II Encuentro Nacional "La Universidad como Objeto de Investigación"

Centro de Estudios Avanzados (CEA - Universidad de Buenos Aires -UBA)

Noviembre 1997

Ponencias publicadas por el Equipo NAyA
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La presencia femenina en las aulas de la UBA: las primeras arquitectas

"Lo que fue se olvidó en su consistencia,
se sentía y basta.
Por lo menos, no se analizó.
Estamos hechos de una sustancia rica
muy desperdiciada, y, a causa de los sentimientos
memoria intelectual no existe." 1

Este fragmento del poema "Memoria" de la Arq. Federica Rosenfeld, egresada de la Escuela de Arquitectura de la UBA en 1940, puede ser leído como una inspirada y seria advertencia acerca de nuestro trabajo de historiadores: la imposibilidad de reconstruir lo pasado en toda su complejidad. Por lo tanto es necesario apelar a todas las herramientas disponibles para despejar la mayor cantidad de las incógnitas que se nos plantean. En este contexto considero que la Historia Oral correctamente ejercitada debe ser entendida como una metodología imprescindible para desentrañar la visión y versión de los actores sociales, a la vez que crea fuentes originales e inéditas y por ende nuevos conocimientos científicos.

En el marco de una beca de investigación otorgada por la UBA, desde 1995 me encuentro desarrollando el proyecto La Escuela de Arquitectura y los egresados de la década del '30: formación, ideología y praxis2. Mediante entrevistas sistemáticas a un grupo de egresados de esa Escuela en el periodo mencionado, analizo las relaciones existentes entre la formación recibida, el contexto epocal y la posterior actividad profesional. También abordo la correlación entre formación e ideología e investigo la conexión de estos egresados con la realidad política, económica, social y cultural del país, ponderando su participación en diversos tipos de instituciones3.

En esta oportunidad presentaré y comentaré algunas visiones y versiones, de acuerdo a los testimonios obtenidos, sobre la presencia de las primeras mujeres en un ámbito tradicionalmente reservado a los hombres como era esa Escuela de Arquitectura.4

Breve caracterización de la Escuela de Arquitectura durante la década del '30 (5)

Esta institución comenzaba a esbozar desde un primer momento el perfil del arquitecto que egresaría de ella a través de los requisitos establecidos para la admisión. Era necesario poseer cultura general (no necesariamente técnica), capacidad integral, talento artístico, aptitud para interpretar la arquitectura, condiciones éstas que no se obtendrían por el simple paso por la Facultad y que se pretendía detectar a través de los exámenes de ingreso6. Se exigía el título de bachiller lo que significaba una especie de filtro social, por llamarlo de alguna manera, dado que excluía a los que, ante la inseguridad de poder continuar estudios superiores en un futuro, se inclinaban por secundarios que otorgaran un título intermedio. Tal era el caso de los Maestros Mayores de Obra egresados de la Escuela Industrial de la Nación, quienes tenían vedado el ingreso a la carrera de Arquitectura, si no completaban las materias correspondientes al bachillerato (aunque hubo excepciones). Este sistema de exámenes de ingreso fue reformado en el periodo estudiado: se disminuyó el número de materias a rendir y se modificó el carácter eliminatorio de las pruebas. Esto significó una cierta flexibilización, pero se seguía insistiendo en las capacidades artísticas del aspirante.

El análisis del modo en que se desarrollaba la enseñanza en esta Escuela que tenía su sede en la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, compartida con otras carreras como las de Ingeniería, Ciencias Naturales, Química y Matemática, muestra la evolución que va sufriendo con el transcurrir de la década. Si los egresados de la primera mitad recuerdan camadas poco numerosas, que hacían posible que la totalidad del trabajo se desarrollara con exclusividad en la Facultad, los que los siguen ya empezarán a padecer las consecuencias negativas del aumento del número de estudiantes, dado que la estructura edilicia y el cuerpo de profesores no crecían de una manera acorde.

Si bien todos reconocen que trabajar en un lugar en común, el taller, era una experiencia enriquecedora porque posibilitaba el intercambio entre estudiantes de distintos años, hacia la segunda mitad de la década ya no se realizaba todo el trabajo en la Facultad. El encierro, procedimiento durante el cual los estudiantes eran literalmente encerrados bajo llave en el taller durante toda una jornada de trabajo para que desarrollaran un anteproyecto sobre un tema dado en el momento, es aceptado como una institución normal, aún por los más modernos, y a nadie se le ocurre poner en tela de juicio las bondades de este sistema, menos aún considerarlo restrictivo de las libertades individuales o autoritario.

En el periodo estudiado se introdujeron dos modificaciones en los planes de estudio. En la reforma de 1928 se estableció una división entre materias artísticas y técnicas y sistemas distintos de promoción para cada grupo, facilitando el trabajo al dotado artísticamente. La convivencia en una misma casa con los Ingenieros, con quienes se compartían las materias técnicas de la carrera, por un lado podía ser provechosa, pero por el otro podía resultar contraproducente para el desarrollo artístico del futuro arquitecto. En 1933 se intentó una nueva actualización de los planes de estudio, debida a preocupaciones de orden técnico esta vez, pero las buenas intenciones de sus propulsores chocaron con la imposiblidad financiera de rentar nuevas cátedras. Pese a la inclusión del sexto año, esta reforma no conllevó grandes cambios, sólo un reacomodamiento de materias. En los testimonios obtenidos la extensión de la duración de la carrera se vincula con la necesidad de equipararla con la de Ingeniería, para evitar que los Arquitectos fueran tenidos en menos.

El cuerpo de profesores en su conjunto no es criticado por los entrevistados, aunque se reconocen ciertas falencias y la existencia de malos profesores, poco actualizados o directamente ineptos. Se destacan claramente los jefes de talleres, M. René Villeminot y M. René Karman, ambos egresados de l'cole de Beaux Arts de París, cuyo sistema de enseñanza (aferrado a la composición simétrica y a los estilos históricos) encarnaron fielmente y entronizaron en esta Escuela. Ante la temprana desaparición del primero de los nombrados (en 1928) se realizaron intensas gestiones para contratar otro graduado de la institución parisina para que viniera a impartir el maná, un poco rancio ya, de su sabiduría en estas tierras, otra muestra del encadilamiento producido por la cultura europea que todavía persiste aún bien entrado el siglo XX. Sin embargo esta solución importada fracasó y M. Karman quedó al frente de los talleres de Arquitectura durante todo el periodo estudiado.

Pese al ambiente eminentemente académico, anclado en la tradición del S. XIX, que imperaba en la Facultad, en el estudiantado también había una actitud de apertura hacia las modernas ideas, vividas como revolucionarias. stas llegaban principalmente a través de publicaciones extranjeras, muy recordadas como verdaderos vehículos de renovación. Las conferencias pronunciadas en Buenos Aires por Le Corbusier en 1929 son evocadas como un auténtico hito, que marcó los caminos a seguir para muchos futuros Arquitectos, cansados ya de Arquitecturas perimidas.

Los viajes al extranjero eran alentados y en lo posible apoyados, ya sea económica u oficiosamente, por la Facultad, deseosa siempre de que los jóvenes estudiantes y egresados pudieran beber en las fuentes mismas de la cultura europea. Y estos viajes iniciáticos eran emprendidos con entusiasmo por los noveles arquitectos, a quienes, por más revolucionarios y modernos que fueran, no se les ocurría cuestionar la supremacía cultural europea, muy por el contrario marchaban dispuestos a abrevar en ella, pese a los inquietantes síntomas de profundas alteraciones que ya empezaban a manifestarse (guerra civil española, ascenso de los totalitarismos, etc.). Solamente una vez cerradas las puertas de Europa por el conflicto bélico, se marcharía hacia Estados Unidos, donde también se descubriría nuevos dioses dignos de culto.

