II Encuentro Nacional "La Universidad como Objeto de Investigación"

Centro de Estudios Avanzados (CEA - Universidad de Buenos Aires -UBA)

Noviembre 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
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Tratamiento pragmático histórico del eje cronológico.

AUTORA: ADELA ROLON FACULTAD DE FILOSOFIA, HUMANIDADES Y ARTES
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN AÑO 1997

SEGUNDO ENCUENTRO NACIONAL LA UNIVERSIDAD COMO OBJETO DE INVESTIGACION UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

CENTRO DE ESTUDIOS AVANZADOS (CEA)
Apellido y nombre: ROLON, Adela
Título profesional: Magister en Letras; Profesora Superior en Letras; Profesora Superior en Filosofía y Pedagogía.

Institución: Instituto de Filosofía; Instituto Ricardo Güiraldes,
Departamentos de Filosofía y Pedagogía y de Artes Plásticas:

Domicilio: Juan Bautista Alberdi 1395 (O) B§ INTA c/p 5400 San Juan, República Argentina. Teléfono-Fax 064-274654 - E.Mail: iarolon@ffha.unsj.edu.ar

AREA TEMATICA ELEGIDA: Dimensión Histórica de la universidad, de sus disciplinas, de sus sujetos y actores.

Resumen de la ponencia:

La concepción lineal del eje cronológico o diacrónico que se ha plasmado en la construcción curricular del Area llamada histórica de las carreras de Humanidades y/o Ciencias Sociales y al interior de muchas de sus disciplinas requiere de una revisión tanto de las carreras como de los criterios con que son evaluadas por el Ministerio de Educación para que no se perpetúen los desfasajes entre el perfil profesional de los egresados junto con sus incumbencias profesionales y los recorridos curriculares de planes de estudio. Este desfasaje que se denuncia contextualmente obedece a propósitos y presupuestos antagónicos irreconciliables con consecuencias prácticas alarmantes. El enfoque cuestiona las ejecuciones y por otro postula algunas soluciones alternativas.

Encuadre figurativo

A partir de un análisis de los ejes sincrónico y diacrónico postulados por Ferdinad de Saussure, el fundador de la Lingüística Científica, se puede abordar críticamente el tratamiento del tiempo histórico en los diseños curriculares de planes de estudio y transponer su fecundidad figurativa para el planteo y la resolución de un problema crucial. Este problema, sustenta como presupuesto, al mismo tiempo que desvirtúa la articulación entre: el perfil del egresado y el perfil del título de grado universitario en: Filosofía, Humanidades, Artes, y Ciencias Sociales.

Perfil e incumbencias profesionales: una prospectiva.

Perfil es una metonimia poco feliz aunque muy codificada en resoluciones y presentaciones de planes de estudios, podríamos decir que constituye una esperanza, una aspiración, un propósito de lo que se pretende que sea un egresado de una carrera y también se aplica al título que lo habilita profesionalmente. Concretamente configura o pone el toque prospectivo y ya nos colocamos en el eje temporal hacia el futuro, un futuro que abarca entre seis o diez años más, a partir de la implementación del plan de estudios o del ingreso de los aspirantes en él. En el perfil suelen estipularse aspectos formativos, habilidades, y aquellas modalidades en que la profesión en cuestión puede ser ejercida como un trabajo, un servicio, por ejemplo en la docencia, o en la investigación, en este mundo, en este planeta tierra por ahora. Esto no obstaculiza sin embargo, que se pueda elaborar un perfil para trabajar en otro mundo o para recrear un pasado añorado, o para sostener un sistema discursivo descontextualizado.

Las incumbencias profesionales se refieren al poder hacer profesional: diseñar, proyectar, planificar, resolver, en el ahora y aquí que será el futuro del egresado.

El plan propuesto configura un esquema de disciplinas, saberes y prácticas que supuestamente debe estar de acuerdo en todos sus puntos con el perfil y con las incumbencias profesionales, sin embargo en la articulación de estas variables conceptuales suele escogerse presupuestos distintos, sistemas referenciales diferentes y tradiciones acríticamente postuladas cuya argumentación se encuentra trabada en el momento del diseño curricular y lo que es peor aún en el ejercicio y puesta en práctica del plan.

Referente

Voy a referirme específicamente a dos carreras o títulos profesionales con la apertura del enfoque a otros saberes especialmente de los llamados humanos y sociales que se hayan planteado los problemas que aquí se tratan.

Para acotar el contexto de referencia centraré la reflexión en la Licenciatura en Filosofía y la Licenciatura en Ciencias de la Educación. Ambas carreras, aprobadas en la Universidad de San Juan entre los años 1993 y 1995 y aprobadas también por el Ministerio de Educación las cuales dieron lugar a un debate que quedó instalado como una preocupación académica fundamental de los claustros docente y alumnos.

