49 Congreso Internacional del Americanistas (ICA)

Quito Ecuador

7-11 julio 1997

 

Raúl Aristides Pérez Aguilar.

Título del simposio: LENGUA, IDENTIDAD Y DESARROLLO EN MESOAMERICA .

Area temática: LINGUISTICA .

Título de la ponencia: LA LENGUA DE CHICLEROS Y TUMBADORES EN QUINTANA ROO.

Autor: RAUL ARISTIDES PEREZ AGUILAR.

La lengua de chicleros y tumbadores en Quintana Roo.

Raúl Arístides Pérez Aguilar.

E. mail: rauperez@balam.cuc.uqroo.mx

El conjunto léxico que se expone presenta las formas empleadas por individuos que perteneciendo a una sola comunidad, utilizan recursos linguísticos diversos al desempeñar los trabajos de explotación de chicle y maderas preciosas.

La vida en la selva y los referentes directos de ésta, producen en estos hombres denominaciones que los identifican como miembros de una comunidad linguística particular.

La lengua de los chicleros y tumbadores en Quintana Roo

Raúl Arístides Pérez Aguilar.

E mail: rauperez@balam.cuc.uqroo.mx

Introducción.

Los estudios linguísticos sobre el léxico de los chicleros y tumbadores son prácticamente inexistentes. Los contados trabajos que se han escrito sobre el tema (1) solamente alcanzan a cubrir ciertos aspectos económicos y antropológicos de estas actividades.

Por ello, se ofreció ante mí la necesidad de realizar el registro de las voces que usan corrientemente estos hombres rudos, quienes entre los sones de la guitarra y el aguardiente trabajan de sol a sol ya extrayendo chicle, ya tumbando enormes árboles de caoba y cedro en medio de la selva quintanarroense.

El carácter del presente estudio es eminentemente descriptivo, y en él se evidencian los aspectos más relevantes hallados a lo largo de la investigación en la que han colaborado de manera especial los informantes a quienes agradezco su generosa ayuda.

A pesar de que varias situaciones han cambiado, por ejemplo hoy ya no mide el calador la humedad del chicle con un punzón, ya no se llega a pie al trabajadero , ya no se tumban los árboles con hachas; perviven -a veces sólo en la memoria de estos hombres- las denominaciones de objetos y fenómenos que alguna vez formaron parte de su vida diaria.

Antes de iniciar propiamente el trabajo de exposición, considero necesario realizar un breve recorrido histórico que muestre el desarrollo de estas dos actividades en Quintana Roo. No siendo éste el objetivo principal de la presente comunicación, el viaje será rápido; periplo al que se adiciona una narración que pormenoriza los trabajos de estos individuos desde su enganche hasta el final de cada temporada.

Dicho relato tal vez carezca de unidad ya que ha surgido de las conversaciones con los informantes quienes vivieron situaciones distintas en épocas diferentes. Sin embargo, resulta necesaria su inclusión en el cuerpo de este trabajo pues proporciona los contextos físicos en los que las denominaciones son usadas por estos hombres recios y solitarios quienes así se identifican al conversar entre sí o al compartir con los demás los misterios que el monte guarda.

Aspectos metodológicos.

Al aplicar los cuestionarios utilicé el método de "palabras y cosas" apoyado atinadamente por los mismos informantes quienes excavando en sus recuerdos -muchos de ellos son ya octogenarios- convirtieron mi pequeña guía de cuestiones en una lista de preguntas de considerable extensión. Dicha lista fue modificándose -a veces en cada entrevista surgían nuevas formas- hasta conformar los cuestionarios finales: al aplicado a los chicleros comprendió 96 preguntas, mientras que el que contestaron los tumbadores constó de 60.

Con el propósito de reunir las variadas denominaciones de objetos y fenómenos semejantes, dividí ambos cuestionarios en centros de interés, los cuales estructurados de manera lógica me permitieron desarrollar conversaciones coherentes con los informantes y cubrir así la totalidad de las actividades que éstos llevan a cabo durante su rudo trabajo.

Los cuestionarios fueron aplicados durante el verano de 1995 a varios individuos en Chetumal, Felipe Carrillo Puerto, Calderitas, Subteniente López y Noh Bec que son poblaciones del sur del estado de Quintana Roo, muy cerca de la frontera con Belice.

El chicle en Quintana Roo.

La actividad chiclera en Quintana Roo -a pesar del drástico descenso de la producción causada por la aparición de sustitutos naturales y artificiales- continúa siendo el principal sostén de varias familias campesinas.

El chicle, que resulta de la deshidratación de la resina del chicozapote ( Manilkara zapota ), ya era conocido por los indígenas mayas quienes lo llamaban sicté < del náhuatl tzictli . Lo usaban en algunas ceremonias religiosas, también para limpiar la dentadura, producir saliva y mitigar la sed principalmente.

La explotación del chicozapote (en maya yaa o ya ') se desarrolló en Quintana Roo desde finales del siglo XIX y alcanzó su máxima producción en 1928 (2) y durante la década de los años cuarentas. La cantidad de toneladas que hoy se exportan principalmente hacia los mercados de Japón y Corea ha descendido paulatinamente.

En la actualidad, el trabajo de extracción se realiza en terrenos ejidales de los municicpios de Othón P. Blanco y Felipe Carrillo Puerto -en el sur y centro del estado respectivamente- y proporciona ocupación a 3500 productores.

Los métodos de explotación han cambiado pues la tecnología ha incursionado al ser montados laboratorios donde se mide la humedad y se detecta la calidad del chicle. Además, hoy ya no se va al picadero a pie sino el bicicleta o vehículo motorizado.