La presencia femenina en la Escuela de Arquitectura Otro de los cambios que se produjeron a lo largo de esa década fue el aumento de la presencia femenina en las aulas de la Escuela de Arquitectura, aunque momentáneamente sólo en calidad de alumnas.

La primera en recibir el título de Arquitecta fue Filandia Pizzul, egresada en 1929. Su figura de pionera campeó en diversos ámbitos, ya que también fue la primera mujer que completó los cursos de la Dirección de Aeronáutica Civil en 1928 convirtiéndose en piloto7.

Quienes la conocieron tienen recuerdos indelebles:
"- Yo estuve con la primera arquitecta, Filandia Pizzul. [...] que siempre decíamos, fue la primera aviadora argentina. [...] La primera arquitecta, aviadora, en todo era primera. [...] Ya te digo, Filandia Pizzul, la teníamos un poco como, como una, como una, un ser extraño, para venir y... a uno lo admira, realmente." [rdb1]

Faltan las palabras para definirla, era un ser extraño esta mujer que se atrevía a invadir territorio masculino, abriendo la brecha que pronto otras transitarían. Algo admirable pero que al mismo tiempo tenía su precio:

"Esta Filandia Pizzul que yo la conocí era una muchacha que tuvo que aguantar muchas, muchas insolencias de los muchachos porque no estaban acostumbrados ¿no? [...] que no pasó eso con las siguientes. Era una muchacha muy valiente, la Pizzul, muy valiente, había hecho aeronáutica, manejado aviones, había manejado... una muchacha muy, muy decidida, de manera que todas esas cosas las pasó bien. [...] pero tuvo que soportar muchas groserías, dibujos groseros que le hacían en el tablero, en fin, cosas muy feas.

- ¿Y eso por qué sería?
- Y bueno... Era mala educación. [...] Los que éramos respetuosos, que siempre lo fuimos, seguíamos siéndolo, y los que no eran respetuosos naturalmente, por buena educación, terminaron queriéndolas y respetándolas..."[rdb2]

Sin dudas la Pizzul era una mujer que sabía darse su lugar:

"- Recuerdo un detalle que..., los talleres estaban separados por un simple tabique de madera, era un gran salón separado, y en una oportunidad uno de los compañeros nuestros, Beccar Varela, cantaba un fox trox que se había puesto de moda que decía: -'Yo quiero ver una mujer desnuda.' Recuerdo el detalle de que Filandia Pizzul salió del taller y vino a increparle que por qué cantaba cosas pornográficas [risas] En aquella época decir: -'Quiero ver una mujer desnuda' era una verdadera osadía ¿no?"[rdb3]

Los pasos de esta precursora fueron seguidos, tímidamente al principio, con mayor presencia después, por otras: Nelly Niebuhr y María Luisa García Vouilloz egresadas en 1931, María de las Mercedes Arauz Obligado y Blanca Hirsch en 1934; +tala Fulvia Villa en 1935; ya en 1936 las egresadas son tres: Estela Elba Genovese, María Elena Spaini y María Enriqueta Meoli. Al concluir la década ya sumaban casi dos decenas las argentinas que ostentaban este título.8

La visión de los compañeros

En los testimonios obtenidos pueden distinguirse dos temas en relación a la presencia femenina en las aulas y talleres de la Escuela de Arquitectura, dominios tradicionalmente masculinos: la relación con las compañeras por un lado y las dificultades que el ejercicio de esta profesión plantearía a las mujeres.

Una vez abierta la brecha por Filandia Pizzul y superadas las resistencias iniciales, las estudiantes que la siguieron tuvieron una mejor acogida entre sus compañeros, aunque éstos debieron adaptar algunas de sus conductas según lo recuerdan:

"Sí, teníamos compañeras, pocas. La entrada de la mujer trajo una cosa, varias ventajas. Una de ellas era que las mujeres eran, entraron con una, un nivel de educación y de corrección mejores que los chicos. Los varones un poco acostumbrados todavía al Colegio Nacional, a hablar de una manera más ... más ordinaria y todo eso se fue modificando mucho. Y la enseñanza también, la entrada de las mujeres permitió acaparar, tomar más ... más dimensiones, nuevas dimensiones y entrar en trabajos más interesantes." [rdb4] Una cosa era aceptarlas, y otra considerarlas iguales, aunque su presencia podía aportar beneficios en la formación y educación de los estudiantes:

"- ¿Y el trato con ella cómo era, la trataban como una más o era algo distinto?
- Mirá, era una compañera más, pero teníamos que tener cuidado porque no estábamos acostumbrados, nosotros, esteh, con las mujeres cuidábamos mucho porque sabíamos, había muy pocas mujeres, ..." [rdb5]

"-Y entonces qué recuerdo tiene de esta compañera [...] ¿cómo la trataban los demás estudiantes ...?
- Bueno, de esa época cambió mucho. Nosotros le decíamos de usted. No había ninguna confianza, ni ninguna... Buena compañera, muy simpática, todavía vive, nos reunimos con ella, la invitamos mejor dicho a comer con nosotros una vez al año, [...]" [rdb6]
"- Bueno, y tener una compañera en el taller, trabajando, ¿cómo era el trato con ella? ¿Era una más?
- No, no, no era una más. Era una mujer. [risas] Que se respetaba muchísimo en esa época. Yo creo que la mujer, tiene la ambición de ser un poquito como el hombre, yo creo que la mujer es totalmente distinta al hombre, y no creo que sea una jerarquía inferior, en general el mundo ha sido machista, y sigue siendo, a pesar de todo. Pero creo que se pasaron en esa parte de querer ser igual al hombre, no puede ser. Yo creo que hasta incluso había que cuidar un poquito el lenguaje, cuando estaba... nos cuidábamos, es decir, la respetábamos, en una palabra, con todo el compañerismo que podía haber, pero yo creo que era el respeto, y no era tampoco que nos parecía que no tenía que estar ahí, ni nada. Creíamos que tenía todo su derecho, creo que hubiera sido más agradable si hubiera más mujeres incluso también ¿no? Es una, yo creo que es la formación, es como actúan ellas mismas, pasa que se presta para otras cosas, se presta para otras cosas por qué, porque no hay jerarquía, no hay dirección, nada más. Si todo está bien, bueno, mejor, uno aprende, es decir, ayuda a la formación."

[rdb7] Por supuesto, la cercanía y afinidad de intereses podían alimentar relaciones que iban más allá de lo meramente académico:
"-... pero ¿cómo vivían ustedes esto de que hubieran... [mujeres]?
- No éramos donjuanes en proyecto ni éramos competidores, la mayoría eran estudiosas, porque evidentemente no hubieran podido competir en el futuro, nos pareció siempre normal, y eso que en mi colegio, recién ahora en el Nacional Buenos Aires hay mujeres, no tuvimos nunca problemas, salvo que algunos nos pusimos de novios [risas] y después no seguimos. Yo lo hice con A. A.

- Mire usted, una relación ¿había parejas entre los estudiantes?
- Sí, un poco inevitable ¿no es cierto?
- ¿Y con los profesores, había alguna diferencia con las mujeres, ustedes veían algo así?
- No... bueno ... puede ser, evidentemente sería para ellos más agradable trabajar con chicas que con... además porque eran casi todas buenas mozas, pero yo no lo percibía, y si existía, me parecía normal. No es lo mismo el trato que puede ser duro con un hombre, que un hombre con una chica, que tendrían también nuestra edad, diecisiete, dieciocho, veinte años, así que tampoco hubiera sido muy simpático que el profesor las tratara mal." [rdb8]

Con el tiempo la presencia del sexo débil evidentemente se hizo más fuerte, ocupando mayores espacios a la vez que se ganaba un trato más igualitario por parte de sus compañeros, según se deduce de las palabras de un egresado de 1940:
"- Y en esos años es cuando empiezan a aparecer las mujeres en la Escuela de Arquitectura.
- Bueno, cuando yo entré ya estaba V., V. P., que no sé si vivirá o no V. P., estaba E., E. ya era ayudante de profesor, estaba, que éramos muy, muy, muy amigos con ... C. R., C. R., que era simpatiquísima, inteligentísima, C. es inteligentísima, en el curso mío no sé si había más, después en el que me seguía sí, ya estaba I. P., estaba I. P. y estaban tres o cuatro chicas más, ya no me acuerdo los nombres, pero éramos tan parejos, estábamos todos juntos, era muy lindo.

