Especial NAyA 2003 (version en linea del cdrom)

GLOBALIZACIÓN Y CAMBIOS EN EL MERCADO LABORAL DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO[1].

Ana María Pérez Rubio *

Resumen

El propósito de este artículo es analizar los cambios en el mercado laboral como consecuencia de los procesos de globalización y la aplicación de las políticas neo-liberales en la región nordeste  de Argentina; específicamente el aglomerado Corrientes. El mismo se plantea desde la perspectiva de género, en términos de la diferenciación de roles y de las tareas entre hombres y mujeres y el modo cómo se realiza el acceso diferenciado a los recursos, es decir, desde un enfoque relacional; considerando no sólo a la mujer y su vinculación con el mercado de trabajo, sino también en términos de interacción dentro de la unidad familiar y su entorno general. De los datos presentados - provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares de 1991 y 2001 - se constató junto al aumento de las tasas de desocupación y sub-ocupación y la profundización del proceso de precarización el aumento de la participación económica femenina, aunque en condiciones de diferenciación en cuanto al acceso de los recursos. Pero conjuntamente claras tendencias hacia un mejor posicionamiento de ellas en el espacio público a partir del aumento de los niveles educativos y su incorporación a puestos de mayor calificación. De este modo, los principales cambios estructurales se refieren a la expulsión a la periferia del sistema, la concentración del trabajo y la sobre-ocupación , de importantes grupos de la sociedad, conjuntamente con cambios en la división sexual del trabajo, donde las mujeres participan cada vez más desempeñando roles laborales generadores de ingreso, y que, necesariamente introducen cambios en los arreglos familiares y búsqueda de independencia económica.

Abstract

The purpose of this article is to analyze the changes in the labor market as consequence of the globalization processes and the application of the neo-liberal politicians in the northeast region of our country; specifically the Corrientes agglomerate, in particular from the gender perspective, outlined in terms of the differentiation of lists and of the tasks between men and women and the way how he/she is carried out the access differed to the resources, that is to say, from a focus off relations; not only considering to the woman and their linking with the work market, but also in interaction terms inside the family unit and their general environment. Of the presented data - coming from the Permanent Survey of Homes of 1991 and 2001 - it was verified next to the increase of the unemployment rates and sub occupation, the increase of the feminine economic participation, although under differentiation conditions as for the access of the resources. But jointly clear tendencies toward a better positioning of them in the public space starting from the increase of the educational levels and their incorporation to positions of more qualification. This way, the main structural changes refer to the expulsion to the periphery of the system, the concentration of the work and the on-occupation, of important groups of the society, jointly with changes in the sexual division of the work, where the women participate more and more carrying out lists labor entrance generators, and that, they necessarily introduce changes in the family arrangements and search of economic independence.

Resumen

O propósito deste artigo é analisar as mudanças no mercado operário como conseqüência do globalization processa e a aplicação dos políticos neo-liberais na região nordeste de Argentina;   especificamente o Corrientes aglomeram, em particular da perspectiva de gênero, esboçou em termos da diferenciação de listas e das tarefas entre os homens e mulheres e o modo como deles /delas  é levado o acesso diferido aos recursos, quer dizer, de um enfoque fora relações; não só considerando à mulher e o unindo com o mercado de trabalho deles/delas, mas também em condições de interação dentro da unidade familiar e o ambiente geral . Dos dados apresentados - vindo da Pesquisa Permanente de Casas de 1991 e 2001 - foi verificado próximo ao aumento do taxa do desemprego e sub ocupação, o aumento da participação econômica feminina, embora debaixo de condições de diferenciação como para o acesso dos recursos. Mas tendências juntamente claras para um posicionamento melhor deles no espaço público a partir do aumento dos níveis educacionais e a incorporação deles/delas para posições de mais qualificação. Deste modo, as mudanças estruturais principais se referem à expulsão à periferia do sistema, a concentração do trabalho e a em-ocupação, de grupos importantes da sociedade, juntamente com mudanças na divisão sexual do trabalho onde as mulheres participam cada vez mais levando fora listas geradores de entrada operários, e que, eles necessariamente introduzem mudanças nos arranjos familiares e procura de independência econômica.

1. Introducción:

La globalización se ha convertido en tema obligado de análisis y discusión, tanto en los foros políticos y empresariales como en el ámbito académico. El término globalización se aplica con múltiples sentidos. En principio,  para reflejar la existencia de un mercado global en el cual se producen, adquieren y comercializan productos en cualquier parte del planeta. En este sentido se habla de globalización económica, es decir, de un aumento del comercio exterior favorecido por la apertura y liberalización de los mercados y las consecuencias de la actual revolución tecnológica sobre las comunicaciones tanto físicas (transportes) como electrónicas.

Sin  embargo, y a pesar de su difusión, no existe consenso sobre los alcances que ha tenido el proceso globalizador a escala planetaria, apareciendo posiciones confrontadas, orientadas unas a justificar el statu quo internacional, bajo el supuesto de que todos los países tienen las mismas oportunidades, mientras que otras rechazan cualquier posibilidad de inserción ventajosa en la actual división internacional del trabajo. Una tercera posición pretende conciliar los puntos de vista extremos y de  formular una especie de síntesis, en la cual las fortalezas y las debilidades dependen no sólo de la correlación de fuerzas en el plano económico y político a escala mundial, sino también de las transformaciones estructurales que se lleven a cabo al interior de las naciones menos desarrolladas.

Independientemente de los enfoques planteados, la globalización se ha convertido en una especie de pretexto para justificar las desigualdades entre los diferentes grupos de países dentro de la actual división internacional del trabajo. La desregulación de los mercados laborales, ha producido una brecha entre los dos segmentos del mismo, uno configurado a partir de empleos estables, formales y calificados y el otro, sustentado en una mano de obra informal y periférica, de trabajos precarios, ocasionales, temporales, a domicilio, a tiempo parcial, sin protección y con bajos salarios. De este modo, el sistema global aumenta la pobreza y las desigualdades sociales, impactando fuertemente sobre los medios de vida de la gente.

Nos encontramos, actualmente, frente a una sociedad excluyente que genera inmensas desigualdades. En nuestro país, y según los datos de mayo del 2002, el 53% de los argentinos viven por debajo de la línea de pobreza.  Esta situación ha intensificado las diferencias sociales, pudiéndose resumir las clases en tres grandes grupos: los incluidos, los precarios y los excluidos del sistema.

