Especial NAyA 2003 (version en linea del cdrom)

APROXIMACIÓN A LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO EN VENEZUELA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

GRACIELA HERNÁNDEZ·

RESUMEN

Este artículo es el resultado de una investigación preliminar acerca de la actividad de conservación arqueológica en Venezuela, analizada a través de la práctica de la disciplina en el país. Como punto de partida, se tomaron las tres vertientes consideradas esenciales en este tipo de conservación: la de los bienes inmuebles, la de los bienes muebles y la educativa; asimismo, ellas fueron analizadas en relación a la legislación nacional correspondiente a la salvaguarda del patrimonio cultural. Fueron identificadas dos etapas de la conservación del patrimonio arqueológico en Venezuela a través de la historia de su ejercicio: la primera (comprende desde finales del siglo XIX hasta las décadas de los 70 y 80 del siglo XX), caracterizada por investigaciones orientadas a la adquisición de nuevos conocimientos y no a la conservación de los objetos que los produjeron; y la segunda (a partir de los años 80 del sigloXX), en la que se observa el surgimiento de la conservación arqueológica, gracias a la creación de museos regionales, al desarrollo de investigaciones post-hispánicas y a la presencia de la arqueología en la ley de defensa del patrimonio cultural.

RESUMO

Este artigo é o resultado de uma pesquisa preliminar sobre as atividades de preservação na arqueologia venezuelana, analisadas pela prática da disciplina no país. Como pontos de partida, foram pegos três itens considerados essenciais na preservação arqueológica: os bens imóveis, os bens móveis e os aspectos educacionais; também, eles foram analisados em relação à legislação nacional correspondente à proteção da herança cultural. Foram identificadas duas fases da preservação do patrimônio arqueológico na Venezuela, segundo a história do seu exercício. A primeira (de final do século XIX até as décadas de 70 e 80 do século XX) esteve caracterizada pelas pesquisas orientadas para a aquisição de conhecimentos novos, e não para a conservação dos objetos que os produziram. E a segunda (a partir dos anos 80), na qual se observa o surgimento da conservação arqueológica, devido, em parte, à criação de museus regionais, ao desenvolvimento de pesquisas sobre assuntos pós hispânicos e à presença da arqueologia na lei de defesa da herança cultural.

ABSTRACT

This paper is the result of a preliminary research about the activities of preservation in the Venezuelan archaeology, analyzed through the practice of the discipline in the country. As starting points, they were took three items considered essential in the archaeological preservation: the unmovable goods, the movable goods and the educational aspects; also, they were analyzed in relation to the national legislation corresponding to the safeguard of the cultural heritage. Two stages of the archaeological patrimony preservation were identified in Venezuela, through the history of their exercise. The former (from final of the XIX century, until the decades of the 70’s and 80’s of the XX century) was characterized by investigations guided to the acquisition of new knowledge and not to the conservation of the objects that produced it. And the latter (starting from the 80’s), in which it is possible to observe the emergence of the archaeological conservation, thanks, partially, to the creation of regional museums, the development of researches in post-Hispanics themes and the presence of the archaeology in the law of defense of the cultural heritage.

La conservación del Patrimonio Arqueológico en sus tres formas esenciales, en cuanto a bienes inmuebles, en cuanto a bienes muebles y en cuanto a educación, así como en sus dos contenidos básicos, la prehispánica y la post-hispánica, es un tema complejo y diverso pues presenta limitada bibliografía en relación a la producción intelectual como consecuencia de las investigaciones de los objetos de estudio.

Es por ello que el presente tiene como fin realizar una aproximación  reflexionada a la labor conservativa del Patrimonio Arqueológico a través de la historia de esta disciplina en Venezuela; lo cual de una u otra forma, se apoya en percepciones y experiencias personales.

De ninguna manera el objetivo que se persigue es juzgar la práctica que se ha venido realizando, pues ésta debe ser vista en su justa medida y en función a un contexto más amplio. Las próximas líneas hacen referencia a la labor arqueológica y a la legislación relativa a la protección del Patrimonio, ambas bajo la óptica de las tres formas de conservación y sus dos contenidos básicos:

1) el de los sitios arqueológicos o la de los bienes inmuebles, entendiéndose por éstos no sólo a los yacimientos que contienen arquitectura sino igualmente, los sitios prehispánicos por su naturaleza inamovible como contexto.