- ¿Y qué era esto de que hubieran mujeres estudiando Arquitectura?
-Ah, era muy agradable, no, no era, no sé, para mí era normal, era normal.
-¿Qué pensaban de una mujer arquitecta?
- Yo no pensé absolutamente nada.
- ¿Y para los profesores tampoco?
- No sé, yo no tengo ningún recuerdo de eso, ni a favor, ni en contra, lo normal, yo el recuerdo que tengo es eso, para nada...
- ¿Compartían también?
- Ah, todo, sí, sí -'Vení, ayudame con la acuarela, con esto.' Me acuerdo eso sí, I. P. tenía las manos todas escritas con tinta, y escribía, o tenía acuarela, casi todos, todos teñíamos, -'anotame, aquí, anotame en la mano', ..." [rdb9]

Sin embargo la naturaleza femenina suscitaba ciertas prevenciones en algunos a la hora de pensar en el ejercicio de la profesión:

"...de a poco fueron entrando muchas más, y ahora posiblemente haya más mujeres que hombres. Es una carrera ... es linda carrera, pero claro, para una mujer que tiene que andar en las obras, luchar con toda esta gente de las obras, no es muy, muy adecuada. Yo tengo una hija, que por supuesto, quiso estudiar arquitectura y es arquitecta. [...] yo no quería que estudiara arquitectura, porque claro, uno ha vivido muchas dificultades.

- Y en esa época ¿qué se pensaba de una mujer que quería ser arquitecta?
- Bueno, no en realidad las mujeres han ido evolucionando. Esa cosa, esa es una cosa que es palpable para todo el mundo.
- No, pero yo digo en esa época, pensemos en los años '30, la gente en general...
- Bueno la gente en general..., claro, la profesión de arquitecta es una profesión difícil para la mujer porque tiene que ir a las obras, tiene que trabajar con gente muy bruta. ste es el problema ¿no? Entonces, claro, éste es un problema ... permanente. Porque después en general muchas mujeres terminan casadas con arquitectos, o terminan haciendo decoración, o qué sé yo, haciendo cualquier cosa, trabajando en estudios, pero en la obra, es un poco, es un poco dura la situación de la mujer, porque hay otras profesiones, las abogadas, van al Tribunal donde se encuentran con muchos abogados, gente educada en general.

Pero en las obras, usted tiene obras... por ejemplo, yo he tenido una obra de ciento cincuenta obreros. Hay de todo, hay de todo. Entonces tiene que subir una escalera, y entonces se le mira la pierna, ciertas cosas que... la mujer... Claro, ahora, todo eso se va arreglando porque la mujer se pone pantalones. No, no, es así, son pequeñas cosas, pero que tienen importancia. Pero las mujeres han ocupado muchos lugares ya, y ahora hay muchas carreras que, ya es normal, ya no pasa nada. Pero ésta tiene la dificultad ésa." [rdb10]

En este caso la mujer encarnaría lo delicado, lo frágil, lo que debe ser preservado de todo contacto con aquello que pueda alterar su naturaleza impoluta, por definición distinta de la de los hombres, que pueden llegar a ser brutos o burros.

"-Pero ¿cuál es su opinión en cuanto a que las mujeres estudiaran Arquitectura?
- [Se ríe]
- ¿Qué piensa usted sobre eso?
- Y vos te imaginás que en aquel tiempo era, era una cosa tan extraña encontrar allí una... Pero la mayoría de los, en fin mi opinión era la siguiente: ¿cómo puede ser una mujer arquitecta y ejercer la profesión?, que las considerábamos y teníamos especial consideración de ellas, que se dedicaban así, porque pensábamos, cuando tienen que entrar a una obra, es decir, eso es lo difícil. Cuando, cuando yo me empecé a dedicar decía: -'Y las chicas que empiezan a estudiar ahora, son realmente, tienen una vocación muy especial.' [...] Era muy distinto, nosotros considerábamos que eran muy buenas estudiantas para poder llegar a exámenes y demás, pero decíamos: -'Bueno, y el día que una de estas muchachas se reciba de Arquitecta, cómo va a hacer para ejercer', porque en aquel tiempo vos no veías ninguna mujer ejerciendo ... ni siquiera iban a su... a las aulas, qué sé yo, ya con muy, con mucha vocación, como era antes también una médica. Las primeras médicas que aparecieron, te aseguro que...
- Claro, era toda una revolución en ese momento.
- Sííí, y eso que ahora ha cambiado totalmente, porque, en fin, nosotros sabemos que se va a estudiar, vos lo sabés evidentemente, en estos momentos hay más mujeres que hombres en la profesión, y entonces la parte comercial la han dejado más a los hombres, es decir la, cuando vos tenés que hacer, que actuar como arquitecta, primero lo hicieron en la función pública, y luego también en las grandes empresas, que las tomaban, y las siguen tomando, y con mucha razón, porque son muy buenas, [...] Son muy buenas, muy convenientes en cualquier empresa industrial, o algo, han resultado magníficas, como hay mujeres médicas. [...]" [rdb11]

El peso de la realidad ha hecho aceptar que las mujeres también pueden ser arquitectas, pero al parecer habría ciertos aspectos de la profesión que deberían seguir siendo coto exclusivamente masculino (la parte empresarial, por ejemplo) mientras que las mujeres deberían contentarse con empleos, ya sean públicos o en empresas privadas, generalmente en posiciones subordinadas. ¿O quizás lo propio de la mujer sea ocuparse de las cosas superficiales, lo decorativo...?:

"- Sí, en aquellos tiempos las mujeres poco estudiaban, era poco frecuente. Ya le conté que en Arquitectura yo, nosotros, tuvimos una sola compañera, de veinte que éramos había una mujer. Ahora yo creo que de cien hay noventa mujeres y diez varones ¿no? ¿no es así? Hay muchas más mujeres que hombres.
- Hay muchas mujeres, sí, sí.
- Que nunca lo comprendí, porque la Arquitectura, la gente la confunde con la decoración. La Arquitectura es una cosa de hacer cimiento, de hacer columnas, de hacer estructuras, de hacer ascensores, de hacer calefacciones, de hacer aguas corrientes, de hacer cloacas, de hacer muchas cosas. Y la obra esa de siete pisos que yo hice, durante toda la obra, hasta que se pone el ascensor, hay que subir las escaleras ¿no?" [rdb12]

Incluso quienes pregonan la aptitud femenina para el ejercicio de la Arquitectura ponen el acento en la diferencia más que en la igualdad:

"-¿Y Ud. qué piensa de las mujeres como arquitectas?
- Ah, las mujeres como arquitectas tienen buenas condiciones, cómo no, y ya, ya demostraban, porque había proyectos hechos por mujeres bien hechos. Y después ya iban sacando cada vez más, y es que la Arquitectura es un estudio artístico, una materia interesante." [rdb13]
"- ¿Y qué era que hubieran mujeres estudiando Arquitectura, cómo lo vivían ustedes, qué pensaban?
- A mí me parece que es una carrera espléndida para la mujer, la mujer es la que está en la casa, es la que conoce más la parte vivienda, sobre todo, pero bueno, le diría fuera de la parte de dirección que hay que ser un poquito atleta, de repente para andar entre las estructuras, con el vértigo, por supuesto, claro se puede ejercer esa parte y no la dirección de obras, la dirección de obras hay muchas formas de hacerla. Pero a mí me parece que es una carrera espléndida para las mujeres.
- Ahora, en ese momento...
- Y, era raro. Era raro que hubieran mujeres en la Universidad, en primer lugar. En general las mujeres seguían más ..., digamos, oficios que profesiones. En realidad una mujer era para estar en la casa.
- Era otra idea...
- Otra forma de ... de vivir." [rdb14]