La madera en Quintana Roo.

La riqueza forestal de Quintana Roo ha quedado imnpresa en la fisonomía de Chetumal (centro de los poderes administrativos y políticos de la entidad) pues todavía hoy, a punto de cumplir cien años y después de haber sido devastada por históricos huracanes, la ciudad conserva varias construcciones de madera que le dan un aire provinciano y fresco frente al Mar Caribe.

La selva prácticamente ocupa toda la extensión de la entidad. Al sur -donde se encuentra Chetumal- presenta las características de selva alta (o mediana) subperennifolia, con una altura media de 25 a 35 metros en la que abundan árboles de hojas perennes como el zapote. (3)

La explotación de maderas preciosas así como de chicle se realiza sin ninguna base científica, lo que ha ocasionado que la producción que alcanzara en 1941 casi los treinta mil metros cúbicos, (4) bajara visiblemente en los últimos años. (5) La caoba es aserrada indiscriminadamente y pocos son los contratistas que se preocupan por reforestar la selva.

Las llamadas centrales madereras-chicleras en las que se concentraba la producción de la materia prima extraída del monte, se hallaban generalmente en la ribera del río Hondo (en la frontera con Belice) pues éste les servía de vía de acceso y para sacar la producción destinada a la exportación. Estas centrales concentraron tanta gente que varias de ellas se convirtieron en poblados. Hacia 1920, Subteniente López, Ramonal, Sacxán, Sabidos y Pucté entre otros, fueron poblaciones que se dedicaron a la extracción del chicle y a la explotación forestal.

Pero esta explotación irracional de la selva no era nueva. Ya desde la segunda mitad del siglo XIX se habían iniciado los arriendos y concesiones forestales: desde los dados por los mayas rebeldes a ingleses para obtener así armamento y mercancías, hasta los otorgados por el gobierno mexicano a compañías como la Stanford, la cual pagaba a los jefes mayas de Icaiché la suma de 150 pesos mensuales por el arrendamiento de terrenos forestales. (6)

Sin embargo, no todo ha sido desgracia para la selva, La puesta en marcha del Plan Piloto Forestal con el apoyo del gobierno del estado, ha proporcionado a los "nuevos tumbadores" el dinero suficiente para explotar la selva racionalmente y ha sembrado en ellos la conciencia de luchar contra la rapiña comercial.

Al parecer el contrabando a pequeña escala tanto de chicle como de caoba a través del río Hondo ha desaparecido. Al menos ésa es la impresión que tienen los "viejos tumbadores" de una selva que les entregó tal vez anticipadamente su riqueza.

Las especies explotables abundan, entre ellas destacan por su belleza y especial atractivo: el cedro ( Cedrela odorata ), (7) la caoba ( Swietenia macrophylla ), la ceiba ( Ceiba pentandra ), el chechem negro ( Metopium brownei ), el zapote ( Manilkara zapota ), el chakte viga ( Caesalpinia platyloba ), el katalox ( Swartzia cubensis ) y varias más.

NARRACION

ENGANCHE, MONTEO Y HATO.

Al legar la época de lluvias a Quintana Roo (de junio a diciembre aproximadamente), comenzaba la temporada del chicle . Los capataces andaban en busca de chicleros para engancharlos . Cuando lo conseguían (cosa que no era rara pues la temporada del corte de caoba ya había concluido y los hombres no tenían trabajo) les daban un anticipo , el administrador les abría una cuenta en la bodega de la central para adquirir víveres para su familia y les entregaba el quincenal para cubrir sus gastos más urgentes antes de irse a la montaña . Cuando el chiclero era soltero, sólo se abastecía en la bodega del campamento .

Las bodegas se hallaban en las centrales de la ribera del Río Hondo; en ellas, aparte de estar los víveres, se concentraba el chicle que era llevado hasta Chetumal en barcos y entregado a la Federación de Cooperativas, institución fundada en 1940.

El capataz , llamado también jefe de campo o encargado de campamento era la persona que enganchaba a los chicleros y los presentaba al administrador quien era el que conseguía las refacciones para los hatos a su cargo. El mismo capataz era el que hacía las labores de monteo y de escoger el sitio en el que se levantaría el campamento .

El campamento debía estar cerca de alguna aguada o laguneta , nunca en el monte blanco sino en el zapotal que generalmente se hallaba en plena montaña , después de los bajos . Si no era posible colocarlo cerca de la aguada , se contrataba un aguador .

Una vez avituallados, los chicleros iban a chiclear . Partían de la central no sin antes disfrutar de una gran fiesta que ellos mismos organizaban para despedirse de sus familiares ya que pasaban varios meses en la montaña . Muchos de ellos nunca regresaban.

Generalmente partían los chicleros dos o tres días antes de que lo hicieran las cocineras y los arrieros. Con sus machetes picamonte afilados con piedra de mollejón , los que iban al frente abrían brechas que ensanchaban los de atrás transformándolas en caminos de herradura para que por ellos transitaran las arrias . El capataz iba al frente, y él era quien dirigía la caravana pedestre. Desde ese momento empezaba su labor de monteo , se orientaba con el sol y por la luz sabía la hora del día, escuchaba el croar de las ranas para localizar aguadas . Caminaban varias leguas hasta llegar al lugar elegido.

Una vez en el sitio que se destinaba para instalar el campamento , el capataz distribuía las tareas, ayudaba a tumbar los árboles para construir las champas , etc. El camino de la central al campamento duraba varios días, pero una vez que habían llegado era necesario ponerse a trabajar para recibir a los que faltaban.