2) el de los objetos o bienes muebles, particularmente dedicado a las piezas recuperadas en las labores de campo ya sean prospecciones, recolecciones y/o excavaciones sistemáticas.

3) el de la educación, un fenómeno relativamente nuevo en la arqueología, pero que indudablemente representa uno de sus grandes objetivos como ciencia social.

Un balance de estas tres actividades conlleva a la conclusión de que a lo largo de la historia de la experiencia arqueológica en Venezuela, ha sido la primera, o sea la preservación de los sitios, a la cual mayor atención se le ha prestado tanto a nivel legal como al de las investigaciones académicas; sin embargo no se puede negar que en lo relativo a la conservación de los bienes muebles y a la educación, existen legislaciones que las atañen y además se han venido realizando esfuerzos.

A fin de contextualizar un poco todo lo referente a estas tres formas, es importante tener en cuenta el desarrollo de la Arqueología en Venezuela, incluyendo no sólo el ejercicio de campo y laboratorio, sino la legislación que desde hace más de 50 años existe con relación a ello.

Según varios autores (Meneses, 1992; Molina, 1990) en Venezuela las labores con interés científico comienzan a finales del siglo XIX y principios del XX, aunque no debe olvidarse que los orígenes de esta práctica generalmente provienen del coleccionismo, el cual en Venezuela fue y es una actividad común no  registrada con suficiente atención.      

Desde principios del siglo XX hasta la década de los años 30 la concepción positivista se presenta como la ideología oficial y es dentro de ésta donde se enmarcan las primeras investigaciones antropológicas e históricas, con una metodología basada en la observación e inducción, entre sus exponentes se cuentan Vicente y Gaspar Marcano, Lisandro Alvarado, Adolf Ernst, Julio Salas y Rafael Requena, entre otros, quienes se dedicaron a recopilar información del Centro y los Andes del territorio venezolano (Meneses, 1992; Molina, 1990).

Posteriormente para la década de los años 1930 y 1940, se llevan a acabo los primeros trabajos de campo sistemáticos con estudiosos extranjeros como Cornelius Osgood, Alfred Kidder II y George Howard, la formación académica de estos arqueólogos introduce en el país técnicas y recursos de excavación que permiten rigurosidad, sus investigaciones se concentraron nuevamente en las zonas de Valencia, los Andes y el río Orinoco (Meneses, 1992; Molina, 1990).

Vale destacar aquí que, tanto los resultados de los estudios como los objetos en sí mismos fueron llevados en muchas ocasiones al exterior, retornando los primeros muy posteriormente, mientras los segundos en la mayoría de los casos jamás lo hicieron. Esto se convirtió en una práctica común no sólo en Venezuela sino incluso en toda Latinoamérica, así podemos observar en la actualidad colecciones arqueológicas muebles en muchos museos del mundo sobre los cuales el país de origen no tiene poder.

Ya para 1950 José María Cruxent empieza a jugar un papel fundamental, pues él se dedica a organizar y ampliar los datos de toda Venezuela, ofreciendo así una visión general del pasado del país, aun hoy en día su investigación publicada con el título Arqueología Cronológica de Venezuela junto Irving Rouse (escrito en 1958), es referencia obligada en los estudios de esta naturaleza.

Otra personalidad importante que inicia sus labores antropológicas y arqueológicas durante esta década es Miguel Acosta Saignes (Meneses, 1992), quien junto a J.M. Cruxent, Walter Dupouy, Adelaida Díaz Ungría y otros, conformaron el grupo de fundadores-docentes de la Escuela de Sociología y Antropología de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.) (Gasson, 1990); así es durante esos años que comienzan a formarse los primeros Antropólogos en Venezuela y además también se crea el Departamento de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas en el año de 1959 (I.V.I.C.) (Zucchi, 1978).

Es en estas dos instituciones, el I.V.I.C. y la U.C.V., donde se concentra la actividad arqueológica, aunque paralelamente se crean Museos Regionales (Molina, 1990) como el Museo Arqueológico de Quibor en el Estado Lara y el Museo Arqueológico Gonzalo Rincón Gutiérrez en el Estado Mérida, entre otros.

