ANTI SUYU: Una de las cuatro partes del Perú / ANTI: O anteruna, el indio hombre de los Andes   

Publicación del Centro de Investigaciones Precolombinas (CIP) - ISSN 1515-2804

CIEN AÑOS DE PRESENCIA AGUSTINA EN IQUITOS

María Victoria Fernández

Introducción

El 1 de marzo de 2001 se cumplió un centenario de la presencia de la Orden Agustina en Iquitos. Cumplir cien años, es ocasión propicia para hacer un poco de historia sobre el accionar pastoral de la orden antes mencionada.

El presente trabajo trata de reflejar la acción pastoral desplegada por la Órden de los Agustinos Recoletos en Iquitos, Provincia de Maynas, Departamento de Loreto, Perú, durante el siglo XX en un ambiente que a su arribo les fue hostil. También hará referencia al contexto histórico en que estos religiosos arriban al Oriente del Perú. A este momento lo denominaremos “segunda entrada misionera” (siglo XX) (Fernández, 2001). Según el P. Joaquín García Sánchez, este proceso puede sintetizarse en cinco ítems: doctrinal, normativo, económico, político y misionero. Con relación a lo doctrinal puede hacerse referencia al Concilio Vaticano I que habla de una restauración neoescolástica. Con respecto a la segunda etapa (normativa) se estipula una reconquista y restauración espiritual de América. Con relación a lo político, existe una consolidación de los Estados nacionales bajo el modelo liberal. Y en el aspecto misional, entran en escena las denominadas congregaciones modernas, aunque también hay presencia de las antiguas como agentes de evangelización

El objetivo de los religiosos por pedido del Papa León XIII en esta “segunda entrada misionera” (siglo XX), era propiciar la apertura de misiones, en forma urgente, en territorio amazónico peruano. El 25 de diciembre de 1898, este Papa convoca al Concilio Plenario Latinoamericano celebrado en Roma en 1899 bajo un plan de restauración y revitalización de la Iglesia (García Sánchez, 2000). No obstante, los antecedentes de la presencia agustina en territorio peruano se remonta al siglo XVI pero sus intereses, en ese primer momento, al que llamamos “primera entrada misionera” (1542-1769) eran la evangelización y la cristianización. Durante la “segunda entrada misionera” (siglo XX), la Iglesia se propuso reconquistar espacios de poder después del hiato producido entre 1769 y 1901.

En este momento, la resistencia no provenía por parte de los nativos sino del poder civil peruano, que no quería otorgar facultades al Vaticano por considerarlo un poder extranjero. Además, la actividad misional se desempeñó básicamente en el plano educativo, lo cual provocó el rechazo del Congreso del país andino durante los primeros años del siglo XX (García Jordán, 2000).

¿Quiénes fueron los primeros en llegar?

Los primeros misioneros que arribaron al puerto del Callao en diciembre de 1900, llegando a Iquitos en marzo de 1901 fueron: P. Paulino Díaz, P. Pedro Prat, P. Bernardo Calle, P. Plácido Mallo y el Hermano Pío González[1] (Lovera Vásquez, 2000).

A su arribo no fueron bienvenidos. El profesor José Barletti[2] nos comenta en una entrevista realizada en enero de 2001, que Iquitos era, por ese entonces, una ciudad cosmopolita bajo la influencia de los patrones caucheros, quienes no vieron con buenos ojos la llegada de los misioneros porque en esa no existían “salvajes”, y las misiones se debían establecer donde estos últimos existieran. Barletti coincide con lo dicho por el P. Avencio Villarejo cuando se les dio la bienvenida a los misioneros:

“... dándole a entender claramente cuál era la opinión del pueblo ante el hecho consumado de la instalación de una misión, que desde un principio tomaron como un insulto a una ciudad cosmopolita y tan culta como se consideraba entonces Iquitos, pues ellos juzgaban que las misiones solamente se establecían para atender salvajes” (Villarejo, A., 1965:388).