Como es fácil suponer, los cambios sustanciales en la estructura económica y política se han visto acompañados de importantes modificaciones en la estructura social. Esta compleja  y omnipresente  cultura social penetra  tanto  los ritos y costumbres grupales como los intereses, expectativas, rendimientos y formas de comportamiento de todos los individuos que interactúan en la sociedad, y se orientan en múltiples direcciones,  frecuentemente contradictorias entre sí,  que en todo caso definen un marco social de intercambios caracterizado por la movilidad, apertura, precariedad, complejidad, anonimato y desprotección.

La economía de libre mercado  al imponer la flexibilidad y la desregulación en la organización, tanto de la producción como de la distribución y del consumo, ha tenido incalculables efectos en la organización de la vida de los individuos y los grupos, así como en las exigencias del mercado laboral y en las demandas de formación humana y profesional.

En este sentido, la ideología social dominante en la condición post-moderna difunde y legitima , de modo más sutil que impositivo, un conjunto de valores que rodean y enmarcan los intercambios, los roles que cada individuo desenvuelve y las expectativas a las que aspira en su vida cotidiana. Según esto, y para  los principales teóricos de la pos-modernidad (Lyotard, 1989[2]; Lipovetsky, 1990[3]; Baudrillard, 1987[4], 1984[5])  han entrado en crisis los valores de la configuración moderna que habían legitimado, al menos teóricamente, la vida social.  Entre los muchos cambios en el ámbito de los valores, se hace referencia, específicamente, a la emergencia y consolidación de movimientos alternativos, entre ellos, el feminismo. La transformación lenta pero irreversible de la condición social de la mujer y la redefinición de su papel en la familia, y en la comunidad,  es una de las consecuencias de las transformaciones sufridas en los últimos años.

2. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo:

La incorporación de la mujer al mundo del trabajo y su irrupción en la vida pública de la cultura, la economía y la política ha provocado al mismo tiempo modificaciones sustanciales en la vida cotidiana de las familias y del resto de las instituciones sociales.  Es evidente que la mujer está sufriendo al igual que el hombre las modificaciones producidas en el  mundo laboral, soportando las exigencias de la economía de libre mercado.  Es probable,  también que,  junto con los desfavorecidos, sea la primera víctima de la exclusión. Pero, en cualquier caso, las mujeres que se inscriben en una vida como trabajadores se encuentran ellas mismas en una posición de negociación mejor en el hogar, mientras que la división social de trabajo entre "el que gana el pan" y "el que cuida la casa" pierde sus bases de legitimación cultural, lo que abre espacios a la incorporación y desenvolvimiento social de la mujer que las culturas tradicionales tenían perfectamente bloqueados.

Durante siglos el espacio privado había permanecido separado del espacio público, y esta separación se evidenciaba en la separación de las funciones que se adscribían a cada uno de los sexos: el espacio privado para la mujer y el espacio público para el hombre. El Estado de Bienestar defendía y defiende un determinado tipo de familia: pareja heterosexual basada en el varón proveedor, que obtiene la renta y la mujer encargada del cuidado del hogar y la familia, y en el caso de que ella también estuviera empleada, se consideraba que su salario era un auxiliar al del marido.

El mercado capitalista con su nuevo patrón de acumulación mundial configura un nuevo orden de vida para todas las personas, afectando no sólo las relaciones internacionales, sino también la vida cotidiana. La globalización  económica aporta un nuevo actor a este reparto de funciones, en tanto el mercado aparece como articulador básico y totalizador alrededor del cual giran los dos sexos.

Como consecuencia, las mujeres aumentan su incorporación al mercado de trabajo: la desocupación creciente de los hombres y la precariedad de los empleos, impulsan a éstas a  abandonar el espacio privado, de modo tal que comienza a extinguirse el modelo de clase media de un solo proveedor. El importante crecimiento de los servicios, en los últimos años,  ha sido, en parte, el resultado de la incorporación de las mujeres al empleo,  ya que las labores y actividades que ellas desempeñaban en casa, son las que se han ido integrando poco a poco en el mercado; cuidado de niños y mayores, atención de enfermos y discapacitados, preparación de comidas,  cuidado de la ropa.

            De este modo, los cambios producidos a partir de este proceso de globalización han repercutido de diferente manera tanto en los ámbitos domésticos y productivos y en forma diferente para mujeres y hombres. El aumento de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el número de horas destinado por ellas al trabajo remunerado es una prueba indiscutible de la incidencia de tales cambios. Pero,  al mismo tiempo que aumenta la tasa de participación femenina se ha elevado el desempleo femenino, especialmente entre las más jóvenes. Por lo demás,  como gran parte de la mano de obra femenina se ocupa en los sectores no estructurados y de baja productividad, resulta afectada no sólo por las acciones dirigidas específicamente a las trabajadoras, sino también  por las que derivan de  los sectores en que se inserta.

            Desde esta perspectiva, la reducción del tamaño del Estado significó una disminución del empleo en el sector público para las mujeres, de manera que la desigualdad pre-existente fue causa de los efectos diferenciados de la crisis en hombres y mujeres, y a la vez, la consecuencia más profunda fue la perpetuación de esa desigualdad.

En este marco, el presente artículo se propone analizar los cambios que se han producido en el aglomerado Corrientes, en la zona Nordeste de Argentina,

durante los últimos diez años en el ámbito laboral y cómo estos cambios han incidido en los ámbitos familiares.

3. Los estudios acerca del trabajo de la mujer:

            En América Latina, el estudio del trabajo de la mujer se inicia en la década del ´60, con los  primeros interrogantes sobre la participación de las mismas en el desarrollo, en el marco de disciplinas como la sociología del desarrollo, la economía o la antropología desde dos grandes polos teórico-políticos: las teorías de la modernización y la crítica feminista marxista. En los años ´70, la configuración de un "nuevo orden mundial" y el desarrollo de los programas de industrialización que apelan a la contratación de abundante mano de obra femenina, plantean nuevas preguntas sobre la interrelación entre la división internacional del trabajo y la división sexual del mismo. Estos estudios, que se habían concentrado en la problemática especifica del trabajo femenino, en un esfuerzo por hacer visible la contribución de las mujeres al desarrollo, se reorientan a la problemática relacional y mutidimensional al difundirse el concepto de "género" en la década del 70; concepto que introduce nuevas dimensiones de análisis: las relaciones sociales de género, la construcción cultural y simbólica de lo femenino y lo masculino y las subjetividades femeninas y masculinas.

