraestructura básica. Falta de equipamiento adecuado. Ausencia de medios de comunicación. Falta de recursos financieros. Dificultad en el acceso a la información. Aprovechamientos meramente económicos de los espacios. Ausencia de tecnología accesible. Ausencia de mecanismos de control de calidad. En general estos se encuadran dentro de lo que se considera la Carencia de Estudios de Diagnóstico y Evaluación de Impacto Ambiental. Comportamiento inadecuado del turista y del empresario. Falta de concientización, usos demasiado intensivos, bajo nivel de educación aplicada. Falta de estudios de Marketing, Falta de capacitación en gerenciamiento sustentable del empresariado. Falta de diagnóstico integral de los proyectos de inversión. Falta de códigos de procedimiento. Ausencia de mecanismos de educación ambiental formal y no formal. Participación comunitaria deficiente. Las comunidades se sienten ajenas al proyecto, poco estimuladas. Preconceptos frente al turismo. Problemas económicos emergentes. Información insuficiente sobre los proyectos" (Houstoun, H. 1994: 23.)
En definitiva todas estas causas han llevado a situaciones asociadas a impactos negativos porque la demanda superó la capacidad de carga de los entornos donde se desarrollo la actividad, al surgimiento de actividades agresivas con el entorno social y natural, servicios inadecuados, aparición de incompatibilidad de usos, formación de enclaves y pérdida de identidad cultural. Es urgente que dentro de la proyección de las inversiones se le otorgue a la capacitación de personal en materia ambiental, un papel más importante. Mejor aún sería disponer de mecanismos de educación ambiental.


III. Las características del turismo en el siglo XXI.
Megatendencias Globales

En primer lugar habría que hablar de dos tendencias de carácter holístico, una que afecta a la oferta y otra a la demanda, pero que podrían titularse como crecimiento sostenido de la actividad turística en el futuro.

Nos encontramos ante un sector en expansión, relativamente reciente, cuyos orígenes son prácticamente de los años sesenta y en el que nada parece vaya a variar esa tendencia en el mediano a largo plazo.

Esto requiere algunas aclaraciones que afectarán a su comportamiento en las distintas zonas. De un lado, el hecho de que las cifras de demanda turística que se facilitan por países anualmente, suelen referirse al turismo internacional, excluyendo el turismo interno o nacional, cuyo papel en los países desarrollados es muy importante. El crecimiento de la demanda no va a ser en todos lados igual, variará entre las distintas zonas turísticas, dependiendo esto de diferentes circunstancias. Mientras Europa Occidental crecería mas lentamente, América Latina lo haría más rápido. Esto es importante en el desarrollo de los destinos de nuestro continente.

Megatendencias demográficas van a afectarnos en los últimos años, tanto en las vacaciones, como en el turismo en general. El envejecimiento de la población europea o de las naciones industrializadas demandará otros productos turísticos. Se supone además un aumento en demandantes mujeres independientes, sin pareja y un aumento en las familias tardías, parejas mayores con hijos pequeños. Esto indudablemente requerirá de nuevos servicios.

Entre las tendencias culturales se denota ya un aumento en la calidad exigida por el turista, una maduración como consumidor. Este reclama, mayor y mejor información, calidad del producto (servicios e instalaciones), calidad del entorno, y en los servicios públicos que necesita.

También la personalización de los viajes de acuerdo a las expectativas y no los tours estandarizados. Se trata de una búsqueda personal, en la que se puede desarrollar un tratamiento mucho más adecuado respecto del ambiente.


La diversificación motivacional aún será mayor, donde empiezan a surgir nuevas demandas, con planteamientos más dinámicos, microproductos, etc. Esto se asocia a un turista más activo y participativo, que le gusta decidir sobre sus vacaciones, quiere ser activo en su viaje, con demanda de actividades lúdicas, deportivas, ya sea como accesorio o motivo de viaje.

Existen también megatendencias económicas, entre ellas el aumento en la renta de los consumidores de servicios. Esto es una manifestación lenta que sólo se ha alcanzado en algunas áreas. No obstante es positivo su avance paulatino porque augura una mayor seguridad.

La expansión comercial también es fundamental porque posiciona al comercio del turismo en otro rango dentro de la economía y por supuesto a nivel competitivo. Esto va de la mano con la evolución de los tipos de cambios y la incertidumbre que eso provoca aún hoy.

Lo anterior se asocia al flujo de las inversiones y la aparición de centros de crecimiento acelerado, no controlado, con la formación de enclaves, que hay que evitar. América Latina se está convirtiendo en receptora de estas situaciones.
La mejora en los sistemas de transporte y telecomunicaciones acelera los procesos asociados al turismo y beneficia procesos de cambios en materia ambiental. Indudablemente esto requiere de una buena gestión.