El problema básico reside en la posibilidad de articular el perfil profesional del egresado y las incumbencias profesionales con las áreas curriculares en las que tiene injerencia particular y extensa un conjunto de concepciones de diverso origen sobre el tratamiento de los ejes sincrónico y diacrónico, sintéticamente expresado: en los conceptos de tiempo que se ponen en relación con la distribución de los saberes en una currícula y los conceptos de tiempo que articula cada asignatura en la construcción de un programa determinado. Para simplificar y acotar aún más el problema lo formularé en una pregunta: cómo se resuelve la articulación entre la inserción profesional de un Licenciado en Filosofía y un Licenciado en Ciencias de la Educación para resolver con cierta equidad la distribución de los contenidos curriculares entre el eje diacrónico de los saberes que llamaremos cronológico o de erudición y el eje sincrónico o de revisión y actualización de lo que está ocurriendo en el mundo actual donde le toca desenvolverse, que llamaremos la construcción del propio discurso.

El eje diacónico se ha entendido y sigue entendiéndose en muchos casos como un eje troncal que parte desde un remoto pasado histórico hacia la comprensión del presente, para dar un ejemplo: se concibe un área con el nombre de Historia de la Filosofía que comienza con los presocráticos, esta área se forma con 5 materias o asignaturas: Historia de la Filosofía con los adjetivos: antigua, medieval, moderna, contemporánea, Latinoamericana y Argentina, en este riguroso orden de presentación de los conocimientos donde se combinan en la designación el eje temporal y el eje geográfico con la apariencia y el prejuicio de que Latinoamérica y Argentina no están en el eje temporal sino espacial y que el eje temporal concluye en una contemporaneidad ajena. En Ciencias de la Educación se establece un área semejante: Historia de la Educación: Antigua, medieval, Moderna e Iberoamericana y contemporánea y Argentina. Los saberes educativos comienzan en Confucio o en los antiguos Chinos. A simple vista parece muy loable que un licenciado en Filosofía o en Ciencias de la Educación conozca todos los planteos filosóficos y educativos que desde la antigüedad se hicieron todos los pueblos del mundo, entiéndase, los pensadores más consagrados por la tradición. Es más, hay concepciones filosóficas y pedagógicas que avalan o justifican epistemológicamente esta distribución curricular sustentando que lo primero, es primero en el tiempo y no en el orden del conocimiento. Sin embargo nos parece una grave falencia en la concepción del diseño curricular que nunca llegue a plantearse qué está pasando hoy en China, en Europa, en Estados Unidos, en Grecia, con la Educación o con la Filosofía. La preocupación reside en que el discurso de transposición dirigido a los futuros profesionales presenta una carga sistemática, problemática y taxonómica no vigentes y consagrada por una tradición en Latinoamérica que no la generó sino que la recibió hecha así.

Es muy llamativo que algunas ciencias hayan optado por resolver problemas puntuales de la contemporaneidad y exploren los repertorios antiguos solamente en forma opcional, optativa o para completar algún panorama retrospectivo, digamos por ejemplo la medicina, las ingenierías, la arquitectura, etc. No pertenecen a mi especialidad pero podría jurar que los médicos no comienzan con Hipócrates y Galeno ni que los ingenieros comienzan con los dólmenes y los menhires.

El perfil profesional del egresado de una carrera está diseñando una prospectiva, un futuro posible en base al cual supuestamente se lo forma, se lo habilita, conforma, deforma o aliena con respecto a un contexto sociocultural con una prospectiva de región, de país, de mundo, etc.

Mi hipótesis es que las apologías del eje cronológico intacto que va desde el pasado remoto a la contemporaneidad selectiva, casi excluida, funciona como un principio de enajenación y alienación, como un expulsor de la construcción y apropiación de los conocimientos y como un prejucio de erudición y enciclopedismo pragmáticamente injustificado sobre todo en un análisis de las consecuencias pragmáticas de la formación o deformación en esa concepción.

En síntesis se prepara para leer el hoy desde el ayer, para entender el aquí desde el allá, con una consagración tan enaltecida del ayer (todo tiempo pasado fue mejor) que en la mayoría de las producciones filosóficas y pedagógicas se habla de pérdida de los valores sin aportes descriptivos suficientes de las posibilidades de optimizacion de los valores de recambio. Se habla de crisis postmoderna del sistema educativo, del imperio de la corrupción y las globalizaciones con añoranzas ¨de qué pasado mejor?.

Equilibremos la crítica. La incidencia en el problema no implica la negación o abolición de las producciones del pasado sino la afirmación de que el eje cronológico justificado por diversos autores y teorías y por una tradición largamente aplaudida, no coincide con la línea de un perfil profesional pertinente de inserción laboral tanto en la docencia como en la investigación que permita un modesto desempeño del egresado en el mundo de hoy.