A partir de la década del ´80, el debate (acerca de la "división internacional del trabajo") da paso al de la "globalización", al cual se añaden temas como la transformación de los procesos productivos en las empresas, la introducción de nuevas tecnologías y las teorías organizacionales. Los temas de la flexibilidad laboral y la precarización del empleo introducen, a la vez, nuevas perspectivas en este análisis. Por su parte, Elda Guerra (1988)[6] menciona dos grandes tendencias en los estudios del trabajo femenino, una corresponde al análisis a partir de la debilidad que considera a la mujer desde su posición de desventaja en el mercado laboral masculino: empleada en puestos poco calificados, con salarios bajos, sin estabilidad  y no sindicalizada. La segunda corriente, en contraste, pretende dar cuenta de la complejidad de la experiencia femenina y reevaluarla, cuestionando el enfoque de la debilidad sin negar la opresión, pero postulando un análisis  de la experiencia de trabajo sexualmente connotada.

Ahora bien, la mayoría de los estudios con orientación de género, han tomado prioritariamente el grupo de las mujeres;  no obstante se reconoce que es necesario profundizar estudios desde una perspectiva inter-género (es decir, donde se consideren las relaciones entre los géneros). En efecto, el término género se refiere a las diferencias organizadas social y culturalmente entre lo femenino y lo masculino; por lo tanto, los estudios desde este enfoque no tienen por qué centrarse exclusivamente en las mujeres, muy al contrario, las perspectivas más prometedoras y recientes hacen hincapié en el estudio comparativo de los roles de género asignados tanto a hombres como a mujeres y en el análisis de sus relaciones.  

4. Diez años de neo-liberalismo.  Los cambios en el  mercado de trabajo en Argentina:

El proceso de globalización de la economía mundial, la desregulación del comercio internacional, la fuerte y prolongada crisis del régimen de acumulación en los países dominantes, la nueva revolución científica y tecnológica que dio lugar a profundas innovaciones en los procesos productivos y en los productos, los desequilibrios en el sistema monetario internacional y una competencia exacerbada, entre otros factores, constituyeron el contexto económico que provocó o acompañó la crisis productiva de los países latinoamericanos fuertemente endeudados  y produjo, al mismo tiempo, la actual crisis del modo de regulación del régimen de acumulación en estos países. (Neffa, 1994)[7]

Tal como venimos de afirmar, en la actualidad, nos enfrentamos a un mercado de trabajo caracterizado por una situación de crisis del empleo o desempleo estructural. La desocupación se ha convertido en el principal problema social y económico a partir de 1993, aún antes de que la ocupación comenzara a caer, debido a la ampliación de la oferta de trabajo. Sin embargo, desde ese momento, el aumento de la desocupación obedeció tanto a los cambios en las tasas de actividad como a la caída de la demanda de trabajo. 

La insuficiente cantidad de posibilidades de empleo y / o los bajos salarios hizo que los trabajadores secundarios comenzaran a buscar trabajo para compensar la pérdida  - o reducción - de los ingresos generados por los otros miembros del hogar ("efecto trabajador adicional").  Es esperable que la pérdida de la principal fuente de ingresos familiar lleve a otros miembros inactivos a ingresar en el mercado laboral.

Luis Beccaria (1998)[8], señala en un artículo sobre Estabilización, reformas y el mercado de trabajo urbano en Argentina  que de la evolución del empleo y desempleo se deriva que, los cambios  de la ocupación hasta 1994 resultaron de los efectos contrarios que producen dos procesos simultáneos: la expansión económica favoreció la creación de puestos de trabajo en una economía que venía de atravesar un largo período de estancamiento; el efecto de la reestructuración productiva, en cambio, tendió a eliminar puestos de trabajo y a reducir la elasticidad del empleo a los crecimientos del producto. Este segundo factor y la consolidación de las reformas emprendidas, se tradujo en el estancamiento del empleo.

Tal desarrollo es compatible con un proceso de reestructuración productiva en particular con las características que asumió en la Argentina. En nuestro país, también el mercado de trabajo  ha sufrido profundas reformas, inspiradas en la creencia de que el empleo estable es una rémora de la flexibilidad productiva de los nuevos tiempos  y en la  de que el alto nivel salarial incrementa el desempleo, hace decaer la demanda y frena la inversión privada; con estas reformas se acabó con un sistema laboral rígido, que protegía el empleo estable e indefinido, ensanchándose los márgenes de flexibilidad, eventualidad y precariedad de las relaciones contractuales. Reformas, que devienen de una política que,  en resumen, basa la competitividad del mercado en la flexibilidad contractual y el abaratamiento de la mano de obra, ya sea por la vía de la contención salarial o por la reducción de sus costes indirectos, y que ha producido la mayor tasa de desempleo y el aumento de las desigualdades sociales. Al mismo tiempo, el mercado de trabajo aparece particularmente deprimido para los sectores más jóvenes de población activa.

Las nuevas reglas de la competencia internacional,  la penetración de los mercados internos de la región por parte de los nuevos países industriales, en un contexto liberal, de desregulación y de privatización, provocaron el cierre de las empresas menos rentables  o deficitarias y no competitivas, y la necesidad de buscar una nueva demanda en los mercados externos. Al mismo tiempo, la economía se terciariza, en tanto que estos procesos de ajuste y reestructuración productiva han incrementado los niveles de desempleo y de subempleo, aumentando los empleos precarios, en particular para los nuevos trabajadores.

Esta reestructuración productiva afectó, en primer término, al sector industrial, que disminuyó su participación en el producto bruto interno. También se evidencian claras tendencias hacia la reducción del tamaño de estas organizaciones, la descentralización y desconcentración, la simplificación de sus estructuras organizativas, la tercerización de los servicios y de la producción de insumos, repuestos y equipo menos rentable, recurriendo a las horas extras, los contratos de duración determinada, al trabajo temporario y otras formas de precarización de la fuerza de trabajo.

El énfasis en esta precarización del trabajo permite comprender los procesos que incrementan la vulnerabilidad social y, en última instancia, generan el desempleo y la desafiliación. En adelante, será equívoco caracterizar estas formas de empleo como "particulares típicas". Esta representación remite a la preponderancia, sin duda caduca del contrato por tiempo indeterminado. El desempleo no es una burbuja que se ha formado en las relaciones de trabajo y que podría reabsorberse. La precarización del empleo y el desempleo se han inscrito en la dinámica actual de la modernización. Son las consecuencias necesarias de los nuevos modos de estructuración del empleo, la sombra de las estructuraciones industriales y la lucha por la competitividad, que efectivamente convierten en sombra a gran parte del mundo (Castel)[9].       