En términos de tendencias políticas, la incorporación de nuevos territorios al escenario mundial abre el juego a la competitividad y a la diversificación a la que irremediablemente todos los destinos se enfrentan.

La OMT ha reconocido una sensibilización del turista por aspectos ambientales. Este factor va más allá de la diversificación motivacional, es una valoración incluida dentro de las grandes tendencias del mundo actual. No solamente hay un conjunto de turismos específicos de base medioambiental, sino que cualquier actividad turística tiene que considerar su aspecto ambiental. Desde esta perspectiva podemos distinguir cuatro maneras distintas de intervenir el medioambiente en la oferta turística:

1) Como motivación exclusiva, lo que ha dado el Ecoturismo o turismo de la naturaleza.

2) Teniendo en cuenta el ambiente, como principal factor pero no único. Ejemplo de esto es el Turismo rural, incluyendo en este caso el concepto ambiental desde la antropología.

3) Cuando el aspecto ambiental tiene el carácter complementario. Aquí, el entorno se convierte en un espectáculo, con una duración y un entorno limitado (parques temáticos, delfinarios, acuarios), etc.

4) Cuando el medio ambiente entraría formando parte, de algún modo, de los productos y servicios concretos. Hoteles con energía alternativa, restaurantes con productos ecológicos, transportes no contaminantes, etc.


De una u otra forma todo esto contribuye en la educación ambiental.
La OMT (En su libro Agenda para planificadores locales. Turismo Sostenible y Gestión Municipal. Edición para América Latina y el Caribe. 1999) sostiene que "es necesario hacer viable las empresas, el negocio y la comunidad local dentro del respeto a la participación en la planificación turística sobre tres vértices, beneficios sociales y económicos para el municipio y sus habitantes, calidad y sostenibilidad ambiental y desarrollo turístico acorde a la autenticidad e identidad cultural."

Es necesaria la cualificación y valoración de los recursos naturales y culturales como tendencias recientes en la ordenación territorial. Para eso se requiere de un enfoque estratégico aplicado a la ordenación territorial. Planes dirigidos a la gestión y orientados a la acción, a través de la concentración de proyectos dedicados al desarrollo de actividades sobre el territorio.

Se propone apuntar al liderazgo municipal entendido como el espacio de organización en el marco de una tendencia descentralizadora y del refuerzo de los roles del sector público en la negociación con el privado. El papel esencial de la municipalidad consiste en definir las bases para la elaboración de una estrategia de desarrollo del turismo, desde los principios de la sostenibilidad.

No obstante esto requiere de una coordinación interdepartamental tanto en materia de promoción, de servicios públicos de gestión de calidad ambiental, educación ambiental, etc. Para esto es necesario desarrollar capacidades técnicas, coordinando a agentes empresariales con estrategias de inversión adecuadas. Se desataca el papel de la cooperación de inversiones del exterior y de las ONG´s.

Por otra parte se requiere de una tarea de sensibilización pública a través de campañas, comunicación, formación, así como el asesoramiento externo e incluso de subvenciones de organismos e instituciones internacionales y colaboración de las ONG´s.

El reto es articular y consensuar intereses de los distintos grupos actuantes, actuar sobre proyectos específicos en protección de determinados lugares, señalar procedimientos de inversión y convenios de colaboración.

En tal sentido también se hace necesaria la gestión sostenible en el proyecto empresarial con recursos atractivos que den origen a productos diferenciados y competitivos, donde se valoren los recursos y se apueste por una red productiva, con la contribución a la gestión y conservación del patrimonio, creación de espacios de calidad, etc.

Es fundamental la formación de la administración y manejo de situaciones imprevistas, audacia e imaginación, fortaleciendo capacidades de organización del ámbito directo, aprendizaje y reciclaje continuo. Se plantea además la formación profesional y las necesidades de actualización y difusión de la actividad turística entre la población local, la generación de consenso de la idea, la difusión de hábitos ambientales y de consumo mejores y más sostenibles, acorde al modelo y que redunde en sus beneficios.

Indudablemente dadas las tendencias actuales América Latina debe asumir el desafío de convertirse en un centro de desarrollo del turismo. Para esto es necesario evitar caer en los errores de la vieja Europa o de otros centros que han hecho las cosas inadecuadamente.

La información acerca de las repercusiones ambientales del turismo tiene dificultades conceptuales y metodológicas similares a aquellas relacionadas a la dimensión holística del medioambiente. La investigación sobre las repercusiones del turismo es tópicamente desigual y particularmente escasa acerca de la calidad del suelo, del aire y del agua.