Posteriormente, desde hace 30 años aproximadamente, se han identificado dos épocas, en primera instancia una en la cual prevalecen los planteamientos funcionalistas para la explicación de los procesos histórico-culturales, y en segunda, el uso del materialismo histórico y posteriormente la arqueología social; sus comienzos se identifican con la publicación de Antiguas Formaciones y Modos de Producción Venezolanos de Mario Sanoja e Iraida Vargas (1974), pero también simultáneamente hay otra línea de investigación originada por Cruxent (Meneses, 1992).

Lo anterior se refiere, a grandes rasgos, a los aspectos teórico-metodológicos que se han empleado a lo largo de la historia de la Arqueología en Venezuela y en    general aluden las labores que tenían como objetivo el estudio de las sociedades prehispánicas; mas es importante tener en consideración que, en menor medida, también se han realizado investigaciones de periodos posteriores al contacto (podríamos denominarlos como arqueología colonial o republicana según el caso).

La atención dirigida hacia estas labores es relativamente reciente, probablemente la primera de ellas sea la realizada en la isla de Cubagua (Estado Nueva Esparta) por Cruxent:

"... Los trabajos de excavación se intensificaron hasta delimitar el trazado de la ciudad, explorando intensivamente numerosos recintos y recuperando restos arqueológicos diversos, en lo concerniente a su materia prima de fabricación como a su función, su intervención incluye una " reconstrucción" y "estabilización", este ultimo corresponde a un intento de consolidación de las ruinas que hemos podido saber que fue con mortero de cemento portland..." (Molina, 1994).

Aunque la excavación en los Castillos de Guayana (Estado Delta Amacuro) es considerada como el primer plan de envergadura (Molina, 1991). Ya durante las décadas de los 70, 80 y 90 del siglo XX se produce en la arqueología colonial y republicana un auge con las excavaciones en las ruinas de la Misión de Buría (Estado Lara), la Hacienda La Floresta (Estado Miranda), la Catedral de Caracas (Distrito Federal), el Teatro Municipal (Caracas, Distrito Federal), el Palacio Federal Legislativo (Caracas, Distrito Federal), el Convento de San Francisco actualmente Palacio de las Academias (Caracas, Distrito Federal). la Escuela de Música José Ángel Lamas (Caracas, Distrito Federal), la Iglesia de Macarao (Caracas, Distrito Federal), la Casa Mendoza (Caracas, Distrito Federal),  el Cuartel San Carlos (Caracas, Distrito Federal), el poblado de San Antonio de Mucuño (Estado Mérida), la Fortaleza de San Carlos de la Barras (Estado Zulia), el Teatro Baralt (Estado Zulia),  etc.   

La importancia de los estudios arqueológicos en edificaciones históricas radica en que ello posibilita la obtención de datos que la información escrita no proporciona, los ejemplos son la reconstrucción de la vida cotidiana, donde está implícito lo económico, lo social y lo político del grupo que se desenvolvía en tal tiempo y espacio y además, los aspectos constructivos no reseñados por medio de la documentación.

Algunas las de investigaciones mencionadas arriba, además han contribuido en la realización de proyectos de restauración, una vertiente de las actividades arqueológicas estrechamente ligada a la conservación; sin  embargo ha sucedido en reiteradas oportunidades que los resultados arrojados han sido obviados, o que el trabajo de campo se ha ejecutado posterior al proyecto de restauración.

Como bien mencionan Sanoja, et. al.  en relación a esto:

"...los proyectos de este tipo han tenido, en general, un objetivo efectista y formal. Se tiende a reivindicar la forma, pero no el contenido, de manera que la intervención del restaurador se queda en la periferia del hecho histórico...cortada de los significados y significaciones que le confiere a un monumento el ser resultado de una acción social consciente, reflejo de las circunstancias y las coyunturas históricas que se objetivan en la realidad, en la vida cotidiana domestica o publica de las comunidades humanas." (Sanoja, et al., 1994:xviii).

De una u otra forma ha sido generalizada la práctica arqueológica desvinculada de la restauración del edificio, las excepciones, y lo que parece ser la tendencia actual, es la inserción y valoración de estos estudios en casos recientes como el Palacio Federal Legislativo, el Teatro Municipal, la Casa Mendoza y el Convento de San Francisco, donde las excavaciones se han realizado antes de la formulación del proyecto, durante una etapa de diagnóstico.