En los sectores populares, las necesidades de subsistencia tuvieron diversos efectos dentro de la familia, de modo que la necesidad de reproducción de la unidad familiar reforzó la interdependencia entre sus miembros, en tanto que la estructura familiar sufrió modificaciones de cierta complejidad, que no mostraron tendencias claras, ya que en ciertos casos la familia se contrajo y en otros se expandió con "allegados" que contribuyeron a la subsistencia del núcleo familiar. La evidencia recogida en distintos países de América Latina indica que aumentó la participación laboral de las mujeres, al igual que la de niños y jóvenes. Esto se tradujo también en una reestructuración de la vida cotidiana. La mayoría de las familias se encuentran sobreviviendo a partir del esfuerzo de la casi totalidad de sus miembros, aumentando notoriamente lo que se ha dado en llamar "el trabajo invisible" de las mujeres, en nuevas combinaciones de trabajo para el autoconsumo y trabajo para la obtención de un ingreso, aunque no contabilizado socialmente. Así, junto con la mayor participación de los miembros de la familia en el trabajo para el mercado, se intensificó el trabajo en actividades reproductivas; el resultado fue una desigual distribución de la carga dentro del hogar, donde las mujeres han asumido el mayor peso.

El otro efecto evidente ha sido el creciente desempleo entre la población en general, la femenina en particular y, más precisamente, la población femenina joven. Aunque el desempleo femenino en la región es una tendencia estructural, los efectos de la crisis lo acentuaron mucho más aún. En América Latina, la tendencia a un mayor desempleo femenino obedece a diversos factores estructurales, como insuficiente dinamismo económico para absorber una oferta de mano de obra en aumento —situación acentuada por la crisis;  dificultades de inserción de las mujeres debido a la segmentación ocupacional del mercado de trabajo, que limita la gama de ocupaciones a  las que pueden optar;  la percepción generalizada entre los empleadores de que el trabajo femenino tiene mayores interrupciones a causa del embarazo y la crianza, así como también la falsa idea de que el aporte de las mujeres no es central en los ingresos familiares. En 12 áreas urbanas latinoamericanas, las tasas de desempleo juvenil en 1994 duplicaron las de desempleo total, en tanto que las tasas de desempleo juvenil femenino fueron superiores a las de los jóvenes en 10 países: en Paraguay y Uruguay el desempleo femenino para el grupo de 15 a 24 años de edad alcanzaba en 1994 a más de 30% (CEPAL, 1997)[10].

Con respecto a los efectos de la crisis sobre el trabajo doméstico no remunerado, según estudios realizados en diversos países de la región, el trabajo femenino aumentó para suplir la ausencia o baja de los ingresos familiares, así como para enfrentar el aumento de los precios de los alimentos y artículos de primera necesidad y la reducción de los presupuestos de los servicios sociales, que se tradujo en un deterioro de las prestaciones de salud, educación y vivienda. Un estudio mundial basado en información sobre 17 países —entre ellos Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Jamaica, México y Perú—  mostró que la aplicación de políticas de ajuste estructural ha provocado un deterioro notable de la relación varones/mujeres en todos los niveles de enseñanza, especialmente en la enseñanza media,  sobre todo en perjuicio de las niñas pertenecientes a  familias  rurales y urbanas marginales.

Un aspecto poco analizado es la modificación de las fronteras entre los ámbitos de acción del Estado, la sociedad civil y las familias, cambios que la crisis - que acompaña a este proceso de globalización - ha puesto de relieve en las sociedades latinoamericanas. Durante largos años se tendió a traspasar funciones del ámbito privado al público: un ejemplo claro es el de la atención de los niños menores,  que progresivamente ha pasado de las madres a las guarderías infantiles. Sin embargo, como resultado de la crisis muchas actividades desarrolladas en el ámbito público debieron "privatizarse": es decir, al restringirse los presupuestos de los sectores de la salud y la educación, entre otros, las responsabilidades retornaron a las familias y, por tanto, a las mujeres en sus hogares. Siguiendo con el mismo ejemplo, la caída de los ingresos familiares y la crónica carencia de recursos públicos para la atención preescolar gratuita, obligó a las familias, y especialmente a las madres, a hacerse cargo nuevamente de los niños pequeños o a buscar soluciones, en forma comunitaria o aislada, para el cuidado infantil. Como fruto de las deficiencias del Estado en la atención de los niños preescolares surgieron interesantes iniciativas,  que además han tenido efectos no buscados: la necesidad de las mujeres de organizarse para hacer frente a estos problemas ha significado una ruptura de su aislamiento, una valoración de su potencial y, a la vez, ha vuelto más visible su trabajo.

En este contexto general, la economía argentina inició una nueva etapa en 1990-91 con las leyes de emergencia económica, reforma del Estado y el Plan de Convertibilidad. Entre 1991  y 2001 el crecimiento de la población económicamente activa no fue acompañado por la creación de empleos, desencadenando la elevación de la tasa de desocupación abierta del país al  21.5% en mayo del 2002, mientras que la asubo-ocupación alcanza al 18.6% de la población.

5. Cuáles han sido las consecuencias de estas políticas en el aglomerado Corrientes?

Se presentan a continuación datos provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares que corresponden a la onda de mayo de los años 1991/2001, con la pretensión  de poner en evidencia la incidencia que ha tenido la aplicación de tales políticas en nuestra región, fundamentalmente en lo relacionado con la configuración del mercado de trabajo,  desde una perspectiva de género.

La población en estudio se caracteriza por presentar - históricamente - tasas comparativamente bajas de actividad, las que se han mantenido relativamente constantes a lo largo del período considerado. Sin embargo es posible advertir que en el transcurso de los últimos diez años  se ha producido un aumento en general de las tasas de participación, siendo particularmente alto el crecimiento entre las mujeres.

Tabla nº 1: Tasa de actividad de hombres y mujeres. 1991/2001

Sexo

Actividad

Actividad

Dif. %

Hombres

43.10

43.96

+ 0.86

Mujeres

23.60

28.36

+ 4.76

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

Pero, este incremento de la oferta laboral no se ha traducido en un aumento del empleo, sino que por el contrario, durante el mismo período han crecido notablemente los porcentajes de desempleados, y nuevamente de manera más acentuada entre el grupo de mujeres. Es decir, que la mayor participación de la población en el mercado de trabajo no se expresa en un aumento del empleo, sino en un incremento de individuos que buscan trabajo, quizá debido precisamente a la pérdida de empleo de otros miembros. 