La mayoría de los estudios se refiere a los efectos que ejerce el turismo en un componente ambiental particular. América Latina carece de estudios regionales sobre su situación y faltan evaluaciones previas del impacto de los proyectos. El turismo puede afectar las áreas naturales como las construidas y habitadas.

De lo poco que se ha investigado sobre esto último se reconoce que en ocasiones el turismo genera:

· Contaminación arquitectónica: a menudo se ha fracasado al querer integrar la infraestructura de sitios o de lugares turísticos con las características del ambiente natural, provocándose así choques entre el medioambiente construido y el propio de la zona.

· Urbanización y postura: la urbanización responde a los diferentes paisajes, ya se trate de ambientes costeros (lineal), a lo largo de valles y rutas escénicas, en áreas de tierra interior. En ocasiones esto no se respeta, las áreas permanecen mucho tiempo deshabitadas, etc.

· Sobrecarga de infraestructura: se manifiesta cuando la intensidad de las visitas supera la capacidad de la infraestructura prevista. Esto a su vez trae aparejado contaminación y posibles consecuencias en la salud.

· Segregación de residentes locales: la separación espacial de las áreas turísticas del resto del centro turístico o en los alrededores del campo conlleva, en ocasiones, a una segregación social.
· Congestionamiento de tráfico: esto ha surgido como una de las consecuencias más significativas del desarrollo de centros turísticos. El incremento del congestionamiento de tráfico o sobrecarga de tráfico.

· Problemáticas asociadas al acceso y número de los estacionamientos:
Es cierto que el equipamiento hotelero y los servicios de apoyo, así como las residencias privadas, son las principales fuentes de descargas residuales en muchos de los desarrollos turísticos. Detrás de esto se identifica la presencia de una sociedad que usando los recursos del entorno como atractivo, les otorga además la categoría de receptor de sus propios desechos.


Además de los que operan y gestionan con los recursos turísticos, existe una categoría que no debe ser descuidada en una visión integral del turismo como del desarrollo de los destinos turísticos; es el turista. Entendiendo a éste como aquel que visita un lugar que no es el de su residencia habitual, con la convicción de abandonarlo, y que permanece en este determinado tiempo (horas, días, semanas, etc.). Se incluye entonces a los excursionistas o visitantes.

Los individuos que integran los flujos turísticos, hoy en día en mayor medida, provienen de lugares en donde se sienten sometidos a un ritmo exigente, generado por su rutina diaria. En tales condiciones se trasladan al lugar de sus vacaciones con la intención de dejar atrás los problemas y dispuestos a variar sus patrones de comportamientos diarios en virtud de un cambio de aire.

La suciedad en las playas y la contaminación del mar reflejan que existe cierto sentido de irresponsabilidad hacia el entorno. La misma ineficiencia en los servicios de los destinos, o la apariencia sucia de algunos lugares, donde existe desorden o residuos por doquier, estimulan conductas evasivas. En definitiva, se multiplica el problema porque la anarquía exterior que perciban los turistas les resulta en una tendencia a sumarse a esta.

En América Latina el problema se vislumbra tanto en el camping como en las áreas protegidas. El hombre puede ser un depredador consciente o inconsciente, y provocar innumerables daños (en la fauna, flora, etc.). En ocasiones las reservas naturales se convierten en focos de problemáticas ambientales, propias de lugares que no poseen una gestión ambiental adecuada.

Algunos psicoanalistas analizan al turista como un individuo capaz de transformar su comportamiento, adaptándose a múltiples situaciones. Un ser, que producto de las circunstancias, también desarrolla una capacidad de aprendizaje de determinados aspectos, los cuales en su vida cotidiana pasaría por alto; o por el contrario reacciona frente a determinadas situaciones que cotidianamente controla.

La evolución social y cultural conlleva innegables efectos sobre la calidad ambiental. Un papel relevante en esta evolución lo tiene el crecimiento demográfico y las necesidades que trae aparejadas. En algunos sitios, en la medida, en que la crisis ambiental va en aumento, la conciencia pública despierta y se manifiesta de diversas formas, denunciando situaciones que perjudican los productos turísticos, o productos turísticos que perjudican los destinos.