Lo primero que se instalaba era la champa para la cocina . En ella se hacían los guisanderos : uno a ras del suelo para las ollas grandes y otro más arriba para echar las tortillas, freír, etc. En la misma cocina se hacía el cuarto para la cocinera y era el único en todo el campamento que tenía paredes de guano.

También se levantaba el cocinadero para cocinar el chicle ; en él se instalaba la hornilla de barro para que la resina recibiera el calor con uniformidad, y a veces se disponía de lugares para asentar los depósitos en sus bases procurando que los cobucones no llegaran al suelo para evitar que la resina se humedeciera.

Hechos la cocina y el cocinadero , se iniciaba la construcción de los hatos para que la chiclerada durmiera; antes lo había hecho en los arrimaditos que eran casas provisionales de fácil fabricación.

En cuanto llegaban las primeras arrias al campamento , éste tomaba vida pues era la cocinera quien muchas veces movía a los chicleros . Se descargaba a las bestias, se les daba de comer y de beber y descansaban los arrieros .

Las arrias salían de la central cada quince días con los víveres e iban haciendo escalas cada hornada en los parajes rumbo al hato . En ellos a veces había un ramonero si las arrias eran bastantes; si no, los mismos arrieros ramoneaban y alimentaban a las bestias con ramón , cubrían la mercancía con los trapoles y descansaban. Al día siguiente continuaban. Cuando el patacho era muy grande, se contrataba un jalayegua .

Las arrias eran el único medio de transporte y muchas de ellas se perdieron con todo y cargamento el ser arrastradas por la corriente. Hoy los chicleros se transportan en bicicletas, van a su trabajadero y regresan el mismo día con su chivo lleno; por ello el hato ha ido desapareciendo del paisaje del zapotal .

UTENSILIOS

Los utensilios los proporcionaba la Cooperativa y eran abonados a la cuenta de los chicleros (menos los espolones y el machete que sí eran de su propiedad). Al terminar la temporada, devolvían el equipo a la Cooperativa y les regresaban su dinero.

Las herramientas que usaba el chiclero en su tarea diaria eran: la costalía , los machetes moruna y pando bien despalmados , la lazadera o lechuguilla , la bolsa aparadora , la bolsa recogedora , el chivo , el depósito , los espolones . Además llevaba en la costalía cerillos, un poco de petróleo, el lunch y la cantimplora. Sobre toda la ropa llevaba la manga .

EL CORTE

Para empezar el corte, hay que limpiar alrededor del árbol, quitarle muy bien los sesgos de palo. Se preparaba la base del tronco, se chipeaba la cáscara para hacer la cuchara hasta que apareciera el sámago . Una vez desconchado el palo, se empezaba a picar , se le practicaban dos cortes al tronco y rápidamente en la base con un corte hacia arriba se hacía la cuchara en la que se colocaba la bolsa aparadora que pendía de un clavo de madera puesto en el propio tronco.

Se tronqueaba el árbol en brazadas . Luego, el chiclero echaba mano de la lazadera para escalarlo. El espejo de corte debía ser exacto en tamaño y profundidad para que escurriera bien la resina del árbol. Había que tener mucho cuidado al cortar, pues a veces el machete solía enconcharse y al dar el siguiente golpe podía resbalar y cortar la lazadera lo que significaba caer al vacío y no poder contarlo. Cuando se terminaba de trabajar el tronco, se pasaba a las ramas para florear el árbol y hacer que la madera coleara , aunque esto pudiera provocar la muerte de la planta a pesar de estar samaguda .

Si el árbol ya había sido trabajado y no parecía haber encallado aún, se le podía hacer por la otra cara un corte abotonado o un corte de manito de lagarto . Así era la labor de picar del chiclero . La técnica no ha cambiado pues sigue siendo la misma de la de hace cuarenta o cincuenta años. Cuando terminaba con un árbol, se pasaba a otro y así sucesivamente desde las cinco de la mañana hasta las cinco o seis de la tarde.

Al concluir de picar , empezaba a recoger y a vaciar el contenido de las bolsas aparadoras en otra más grande llamada recogedora y de ésta pasaba la resina al chivo que no es más grande pero sí más fácil de llevarse.

A veces comía en su picadero al cual ya le había hecho su dobladito , amordazaba su chivo y partía del trabajadero rumbo al campamento.

En cuanto llegaba, vaciaba el chivo en el depósito de su hato o en el cocinadero e iba hacia la cocina. Ahí comía en las mesas de majagua y se refrescaba en la aguada .

COCIMIENTO

El chicle resulta de la deshidratación de la resina del chicozapote , por lo que hay que cocinarla. Esta labor se realizaba generalmente los sábados y los domingos.

Su proceso de cocimiento es el siguiente: la paila se llena a dos tercios de su capacidad y se pone a fuego lento en el cocinadero . Se vigila el chicle hasta que se dé el punto de cuajado (se ve un color ahumado amarillento en la espuma). Se gira el chamol despacio imtroduciéndolo 20 ó 25 centímetros en la espuma; se acelera el movimiento hasta que esté cuajada la resina, luego se mete el chamol hasta el fondo de la paila y se mueve parejo para que reviente el hervor; entonces el giro es constante pero más lento. Conforme se cuece el chicle el fuego debe ser más bajo.

Una vez cocido, se retira la paila de la hornilla de barro y se coloca sobre tres estacas procurando que no roce el suelo, ahí se enfría. Más tarde, aún caliente, se vacía el chicle sobre una manta con jabón. Ahí el chiclero se encarga de hacer pelotas más o menos del tamaño de una marqueta . Luego toma el marquetero que ya ha sido enjabonado y enmarqueta el chicle aplastándolo con los puños y alisándolo con las manos jabonosas. Finalmente le imprime sus iniciales. El contratista también pone las suyas. Así continúa hasta que enmarqueta todo su chicle .