     Tabla nº 2: Tasa de Desocupación de hombres y mujeres. 1991/2001

Sexo

Desocupados

Desocupados

dif. %

Hombres

4.8%

14.3

+ 9.5

Mujeres

2.3%

20.1

+ 17.8

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

Esta última afirmación parece corroborarse en el siguiente cuadro, donde se muestra cómo se ha incrementado la participación laboral de los cónyuges, debido precisamente al crecimiento del desempleo de los jefes de familia.

 Tabla nº 3.Condición de actividad según posición en el hogar. 1991/2001

                                            1991                     2001

Cndición de actividad

Jefe

Cónyuge 

Jefe

Cónyuge 

Dif.%

Jefes

Dif.%

cónyuges

Ocupado

64.5

32.8

61.3

36.6

-3.2

+3.8

Desocupado

2.17

0.4

6.0

7.1

+3.83

+6.7

Inactivo

33.30

66.7

32.3

56.2

-1

-10.5

Total

1150

782

662

393

   

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

En el mismo cuadro se advierte que las modificaciones más importantes en la condición de actividad se encuentra en el grupo de los cónyuges, que pertenecen mayoritariamente al género femenino. En este sentido, y si bien el aumento del desempleo ha sido notablemente mayor que en el grupo de los jefes, por las razones apuntadas más arriba - hay mayor oferta de mano de obra, sin que crezca conjuntamente la demanda - también ha crecido la ocupación, ya que es conocida la tendencia por parte de las mujeres a aceptar empleos precarios, ligados a la esfera doméstica cuando se trata de contribuir o solventar los gastos familiares.

Los niveles de ingresos también se han modificado durante este período, aumentado la población que se ubica en los tramos más bajos, y disminuyendo los tramos medios y altos. Si bien la media del ingreso en la región es relativamente baja en comparación con otras regiones del país, esto también obedece a los procesos de precarización del empleo y el aumento del sector informal de la economía. Una vez más, las mujeres resultan las más afectadas en este proceso de deterioro del nivel de ingresos.

Tabla nº 4. Niveles de ingreso de los ocupados según sexo. 1991/2001.

                              1991                           2001

Deciles de Ingreso

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Dif %

Hombres

Dif. % Mujeres

1 a 4

28.3

41.3

34.9

48.9

+6.6

+7.6

5 a 8

43.7

38.9

41.9

36.3

-1.8

-2.6

9 a 10

27.9

19.7

23.2

14.7

-4.7

-5

Total

787

511

439

278

   

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

Las modificaciones en cuanto a la cantidad de horas semanales trabajadas, de la siguiente tabla nuevamente parecen mostrar el deterioro de la situación ocupacional  incrementándose el número de trabajadores sub-ocupados ( es decir que trabajan solo media jornada o menos), siendo más importante este incremento entre el grupo de mujeres.

Tabla nº 5. Horas semanales trabajadas según sexo. 1991/2001.

                                    1991                          2001

Horas Semanales

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Dif.%

Hombres

Dif.%

Mujeres

1-19 horas

1.6

5.3

7.4

17.8

+5.8

+12.5

20-29

7.7

21.6

10.5

21.2

+2.8

-0.4

30-40

42.8

40.0

26.0

31.5

-16.8

-8.5

41-45

14.5

9.7

8.1

6.5

-6.4

-3.2

46-61

26.2

19.0

35.2

17.8

-8.4

-1.2

62 y +

7.2

4.4

12.7

5.1

-2.1

0.7

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

La tabla que sigue resulta reveladora en cuanto a los cambios que se han producido en la situación laboral de las mujeres, como consecuencia de las modificaciones sufridas en el mercado laboral, pero también dan cuenta del modo cómo se han transformado algunas tendencias en cuanto al comportamiento de las mismas en relación con el trabajo, tendencias que resultaban consecuencia de las ideologías de género, y que al igual que en distintas sociedades resultan en nuestra región condicionadas por los ciclos vitales de ellas y en este sentido, vinculadas específicamente con la conformación de la familia, el nacimiento de los hijos, etc.

En los datos se observa la disminución de la ocupación de las mujeres en todos los tramos de edad con excepción de los dos últimos, en parte debido a la tendencia - que se ha producido en los últimos años - a la prolongación de su  vida activa:  aquellas que han logrado insertarse en la vida activa tienden a permanecer en ella, aunque parte de esta permanencia debe atribuirse a la dificultosa situación de los hogares que requiere del aporte de las mismas. Otro dato interesante asociado también a la modificación de las pautas culturales y a la situación de precariedad de los hogares, se advierte en la disminución de la inactividad y el concomitante aumento de la desocupación  en el tramo comprendido entre los 25/49 años. Hasta hace muy pocos años, se registraba una tendencia, por parte de las mujeres a abandonar la vida activa, dado que es la época en que se forma la propia familia y se produce el nacimiento de los hijos. Aparentemente, esta pauta ha sufrido una alteración debido a los cambios ya apuntados en el mercado de trabajo que las obliga a participar activamente en el sostenimiento del hogar o cuando menos a contribuir con dicho sostén. Pero, no sólo por esto, sino también en razón de la evolución de las concepciones acerca de los roles de género que las han habilitado - desde lo social y lo cultural - a incorporarse a la vida pública y no sólo restringirse a las funciones adscriptas en el ámbito de lo doméstico. En efecto, aquellas mujeres que habían consolidado una familia tendían a abandonar su empleo y en el caso de perderlo, raramente se definían a sí mismos como desempleadas, tal como aparecen en la tabla que comentamos.

Tabla nº 6. Condición de actividad según grupos de edad. Mujeres. 1991/2001

                   1991                                      2001

Edad

Ocup.

Des.

Inact.

Ocup.

Des.

Inact.

Dif%

Ocup.-

Dif%

Des.

Dif%

Inact.