Sin embargo las arquitectas se encargaron de derrumbar todas estas prevenciones y prejuicios, diseñando y construyendo para sí un espacio propio: "Claro, porque todo el mundo pensaba cómo va a subir a un andamio, esas cosas ¿no?, cómo va a subir a un andamio, cómo va a tratar con obreros, todo eso se consideraba que era tabú para una mujer, pero resulta que no fue [risas]..." [rdb15]

La visión de las mujeres

De los 22 arquitectos entrevistados, 5 son mujeres. De éstas, sólo 3 permitieron la grabación de las entrevistas y autorizaron la consulta restringida a estudiosos de los documentos obtenidos, 1 aceptó la grabación de la entrevista pero no accedió a un segundo encuentro donde se entregarían las desgrabaciones y por lo tanto no se obtuvo su consentimiento por escrito para la utilización del material. Por último, la restante no aceptó ni que se grabara ni que se tomara notas de la charla, aunque sus relatos aportaron interesantes y jugosos datos. Por lo tanto deseo aclarar que no pretendo extraer conclusiones de tipo estadístico, sino registrar estos relatos, visiones y versiones, dado que los considero significativos en sí mismos.

El tema de los motivos o la forma de elección de la carrera de acuerdo a los relatos obtenidos puede arrojar luz sobre ciertas ideas preexistentes sobre los roles tradicionalmente asignados a la mujer y sus aspiraciones a nuevas posiciones:

"- Entonces, con mucha timidez, le digo a mi padre, yo quisiera ser médica. ... Dice: -'Mirá, la carrera es una cuestión de vocación y la vocación nadie te la puede marcar, pero yo te quiero decir dos cosas, nada más [...]: primero, el ambiente no está para la mujer médica, la médica, hoy, no es aceptada todavía. Entonces ¿sabés cómo vas a ejercer?, vas a ser algo parecido a una partera de lujo, y para ser una partera en este momento se necesita sexto grado, habrías desperdiciado todo tu Colegio Nacional.' Y eso me dolió, porque desperdiciar mi Colegio Nacional, era algo muy sagrado. Dice: -'Y la segunda, como yo hace muchos años que estoy ahí, a lo largo de tu vida, vas a ser la hija de R. M. Como un consejo, hacé lo que quieras, pero andate donde vos seas vos, no tu padre ni nadie. Hacé tu personalidad, trabajate tu vida. -dice- Pensala, dentro de una semana volvemos a conversar.' Yo lo miré bien, tenía razón. Tenía razón en todo. Yo sabía de bromas pesadísimas que se habían hecho a las estudiantes de Medicina[...]. Y la otra me quedé pensándola. Es cierto, yo no tenía por qué ser la hija de, mi vida era mía, yo tenía que hacérmela, yo tenía que hacerme mi nombre. Pero tenía el peso de esos seis años de Colegio, yo no podía ir a una carrera cualquiera. Y en ese momento las carreras se dividían en carreras mayores y carreras menores. Las carreras mayores eran las que permitían el acceso a Rector de la Universidad, cosa que yo no aspiraba, porque pensaba que después de todo esos señores tienen un grado distinto de administrativo, no era lo que yo quería. Pero de todas maneras, el hecho de que las otras fueran menores, era un menoscabo, y si yo tenía un Nacional tan bueno, no era para tirarlo en una carrera menor. Pero cuáles eran las mayores: Medicina, Ingeniería, Arquitectura, Derecho, punto. De esas cuatro no se podía salir. Descartada Medicina, quedaba Ingeniería, pero en Ingeniería tenía un problema bastante similar, de otro tipo, ¿por qué? porque uno de los profesores, con mucha trascendencia en la Facultad, en la Escuela en ese entonces, de Ingeniería, era un hermano de mi padre, a quien además yo no quería mucho, de yapa, o sea, prefería ser la hija de mi padre a la sobrina de mi tío [risas]. Ingeniería tampoco, ¿qué quedaba? Quedaba Arquitectura, quedaba Derecho. ­Qué ingenua que fui! A mí la Historia no me había gustado nunca digo: -'En Derecho hay mucha Historia.' ­No sabía toda la que iba a tener que estudiar en Arquitectura! [risas] ­Ahí me clavé como un perro!
- Así que mire cómo decidió, cómo llegó a la Arquitectura...
- Por descarte, llegué a la Arquitectura, con lo cual usted ve que mi vocación original era un poquito alejada."

En ocasiones a vocación podía dirigirse hacia la búsqueda de un lugar propio, a asumir un desafío antes que satisfacer el gusto personal por un determinado estudio:
"- ¿Y cómo se le ocurrió a usted elegir la carrera de Arquitectura?
- Bueno, [se ríe] tenía un novio. [risas] Tenía un novio en San Isidro que era J. C. L., que no sé si vive todavía, y entonces estudiaba Arquitectura, y nos encontrábamos en el tren, íbamos todos los días y volvíamos de allá, a las 6 y media de la mañana veníamos, yo todavía estaba en el Liceo ¿no? y entonces él era tan entusiasta de la Arquitectura, porque: -'Voy a hacer esto y voy a hacer aquello', que yo le digo -'Voy a seguir Arquitectura.' -'De ninguna manera, las mujeres no pueden seguir Arquitectura.' -'Sí, voy a seguir Arquitectura.' Y de bruta, para llevarle la contra, seguí Arquitectura. O sea que la vocación fue ésa. [risas]"

Estos testimonios dejan traslucir la fuerte influencia de la opinión o el gusto paterno a la hora de elegir la carrera por parte de estas jóvenes:
"- Mi padre era industrial, nada que ver con la arquitectura, pero a él le gustaba, sobre todo él no quería que yo estudiara, porque yo hubiera querido estudiar Letras, ¿no?, y bueno, no es que me prohibiera, no me prohibió nada, pero como yo decía: -'Bueno, bueno...' Y yo misma le dije: -'Entonces Arquitectura', pero me imaginé que era dis..., no sé, después no correspondió a lo que yo quería."

Pero también la figura del jefe de familia puede dejar de ser un simple referente y pasar a actuar directamente como en el caso de otra de las entrevistadas quien refirió que hubiera preferido estudiar Ingeniería, dado que le gustaban las matemáticas y no tanto el dibujo, pero el padre la inscribió en Arquitectura considerando que era mejor para una mujer. ¿Porque era una carrera más artística, y por esta característica se adecuaba más a lo femenino? Esto parece acercarse a los motivos aducidos para la elección de la profesión por otra de las arquitectas entrevistadas: el gusto por la decoración, y dado que no existía la carrera en el país se decidió por Arquitectura, aunque no dejó de mencionar, además, el interés del padre por los adelantos tecnológicos cuando fue interrogada sobre su elección.

Llama la atención en los testimonios obtenidos la importancia de la figura paterna en el momento de elegir algo tan trascendente como la carrera, intervención aceptada aunque contradiga los proyectos originales de las entrevistadas.

Otro factor a tener en cuenta son los antecedentes profesionales de las familias de estas pioneras. Una de ellas refirió que su madre había realizado estudios de Medicina en Buenos Aires y Zurich. En esta ciudad conoció al que luego sería su marido (y padre de la arquitecta entrevistada), también argentino pero que se encontraba estudiando Ingeniería en Berlín. Cuando éste terminó sus estudios, ambos regresaron a Buenos Aires para contraer matrimonio y ella debió abandonar definitivamente la carrera.

Otra de las egresadas relató una historia similar: "Hay un antecedente que no le he dado: mi madre era farmacéutica, recibida en 1905.

