
Publicación del Centro de Investigaciones Precolombinas (CIP) - ISSN 1515-2804
CIP- Centro de Investigaciones Precolombinas

María Laura Gili2
En el curso de la segunda mitad del siglo XX las ciencias sociales se presentaron con nuevos interrogantes a sus problemas de investigación y estudio tradicionales. El cambio producido en el seno de las mismas estuvo acompañado por el contexto internacional dado por el reordenamiento político mundial tras la finalización de la segunda guerra mundial, el transcurso de la guerra fría y la política de bloques entre Oriente socialista y Occidente capitalista sumados al ingreso a políticas de mundialización más conocidas como globalización, con un notable crecimiento en el intercambio de bienes, trabajadores, capitales, valores y mensajes (Petras, 1995).
En dicho contexto los diferentes campos disciplinarios debieron volver a reflexionar sus temas centrales procurando responder a nuevos cuestionamientos. Algunos de ellos implicaron acudir a la ética aplicada. La antropología fue una de las áreas más afectadas por el establecimiento de criterios éticos dada la naturaleza de su campo de estudio. En ella, los problemas más característicos se relacionan a situaciones de conflicto moral entre los diferentes actores sociales que la conforman: científicos, sociedad civil/nacional, grupos étnicos, constituidos así en sujetos morales. Se entiende por sujeto moral a todo aquél grupo social existente en condiciones culturales, sociales, psicológicas e históricas determinadas, con una identidad estructurada narrativamente en medio de las tensiones propias de sociedades históricamente constituidas.
Moral y ética son así los dos términos claves a considerar y definir. Lo moral se refiere a los acontecimientos, a los valores concretos puestos en práctica en cada sociedad. La ética, por su parte estudia las acciones morales a partir de los principios que las orientan; es su tarea realizar aportes a la organización de la praxis social. Ahora bien, las disciplinas pioneras en abordar temas propios a sus campos de trabajo desde la ética aplicada han sido la medicina (bioética), la economía y la ecología. Las ciencias sociales solo se han acercado en las últimos años al abordaje de sus problemas de estudio con criterios de ética aplicada y, en el caso de la antropología, por el redimensionamiento de la cuestión étnica y la constitución de las comunidades aborígenes en actores políticos en el seno de cada estado, siendo evidente en el caso latinoamericano donde van en aumento los casos de referencia (Acuerdos de Paz de Guatemala, 1996; Ejército Zapatista de Liberación Naconal (EZLN), Chiapas, 1995; Mapuches, Chile).
Para las ciencias sociales los planteos éticos suponen cuestionamientos permanentes sobre:
1- el tipo de sociedad que se quiere construir;
2- la práctica profesional y su relación con el colonialismo científico, el cual significa la reproducción de situaciones coloniales derivadas de la división internacional de la producción, presentando cursos con contenidos de interés europeo más que regionales y locales, aumentando con esto la hegemonía occidental en lo académico.
Nuestra propuesta se orienta a incentivar ideas de compromiso y responsabilidad social, cultural y política entre los profesionales de las ciencias sociales en orden a sus producciones de conocimiento. En contexto latinoamericano, significa tener en cuenta el curso de las propias historias nacionales con sociedades civiles dirigidas por los sectores hegemónicos que en cada período histórico han ejercido y ejercen dominación de clase; con culturas nacionales actuales atravesadas por situaciones de alineación y opresión padecidas por los sectores subalternos; y por problemas de identidad cuya definición implica momentos históricos precisos y sociedades clasistas. En términos de ética aplicada, se trataría de respetar los ethos particulares y distintos que integran cada comunidad procurando evitar la denominada colonización del saber (Becker, 1993) que ocurre cuando desde algún sector se dictamina:
- en qué ámbito se debe producir conocimiento (ámbito académico-científico);
- cómo se deben discutir los temas de investigación (método hipotético deductivo o el propio de las ciencias naturales);
- qué se debe discutir (temas alejados del interés local/regional);
- la imposición de la ciencia y el conocimiento científico como única instancia de saber, desconociendo y desautorizando los saberes mítico, religioso y étnico, que han demostrado peso comunitario y social con largas tradiciones de existencia.
En éste último sentido, la ciencia moderna generó un saber técnicamente utilizable y esto la convirtió en fuerza productiva. El avance de dichos conceptos en tiempos de capitalismo tardío o de Estado mínimo, da paso a una forma de Estado regulador del antagonismo entre clases sociales, estableciendo políticas de compensaciones para mantener el conflicto social en estado latente; al mismo tiempo se agudiza la formación de grupos privilegiados y grupos subprivilegiados. En el caso de los primeros, se caracterizan por imponer una conciencia basada en la técnica y la ciencia como nueva ideología (conciencia tecnocrática) que reprime la eticidad como categoría de vida y propicia un sistema educativo que favorece la no-narración de la historia con el objeto de generar identidades autoreferenciadas que ignoren el proceso histórico, la propia cultura y las proyecciones de ambas entre quienes conforman el segundo grupo mencionado.
Por esto, consideramos que adquieren relevancia y mayor valor los gestos de responsabilidad y compromiso entre científicos e investigadores sociales para recuperar y poner en escena el bagaje de elementos materiales y simbólicos que constituyen y alimentan el humus de las tradiciones (Puiggros, 1995) de cada comunidad. Ante todo adquiere relevancia ética el rescatar la memoria de los otros definitivamente callada por el paso del tiempo; en éste sentido es más que recuperar la memoria, se trataría de ponerla al alcance de toda la sociedad, transformando el conocimiento del pasado en patrimonio histórico y cultural en permanente interpelación.