13

0.7

-

36.7

0.3

-

35.2

-0.4

-

-1.5

14/19

8.3

38.5

13.4

6.0

9.3

16.9

-2.3

-29.2

+3.5

20/24

12.5

30.8

9.2

7.7

30.6

10.0

-4.8

-0.2

+0.8

25/49

66.1

23.1

20.3

64.7

58.6

19.2

-1.4

+35.5

-1.1

50/59

10.0

-

7.2

16.7

1.3

4.9

+6.7

+ 1.3

- 2.3

60 y +

2.4

7.7

13.1

4.4

-

13.5

+2

-7.7

+0.4

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

Tabla nº 7. Condición de actividad según grupos de edad. Hombres.  1991/2001

                 1991                                     2001

Edad

Ocup.

Des.

Inact.

Ocup.

Des.

Inact.

Dif%

Ocup.-

Dif%

Des.

Dif%

Inact.

13

0.2

-

57.0

-

-

52.9

-0.2

-

-4.1

14/19

5.2

17.4

16.3

4.2

12.6

19.4

-1

-4.8

+3.1

20/24

11.2

13.0

8

10.4

24.0

10.1

-0.8

+11

+2.1

25/49

67.8

58.7

4.7

64.9

46.8

4.6

-2.9

-11.9

-0.1

50/59

11.5

6.5

3.4

14.0

12.6

1.8

+2.5

+6.1

-1.6

60 y +

4.0

4.3

10.6

6.4

3.8

11.1

+2.4

-0.5

+0.5

Total

901

46

1250

471

79

701

     

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

    En cuanto a los hombres, el comportamiento de los ocupados es semejante al de las mujeres, notándose un aumento en los grupos de mayor edad, debido a los mismos factores apuntados anteriormente. En cuanto a los tramos más jóvenes, se advierte el fuerte incremento de los desocupados entre 20/24 años, grupo que actualmente aparece como uno de los más vulnerables en relación con la consecución de un empleo, a diferencia de las jóvenes, quienes parecen tener mejores posibilidades ocupacionales en el sector informal de la economía, como empleadas en el servicio domésticos entre las que pertenecen a los sectores bajos o como promotoras u otras actividades de recepción o  promoción para las que pertenecen a los estratos más altos, ya que en los últimos años se ha abierto un espacio de mercado legítimo para las propiedades corporales, tal como menciona Bourdieu (1997: 151)[11], en el que la belleza recibe un valor en el mercado de trabajo.

Finalmente, y a pesar del incremento de las tasas de desempleo notables que se han observado en las tablas anteriores, esto no se  advierte en el tramo entre 25/49 años (considerado el "núcleo duro de la fuerza de trabajo") porque se encuentra contrabalanceado con el aumento de la proporción de desempleados jóvenes.

Otra de las cuestiones que caracterizan estos procesos de cambio en el mercado laboral en los últimos diez años, se vincula con la importancia asignada al conocimiento, vía para optar a mejores niveles ocupacionales. En este sentido, el discurso neo-liberal se ha orientado a revalorizar el papel que el conocimiento posee para lograr mejores niveles de competitividad en las naciones, de modo tal que se asiste a una revitalización de la teoría del capital humano, la que al mismo tiempo que sostiene que las altas tasas de desempleo se deben a la falta de capacitación de la mano de obra, asegura que los mejores niveles educativos favorecen el logro  de inserciones satisfactorias en el mercado.

Tabla nº 8: Nivel de estudios alcanzado según sexo. 1991/2001.

                                    1991                          2001

Nivel de estudios

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Dif.%

Hombres

Dif.%

Mujeres

Primario

47.9%

46.8%

37.5%

33.5%

-14.4

-13.3

Secundario

35.4%

38.3%

34.1%

32.7%

-1.3

-5.6

Terciario o superior

16.6%

14.8%

28.4%

33.8%

+11.8

+19.0

Total

1853

2024

1251

1315

-

-

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

En la región que estamos considerando - y tal como se advierte en la tabla anterior - encontramos un considerable decrecimiento de los niveles educativos bajos e incluso medios a favor de las mejores credenciales educativas, en particular para el caso de las mujeres; ya que el ingreso a mejores oportunidades de educación ha sido uno de los factores que propicia la independencia personal, siendo una forma de capital favorable para la promoción personal y la movilidad social. Es posible - tal como afirma Bourdieu y Passeron, (1998)[12]- que sea a través de la acumulación de capital educativo, como las mujeres han logrado alcanzar las máximas recompensas.

Pero, si bien el mejor nivel de instrucción ha sido desde hace mucho en la sociedad argentina, considerado como la vía regia de la movilidad social, actualmente el mismo no garantiza la inserción satisfactoria en el segmento primario de la economía.

Tabla nº 9. Nivel educativo por situación ocupacional. Varones. 1991/2001

1991                                                                            2001

Estudios

Ocupado

Desocupado

Ocupado

Desocupado

Dif.% ocupación

Dif. % desocup.

Primario

 37.7                                    

45.2

13.4

13.9

-24.3

-31.3

Secundario

45.1

38.0

42.3

49.4

-2.8

+11.4

Superior

17.2

16.6

44.4

36.7

+27.2

+20.1

 

885

42

471

79

-

-

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

La tabla que se presenta resulta reveladora en relación con el comportamiento que asume el mercado en relación con los diferentes niveles educacionales. Si bien es posible advertir que los niveles ocupacionales se han incrementado sustancialmente para los que ostentan las mayores credenciales educativas, también se observa que ha aumentado el desempleo tanto para los individuos con educación media y más aún para los que poseen educación universitaria. De la misma pueden extraerse dos conclusiones que consideramos relevantes: la primera indica que el mercado selecciona preferentemente a los más educados, los que sin dudas obtienen más oportunidades para incorporarse al mercado de trabajo. Pero, conjuntamente, el alto crecimiento del desempleo para los universitarios estaría indicando que ha aumentado la oferta de profesionales sin que concomitantemente lo hayan hecho los puestos que requieren esta calificación, de ahí el alto desempleo abierto de los universitarios que se ha incrementado en los últimos diez años. Es sabido que dado que, en general, estos individuos pertenecen a los estratos sociales más altos, cuentan con mayores posibilidades - en particular cuando son jóvenes - para soportar esta situación de desocupación, sin necesidad de tener que aceptar puestos por debajo de sus calificaciones profesionales.  

Tabla nº 10. Nivel educativo por situación ocupacional. Mujeres. 1991/2001

                         1991                                   2001

Estudios

Ocupado

Desocupado

Ocupado

Desocupado

Dif.% ocupación

Dif. % desocup.