Todo lo anterior es ilustrativo para demostrar que en la gran mayoría de las oportunidades, la labor arqueológica ha estado signada en Venezuela por la investigación del objeto de estudio como fuente de información para la reconstrucción histórica, teniendo en el mejor de los casos la conservación un plano secundario. Sin embargo, la legislación ha sido más explícita en relación a ello.

En cuanto al papel que ha jugado el Estado en la conservación del Patrimonio Arqueológico, debe destacarse que su función se ha reducido al mantenimiento de algunos Centros de Investigación, incluyendo a los Museos, y de los Centros de Formación Académica.

En lo relativo a la legislación, el antecedente más antiguo lo ubica Molina (1990) en el año de 1914 cuando

"...Gil Fortoul,... Presidente del Consejo Encargado de la Presidencia de la República... (emitió un) decreto (donde) se prohibía la negociación y salida del país de tales bienes (artísticos e históricos) y se previa su compra por parte de la nación o su custodia en manos de particulares, de acuerdo al interés que el Gobierno tuviese en ellos." ( Molina, 1990:75).

Luego en 1945 se promulgó la Ley de Protección y Conservación de Antigüedades y Obras Artísticas de la Nación; con lo cual se intentaba proteger expresamente a los sitios de su posible destrucción y además se continuaba la idea de prohibición de comercio de los objetos arqueológicos; infortunadamente esta Ley no fue cumplida a cabalidad, por lo cual de forma alternativa surgieron diversos Decretos Municipales y Estatales para el resguardo del Patrimonio a nivel regional.

En general se puede sostener que la legislación relativa al Patrimonio Arqueológico ha tendido hacia la imposibilidad de asegurar su real conservación, ya sea por la propia formulación donde hay evidentes lagunas, por el incumplimiento de las leyes y/o por la ausencia de reglamentos.

En la práctica no ha existido una política de Estado para la formación de arqueólogos especializados en la conservación, ni un soporte económico coherente para la investigación y aunque en la actualidad la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural (1993) contempla diversos aspectos -incluyendo la creación de una Dirección de Conservación Arqueológica en el Instituto de Patrimonio Cultural- aun hoy se carece de suficientes experiencias y conocimientos.

Indiscutiblemente el Estado venezolano ha dado un paso hacia delante con la promulgación de la nueva Ley de Patrimonio y la creación del Instituto del Patrimonio Cultural, pues ellos sientan bases más estables.

Lo expuesto hasta el momento permite aproximarse a una idea de cómo ha sido la labor de conservación arqueológica en Venezuela desde dos puntos de vista fundamentales como son, la práctica investigativa y la legislación.

A pesar de ello, no puede obviarse el papel de los Museos en ese ámbito, que se orientan sobre todo a la labor de protección de objetos y a la educativa. Como se mencionó arriba, paralelamente a las labores de campo y análisis en la arqueología, se han creado entes regionales a cargo de la tutela de las colecciones muebles, en parte como consecuencia de la ineficacia de las políticas nacionales, por lo cual también han surgido legislaciones Municipales y Estatales.

A fin de ilustrar se decidió escoger el caso del Museo Arqueológico de Quibor, en parte por la presencia de bibliografía relativa a su funcionamiento, a su perfil. Durante la década de los años 1960 se crea el Centro Científico de Investigaciones Antropológicas y Paleontológicas, bajo la dirección del Ant. Adrián Lucena, posteriormente, a partir de 1981 el Centro se convierte en el  Museo Arqueológico de Quibor, dirigido en ese momento por el Ant. Luis Molina (Salazar, 1992).

Actualmente el perfil de esta institución museística es relativamente amplia pues cuenta con investigadores en  antropología  y restauración (básicamente arqueológica).  Como Centro de Conservación se dedica a la custodia, rescate y conservación del Patrimonio Cultural y Paleontológico del Estado, ello en parte se presenta como obligación por el Decreto 118 (6-4-83) de Protección de Sitios Arqueológicos, Paleontológicos, e Históricos; formalmente incluye un laboratorio de restauración donde se llevan a cabo actividades de investigación y diagnóstico (Salazar, 1992).                   

Por otra parte hay un aspecto considerablemente importante que es, la participación de la colectividad. Este Museo incluye actividades donde la intervención comunal es intensa y ello se ha traducido en la constitución de la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Quibor que tiene como objetivos velar por la protección y rescate tanto del Museo como de los sitios arqueológicos, a su vez como consecuencia se creó el grupo de Protección y Rescate Wachakaresai (Salazar, 1992).