- Su mamá ¿y ejercía?
- Mi padre no le dejó ejercer, ejerció después que papá murió, para ayudarme a mí, porque fueron épocas muy bravas para las dos, [...] Por aquellas épocas, bueno, ahí en la Facultad fue cuando se conoció con mi padre, porque mi padre, si bien había entrado como empleado, porque necesitaba, para la casa, no vamos a decir otra cosa, pero siguió todas las carreras. Siguió un poco de Medicina, siguió un poco de Farmacia, siguió un poco de todo, de Odontología, llegó casi a recibirse de profesor de Física,..."

Y este antecedente fue determinante a la hora de decidir el destino de la joven futura arquitecta:
"Bueno le digo, entonces en ese contexto yo salgo de la primaria... y ahora ¿qué va a hacer la nena? Entonces se arma en casa la gran trifulca, porque mi padre, él decía siempre que él había nacido un siglo antes, a pesar de su fecha de nacimiento, y quería la mujer en casa, la mujer estudiaba piano, la mujer estudiaba idioma, la mujer bordaba y la mujer cosía. Y mamá dijo: -'Pero cuando me buscaste a mí, yo no bordaba, ni cosía, sabía algo de idiomas y no tocaba el piano.' [...]. Mi mamá empezó a pelear, tiempo después me dijo: -'La satisfacción que yo tuve de estudiar y de estar en la Facultad, por nada del mundo te la hubiera privado a vos.' [...] Hubo una de esas discusiones bizantinas que sabe haber en las casas ... y ... yo no me podía dormir porque gritaban horrores, hasta que, a las seis de la mañana, y sabiendo que yo no había podido dormir, porque mi padre me conocía así [hace el gesto de dar vuelta las manos] entra en mi pieza, pero como una tromba, se me para al lado de la cama, me dice: -'Está bien, ganó tu madre, vas a ir a la Universidad, ... "

Además de la amplitud mental de la familia, entre las condiciones necesarias para que las jóvenes mujeres pudieran proseguir estudios también influía el medio social, según refiere la primera arquitecta mendocina:
"- No, papá vino acá [a Buenos Aires] porque a mi mamá, que era alemana, no le gustó Mendoza, porque era, claro, una mentalidad muy chiquita, y entonces quiso volverse acá y acá papá tenía unas cátedras en la Escuela Industrial, y lo nombraron Vista de Aduana, [...] porque él era, ¿cómo se llama? era Ingeniero Industrial especialista en textiles ,..."

En otro caso no hay antecedentes profesionales maternos, aunque sí, una vez más, un origen europeo:
"-¿Y su mamá tenía alguna profesión?
- No, había sido una mujer que había vivido en el campo ahí en Rumania, mi padre siempre le decía: -'Si sos una campesina.' [risas]"

Entre las entrevistadas también hay un precedente de una madre maestra que puso un jardín de infantes luego de haber criado 10 hijos.

Veamos ahora la vida en la Escuela de Arquitectura desde el punto de vista de estas precursoras:
"... para mí, empieza con un primer shock terrible. Yo salía de un colegio, como dije recién, todo impecable, todo limpito, las señoritas por acá, los señoritos por allá.

Todo delante del profesor. Llego el primer día de clase, mi padre me acompaña hasta la puerta de la Facultad, -'Y bueno, ahora vos entrás sola.' -'¿Dónde queda primer año?:' -'Ahí, en el primer piso.' Primer piso, miro así, allá Sala de Profesores, la única cosa que podía ser era esa puerta que estaba ahí. Abro la puerta y la cierro [risas]. Una nube de humo, la radio tocando un tango, yo dije: -'Me metí en un cafetín de la Boca.' Era la cosa más negativa a todo mi esquema, que yo podía llegar a pensar.[...] Era el taller, pero acostumbrarme al taller a mí me costó, yo no estaba acostumbrada al taller, no estaba acostumbrada a que estábamos todos sueltos en un corralón [risas] No estaba acostumbrada a que se fumaba delante de los profesores, todo eso para mí era ... pecado capital [risas]. Te digo, cuando al fin conseguí ver la cara de algún amigo, de algún compañero, me aferré a él y bueno ahí estábamos en bloque, defendiéndonos de lo que viniera. Y cuál era uno de mis dramas, que a papá no se le ocurriera subir a buscarme una noche y ver el ambiente en que yo estaba...
- ­Oh...! [risas]
- Me sentía morir con sólo pensarlo...
- ¿Y él la iba a buscar, su papá?
- Normalmente me llevaba y a veces me iba a buscar, otras veces no. Cuando no me iba a buscar, estos dos muchachos me llevaban hasta el tranvía y esperaban que subiera al tranvía y yo después bajaba en casa [se ríe]. Muy dentro, además, del esquema de la época. [...]
- ¿Y al ser ustedes mujeres, había algún...?
- Al principio, hubo un poquito de resistencia, sobre todo porque éramos tantas [ese año habían ingresado siete mujeres]. Eso chocó, porque como venían de a una o dos, a esa una o dos, no solamente las aceptaban, sino que la protegían, pero cuando llegamos en tropel, se sintieron invadidos, pero después se acostumbraron. Y como cada una de nosotras tenía además su propio temperamento, cada una se fue integrando en los grupos más afines con su manera de ser. Y, sinceramente, con algunos de esos compañeros, la seguimos en perfecta hermandad, hasta el final de sus vidas.
- ¿Usted piensa que hubo un amoldamiento de los estudiantes a la presencia femenina?
- Sí, hubo un amoldamiento, evidentemente hubo un amoldamiento, de ellos a nosotras y de nosotras a ellos. Yo, por ejemplo, venía muy hecha al colegio de varones, entonces me molestaban, digamos menos, que a otras personas, ¿por qué? porque yo no les coqueteaba, no me interesaba, sabían que conmigo podían hablar tranquilos, que me daba lo mismo, que no les iba a hacer cuestión, que podían contar lo que les diera la gana, yo los escuchaba, y que, aunque me moría de miedo dicho sea entre nosotras, no me gustaba nada, pero cuando empezaban las campañas de cohetes, me las bancaba piola encima del tablero, como si los cohetes no pasaran por encima de mi cabeza [risas]"

"- Y los compañeros, más allá de la competencia ¿cómo veían que una mujer fuera a ser arquitecta? ¿Les parecía bien o era ...?
- Primero estaban como asombrados de que hubieran mujeres, después te ayudaban mucho, porque te digo, había un amigo mío, J. C., que estaba de los otros años y venía y me daba unas manos que ni te cuento, a veces en casa se quedaba él, yo durmiendo y él seguía trabajando [se ríe]. No, en eso éramos muy compañeros,..."

Y, por supuesto, aparecen los noviazgos:
"- ¿Y bueno, entonces cómo pasaban el día en la Facultad?
- Y el día..., cada uno según sus..., hay gente que era muy trabajadora y se la pasaba haciendo Arquitectura, nosotros, yo, en seguida me encontré un novio...
- No me diga...
- Ah, claro.
- ¿Un compañero?
- Compañero, que hizo ese cuadro que está allí. ... [...]
- ¿Y cómo era ser mujer y estar en la Facultad de Arquitectura?
- Muy cómodo, porque éramos más o menos lindas las chicas que estábamos en primer año, así que teníamos muchos admiradores entre los muchachos. [...]
- ¿Así que tenían admiradores?
- A patadas,..."

Pero no todas eran flores, podía haber problemas con los profesores:
"- ¿Y cómo eran esas materias técnicas?
- Y no, eran bastante bravas, construcciones, hormigón armado, aire acondicionado. Había un viejo que no sé cómo se llamaba, que por suerte me olvidé el nombre, que era misógino, entonces a las mujeres nos reventaba.[...] Todas las mujeres, sabés que teníamos que transpirar ... pero sangre para pasar, decía que las mujeres no tenían que estar en la Facultad. Teníamos que luchar contra eso ¿no? porque también yo tenía otro en métrica, el ayudante, [...] también dijo: -'Ustedes deberían estar haciendo calceta y lavando platos.' Así que tenías que luchar contra esa bestialidad, los tipos eran insoportables."