Esta labor ardua que se realizaba en el cocinadero es la más delicada, pues el chicle debe quedar con el grado de humedad requerido por la Cooperativa.

Durante el cocimiento participaba toda la chiclerada . A veces el mismo capataz era quien daba el punto de cuajado. Cuando el chiclero no sabía cómo dárselo, sus compañeros en tono de burla le decían "toma tu xate " que es una raíz usada en el cuajado. El cocimiento duraba varias horas, a veces toda la noche del sábado había movimiento en el cocinadero .

TRANSPORTE

Las mismas arrias que llevaban los víveres al hato , transportaban de regreso el chicle ya cocido. El pesador se encargaba de pesar los quintales producidos aunque a veces lo hacía el capataz . Se cargaba a las bestias con el chicle enfardelado y partía el patacho .

En la central , el chicle era recibibo por el pignorador quien después de desenfardelarlo realizaba el cale (ahora existen laboratorios para medir la humedad), lo pesaba, hacía el romaneo y lo destinaba a la bodega donde se enfardelaba por el enfardelador en quintales (ahora en kilos) para su exportación.

COMIDA Y RIESGOS

La chiclerada se alimentaba muchas veces de carne de monte: pavo, tepescuintle, armadillo, jabalí, venado, etc. También comía productos enlatados de importación o guisos como el fobló de origen beliceño. La cocinera hacía el pan: caprichos , queques , fritas , hojarascas , tortillas de harina, etc.

La montaña tiene sus peligros. Abundan los insectos como la mosca chiclera, el colmoyote, el rodador, el chaquiste y otros más. También hay víboras como la cuatro narices , la barba amarilla , cascabel y coralillo. Por fortuna los chicleros conocen muy bien la contrayerba y el viperol .

Cumplida la temporada, el chiclero regresaba a la central y cobraba. A veces dilapidaba sus haberes en parrandas, lo que ocasionaba que tuviera que pedir el anticipo de la siguiente temporada, o bien se dedicaba al corte de la caoba.

BENQUE Y ENGANCHE

Terminada la temporada de chicle venía la del corte de la caoba. Vámonos al benque , decían los tumbadores al engancharse . A todos los que querían ir al corte se les enganchaba en Chetumal: jornaleros , tarilleros , maquinistas , tumbadores , etc., que juntos muchas veces formaban centenares de personas. El contratista era el que se encargaba de tan meticuloso trabajo.

Reunida la gente, salían de Chetumal en gabarras navegando por el río Hondo hasta llegar al sitio de desembarco que eran los pueblos ribereños. Ahí el contratista daba órdenes al capitán de tarilleros , y el troquero preparaba con botanes la cama del truck que, jalado por un tractor, transportaba el grupo al campamento .

El camino era ancho, de terracería. Una vez alcanzado el final del main pass , el truck se detenía y descendía la gente que bajo las órdenes del foreman comenzaba el trabajo de instalación del campamento . Lo primero que construían los jornaleros era la bodega y la cocina. Se descargaban los troques e inmediatamente éstos eran regresados al río en busca de más gente y víveres.

El foreman distribuía las tareas: ordenaba a los monteros ampliar el main pass y crear los windes para ir en busca de la madera; a los tumbadores la construcción de sus hatos en los costados del main pass .

Hechos los hatos , el foreman avisaba dos días antes a los tumbadores que ya venía el corte; éstos afilaban muy bien sus hachas y esperaban entretenidos en las varias tareas que el mismo capataz les asignaba. Mientras tanto, los monteros partían del main pass tomando distintos rumbos en los que abrían las brechas de los windes y contaban los árboles que había en ese picadero cuyo número entregaban al foreman , no sin antes dejarlo anotado en las estacas de los mismos picaderos .

EL CORTE

Este se realizaba cinco días antes y cinco después de la luna llena. El tumbador se apuntaba previamente con el foreman , salía por el main pass , tomaba algún wind que le gustara y llegaba a la zona del corte.

Para tumbar el árbol y debido a que la raíz de la caoba es tan grande que sale considerablemente de la tierra, el tumbador tiene que fabricar un babichú o tapezco que hacía con palos que hallaba cerca. Se subía al andamio y empezaba el corte con el hacha; primero hacía la cama y después del otro lado el deslome . Una vez que el árbol tronaba, tenía que saltar a tierra y correr para no ser alcanzado por alguna rama de los árboles cercanos que rompía la caoba al caer. Ya caído el árbol, limpiaba un metro por banda (lado) del tronco hasta el primer gajo y continuaba con su trabajo. A veces llegaba a tumbar hasta 3 ó 4 árboles en una jornada porque éstos eran bastante gruesos que a veces llegaban a medir más de dos metros de diámetro. Hoy la caoba que cortan es muy delgada y la tumban con motosierras.

Cuando había una cantidad considerable de madera tumbada, llegaba el medidor y medía los pies que tenía el árbol marcando en la troza dónde los aserradores con la sierra de mano debían hacer el corte. Las ramas de aquellos corpulentos árboles se quedaban en el monte.

Si la madera de ese trabajadero se terminaba o no se podía tumbar porque estaba muy delgada, el foreman enviaba al tumbador a otro campamento . En los troques partían por el main pass que se iba haciendo cada vez más y más largo.