En el debate académico actual de la antropología contemporánea, se presentan textos sobre derechos de investigadores e investigados, sobre responsabilidades y compromisos con los otros que han perdido la posibilidad de ser escuchados y/o expresar sus ideas por haber desaparecido en el tiempo o por ocupar espacios sociales subalternos. Aquí, el patrimonio cultural se manifiesta, además, como un espacio para el análisis transdisciplinario entre la antropología, arqueología, historia, filosofía, política, educación y demás ciencias sociales.
A los científicos sociales, como expresáramos con anterioridad, por la naturaleza de sus trabajos y áreas de estudio, en ocasiones les corresponde hacer elecciones valorativas, asumir opciones entre valores incompatibles. Además de ser su deber profesional (por las actuales condiciones de producción de conocimiento en contexto latinoamericano o de países periféricos), respetar, proteger y promover los derechos y el bienestar de todos aquellos afectados por su trabajo y el resultado de éste, es decir se trata de asumir responsabilidad hacia las personas cuyas vidas y culturas son estudiadas.
Frente a ésta situación, el patrimonio cultural material (monumentos arquitectónicos, sitios arqueológicos, objetos, etc.) y simbólico (saberes populares, tradiciones, mitologías, etc.) aparece como un problema científico atravesado por la política y la economía en tanto lo cultural es utilizado como un bien que reproduce el sistema. Por esto, conservación, preservación y divulgación de lo patrimonial, son actividades impregnadas de ideología e insertas en prácticas políticas concretas e históricas. Como ya lo señalamos, en el debate académico contemporáneo se presentan y elaboran textos sobre derechos de investigadores e investigados, sobre responsabilidades y compromisos en cuanto criterios éticos a aplicar en el desarrollo de las diferentes prácticas profesionales. Nosotros proponemos acentuar la puesta en atención pública, política y académica, el derecho de los investigados y esto por las particulares condiciones sociales y cotidianas latinoamericanas, agudizadas en su proceso histórico y en su realidad. En éste sentido, las diferentes instancias de aproximación a las comunidades nativas de Amazonía Peruana, en el Departamento de Loreto, han contribuido, en lo personal, a generar la construcción de un pensamiento social mucho más cercano y sensible a situaciones de marginalidad y con una lectura de la realidad a partir del compromiso real científico y académico, social y político que, consideramos, debe asumir todo trabajador de las ciencias sociales en nuestro contexto de países periféricos o de economías emergentes, cada vez más ligado a situaciones de explotación y colonialismo científico y político-económico.
Visto en términos de Karl Otto Apel, se trataría de observar y atender a las necesidades humanas, en tanto exigencias comunicables interpersonalmente, y, por lo tanto, éticamente relevantes, a todas aquellas instancias que se puedan comunicar mediante argumentos (Apel 1985). Esto implica además, la destradicionalización la cual supone quebrar el criterio de autoridad de los discursos hegemónicos, implica que permita llevar todo tema de investigación y discusión de criterios éticos (Kettner 1993), al terreno permanentemente inestable de la argumentación, mediante la implementación de un proceso de aprendizaje colectivo y comunitario. En esto radica la razón comunicativa en la propuesta de la ética dialógica: el estar dispuestos a dar razones y argumentos en cada ocasión, construir criterios en forma dialógica (ya no monológica, forma característica de la modernidad), redefinir principios en el diálogo, en un marco de relativismo cultural. Creemos que el estudio del patrimonio cultural, en algunas de éstas perspectivas, favorecería la realización de una sociedad más plena y justa, a partir de praxis profesionales más comprometidas con el entorno social de producción de conocimiento científico.
Apel, K. O.1985 (1973).El a priori de la comunidad de comunicación y los fundamentos de la ética. El problema de la fundamentación racional de la ética en la era de la ciencia. Ed. Crítica. Barcelona.
Becker, J.1987. Comunicación y paz. Las relaciones empíricas y teóricas entre dos categorías de las ciencias sociales. Ed. Análisis.Bellaterra.
Kettner, M. 1993. Idealización y acción completa. Problemas de determinación de modelos de la Etica Aplicada. Actas XVI Congreso de la Sociedad Alemana par la Filosofía. Berlín. Alemania.
Puiggros, A.1995.Volver a educar. El desafío de la enseñanza Argentina a finales del siglo XX. Ed. Ariel. Buenos Aires.
Petras, J.1999. Ciclo de conferencias en la Argentina. Revista Herramienta. Buenos Aires.
[1] El presente artículo corresponde a la conferencia pronunciada por la autora en la ciudad de Iquitos el 16 de febrero de 2001 en la sede e la Universidad de la Amazonía Peruana, en el marco del Seminario “Los Andes antes de los Inka: Pueblos de la Selva”
2 El tema a desarrollar en la presente conferencia, se corresponde con estudios y formación de postgrado, iniciada en 1995 con el cursado de la Maestría en Ética Aplicada que se dictara en la Universidad Nacional de Río Cuarto hasta 1997. El problema en análisis, el patrimonio cultural nos interesa a partir del estudio de la arqueología regional transformada en patrimonio arqueológico-cultural y expuesta a los intereses de los diferentes sectores sociales y políticos que sienten tener derechos de decisión sobre la cultura material regional.