O con los compañeros:
"Y después me gané el concurso, es muy gracioso, con los chicos, todos me adoraban porque yo era la única chica y qué sé yo, pero cuando les empecé a ganar concursos, era un odio que me tomaron, empezaron todas las competencias. Gané, bueno, esos concursos que hacían para decoración, gané un segundo premio, una mención, otro tercer premio."

Otro tema es el del acceso al mundo del trabajo. ste podía producirse aún antes de concluidos los estudios, incluso en las primeras etapas:
"Pero, volviendo un poquito para atrás, llega el mes de Junio de primer año, yo me sentía muy mal, muy mal en el sentido de que... me daba cuenta de que no encajaba. Vacaciones del medio de año, ... -'¿Qué te parece hija si vamos a tomar un cafecito?' [risas, la invitación la hacía el padre de la entrevistada] -'Bueno... Vamos a tomar el cafecito.' ¿Qué se viene ahora? Terminábamos de estar sentados en la mesa y me dice: -'Te está yendo mal, aplazás ¿no?'... -'Mirá -le digo- estoy haciendo lo indecible por no aplazar, pero no te lo puedo asegurar.' Dice: -'Sí, ya lo sé.' Por eso digo, me conocía así [hace el gesto de poner las palmas de las manos hacia arriba] Dice: - '¿Entonces ahora podemos hablar un poquito en serio?' - 'Bueno.' [...] -Sabés de sobra que jamás te exigí ni nota, ni medalla de oro, pero sí me interesa es que si vas a hacer algo, lo sepas hacer, con esto te quiero decir que mañana vos vas a entrar a un estudio.' -'Papá, -le digo- pero el horario es de ocho de la mañana a nueve de la noche con dos horas para comer' -'Arréglate, otros se arreglan y están trabajando en otras partes, que es peor que un estudio, pero vas a entrar a trabajar en un estudio para saber lo que es el trabajo en serio.' -'Bueno, papá.' Y así entré yo a este estudio. Claro, ¿por qué?, porque mi padre era compañero de colegio y amigo de Horacio R., había sido celador de Jorge y eran amigos personales, entonces todo lo que le costó fue llamar y decir: -'Jorge, mi hija, mañana, ingresa a tu estudio, desde luego, gratis...' [risas] Ninguno de nosotros en general ingresaba en ninguna parte cobrando ni un centavo ¿eh?, íbamos a aprender, y pagábamos nuestro aprendizaje, con nuestro trabajo y con nuestro sufrimiento."

También el ingreso a la docencia podía realizarse en forma temprana:
"- ¿Y cómo entra en la docencia?
- Y entré en tercer año, cuando estaba en tercer año porque el [...] profesor de descriptiva, [...] me dijo cuando yo estaba en tercer año: -'Ya tenés hecha Perspectivas y sombras. Tenés que venir a aprender Descriptiva. Vení como ayudante ad honorem.' Fui la primer ayudante ad honorem que tuvo la Facultad. O sea que yo a los diecinueve años ya empecé a tener alumnos y le di a la Universidad de Buenos Aires cincuenta y dos años de mi vida."

Y una vez logrado el ansiado título, no quedaba otra que enfrentar el temible mundo de las obras:
¿Y qué era en ese momento que usted empieza a trabajar, una mujer en la obra?
-...
- Eso cuénteme, a ver.
- Ah, eso era..., la rareza del mundo. Los obreros la miraban así de costado y... entraban en la variante de hacerse los tarados... Preguntaban las cosas más absurdas, que ellos la sabían mucho mejor que uno, cómo se ponía un nivel o cómo se tiraba una plomada, para ver dónde metíamos la pata.
- Claro, tenían que rendir...
- Por eso teníamos que rendir o rendir. Si durante un mes o un mes y medio habíamos aprobado el examen de ellos, la cosa se revertía, pasaban a ser amigos nuestros, e incluso hasta nos defendían, pero eso dependía exclusivamente de nuestra conducta. Primero si habíamos dejado de lado todo coqueteo o toda cosa que pudiera molestarlos. Una vez, me acuerdo de ello como si fuera hoy, un obrero refiriéndose a un personaje femenino que estuvo muy de moda dijo: -'Qué se cree ésa, que nosotros no somos hombres -dice- Está esperando que aflojemos para aplicarnos una sanción.' Y no era una directora de obra. O sea, de eso yo me voy a acordar toda mi vida, porque además fue una lección más que me dio uno de esos obreros que ya eran amigos míos, sobre todas las que yo ya tenía recibidas. Y después estaba la curiosidad. No nos olvidemos que en esa época estábamos con la historia del tango: 'Antes no mostraban más que rostro y pie, pero hoy lo muestran todo...' [risas] Entonces, si usted se iba con pollera a la obra, empezaban a decir: -'La bombacha es de color rosa.' [risas] O poco menos. Y con pantalones no se podía ir, porque ninguna mujer andaba de pantalones en la calle. Entonces, yo por ejemplo, ya la tenía aprendida del colegio, yo tenía pantaloncitos sport que tomaban encima de la rodilla. Eran de una especie de sarga negra y por encima un viso negro o la pollera negra, entonces era inútil mirar, más de la rodilla no se veía [risas]."

Las posibilidades de hacer obras aumentaban considerablemente si se tenía algún familiar o conocido propietario de una empresa constructora. También se mencionó como opción de trabajo la realización de proyectos, dejando que otro profesional se encargara de la dirección de la obra.

A veces la actividad profesional podía ser incompatible con la vida matrimonial:
"Y bueno, estuve un año en la Dirección de Arquitectura y después me casé con el señor A., que no quería saber nada de Arquitectura [...]. Y bueno, ahí empezaron mis desventuras, porque me hizo borrar de la Sociedad Central de Arquitectos, no podía decir que era arquitecta, como él no tenía título universitario, no quería saber nada, y bueno, tuve dos hijas divinas y después empecé mi carrera cuando me separé de él en el '54.
- Retomó su carrera, o sea que mientras estuvo casada...
- La Edad Media, doce años de Edad Media."

El ejercicio de la docencia siempre fue una opción de salida laboral:
"... por ejemplo toda mi experiencia de treinta años en la Universidad de La Plata, cincuenta y dos en Buenos Aires, cuatro en Tucumán.
- Siempre dando...
- Siempre dando clases."
"... entonces salí a buscar trabajo,[...] y estaba K. de Vice Decano, [...] K. me dijo: 'Bueno, mirá, te voy a nombrar ayudante de Repossini.' [...] Pero en seguida en un año pasé a ser adjunta. Y al mismo tiempo conseguí las cátedras, primero ocho horas, después veinticuatro horas en la Escuela Industrial y entré en el Banco Hipotecario como tasadora e inspectora. Y después, algunas obras hice..."

Sin embargo, también el acceso a la cátedra universitaria tuvo sus bemoles para las mujeres: "- Después me nombraron, en Perspectivas y Sombras, que estaba el Arq. Christensen, me nombró ayudante y trabajé dos años, ad honorem, y entonces por ahí le digo yo: -'Yo necesito ganar dinero -porque eran $60 los que pagaban, le digo- Me gustaría que me nombrara.' Dice: -'Lo siento mucho, pero a una mujer no puedo nombrar.' -'¿Y por qué?' - 'Porque acá hay idea de que las mujeres no deben ser ni ayudantes, ni profesoras, ni nada.'
- O sea que era un ambiente realmente...
- No, pero después cuando fui más grande, fui también, no querían que fuera profesora, no me dejaron ser titular nunca, siempre fui adjunta, adjunta, adjunta. No me dejaban titular. "

Los organismos de las diversas administraciones públicas (nacional, provinciales o municipales) constituyeron un refugio para las jóvenes profesionales: "... yo apenas me recibí encontré ese trabajo que un cuñado, el marido de mi hermana, por otro amigo consiguió que me nombren en la Dirección de Arquitectura, ahí estuve nueve años trabajando, y después por una cuestión política me sacaron junto con qué sé yo cuántos, cuando subió Pistarini, empezaba la época de los militares ¿no? [...]"