Primario

30.0

8.3

11.4

6.7

-18.6

-1.6

Secundario

46.6

66.7

30.5

37.3

-16.1

-29.4

Superior

23.4

25.0

58.1

56.0

+34.7

+31

 

539

12

298

75

-

-

      Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

El comportamiento de ambos sexos presenta la misma tendencia, aunque algo más acentuado para el género femenino: las diferencias porcentuales indican que la ocupación correspondiente a los niveles bajo y medio de educación ha descendido a expensas de la ocupación para mujeres con nivel universitario;  pero idéntica tendencia se encuentra en relación con la desocupación. El mayor incremento de la desocupación en el nivel universitario para las mujeres, podría obedecer a cierta política de discriminación por parte de los empleadores en relación con éstas, ya que suele  suponerse que  son más proclives a ausentarse de su lugar de trabajo ya sea por motivos de maternidad o simplemente para hacerse cargo de algunos roles vinculados con lo doméstico, de los cuales raramente se liberan aún cuando hayan logrado incorporarse satisfactoriamente al mercado laboral.

Lamentablemente no tenemos datos que permitan comparar cómo se distribuye la población en términos de calificación ocupacional en relación con el nivel de instrucción obtenido, en el período analizado, pero para el año 2001, la información de las siguientes tablas resulta por demás interesante. Del total de puestos de trabajo que se presentan en el aglomerado de la ciudad de Corrientes, sólo el 7.8% tienen un nivel de calificación profesional, y si bien están cubiertos en un 97.1% por graduados de nivel terciario y /o universitario,  no puede desconocerse que al mismo tiempo, hay un 26.2% de universitarios ocupando puestos no calificados. Por lo tanto, y tal como señalamos en un comienzo, la teoría del capital humano que predica la asociación entre nivel de educación y nivel de calificación ocupacional  queda en cuestión.

En la tabla que sigue se considera la incidencia de la variable género, sobre la distribución de la población en categorías ocupacionales.

Tabla nº 11. Calificación profesional, de los universitarios, según sexo. 2001.

Calificación profesional

Varones

Mujeres

Dif. %

Calificación profesional

18.3%

12.5%

-5.8

Calificado

64.2%

71.5%

+7.3

No calificado

17.5%

16

-1.5

Total

229

200

-

Elaboración propia en base a los datos de EPH 1991 y 2001 para el aglomerado Corrientes

En ella se muestra que el grueso de los profesionales universitarios se ubican en puestos de calificación media, en razón de que las posibilidades de empleos con calificación profesional son reducidas y la oferta supera con creces la demanda del mercado. Sin embargo, se encuentran diferencias en términos de género, en este sentido los hombres superan a las mujeres en estos cargos en un 5.8%, pero también en los empleos con baja calificación, en tanto ellas se concentran en la categoría intermedia. Es fácil concluir que frente a la opción de emplear un hombre o una mujer con igual nivel de calificación, los empresarios optan en general por los primeros. También que -y en la medida que en nuestras sociedades el trabajo continúa siendo una obligación para los hombres, en tanto resulta en muchos casos una opción para las mujeres -, los individuos del género masculino se ven  presionados a aceptar cualquier oportunidad laboral que se presente, cuando las posibilidades deseables se ven cerradas (hay un 1.5% más de hombres que de mujeres desempeñando puestos sin calificación), mientras que las mujeres desplazadas del nivel superior se refugian en los niveles medios, pudiendo retirarse del empleo en aquellos puestos que se encuentran muy sub-calificados en relación con su nivel de formación.

6. CONCLUSIÓN

Ha sido nuestro interés en este artículo analizar los cambios en el mercado laboral como consecuencia de los procesos de globalización y la aplicación de las políticas neo-liberales en nuestro país, en particular desde la perspectiva de género,  planteada en términos de la diferenciación de roles y de las tareas entre hombres y mujeres y el modo cómo se realiza el acceso diferenciado a los recursos; es decir, desde un enfoque relacional , considerando no sólo a la mujer y su vinculación con el mercado de trabajo, sino también en términos de interacción dentro de la unidad familiar y su entorno en general.

De los datos presentados se ha podido constatar que,  junto al aumento de las tasas de desocupación y sub-ocupación y la profundización del proceso de precarización del empleo se ha producido un aumento de la participación económica femenina en el mercado laboral. El deterioro de las condiciones de trabajo del jefe de familia, permite explicar en parte este aumento de participación al presionar para la incorporación de fuerza de trabajo  secundaria en éste. 

El acceso diferenciado a los recursos,  cuando se analizan las condiciones ocupacionales para los distintos géneros,  también ha quedado marcado: los datos presentan una apropiación desigual de la riqueza, el status y el prestigio para cada uno de los sexos;  frente a la flexibilidad laboral, las mujeres están más dispuestas a aceptar condiciones de trabajo precarias, de este modo hay profesiones que se feminizan como un nuevo aspecto de los procesos de precarización laboral .

Pero, conjuntamente, también se advierten tendencias claras hacia un mejor posicionamiento de la mujer en el espacio público, a partir del aumento de los niveles educativos y su incorporación a puestos de mayor calificación que,  si bien no logran equipararse a los de los hombres, por el contrario aparecen en menor medida sub-calificadas, probablemente debido a que para las mujeres el trabajo continua siendo considerado una opción más que una obligación, como sucede con la población masculina, pero también debido a que por pertenencia social, las mejor educadas están en condiciones de elegir - y eventualmente rechazar - aquellos empleos que se encuentran muy por debajo de sus calificaciones profesionales.

De este modo, los procesos de globalización y la aplicación de políticas neo-liberales,  durante los últimos diez años,  se articulan conjuntamente para introducir a la vez, modificaciones  tanto en los niveles de vida de la población como en las pautas culturales,  en particular aquellas referidas a los roles de género,  favoreciendo en algunos casos a las mujeres, quienes han encontrado la posibilidad de liberarse de unas  prescripciones que las limitaban impidiéndoles el acceso a la independencia económica por medio del trabajo.  Los principales cambios estructurales se refieren a la expulsión a la periferia del sistema, la concentración del trabajo y la sobre-ocupación, de importantes grupos de la sociedad, conjuntamente con cambios en la división sexual del trabajo, donde las mujeres participan cada vez más desempeñando roles laborales generadores de ingreso, y que, necesariamente introducen cambios en los arreglos familiares y búsqueda de independencia económica.