TRANSPORTE

Una vez medida la madera, el tractor jalaba las trozas y las llevaba al main pass ; ahí con cadenas eran subidas por los tractores a los troques y aseguradas con el cruise stick . Generalmente eran dos en cada truck , aunque a veces el diámetro era tal que una sola llenaba la cama. Transitando todo el largo main pass , el truck llevaba las trozas a la vacadilla donde los peladores les quitaban la cáscara y las arrojaban al cercano río con el pihuí o con el mismo tractor

Ya en el bum , los balseros se encargaban de unirlas por medio de los perros y las cadenas para formar una balsa. Los balseros, que surgieron de la necesidad de transportar por el río la madera convertida en balsa, ataban estas embarcaciones con cadenas para que fueran remolcadas por los barcos. Su trabajo comenzaba muy temprano en condiciones distintas: sol inclemente o aguaceros feroces. Su responsabilidad sólo terminaba cuando el grupo de balsas, que ellos mismos habían vigilado durante todo el remolque, llegaba a la desmbocadura del río o al aserradero cercano a Chetumal.

ASERRIO

La madera en rollo flotaba en el río. En seguida eran subidas las trozas a un vehículo que sobre rieles y jalado por un winch las llevaba hasta el patio del aserradero donde el clasificador cubicaba en pie-tabla . Ahí el contador daba señales al gramilero indicándole en tamaño de los cortes.

La madera pasaba después por el péndulo , la desorilladora para concluir en el secadero donde se curaba al aire .

En el proceso de aserrío, una figura imprescindible era el afilador quien para tener en buen estado las sierras utilizaba el suaje , igualador , calibrador y tensor . En el campamento eran el capitán de afiladores y el capitán de aserradores los que con el trabador daban el mantenimiento a las sardinas o serrotes , la cinta de vuelta y la sierra de mano .

LEXICO COMPARTIDO

Comparadas con el total de las denominaciones empleadas tanto en la chiclería como en la tumba, las formas linguísticas que ambas actividaes comparten son escasas. Todas ellas -como es de esperarse- se refieren a realidades comunes que son necesarias para desarrollar el trabajo. Las otras que tienen la característica de ser privativas de cada tarea, las presentaré por separado.

La acción de contratar o apalabrar al trabajador para la temporada es el enganche . Los hombres eran enganchados por el contratista quien siempre les adelantaba algún dinero al inicio de la temporada. Santamaría (8) dice que enganchar no es como lo define el DRAE : `atraer a uno con arte', sino comprometerlo atrayéndolo con artificio. El más reciente trabajo lexicográfico del español de México (9) registra un significado muy semejante al recogido por mí durante la aplicación de los cuestionarios. Situación que muestra que el uso de esta acepción del término ha estado extendiéndose.

A la acción de buscar en el monte el sitio ideal para desarrollar el trabajo se le denomina montear . "Un capataz debe saber montear" dicen los chicleros refiriéndose a que el lugar elegido debe ser el adecuado. Santamaría (10) proporciona una definición muy cercana a la proferida por los informantes pues dice que es "andar por los bosques buscando algo, especialmente buscar y localizar árboles de madera preciosa, en los trabajos de mnontería en el sureste", mientras que el DRAE asegura que lo que se busca son animales de caza únicamente.

La casa-habitación donde viven los trabajadores es el hato en cuya pronunciación se conserva la antigua h aspirada; a esta denominación se suma la de champa la cual sólo registré en los chicleros, no así en el léxico de los tumbadores. Empero, con el término hato se designa también a todo el campamento: conjunto de champas, cocina, etc. (11) También es la posada en general, campamento en las monterías, según Santamaría. (12)

El DRAE en su acepción tercera lo registra como de origen incierto y dice que es un sitio fuera de las poblaciones que eligen los pastores para comer y dormir durante su permanencia ahí con el ganado. Posiblemente del léxico ganadero ha pasado al chiclero y al de los tumbadores, con el significado de `grupo', `conjunto', pues es vocablo propio de la montería. Sin embargo, Gavaldón (13) nunca lo menciona. aunque sí aparece en sus nóminas sobre ganadería hatajo "que es el rebaño de chivos."

J. Corominas (14) dice que con el significado de `rebaño' aparece en Juan Ruiz la cabeza de los hatos que se cita en el Libro de la montería del siglo XIV. En El libro de buen amor puede leerse " a grand hato daría grand lucha e conquista " (1011) con el significado de `rebaño', y "desbuélvete de aqués hato " con el de `vestido', `ropa'.

Por su parte, Aguado (15) dice que proviene del germánico fat y cita los mismos versos arriba mencionados. Incluso menciona que en el Guzmán de Alfarache (II,5) aparece " dionos una rociada con leña seca, sacudiéndonos el polvo del hatillo ..."

Por otro lado, Poot (16) registra que en maya es jaato'ob < de jaato `jacal' y ob (plural): `hacales', y menciona que puede ser voz maya pues existe ja en quiché; sin embargo -cautamente- no asegura tal origen porque en maya yucateco `casa' es na . Esta situación dubitativa de Poot, a las que se oponen las citas de Corominas, hace suponer que no es vocablo de origen americano.

En cuanto a champa , Ponce (17) dice que es un cobertizo de guano sin paredes llamado también hato . Gutiérrez (18) proporciona una descripción más detallada de la champa : es una especie de caseta formada por seis palos, los cuatro más bajos van en los cuatro ángulos y dos más altos en la parte de en medio; no tiene paredes ni está cerrada. Descripción que concuerda con la recogida por mí y con la que hace Chenaut (19) de los hatos de los pescadores de la costa norte de Quintana Roo, lo que evidencia que con el significado de `sitio donde se vive provisonalmente' ha pasado a formar parte del vocabulario de otra actividad muy distinta de la ganadera.