El ingreso a estas dependencias al parecer no estaba regido por normativas rigurosas, en general se entraba a través de un contacto. En uno de los casos, por ejemplo, el padre directamente dejó su puesto a su hija, considerando que sería más sencillo conseguir otro trabajo para un hombre que para una joven arquitecta. Pero la permanencia tampoco estaba asegurada, por el contrario los avatares de la vida política repercutían directamente en las oficinas públicas, y al parecer hubo varias purgas: con la asunción de Justo, con la toma del Gobierno por militares a partir de 1943, y con el ascenso del peronismo. Sin embargo ser despedida de una repartición no significaba no poder ingresar en otra, quizás en una jurisdicción diferente. A los terremotos políticos hay que agregar el terremoto que destruyó a la ciudad de San Juan en 1944, cuya reconstrucción ofreció oportunidades laborales para estas egresadas, ya que dos de ellas desarrollaron la mayor parte de sus carreras en esa ciudad cuyana: "Cuando fue el terremoto de San Juan, yo me fui a trabajar a San Juan, me ofrecieron un puesto en la ... Consejo de Reconstrucción de San Juan.

- ¿Usted estaba todavía en la Dirección de Arquitectura y de allí la mandan?
- No, no, no estaba, ya no estaba. No hacía nada en ese momento o trabajaba en algunos estudios de arquitectos, pero poco, y sobre todo poco sueldo y todo eso. Me ofrecieron ese puesto y me fui pensando que me iba por seis meses y me quedé 22 años, así que yo soy, me siento mucho más sanjuanina que porteña, mucho más [...] Y en San Juan trabajé en la Dirección de Arquitectura, después se hizo la Facultad de Arquitectura y yo fui profesora allí, porque claro, después... y trabajé también así particularmente, porque tampoco me quedé tantos años en la Dirección de Arquitectura, me peleé, yo era bastante batalladora, peleadora, me fui de la Dirección de Reconstrucción y empecé a trabajar sola y se hizo la Facultad, me invitaron, vi, entré por concurso y después cada dos años se renovaba el concurso, me quedé muchos años, muchos años, hasta que me jubilé, se juntaron todos los trabajos que había hecho para poder jubilarme a los 50 años."

Otra de las entrevistadas relató una historia muy similar: dejada cesante en la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de la Nación alrededor de 1945, le ofrecieron trabajo en San Juan (su familia era de origen sanjuanino) y allí no sólo ejecutó obras (aseveró tener 50 años de andamios en su haber) sino que también ocupó cátedras en la Facultad.

Otro tema arduo que debían encarar estas profesionales era la relación con el cliente. Una de ellas recordó que un caso no querían pagarle los honorarios porque consideraba que el trabajo lo había hecho el dibujante. Sin embargo sobre este aspecto de la vida profesional hay distintas apreciaciones:
"- ¿Y con los clientes, cómo era el trato, era distinto por ser mujer?
- No, yo nunca sentí discriminación, otras parece que sí, después parece que hubo más discriminación que entonces, no sé.
- A lo mejor tiene que ver con la apreciación personal de cada uno, o las circunstancias que cada una fue viviendo.
- Yo hice unas cuantas casitas, en San Juan, y generalmente las trataba con las mujeres, con las esposas, más que con ellos.
- Entonces el trato era normal, no había problemas.
- Totalmente normal."

Comentarios finales

Luego de recibida la primera arquitecta argentina en 1929, la presencia femenina fue aumentando paulatinamente en las aulas de la Escuela, inicialmente como alumnas y luego ocupando puestos en las cátedras, aunque en el periodo estudiado sólo como ayudantes.

Este proceso fue concomitante con otros cambios ocurridos a lo largo de la década: flexibilización del sistema de ingreso, aumento de la población estudiantil, modificaciones en los planes de estudio, introducción en el país del Movimiento Moderno, etc.

La aparición de las compañeras en el taller implicó alteraciones en la conducta de los estudiantes quienes debieron aprender a convivir y compartir con ellas ese espacio. El trato, lejos de ser igualitario, implicaba una consideración especial que se manifestaba en un leguaje cuidado delante de las mujeres, aunque en esto también se advierte una posterior evolución, incluyendo la aparición de noviazgos entre compañeros.

Las dudas expresadas por sus colegas con respecto a las posibilidades de ejercer la profesión que tendrían estas mujeres se referían principalmente a las dificultades que deberían afrontar en el mundo varonil de las obras: tratar con los obreros, personas poco educadas ¿o poco acostumbradas a ser dirigidas por una mujer? o sortear ciertos obstáculos (subir a los andamios, superar el vértigo de las alturas), situaciones que exigirían un esfuerzo físico fuera de las posibilidades del sexo débil, incluyendo inconvenientes sumados por la vestimenta femenina (que permitía que se les vieran las piernas).

Incluso podría decirse que la aptitud femenina para la Arquitectura estaría más ligada a los aspectos artísticos de la profesión, a la decoración por ejemplo, y no tanto a los aspectos técnicos como hacer cimientos, columnas, estructuras, etc. Una posibilidad tranquilizadora consistía en que las mujeres se contentaran ocupando puestos subalternos en reparticiones públicas o compañías privadas, desarrollando proyectos y dejando la parte empresarial y la dirección de obras, es decir, la acción, a sus colegas hombres.

Seguir la vocación significó para estas jóvenes asumir un desafío: la búsqueda de un lugar propio. Esta pugna se desarrolló en diversos ámbitos: el seno familiar primero (con la evidente importancia de los roles desempeñados por el padre y la madre); el colegio y la Universidad (donde las relaciones con los compañeros y profesores podían ser amistosas o conflictivas) y, por último, el mundo del trabajo (donde entran en escena nuevos actores: los jefes, los subalternos, los obreros, los clientes, etc.) Sin embargo las representantes del bello sexo tuvieron fortaleza e inteligencia suficientes como para conquistar esos territorios que tradicionalmente les estaban vedados: las aulas, el taller, la cátedra, la obra. En suma, fueron Arquitectas de su propio destino, construyendo un nuevo espacio con oportunidades más igualitarias y por lo tanto más fructíferas para todos.

Lic. Roxana Di Bello
Octubre de 1997

Fuentes y bibliografía

Fuentes Orales

Entrevistado Fecha entrevista N§ de cinta ALVAREZ, Arq. Mario R. 19 de Noviembre de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

ANZORENA, Arq. Alicia 18 de Octubre de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

ARAUZ OBLIGADO, Arq. M. 06 de Diciembre de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B"

ARAUZ OBLIGADO, Arq. M. 06 de Diciembre de 1995 Cinta "II", Lado "A".

BIANCHI, Arq. Luis María 28 de Agosto de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

BIANCHI, Arq. Luis María 3 de Setiembre de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B"

CHIAPPORI, Graciela 9 de Octubre de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B"

CHIAPPORI, Graciela 9 de Octubre de 1995 Cinta "II", Lado "A".

DE BARY TORNQUIST, Arq. 23 de Octubre de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

DEL CAMPO, Arq. Cupertino 30 de Agosto de 1996 Cint a "I", Lados "A" y "B"

ESTRADA, Arq. Ernesto de 13 de Octubre de 1995 Cinta "II", Lados "A" y "B"

ESTRADA, Arq. Ernesto de 22 de Setiembre de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B".

FERROVIA, Arq. Eduardo 05 de Abril de 1995 Cinta "II", Lados "A" y "B".

FERROVIA, Arq. Eduardo 15 de Mayo de 1995 Cinta "III", Lados "A" y "B"

FERROVIA, Arq. Eduardo 21 de Marzo de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B".