La familia tipo - tradicionalmente concebida - compuesta por un padre y una madre en posiciones medianamente igualitarias, donde una mujer cuida de la gestión y administración del grupo  ha ido modificándose, y cada vez más y en ausencia de la figura paterna, o debido a la situación de desempleo del jefe de familia, es la mujer la que proporciona la única fuente de ingresos.

El trabajo post-fordista es un trabajo feminizado. Es innegable que la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo ha ido creciendo cada vez más y también ha crecido el nivel de su cualificación. Se trata del resultado de un proceso que empezó a producirse a mediados de los años setenta, cuando para muchas mujeres, el acceso al mercado laboral se tradujo en la negativa a aceptar el peso del trabajo consiguiente a la reproducción, sin que éste les fuera reconocido. Hubo muchas que eligieron no tener hijos y rehusaron aceptar un destino decidido por otros. Y sobre todo, crearon, ya desde entonces, un modo propio de estar dentro del mercado laboral. (Vantaggiato, 2001)[13]

De este modo empieza a resquebrajarse ese orden social que confiaba a las mujeres gran parte del trabajo de reproducción, sobre el que se apoyaba todo el sistema productivo y social fordista,  un sistema, evidentemente hecho a imagen y semejanza del hombre: es el modelo social de la reproducción doméstica y familiar, separada de la producción de mercancías, el que permite a la sociedad fabril extenderse y conservarse. Probablemente deba verse en la ruptura de ese orden una de las causas que determinaron la crisis (irreversible) de la sociedad  fordista;  cuando las mujeres iniciaron sus demandas por incorporarse al ámbito laboral y  expresaron su voluntad de aportar al mercado sus capacidades, su inteligencia y profesionalidad. (op.cit.)

Por una parte, las funciones tradicionales ligadas a la casa, a la familia, cocinar, organizar, vestir ya no tienen el poder de predeterminar el destino de una mujer, probablemente como consecuencia de los movimientos de reinvidicación femeninos; los trabajos de cuidado ya no son barreras que impidan el acceso al mundo laboral pagado, si una mujer desea entrar en él. Por otra, cuidar de la familia, imponer la autoridad en la casa enseñar en la escuela, enseñar a relacionarse son formas que muchas mujeres aceptaron en el pasado y todavía mantienen, a veces transformadas en empleos retribuidos, cada vez más convencidas de lo que hacen o, en algunos lugares, para que no haya un descenso rápido hacia condiciones de vida inaceptables.

Otros autores, sin embargo, cuestionan esta mentada independencia  considerando que se define en términos de libertad la dependencia del mercado, sea de mercancías o de trabajo. La relación social mediatizada por el dinero se presenta como relación entre cosas y libera de la necesidad de mantener una relación personal. Desde esta perspectiva, en la cultura moderna se definiría la libertad (independencia) en términos de contrato: la libertad nacería  cuando es posible escapar de los vínculos familiares, profesionales, religiosos que, en las sociedades tradicionales ponían al individuo en un orden social, vinculándolo a su origen. El dinero permite vivir la interdependencia (que, con el progreso de la división del trabajo y el desarrollo tecnológico es cada vez más vinculante), como si fuese una independencia absoluta, en cuanto que el carácter personal de la relación parece completamente insignificante, y en muchos casos efectivamente lo es. (Longobardi,G. 2001)[14] 

Por el contrario, para otros, la libertad no está en la posibilidad de inserción al mercado, sino en la posibilidad de optar, es decir, no en  asimilarse al hombre sino en establecer diferencias entre las mujeres, entre unas que ven al trabajo como una ocasión de libertad y otras que desconfiando de la mediación social del trabajo, debido al riesgo de ser homologadas con el hombre, optan por la permanencia en la unidad familiar. En este sentido, el acceso de las mujeres a la esfera pública del mercado y del trabajo quedaría en riesgo de quedarse en una conquista sin consecuencias ( o incluso en una falsa conquista) si el trabajo no va acompañado de la acción simbólica.  (Tommasi,W. 2001)[15]

En este sentido, las modificaciones no serían sólo producto del mercado, sino también el resultado de la libre actuación de la mujer, es decir, resultado de cambios de orden social y cultural.



NOTAS

[1] Este artículo presenta datos referidos a una investigación financiada por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNNE.

*Ana María Pérez - Psicóloga social y Master en Ciencias sociales. Investigador de CONICET. Profesor Titural de la Universidad Nacional del Nordeste. Av. Italia 434. 3400. Corrientes. Argentina. amperez@unne.edu.ar

[2] Lyotard, 1989: La condición pos-moderna, Madrid: Cátedra.

[3] Lipovetsky, 1990: El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas. Barcelona: Anagrama.

[4] Baudrillard, 1987: Cultura y simulacro. Barcelona. Anagrama.

[5] Baudrillard, 1984: Las estrategias fatales. Barcelona: Kairós.

[6] Guerra, Elda, 1988: El trabajo de las mujeres: modelos interpretativos para comprender el presente e imaginar el futuro. En sociología del Trabajo, nueva época, nº 3, pp. 3/5

[7] Neffa, J.: Introducción. En Neffa (comp.)  Nuevo paradigma productivo, flexibilidad y respuestas sindicales en América Latina.  II Reunión de la Red Franco-Latinoamericana "Trabajo y Tecnologías",1994;

[8] Beccaria, L.: Estabilización, reformas y el mercado de trabajo urbano en Argentina. En Castronovo, R. (comp.) Integración o desintegración social. Buenos Aires. Espacio Editorial, pp.25/54; 1998;

[9] Castel, R., 1997: La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Buenos Aires: Paidós.

[10] CEPAL, 1997: Panorama social en América Latina, 1996. Santiago de Chile.

[11] Bourdieu, P., 1998: La distinción. Madrid: Taurus.

[12] Bourdieu - Passeron, 1998: La reproducción Barcelona: Laia

[13] Vantaggiato, Iaia: "El tiempo que me queda". Relación entre el tiempo de la necesidad y el de la libertad. En  Buttarelli, A. - Muraro, L. et alt. : Mujeres. Una revolución inesperada.Madrid: Narcea, 2001.   

[14] Longobardi, Giannina: Qué valor tiene el dinero?. Significado de las relaciones femeninas y su resistencia al capital. En Buttarelli, A. - Muraro, L. et alt., op. cit.

[15] Tommasi, Wanda: El trabajo, entre la necesidad y la libertad. Sentido del trabajo para quien lo ejecuta. Buttarelli, A. - Muraro, L. et alt.


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