El lugar donde se desarrolla alguna actividad es el trabajadero . De él dice Gutiérrez (20) que es el sitio donde se trabaja, ya cuidando los sembradíos, cortando madera, sacando chicle, etc. Santamaría asegura lo mismo. Esta voz que es muy socorrida en la lengua campesina del sureste de México, y que debe su formación a trabajar + -adero `lugar', no se utiliza -hasta donde he podido investigar- en otros sitios. El DRAE no la registra.

La vereda o rumbo donde se está trabajando recibe el nombre de picadero . Tanto chicleros como tumbadores escogen su picadero en el monte. En esta tarea de selección es necesario hacer el dobladito que "son señales que tú haces para engañar a otro trabajador con el objeto de que no te gane tus zapotes o tu madera; les haces a las ramas de los arbustos el doblez en sentido contrario al de tu avance; es decir, como si caminaras hacia el otro lado", comentó uno de los encuestados. Esta señal también le sirve al chiclero o al tumbador para no perderse en la espesura de la selva.

Santamaría (21) ofrece un significado muy distinto: lugar donde se pica la res para venderla al público o tabla donde se pican los huesos de la res, mientras que el DRAE dice que es el sitio donde se doma a los caballos. En Campeche se usa con el mismo significado que yo pude documentar.

LEXICO DE LOS TUMBADORES.

Con la denominación benque se define el sitio donde se corta la madera o bien cierta característica que tiene el monte que lo hace atractivo a los ojos de los tumbadores. La voz es desconocida en español, y posiblemente proceda del criollo hablado en Belice en donde existe un sitio llamado Benque Viejo del carmen en el cual se explota la madera.

El botán es una especie de palmera cuyo tronco tiene diversos usos y que es utilizado por los tumbadores para preparar la cama del vehículo que transporta tanto a las personas como a las trozas.

Debido a que la raíz de la caoba es muy grande y sobresale de forma comnsiderable del terreno, el tumbador tiene que fabricar un babichú llamado también tapezco o tapanco . Babichú es una voz de origen desconocido, mientras que las otras dos proceden del náhuatl. Santamaría (22) dice que viene de tapechtli y que es un zarzo (23) o emparrillado tosco de madera como varas, cañas, carrizos u otates paralelos y unidos, que sirve como lecho en las casas rústicas, y entonces va sobre cuatro horquetas que le sirven como patas, clavadas en el suelo...

Por su parte, Simeon (24) dice que tlapechtli es `estrado', `tablado', `cama', `angarilla' y que con la preposición co > tlapechco significa sobre el tablado o estrado. También menciona que tapanco procede de tlapantli cuyo significado es terraza y que con la preposición co e ipac > tlapanco y tlapantipac significa sobre la terraza o estrado.

Otras voces cuyo origen es desconocido son pihuí que es un palo con un gancho filoso en forma de coa en uno de sus extremos y que se usa para hacer girar la troza cuando ésta se le está quitando la cáscara o corteza; bum (25) o sitio donde se concentran las trozas en el agua, y curbato que es un depósito grande hecho de cedro principalmente, en el cual se recoge por medio de tuberías o caños el agua de lluvia que escurre del techo de las casas.

En la tarea de la tumba del árbol se hacen generalmente dos cortes: el primero llamado cama que se realiza con el hacha hasta rebasar un poco más del centro del tronco; el segundo denominado deslome se practica en sentido contrario.

Son varios los anglicismos utilizados por los tumbadores, algunas de estas voces han sido adaptadas a la fonética hispánica como es el caso de fomán < de foreman , o son híbridos morfológicos como troquero < de truck , bul < de bulldozer , windes < de wind ; otros más conservan su pronunciación clara en tanto que varios de estos tumbadores provienen de belice y hablan inglés: cruise stick `tronco flexible con que se aprieta o acuña la cadena que cincha las trozas en la cama del truck para que éstas no tengan movimiento al ser transportadas'; main pass `camino principal de 7 por 20 metros aproximadamente en el cual entra el truck y donde nacen los windes ; éstos son caminos de 5 por 8 metros, y se les llama wind si en la ruta que siguen hay de uno a cinco árboles, cuando hay 10 o más su anchura se hace más grande y se le denomina main wind .

LEXICO DE LOS CHICLEROS.

El chicle < del náhuatl tzictli es la gomorresina que fluye del tronco del chicozapote y que se extrae haciéndole incisiones al árbol al comienzo de la estación de las lluvias. Quien realiza la extracción es el chiclero, (26) y a la acción de producirlo se le denomina chiclear . La maniobra de extraerlo comprende desde la elección del árbol, el corte de éste hasta el cocimiento de la resina.

Como puede observarse, estas voces de uso común entre estos hombres se derivan de chicle . Incluso los encuestados mencionaron enchiclar que es untar chicle en algunas superficies con el objeto de adherirles alguna cosa. "Para hacer una batea, se enchiclaba una manta y se le pegaba a las trozas de majagua para que no se saliera el agua", comentaron algunos.

Otra voz derivada de chicle es chiclerada y denomina al conjunto de chicleros. Por ejemplo, los llamados tuxpeños formaban una chiclerada . Los tuxpeños fue un grupo de chicleros que provenientes de Tuxpan Veracruz se aposentó en el sur de Quintana Roo y Campeche a principios de siglo (1915). Durante su estancia dejaron los siguientes versos recogidos de un chiclero chetumaleño quien seguramente los escuchó de boca de un nostálgico tuxpeño: Cuando salimos de Tuxpan/para esta tierra afamada/qué gritería tan brusca/formaba la chiclerada . De esta manera se puede ver que el proceso de derivación de estas voces ha sido el siguiente: del náhuatl tzictli > chicle > chiclero > chiclerada . Esta última no registrada por el DRAE ni por Santamaría.