Como los destinos turísticos tendían a parecerse, en todo sentido, incluso en la decadencia que sufrían, y no se reciclaban ni mejoraban en calidad, empezaron a surgir demandas de nuevas alternativas. Pequeñas empresas primero, y grandes tour-operadores en la actualidad son beneficiarios de esta tendencia creciente

Ahora bien, también los llamados turistas tradicionales, plantearon exigencias claras a los destinos y urbanizaciones ya conocidas. La calidad se convierte en una exigencia de la demanda que obliga a incorporar, incluso, la variable ambiental (Se reclamo por ejemplo: bajo nivel de ruido, control de la fauna nociva para el hombre, equipamiento autentico asociado al entorno, más información de los recursos y los atractivos, visitas a ecosistemas seguros, entre otros). Una nueva dinámica que incorpora a sitios y emprendimientos específicos, pequeños, con alta creatividad y acogida, atención personalizada.

En la medida que aumenta el interés por conocer acerca de la naturaleza, en igual proporción se requiere mayor información para satisfacerlo. En parte, esta es proporcionada por los medios masivos de comunicación, por la literatura ambiental, las asociaciones y fundaciones de diversas clases, incluso las experiencias personales, etc.

De este modo se estimula la necesidad de profundizar tanto en conocimientos teóricos como en experiencias prácticas relativas al manejo de un turismo en equilibrio con el ambiente. A la par se han ido multiplicando centros cuya finalidad se orienta a la formación y educación ambiental, fomentando una serie de programas que buscan un cambio de actitud de las personas en sus relaciones con la naturaleza (ya sea desde el punto de vista de los profesionales del turismo como de las personas en general).

Es clara la importancia del turismo y de sus impactos sociales económicos y territoriales en la estructura previa de los lugares sobre los que se desarrolló y a los que influye directa o indirectamente.

El turismo es constructor de paisajes en términos de gestión, con creación de composiciones territoriales, con cambios de la perspectiva y de percepción. Se ha convertido en un elemento clave para la mejora de la calidad de espacios degradados y la valoración del patrimonio, o por el contrario el causante de espacio degradados, muy artificializados y fuera de contexto.


Respecto a la gestión ambiental se buscan medidas de reducción de impactos que se apoyan en cambios asociados con el tipo de turismo (adecuación de los recursos para soportar la presión, limitación en el número de visitantes y educación ambiental a largo plazo, como mecanismo de cambio de modelo).

Hay que hablar de calidad ambiental desde los mismos operadores, no sólo en áreas receptoras, como señala Bernáldez (1992) "es evidente la gran importancia futura de las versátiles formas de educación, sensibilización e información relativas al medio ambiente, de las que forman parte, sin duda muchas formas de turismo" (VERA, J. 1997).

El turismo también gestiona el paisaje, como recurso, fruto de la interrelación físico-ecológica, y cultural, sintetizando la actividad turística y el medio ambiente.- Se apoya en la dialéctica del espacio turístico como espacio de producción y espacio de consumo a la vez y hay que evitar un consumo excesivo.

En las políticas de ordenación del territorio, el paisaje ha estado ausente muchas veces en la gestión del medio y protección del patrimonio. En tal sentido se cuenta con algunas experiencias de regeneración paisajística.

En conclusión se busca la definición de modelos de desarrollo para espacios con potencialidades, en las que se intenta lograr el dinamismo económico con la preservación de valores y patrimonio cultural. Se plantea además una propuesta metodológica para la planificación de los espacios turísticos con la definición de objetivos primarios, y específicos.

Explotar con inteligencia local las ventajas de la atracción turística que posea el espacio en cuestión, en el marco de la sostenibilidad y el consenso


IV. Educación ambiental en el turismo.

Esta adquirió auge a partir de los ´70 cuando la degradación ambiental comenzó a considerarse como un problema social. De esta forma desde el Coloquio Internacional sobre Educación relativa a Medio Ambiente (Belgrado 1975), hasta la Conferencia Internacional de Medio Ambiente y Sociedad (Tesalónica, 1997), se ha avanzado desde el punto de vista teórico y práctico en el campo de la educación ambiental.

El desafío de la educación ambiental es promover una nueva relación de la sociedad humana con su entorno, a fin de procurar a las generaciones actuales y futuras un desarrollo personal y colectivo más justo, equitativo y sostenible.

Podemos decir que la educación ambiental (formal y no formal) es por sobre todas las cosas una educación para la acción, desde una aproximación global e interdisciplinar, facilitando así un mejor conocimiento de los procesos ecológicos, económicos, sociales y culturales.

La educación ambiental debe fomentar el cambio social a partir del desarrollo de valores, actitudes y habilidades para asumir una responsabilidad ambiental.
La educación ambiental es una herramienta para mejorar las relaciones de los seres humanos con su medio, y por lo tanto debe incidir en la prevención y resolución de problemas ambientales.

En este sentido es obvio que un correcto diseño de la intervención educativa requiere un conocimiento previo exhaustivo sobre la realidad ambiental en la que se va a trabajar.