Esto, de una u otra forma, refleja la concepción integral de preservación que se maneja en esta institución y también las labores educativas que incluyen a los pobladores, la integración de la comunidad, que es un aspecto fundamental para alcanzar resultados apropiados en las labores conservativas.

Igualmente a nivel educativo se cumplen labores específicas concibiendo al Museo como un ente dinámico y abierto a la colectividad, lo cual se demuestra con la organización de actividades de diversa índole que van desde charlas, conferencias, proyección de audiovisuales, conciertos, cursos y difusión de los resultados de las investigaciones.

Un ejemplo es el Taller Escuela Miguel Giménez, que se dedica a la formación de artesanos ceramistas, sobre todo a la producción de réplicas prehispánicas con técnicas y estilos tradicionales (Salazar, 1992), lo cual evidentemente influye en el afianzamiento de las raíces culturales de la región.

A manera de conclusión hay varios puntos que merecen ser resaltados:

1) a grande rasgos se pueden identificar dos etapas generales en la conservación del Patrimonio Arqueológico a través de la historia de su ejercicio en Venezuela:

- el primero se ubicaría desde finales del siglo XIX hasta aproximadamente la década de los 70-80 del siglo XX, este período está signado por una legislación que presenta inmensas lagunas y una puesta en práctica casi inexistente, es durante este tiempo cuando en el país se llevan a cabo investigaciones que se concentran sólo en la adquisición de nuevos conocimientos y no en la conservación material de los objetos que los produjeron, fue y aun es común que los restos de cultura material recuperados tengan como destino final, después de la publicación de los resultados,  su  traslado  a  museos  extranjeros,  o  su almacenamiento en áreas no aptas para su conservación idónea, por otra parte muchos de los sitios han tenido un destino parecido, que en muchas ocasiones ha conllevado a su destrucción o en el mejor de los casos, su preservación se ha debido al recelo de los arqueólogos en cuanto a su ubicación geográfica.

- La segunda etapa, que recién comienza, consiste básicamente en un auge en la conservación arqueológica (en comparación con la etapa anterior), ello posiblemente se deba entre otras causas a la creación de Museos regionales que cuentan entre sus objetivos la protección de los bienes arqueológicos y además, las investigaciones hispánica, que de alguna manera han contribuido a tomar conciencia acerca de la preservación de este Patrimonio y consecutivamente del prehispánico, ello a ocurrido tanto a nivel de Estado como en el ámbito antropológico. Todo  esto a su vez, a parte de otros aspectos, ha traído como consecuencia el peso específico que posee la Arqueología en la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural de 1993. Evidentemente, y como ya se mencionó, se trata de un período que recién comienza, por lo cual hacer un análisis exhaustivo de él presenta dificultades, pues los sucesos aun están en proceso.

2) En cuanto a las tres formas de conservación del Patrimonio Arqueológico que se han identificado, debe destacarse de manera muy general que actualmente tanto la protección de los sitios como las labores educativas se encuentran en proceso, hay un evidente trabajo en relación a ellos, lo cual se debe en parte porque ameritan la presencia de conocimientos antropológicos por parte de quienes las llevan a cabo, mientras que en cuanto a al conservación de los bienes muebles, la formación del arqueólogo en Venezuela nunca ha estado relacionada directamente con ella, la falta de educación formal en lo relativo a los materiales y preservación es evidente y se observa en todas las etapas del proceso, es decir, desde su recuperación en un contexto, pasando por su traslado y manipulación en el laboratorio, hasta su almacenamiento.

En otras palabras ha habido una tendencia hacia la conservación del conocimiento arqueológico, lo cual es absolutamente válido, pero a la vez se ha obviado la de los objetos que la produjeron.

BIBLIOGRAFÍA

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1978 ZUCCHI, Alberta. Palabras leídas en el Acto Académico del 11 de febrero de 1976. En : Unidad y Variedad. Departamento de Antropología. Instituto de Investigaciones Científicas. Editores Erika Wagner y Alberta Zucchi. Caracas.



· Antropólogo, Magíster Scientiarum en Conservación y Restauración de Monumentos. Ejercicio libre de la profesión. E.mail: gracielah7@hotmail.com


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