La actividad más importante del chiclero es la extracción del látex. Una vez localizado en árbol llamdo también zapote o genéricamente palo , a éste se le raspa la cáscara de la base para ponerle la cuchara, a esta acción se le denomina chipiar . Luego se le quita la cáscara de más arriba, esta maniobra recibe el nombre de desconchar .

Ya puesta la bolsa aparadora en la cuchara de la base del árbol empieza el corte. Generalmente a esta acción se le denomina picar . (27)

Existen varios tipos de corte: el picado lengueta que consiste en hacer incisiones en una sola faja longitudinal del árbol que abarque únicamente la tercera parte de su circunferencia; el picado pluma o espinas de pescado que se realiza haciendo un canal vertical al que concurren los cortes oblicuos; el picado espiral es aquél en el que las incisiones se practican alrededor del árbol; el corte abotonado es el que se da en el árbol por la parte posterior en la que no fueron cerrados o terminados los cortes o brazos de la parte delantera. Tal vez la relación de abotonar el corte se deba a que con el botón se cierra algo, de ahí que abotonado significaría `corte cerrado' o `corte que cierra la parte abierta o no trabajada del árbol'. Finalmente, el corte llamado manito de lagarto es el que se le practica a la planta cuando sus partes delantera y trasera ya han sido trabajadas; consiste en dos cortes a la derecha y dos cortes a la izquierda en forma casi vertical para hacer más rápido el descenso de la resina. El parecido de estos cortes con las manos o patas del lagarto puede ser el origen de esta denominación metafórica.

A la acción de picar el árbol desde su base hasta donde alcance el chiclero se le llama tronquear . Ahora bien, cuando el zapote es picado totalmente desde el tronco hasta las ramas más altas se dice que se florea , forma que guarda una relación metafórica con hacerse flor o abrirse como flor.

De las bolsas de lona que usa el chiclero, la más conocida es la llamada chivo . Es una bolsa que tiene una capacidad para 10 ó 12 kilos de resina, aunque las hay más grandes. En ella se vacía el contenido de la bolsa recogedorra que no es más pequeña pero sí más difícil de transportar. Heuer (28) dice que tembién se le llama cargadora , voz que nunca documenté. Por otro lado, la semejanza formal con un chivo es el rasgo semántico que encuentro en esta denominación, pues los encuestados comentaron que "cuando la bolsa está llena y bien gordita parece un chivito".

Si la tarea más peligrosa del chiclero es picar el árbol, puesto que al hacerlo se vale de una lazadera o lechuguilla que es una cuerda con la que escala prácticamente la planta y que corre el peligro de ser cortada con el golpe del machete, el cocimiento del chicle es lo más delicado. Este se lleva a cabo en una champa llamada cocinadero . Nunca nadie mencionó cocina pues en ella sólo se hace la comida.

El hecho de que solamente el chicle sea cocido en este sitio, hace que exista una especialización del término que, siendo un neologismo derivado de cocinar , debería significar `lugar donde se cocina cualquier tipo de vianda', no sólo chicle, aunque la realidad sea otra distinta. Por ello, y para diferenciarlo de la cocina -donde sólo se prepara la comida- los chicleros usan esta denominación específica. Esta situación que exige un léxico diferente y que identifica a esta comunidad de hombres solos se palpa también en la forma guisandero que es la sección de la cocina donde se guisan los alimentos. Vemos nuevamente una especialización del término.

Estas dos formas ( cocinadero y guisandero ) derivadas de los sinónimos cocinar y guisar respectivamente han especializado su significado en la lengua de los chicleros; y aunque no se pueda asegurar que en el cocinadero no se guise y en el guisandero no se cocine, lo que sí es seguro es que el chicle no se guisa sino se cocina, y es ahí precisamente donde radica la especialización de ambos verbos.

En la delicada tarea del cocimineto, el chamol es indispensable. Este es una vara de madera dura que se usa para mover la resina cuando se está cociendo. De él dice Santamaría (29) que es el nombre vulgar que en el estado de Guerrero (México) se le da al tabachín o chascalsúchil que es un arbusto de las tierras cálidas de la América tropical. Por su parte Neves (30) lo documenta como chamolsóchil o chamolsúchil con la misma clasificación científica: Caesalpinia pulcherrima . Sobre chamolsúchil , Cabrera (31) dice que deriva de chascalsúchil y éste de chacalxóchitl `flor de camarón', de chacalin `camarón' y xóchitl `flor'.

Con las anteriores referencias, se puede ver que chamol es una sinécdoque (se nombra no el objeto sino la materia con que está hecho) de gran vitalidad en la lengua de los chicleros, pues nunca nadie menciono otra forma linguística.

CONCLUSIONES.

En la breve muestra presentada cabe destacar el singular significado que evidencian varias voces en la lengua de los chicleros y tumbadores de Quintana Roo. Aunque la mayoría de ellas conservan el que se les otorga en otras regiones ( contratista , balsero , campamento ) algunas muestran sesgos semánticos nuevos (el caso de guisandero , (32) cama , picadero , enganche ) o que forman derivados siguiendo la tendencia hispánica: chiclerada , trabajadero , cocinadero , enchiclar .

Asimismo pueden encontrarse claras metáforas cuyos referentes son objetos comunes en la vida de estos hombres: chivo `bolsa', corte abotonado `corte cerrado', cama `primner corte horizontal que se le da al tronco del árbol para derribarlo', perro `pija con argolla que se clava en la troza para asirla a otra por medio de cadenas hasta formar una balsa'.