Este análisis preliminar debe identificar los diferentes problemas, las causas, consecuencias y procesos, así como la percepción que tiene la población sobre todos estos aspectos.

El objetivo final de la educación ambiental es lograr que un grupo social, o un individuo partiendo del conocimiento de su realidad inmediata, logre cambios de conciencia, de actitud y de conducta, y mediante un método de análisis crítico, fomente su propia responsabilidad y participación en la solución de los problemas ambientales en cooperación con el resto de la población.

"Entendemos la Educación Ambiental como un proceso de aprendizaje que intenta facilitar la comprensión del mundo que no rodea y que tiene como finalidad lograr que cada persona se sienta responsable de él" (Ministerio de Medio Ambiente. Tomo 6. p. 11).

Según la UNESCO y el PNUMA, la educación ambiental es fundamentalmente un proceso de resolución de problemas, que involucra a una filosofía holística, y una acomodación a los modernos y enfoques educativos, basados en:

- La participación activa.

- Técnicas interdisciplinarias de resolución de problema.

- Aprendizaje experiencial y constructivo.

- Estudio de casos y evaluación de situaciones reales.

- Utilización del ambiente inmediato como recurso de aprendizaje

Como plantea S. Sterling (Houstoun, H. 1994:111) "la educación ambiental es, en esencia, un proceso de resolución de problemas, pero desde un punto de vista holístico, de la sustentabilidad y el manejo, de poder dar y de compartir".

En un documento acerca de la Educación Ambiental de la UNESCO-), se señala que es necesario superar tres escollos:


* El abordaje de los problemas del medio ambiente deberá dejar de lado un concepto pedagógico clásico, centrado en preconceptos que son trasmitidos a los alumnos sin que ellos puedan superar el rol de receptores pasivos; y donde tampoco se tengan en cuenta las estructuras cognitivas del niño, del adolescente o del adulto que no conoce el tema.

* La Educación Ambiental no debe limitarse a la provisión de información, sino que debe ayudar a la gente a reconsiderar sus falsas ideas sobre diferentes problemas medioambientales, y a estudiar y reflexionar sobre los sistemas de valores generalmente aceptados de manera más o menos explícitos.

*Las condiciones medioambientales son el resultado de opciones sociales, políticas, económicas y tecnológicas y no sólo de factores físicos, por lo tanto la educación ambiental deberá apuntar a establecer un nuevo sistema de valores que orienten las decisiones.

Estas recomendaciones pueden asociarse a la educación ambiental a partir del turismo. La educación ambiental debe ser participe de un cambio y una transformación cultural, dirigido hacia una ética ambiental. De lo contrario (como cualquier educación o situación de la vida) no va más allá de lo que el consenso social preestablecido le permite, y es precisamente este consenso social actual, caracterizado por el consumismo y el materialismo, el que debe ser cambiado, para alcanzar una sociedad comprometida con la naturaleza. Sino los "proyectos verdes" de la educación ambiental sólo son mecanismos propagandísticos manejados por empresas, gobiernos, etc.

La educación ambiental debe educar en el enfoque ambiental para favorecer una conciencia ambiental en cualquier ámbito humano, para generar una preocupación que se transforme en un compromiso para hacer algo por el ambiente, demandando así una acción, tanto individual como colectiva, en cualquier escala.

Teniendo en cuenta los apartados anteriores es necesario destacar una nueva etapa en la relación turismo-medioambiente, turista-medioambiente. Una primera cuestión a señalar es una situación en la cual se requiere una visión alternativa del turismo.

La Comisión de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, en relación al turismo, ha recomendado la búsqueda de un turismo sostenible. Esto no implica radicalizar las propuestas de productos turísticos que actualmente existen en el mercado, hacia el ecoturismo o turismo verde.

En realidad, tal como se analizó, es necesario dotar de una dimensión ambiental a todos los procesos asociados al turismo:

- Incorporar criterios ambientales en la planificación de destinos turísticos de sol y playa, de montaña, turismo aventura o urbano.
- Legislar en torno a la incorporación de instancias de evaluación de impacto ambiental en proyectos de inversión turística.

- Gestionar productos sobre la base de un uso más adecuado de los recursos naturales o sociales para el turismo, etc.

- Incorporar equipamiento e información asociada a mecanismos de educación ambiental no formal.

En definitiva, sin caer en propuesta meramente ecologistas, que algunos sostienen son propias de mercados demasiados selectivos, es posible que todas las actividades asociadas al turismo, incorporen una nueva visión.