Volviendo a la contextualización de nuestro problema, en San Juan se votó y aprobó para la Licenciatura en Ciencias de la Educación una inversión del eje cronológico, lo cual es un paso adelante, por cuanto los alumnos comienzan la carrera planteándose problemas del presente en Argentina y en Latinoamérica. Sin embargo algunos profesores mayores que llevaban las materias más antiguas, no las modificaron por lo cual los alumnos siguen estudiando a Confucio y no hay manera de que se enteren qué están haciendo hoy con la educación en China, en Europa o en Estados Unidos durante el cursado del plan de estudios.

En la Licenciatura en Filosofía hubo algunos logros en este sentido, uno, consistió en poner en primer año Filosofía Argentina y Latinoamericana, porque el resto de las Historias de la Filosofía quedó en el mismo orden con justificaciones como éstas: cómo van a comprender a Heidegger si no vieron antes a Parménides y Heráclito, entiéndase, 3 años antes, un tema que perfectamente se podría incluir con Heidegger si resulta tan indispensable para comprenderlo lo cual es altamente dudoso.

Así los alumnos en primer año se enteran de que en Argentina y Latinoamérica se piensa y se pensó para luego virar hacia Parménides y Heráclito Por otra parte los alumnos aprenden a construir su propio discurso con internet, en los foros internacionales de Filosofía y de Educación. Un importante número de alumnos tiene computadoras muy actualizadas y presentan sus trabajos en disquetes para que se los corrijamos o piden un disquete de las propuestas de la cátedra. En conclusión se están actualizando solos y por otro lado cumpliendo con todos los rituales institucionales para acreditar y poseer un título universitario. Esta situación esquizofrénica durará hasta que les ofrezcan un título internacional por internet y no necesiten más llenar los requisitos absurdos que les ofrece la Institución.

El panorama se presenta como altamente problemático y desafiante. El problema inicial que nos planteamos como prejuicio del tratamiento del tiempo, por supuesto va unido a diversos problemas filosóficos, pedagógicos, epistemológicos y profesionales y nos hace volver con mirada crítica hacia nuestra propia formación profesional en la erudición sobre el pasado y la incapacidad general para resolver los problemas del presente. No porque no existan o no seamos idealmente capaces, sino porque aprendimos a verlos desde atrás y no hacia adelante. Con la formación que hemos tenido estamos capacitados para ser excelentes repetidores de autores, criterios, teorías y no para plantearnos y resolver problemas situados, contextualizados y no menos históricos a menos que sustentemos una noción de historia que nos exima de ella.

Hay diversos modos de configurar un eje temporal a partir de un problema situado, el tiempo no es una línea, puede funcionar como una espiral, como un árbol conceptual como, un pro-yecto de apropiación de los conocimientos, lo que sí requiere es un trabajo recreativo, de indagación con vaivenes, pero fundamentalmente de un respeto por los estudiantes, por su profesión, por los saberes y su articulación.

En San Juan hicimos algo más, especialmente con la Licenciatura en Filosofía, logramos introducir un requisito del 25% por ciento del tiempo de cada asignatura destinado a la investigación para que los licenciados tengan investigación en todas las asignaturas de la carrera.

Como los técnicos del Ministerio nos obligaron a incluir "lenguas clásicas porque enseñan a razonar" las colocamos en el área del discurso filosófico culminando en Lingüística y Semiótica y Filosofía del Lenguaje. Nos vimos obligados a incorporar las lenguas clásicas pero con un enfoque completamente distinto de acuerdo con el área en que están insertas y con el perfil del egresado. El referente son los griegos y los latinos pero leídos por los contemporáneos. El referente son las lenguas clásicas pero en función de las lenguas vivas actuales, especialmente del Castellano actual argentino y americano y con un componente del 25% de investigación en problemas actuales del lenguaje y de la Filosofía. Si las lenguas clásicas tienen que enseñar a razonar pues enseñarán a: investigar, a pensar y a producir un discurso de apropiación de los saberes.

Como se puede apreciar por lo dicho si tuviéramos que sintetizar nuestra propuesta nos movemos en dos ejes: el perfil del egresado articulado con las incumbencias profesionales y el tratamiento del tiempo. Nos permitamos una disgresión narrativa a modo de conclusión que especifique los puntos abordados: Cronos, el tiempo, se comió a sus hijos para que no tuvieran más poder que él, el hijo que quedó vivo se apoderó del rayo y el trueno que le dieron sus tíos y esto le permitió además de ser el más poderoso destruir a su padre.

La emergencia Institucional que vivimos no solamente consiste en la pérdida de presupuesto y en la carrera desenfrenada por la actualización y el perfeccionamiento, el tratamiento prejuicioso del tiempo nos está socavando los cimientos de la propia existencia y nos está obligando a la generación de nuestros propios modelos epistémicos y valorativos que no son ni podrían ser necesariamente los de los antiguos sin menoscabar su inmensa labor, pero con opción a reclamar sobre ellos nuestros derechos temporales y espaciales para permitir además espacios desafiantes para la construcción de las alternativas de los más jóvenes.

Adela Rolón

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