En una actividad como la de los chicleros y tumbadores, y tomando en cuenta la región donde ésta se lleva a cabo difícilmente no podrían encontrarse indoamericanismos léxicos. Los hay desde los que tienen un uso en amplias zonas como chicle , caoba, tapezco , zapote , hasta los que evidencian usos regionales: majagua `especie de bejuco', champa `cobertizo sin paredes', acalché `terreno anegadizo', chamol `vara de madera'.

Pocos son los anglicismos: truck, wind , foreman , queque `panecillo', lunch , main pass que deben su vitalidad a la presencia de compañías madereras de anglohablantes en la región y al enganche de varios beliceños en el conjunto de chicleros y tumbadores.

También pueden hallarse voces a las que no se les puede precisar un origen: chipiar `quitar la corteza de la base del árbol de chicozapote' (tal vez se trate de una onomatopeya), benque `sitio en el monte donde abundan árboles de maderas preciosas', babichú `andamio', bum `lugar donde se concentran las trozas de madera' (quizá tenga relación con boom `abundancia'), curbato `depósito de agua', shalbec `bolsa grande' (posiblemente se trate de un híbrido proveniente del maya ix -femenino- y del inglés bag `bolsa').

Todas ellas conforman el universo linguístico -nunca antes recogido- de estos gambusinos de la selva que han dividido su vida entre la extracción del chicle y el corte de caoba y cedro.

NOTAS

1. A lo largo de la exposición se citarán varios de los estudios realizados con particular seriedad, los cuales contribuyeron grandemente en el conocimiento de oficios tan audaces.

2. Tal producción sólo podría ser realizada con un gran núnmero de hombres; prueba de ello es que en 1929 Moisés Sáenz detectó durante la temporada de chicle 8 mil trabajadores.

3. Victoria Chenaut Migrantes y aventureros en la frontera sur , México, SEP/CIESAS, 1989, 16 pp.

4. Horacio Herrera Monografía del río Hondo , México, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1946, 157 pp.

5. Alfredo César D. y Stella Arnaiz B Estudios socioeconómicos preliminares de Quintana Roo. Sector agropecuario y forestal (1902-1980) , Puerto Morelos, CIQRO, 1983.

6. Gabriel Menéndez Quintana Roo. Album monográfico , s.l., 1936.

7. Tomo la clasificación científica de Lidia Serralta et alii . Anotaciones sobre la flora útil del sureste de Quintana Roo en Camarena-Luhrs y Salazar Vallejo (eds.) Estudios preliminares de la zona sur de Quintana Roo , Chetumal, CIQRO, 1991, 21-30 pp.

8. Francisco Santamaría Diccionario de mexicanismos , México, Porrúa, 1984.

9. Me refiero al Diccionario del español usual en México dirigido por Luis Fernando Lara, México, El Colegio de México, 1996.

10. F. Santamaría op. cit.

11. Martha Ponce La montaña chiclera. Campeche: vida cotidiana y trabajo , México, CIESAS, 1990.

12. F. Santamaría op. cit.

13. Lourdes Gavaldón El habla de Mélchor Múzquiz, Coahuila. Aspectos fonéticos y léxico ganadero (tesis), UNAM, 1971.

14. Joan Coromionas Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico , Madrid, Espasa-Calpe, 1980-1983.

15. José M. Aguado Glosario sobre Juan Ruiz. Poeta castellano del siglo XIV , Madrid, s.e., 1929.

16. Juvencio Poot El chicle y los mayas de Quintana Roo , México, SEP/INI, 1982.

17. M. Ponce op. cit .

18. Rosario Gutiérrez Cómo hablamos en Tabasco Investigaciones linguísticas I, 1933, 265-312 pp.

19. V. Chenaut op. cit.

20. R. Gutiérrez op. cit.

21. F. Santamaría op. cit.

22. F. Santamaría íd .

23. Marius Sala et alii ., comparten la misma definición y aseguran que no sólo se usa en México sino en toda América Central ( El léxico indígena del español americano , México/Bucaresti, Academia Mexicana/Editora Academiei Romane, 1977).

24. Remi Simeon Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana , México, Siglo XXI, 1977.

25. Su procedencia tal vez se deba al inglés boom `abundancia' si se toma en cuenta la gran cantidad de madera que se concentra en tan poca extensión.

26. A. Neves ( Diccionario de americanismos , Buenos Aires, Sopena, 1973) dice que en México se les llama picador , término que nunca oí durante el levantamiento de la encuesta.

27. F. Santamaría op. cit . y Luis Jiménez ( El chicle: su explotación forestal e industrial , México, Imprenta Manuel Casas, 1951) hablan de castrar o calar que son formas que yo nunca documenté durante la encuesta.

28. Federico Heuer La industria del chicle (tesis), México, UNAM, 1945.

29. F. Santamaría op. cit.

30 A. Neves op. cit.

31. Luis Cabrera Diccionario de aztequismos , México, Oasis, 1988.

32. El DRAE dice que es la persona que prepara la comida.

BIBLIOGRAFIA

Además de los textos ya citados en las notas, pueden consultarse:

BAUTISTA, Francisco Chetumal , Chetumal, Fondo de Fomento Editorial del Gobierno del Estado de Quintana Roo, s.f.

BETETA, Ramón Tierra del chicle , México, Nuevo México, 1940.

GONZALEZ, Jorge La rebelión de los mayas y el Quintana Roo chcilero , Mérida (Yuc.), Dosis Organización, 1974.

PEREZ, Raúl Entre el hato y el chamol: muestra del léxico chiclero en Quintana Roo , ponencia presentada en el IV Encuentro Internacional de Linguística en el Noroeste , Hermosillo, Sonora, noviembre de 1996.

REY, Omar La ruta del río Hondo , Chetumal, IQC, 1981.


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