Puede existir un turismo urbano de base ambiental, en donde no se le quite al producto la esencia que lo caracteriza, pero se le incorpore un concepto amplio de medioambiente (desde la gestión hotelera hasta la reutilización y reciclado de materiales, la señalización, los recorridos, etc.).

Pueden citarse otros ejemplos como la tendencia a la recuperación de valores tradicionales de nuestras comunidades primitivas o nuestro pasado cercano. La búsqueda de valores perdidos por parte de una sociedad que adaptada a otra velocidad ha olvidado, en ocasiones sus propias raíces y sus tiempos. En ellas suelen encontrarse profundos rasgos de respeto por el ambiente social y natural, en un equilibrio constante. Es el caso del agroturismo, turismo de estancias o las granjas ecológicas.

Indudablemente esto encierra un proceso muy complejo que involucra una interrelación de agentes asociados al sector, y políticas públicas que incorporan estos objetivos y una mirada a largo plazo. Esto es un paso más allá de la educación ambiental, pero forma parte de ella. Algunos autores sostienen la importancia de la cultura, el cambio en el ser y hacer de una sociedad, como un cambio de paradigma que trastoque el modelo actual.

Es aquí donde aparece la situación a analizar ¿Cómo se contribuye desde el turismo a la educación ambiental? ¿Cómo el mismo turismo puede iniciar un proceso de cambio en la generación de un nuevo tipo de turista? ¿De qué manera las actividades recreativas, deportivas o culturales se asocian a la formación de una persona más responsable con su entorno, una persona que demanda calidad ambiental?.

Estas y otras preguntas se asocian a la posible generación de actitudes y percepciones de los turistas, que no sólo se desarrollan en el destino sino que pueden trasladarse a los sitios de origen de los turistas. En ocasiones se despiertan "nuevas formas de ver el mundo" que van más allá de las campañas de "recolección de aluminio de las latas de gaseosa", y que apuntan a la visión más abarcativa del ambiente, con un descubrimiento de nuevas realidades.


El turismo puede convertirse en un disparador de situaciones que se pueden materializar en "buenas prácticas" (no arrojar basuras, cuidar los árboles, etc.) o nuevas demandas que obliguen al mercado a tomar medidas de control.

Tal como se señaló la educación ambiental es un proceso mucho más abarcativo y complejo, no obstante, desde las actividades recreativas, turísticas y deportivas, se puede educar en el respeto a otras culturas, otras formas de organización social, otros recursos u otras formas de ver el mundo.

La tarea esencial de la educación ambiental es que el espacio se explique y se justifique a si mismo, de manera que la importancia de la conservación quede clara para las personas que viven allí y que van a visitarlo. Se trata de que al asumir este espacio concreto como patrimonio propio se inicie un proceso que lleve a reconocer la importancia de la gestión ambiental.

La información es indispensable para el logro de una participación efectiva. El objetivo es llevar el mensaje desde la población local a los turistas ¿qué se debe transmitir? Las cualidades de una gestión ambiental, los fines a los que se le destinan, las acciones que son necesarias. Existe una amplia gama de posibilidades a la hora de programar campañas de información para la formación.

Es necesario el establecimiento de una serie de principios de educación ambiental que acompañen el desarrollo de un proyecto, y que estén asociados a la formación del personal.

Estos principios pueden concretarse en: definición de distintas funciones, asignación de grupos de tareas a nivel de formación, y definición de grandes ámbitos temáticos que deben informar de los contenidos de la formación (Educación Ambiental para el Desarrollo Sostenible. Tomo 5. Pág. 31. Ministerio de Medio Ambiente. España. 1997).

La crisis ambiental ha propiciado la necesidad de formar profesionales especializados en la protección y conservación del medio. Esa formación sin embargo ha sido deficiente para alcanzar una verdadera comprensión holística de la situación ambiental. Para la formulación de productos turísticos que incluyan el ambiente como una dimensión más de su desarrollo, es necesario contar con un grupo humano que perciba dicha dimensión. La formación ambiental de aquellos que de alguna manera están vinculados con la oferta turística sugiere:

* Identificación de las problemáticas ambientales globales y cotidianas.

* Incorporación de un sentido de responsabilidad frente al ambiente.

* Capacidad formadora hacia los flujos de turistas.

* Generación de actitudes acordes al proyecto.
Para esto se requiere de dos herramientas fundamentales: la información y el equipamiento. Cuanto mayor y mejor sea la información con que cuenten los operadores, los profesionales y los trabajadores en general del sistema; mayor capacidad crítica desarrollarán.