FERROVIA, Arq. Eduardo . 15 de Mayo de 1995 Cinta "IV", Lado "A"

MARISCOTTI, Arq. Ventura 15 de Setiembre de 1995 Cinta "III", Lados "A" y "B"

MARISCOTTI, Arq. Ventura 25 de Agosto de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B"

MARISCOTTI, Arq. Ventura 25 de Agosto de 1995 Cint a "II", Lados "A" y "B".

MEOLI, Arq. Enriqueta 16 de Agosto de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

MEOLI, Arq. Enriqueta 16 de Agosto de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B".

MEOLI, Arq. Enriqueta 21 de Agosto de 1996 Cinta "III", Lados "A" y "B"

MEOLI, Arq. Enriqueta 21 de Agosto de 1996 Cinta "IV", Lados "A" y "B"

MIGLIA, Arq. Julio 9 de Julio de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

MORIXE, Arq. Héctor 14 de Noviembre de 1995 Cinta "II", parte de Lado "A" y Lado "B"

MORIXE, Arq. Héctor 14 de Noviembre de 1995 Cinta "III", Lado "A".

MORIXE, Arq. Héctor 7 de Noviembre de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B"

MORIXE, Arq. Héctor 7 de Noviembre de 1995 Cinta "II", parte Lado "A".

ONETTO, Arq. Carlos 18 de Setiembre de 1996 Cinta "III", Lados "A" y "B"

ONETTO, Arq. Carlos 18 de Setiembre de 1996 Cinta "IV", Lados "A" y "B"

ONETTO, Arq. Carlos 6 de Setiembre de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

ONETTO, Arq. Carlos 6 de Setiembre de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B"

RICUR, Arq. Alberto 13 de Setiembre de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B"

RICUR, Arq. Alberto 18 de Julio de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

RIVAROLA Arq. Carlos 29 de Enero de 1996 Cinta "III", Lados "A" y "B"

RIVAROLA, Arq. Carlos 10 de Enero de 1996. Cinta "I", Lados "A" y "B"

RIVAROLA, Arq. Carlos 29 de Enero de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B"

ROSENFELD, Arq. Federica 15 de Noviembre de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

SACRISTE, Arq. Eduardo 20 de Abril de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B".

UGARTE, Arq. Federico 20 de Setiembre de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B".

UGARTE, Arq. Federico 5 de Diciembre de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B"

VANNELLI, Arq. Fernando 01 de Noviembre de 1995 Cinta "I", Lados "A" y "B"

VANNELLI, Arq. Fernando 23 de Noviembre de 1995 Cinta "II", Lados "A" y "B"

Taller de Historia Oral 12 de Abril de 1996 Cinta "I", Lados "A" y "B"

Taller de Historia Oral 12 de Abril de 1996 Cinta "II", Lados "A" y "B"

Fuentes inéditas

CONSEJO PROFESIONAL DE ARQUITECTURA Y URBANISMO (CPAU). Listado de Matrículas ordenado alfabéticamente desde el número 1 hasta el 2.000.

SOCIEDAD CENTRAL DE ARQUITECTOS. Listado de socios vitalicios.

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES [UBA]. FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS FISICAS Y NATURALES.[FCEFyN] Nómina Oficial de Arquitectos Diplomados y Revalidados desde 1915 hasta 1947 inclusive.

Fuentes éditas

UBA Archivos de la UBA. Boletín informativo de la Revista de la Universidad. T. I al X. Buenos Aires, 1926/1935.

Bibliografía citada*

DI BELLO, Roxana. La Escuela de Arquitectura y los egresados de la década del '30: formación, ideología y praxis. Segundo Informe anual Beca de Iniciación. Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas "Mario J. Buschiazzo", Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UBA. Buenos Aires, Marzo 1997 (Inédito).

ROSENFELD, F. Poemas sin metáforas. Buenos Aires, Ediciones Mugnani, 1993.

SOCIEDAD CENTRAL DE ARQUITECTOS. 100 Años de compromiso con el país 1886/1986. Buenos Aires, SCA, 1993.

NOTAS

* Para una bibliografía exhaustiva ver: DI BELLO, Roxana. La Escuela ... Op. cit., pp. 191/221.

1 Fragmento del poema "Memoria" de la Arq. Federica Rosenfeld. En: ROSENFELD, F. Poemas sin metáforas. Buenos Aires, Ediciones Mugnani, 1993. p. 9.

2 Realizo este trabajo con la dirección de la Dra. Sonia Berjman

3 Los arquitectos entrevistados son: 1930: FERROV+A, Eduardo J. R.; 1931: VANNELLI, Fernando; 1932: ADOT ANDIA, Laurencio; MORIXE, Héctor Carlos; SACRISTE, Eduardo; MARISCOTTI, Ventura; ESTRADA, Ernesto; CHIAPPORI, Ismael Gil; 1933: MIGLIA, Julio Alfredo Roberto; 1934: ARAUZ OBLIGADO, María de las Mercedes V.; RIVAROLA, Carlos Héctor; 1935: UGARTE, Federico; ONETTO, Carlos; DEL CAMPO, Cupertino; 1936: MEOLI, María Enriqueta; 1937: BIANCHI, Luis María; ALVAREZ, Mario Roberto; 1939: RENARD, Carmen; RICUR, Alberto Víctor; 1940: DE BARY TORNQUIST, Ricardo; ANZORENA, María Alicia; ROSENFELD, Federica. (La fecha corresponde al año de egreso). Los criterios para seleccionar los informantes fueron: a) comprender egresados de una reconocida labor profesional, siendo sus nombres referencia obligada en cualquier libro de texto sobre la materia, pero también considerar nombres que no gozaran de tanta fama o prestigio; b) incluir arquitectos con activa e importante labor institucional o universitaria, así como también aquéllos que no tuvieran la misma participación; c) considerar mujeres arquitectas; d) procurar abarcar, en la medida de lo posible, representantes de todas las promociones de la década (se incluyó 1940 con el fin de aumentar la proporción de mujeres).

4 Transcribiré los testimonios de los entrevistados en letra bastardilla entre comillas, mis intervenciones se consignarán en caracteres normales. Dado que para la redacción de este artículo he realizado un montaje con trozos seleccionados de las diferentes entrevistas insertados en un contexto ajeno al original donde fueron dichos y de este modo han pasado a formar parte de otro discurso, el mío, decidí suprimir la referencia del entrevistado que emitió cada testimonio. Indico la supresión de párrafos con puntos suspensivos entre corchetes ([...]). En muchos casos he reemplazado los nombres por iniciales para preservar el pudor de los aludidos. Las transcripciones de las entrevistas, que se encuentran realizadas en su totalidad, fueron hechas con el sistema de distancia media, recurriendo a la corrección completa en ciertos planos (ortografía, puntuación), casi completa en otros (sintaxis), pero intentando conservar, estilizándola, la lógica del discurso (y su articulación con el relato) y el ritmo del habla, aunque sacrificando su sabor.

5 Esta síntesis ha sido extraída de: DI BELLO, Roxana. La Escuela de Arquitectura y los egresados de la década del '30: formación, ideología y praxis. Segundo Informe anual Beca de Iniciación. Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas "Mario J. Buschiazzo", Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UBA. Buenos Aires, Marzo 1997 (Inédito).

6 Estos incluían matemáticas, geometría del espacio, dibujo de ornato, historia de la civilización y castellano y eran eliminatorios.

7 GUTIERREZ, Ramón. "Las primeras arquitectas." Recuadro en: SOCIEDAD CENTRAL DE ARQUITECTOS. 100 Años de compromiso con el país 1886/1986. Buenos Aires, SCA, 1993. p. 176.

8 Datos extraídos de la Nómina Oficial de Arquitectos Diplomados y Revalidados desde 1915 hasta 1947 inclusive.

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS, FISICAS Y NATURALES. Copia mecanografiada.

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