En la medida que esto ocurra, lograrán incorporar la dimensión ambiental en la vida cotidiana y podrán actuar en consecuencia, incluso en el trabajo. La información no siempre está disponible, los municipios no poseen datos actualizados o análisis de su propia realidad, sobre todo en América Latina, no obstante se pueden identificar variables relevantes.

Párrafo aparte merece el equipamiento. Suele ser uno de los problemas más graves en comunidades donde el turismo es una actividad incipiente y de pequeña escala. El desarrollo de este posibilita una mayor capacidad de gestionar con la educación ambiental desde todos los órdenes y desde el turismo.
Muchos emprendimientos han sabido sortear estos obstáculos apostando a la creatividad de productos sencillos pero que incorporan alternativas educativas novedosas.


Modalidades del turismo sustentable.
Los itinerarios didácticos

Teniendo en cuenta la amplia gama de modalidades turísticas potencialmente sustentables, la Educación Ambiental desarrolla a modo de ejemplo algunas posibilidades. No obstante se señala en primera instancia una opción que se halla presente en prácticamente todos los productos turísticos, y que indudablemente puede contribuir en el campo de la educación ambiental no formal, la misma se asocia a la interpretación del paisaje.

Esta se muestra como un conjunto de estrategias capaces de acercar el entorno a los sujetos, desarrollar sensibilidades, construir conceptos, aplicar métodos de trabajo interdisciplinares y provocar actitudes positivas.

En tal sentido, los itinerarios didácticos han sido uno de los recursos pedagógicos más empleados en Educación Ambiental.

Consisten en recorridos prefijados por un área, cuyas características ambientales son interpretadas por los visitantes, con el fin de facilitar el conocimientos de aquellos aspectos y procesos del patrimonio natural y cultural más significativos, a través de la observación directa sistemática y registrada, tratando a su vez de sensibilizar y favorecer el desarrollo de actitudes respetuosas y responsables hacia ese entorno. A lo largo del recorrido se desarrollan actividades que cuentan con un material de apoyo y que están diseñadas a partir de los centros de interés existentes en el lugar que se visita, adecuándose al nivel, la edad y demás características del grupo. Se ha diseñado una serie de itinerarios que discurren por zonas de alto interés ecológico, cultural e histórico y que están dirigidos a los diferentes segmentos de mercados.
La duración de cada itinerario es variable y el desplazamiento se adapta al producto (cabalgatas, caminatas, bicicleteadas, recorridos en tren o en botes).
En 1976 aparece el primer itinerario impreso de uso masivo (El Bosc de la Santiga, Can Deú, 1976).

El itinerario es un conjunto muy diverso de materiales que tienen en común el hecho de estructurarse en torno a uno o varios recorridos preestablecidos, de corta duración, con el objetivo de estudiar diferentes aspectos del medio de forma más o menos interdisciplinar. Se basan en la disposición lineal de los centros de interés, observaciones o actividades. Su diseño puede ser el resultado de una actuación aislada o responder a una planificación compleja en la que varios itinerarios están interconectados y sus contenidos se complementan.

Los itinerarios elaborados al margen de la educación formal se acercan más al campo de la interpretación ambiental y sus objetivos se centran, de alguna manera, fundamentalmente, en lo perceptivo y actitudinal.

El término turismo ambiental es inherente al planeamiento ambiental, al uso de tecnologías alternativas, la protección del patrimonio cultural, la participación ciudadana, etc. Es por lo tanto una herramienta de educación ambiental.

Cualquier tipo de turismo puede llevar el adjetivo de ambiental, dependiendo de cómo sean los proyectos que lo componen, sin llegar a convertirse en el ecoturismo. Esta sería la connotación de alternativo que debería tener este nuevo tipo de turismo, en simbiosis con el ambiente.

Durante muchos años no ha existido una definición de ecoturismo. En términos generales se puede entender como "aquel que tiene lugar en ecosistemas y en ambientes naturales, y que esta orientado a favorecer el conocimiento y aprendizaje de manifestaciones naturales mediante ciertas interacciones de bajo impacto" (CASASOLA, Luis. Turismo y ambiente. Ed. Trillas. Turismo. México. 1990.)

A partir de esto es posible distinguir dos modelos. Un modelo que se desagrega de las prácticas usuales del turismo convencional, conceptuado como una oferta más que se brinda a los turistas tradicionales que asisten a un destino de playa, u otro, como un día de excursión. La motivación principal de estos turistas no se relaciona con el ecoturismo, sino más bien a la contemplación de la naturaleza.

Otro modelo integral, que tiene lugar en espacios naturales, generalmente protegidos, y que son visitados por turistas con motivaciones especificas relacionadas tanto sea a la función de los ecosistemas como a actividades vinculadas con el medio ambiente. Las modalidades de ecoturismo también son diversas y pueden estar asociadas a un deporte, el arte, o la simple observación.
El éxito del ecoturismo depende del valor agregado de la experiencia.

No se trata de conocer simplemente a determinados ecosistemas, sino de aprovechar su potencialidad para promover la realización de diversas actividades y contribuir con la educación ambiental.
Algunas conclusiones.
Con el desarrollo de la sociedad de masas, la trilogía integrada por el turismo, la cultura y el patrimonio ha encontrado una rejerarquización y una centralidad que en etapas anteriores no tenía.
En efecto, en muchos países -desarrollados y no desarrollados- el turismo se ha convertido en una de las principales industrias, muchas veces generadora de mayores divisas que las producidas por medio de las actividades económicas más tradicionales. Sin ir más lejos, para algunos países, el turismo es el principal sostén de sus economías.
Por su parte, la cultura -y en particular el consumo de productos de la industria cultural- está cada vez más extendido en la sociedad gracias, en buena medida, a la influencia de los medios de comunicación.

Finalmente, el patrimonio -y en especial las tareas de diferente tipo tendientes a su recuperación, revalorización y conservación- constituye hoy una temática que genera cada vez más interés entre los profesionales de las diversas orientaciones y perspectivas, seguramente todos ellos preocupados por recuperar el valor del pasado en una sociedad en la que el presente es tan volátil y el futuro aparece como la promesa más esperada.
En este marco, una escuela que actúa como verdadera caja de resonancia del acontecer de la sociedad, debiera prestar mayor atención a incluir en su ámbito cuestiones como las anteriores, tanto en los pronunciamientos curriculares como en la tarea cotidiana de los docentes con sus alumnos.

Una alternativa para este abordaje puede estar en la intensificación del trabajo en torno al llamado turismo cultural, algo que, bajo ningún concepto, debe quedar asociado a los ámbitos educativos que se corresponden con los estratos socioeconómicos más altos.
Todo lo contrario, a partir de una tematización del concepto de patrimonio, de su posible abordaje como un espacio en el que confluyen ópticas disciplinares diferentes y, fundamentalmente, con el objetivo de trabajar en torno a la concientización del valor de su recuperación y cuidado como elemento básico de la identidad de la comunidad local, el turismo cultural puede convertirse en una práctica cotidiana de la escuela y, por lo tanto, en una herramienta de rico potencial didáctico.

Así, por ejemplo, aprovechar las instancias de regionalización de las currículas en el área de Ciencias sociales para el abordaje de contenidos tales como el espacio geográfico inmediato y vivido, la localidad, la memoria individual y colectiva, el pasado de la propia comunidad, etcétera, pueden constituirse en un punto de partida decisivo de una perspectiva como ésta.

Indudablemente el turismo puede contribuir en la generación de actitudes responsables frente al ambiente, mediante la percepción de las problemáticas y la valoración de los diferentes espacios, culturas, idiosincrasias, etc. Esto es parte de la tarea formadora, que se asocia a una educación ambiental que va más allá de los límites formales. Promueve la movilización de la gente para que a partir de sus conocimientos y experiencias contribuyan, directa o indirectamente en el cuidado y la preservación del medio ambiente que visitan, y de su propio entorno.

Se vislumbran una serie de situaciones nuevas en la relación turismo-ambiente. Estas apuntan al desarrollo sustentable, pero aún no se han alcanzado los propósitos que este plantea. Existen muchas formas de dotar a las diferentes modalidades de turismo, de un matiz ambiental ( gestión de productos, itinerarios, información). Si esto se logra, el turismo que es una actividad en expansión, logrará aprovechar su capacidad transformadora de forma positiva y será una herramienta válida que contribuirá en la educación ambiental.

Existen muchas formas de educar, incluso a partir de los errores que a veces el turismo ha cometido. También proponiendo sencillas maneras de revertir esta situación, e intentando hacer de las formas de ver el mundo una: la del equilibrio y la responsabilidad de todos.
Si el valor del turismo cultural en nuestros días reside en la articulación del goce del tiempo libre con el conocimiento creativo , la práctica educativa puede encontrar en dicha combinación un curso de acción más que interesante y, dentro de ese esquema, el trabajo a partir de las diferentes manifestaciones del patrimonio local (museos, monumentos, riquezas naturales, edificios, etcétera) que suelen ser objeto del disfrute turístico pueden convertirse en una fuente inagotable de innovadores proyectos educativos.
Para ello, será necesario encarar la sistematización de una asignatura pendiente en materia educativa: la didáctica del patrimonio.

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