Barletti, agrega que los patrones caucheros tenían “su propio” sacerdote, el P. Correa quien “cerraba los ojos” ante las atrocidades cometidas por los señores del caucho y quienes temían el accionar de los nuevos misioneros.

Época del caucho y el accionar misionero

El avance misionero durante la “segunda entrada misionera” (siglo XX) se produjo a raíz del denominado “escándalo del Putumayo”. El mismo se origina hacia 1896 durante la denominada  “Época del caucho” (1880 – 1914). Julio César Arana, comerciante cauchero, en 1904 constituyó la firma “Arana, Vega y Cía.”. La empresa se expandió, pero hacia 1907 se produjo una baja en los precios del caucho. Debido a esta situación, Arana exigió un aumento de producción que trajo como consecuencia una sobreexplotación de mano de obra indígena provocando una matanza de indígenas. Esta masacre fue denunciada por el ingeniero, viajero y aventurero Walter E. Hardenburg a la revista “Truth” en 1909. El resultado de esa denuncia hizo que: 1) El gobierno británico enviara a Roger Casement, Cónsul en Río de Janeiro, a indagar la situación denunciada.  2) que el gobierno de Augusto B. Leguía nombrara una comisión para investigar el caso precedida por el Juez Rómulo Paredes. 3) que el Vaticano solicitara a Ángelo Scapardini, su delegado en Lima, amplia información sobre los acontecimientos ocurridos en Iquitos (García Jordán, 2000).

Los Padres Agustinos también denunciaron esta situación como lo prueba una de las cartas escritas por el P. Paulino Díaz:

“He venido tristemente impresionado de la precaria situación en que se encuentra... Las diversas tribus de aushiris, sáparos, ninanas, tiracunas, angoteros y piojeses, casi han desaparecido por completo y los pocos que aún quedan se han remontado a lugares inaccesibles, quedando reducida la actual población del Napo a restos de los habitantes de varios pueblos fundados por los padres jesuitas en los afluentes del alto Napo. Estos pueblos han desaparecido...” (Anales de la Propagación de la Fe en el Oriente Peruano, t. VI, entrega primera, 1909:17)

La Iglesia tomó tres resoluciones con respecto al tema. En primer lugar, el Papa Pío X escribió la encíclica “Lacrimabili Statu”[3] donde denunciaba la explotación de los indígenas. En segundo lugar, comisionó al P. Franciscano G. Genocchi a visitar las misiones católicas en América Latina para averiguar la real situación de los nativos. Y en tercer lugar, habilitó una nueva misión en La Chorrera (principal puesto cauchero en el Putumayo) (García Jordán, 2000).

Si la encíclica escrita por el Papa Pío X tuvo que ver o no con la caída estrepitosa del caucho, hay que analizar exhaustivamente las estadísticas. Por ahora, puede decirse que la encíclica causó algún efecto pero no afirmar que dicho documento desencadenó la caída de la citada industria.

Según lo afirman los P. Martínez y García Sánchez  el mencionado documento eclesiástico no acusaba a nación alguna sino que se refería a la situación del indio latinoamericano  (Martínez  y García Sánchez, 1995).

Durante el denominado “boom del caucho”, la Amazonía dejó de ser una zona desconocida y cayó bajo la dependencia del capitalismo industrial foráneo. Comienza a perfilarse una estructura socioeconómica de clases donde el nativo ocupará el estrato más bajo, apareciendo en escena dos actores sociales: el patrón cauchero y el peón cauchero. El primero era un intermediario entre la región amazónica y los capitales ingleses y norteamericanos

“[...] Hombre “aventurero, nómada, temerario, explorador, atrevido, sabio conocedor de los secretos de la selva, capaz de vivir a sus expensas, con sólo su machete, su escopeta y su hacha [...]” (San Román, J., 1995:151)

y el segundo realizaba el trabajo de extraer la savia y prepararla

“[...] Unas veces con el “fango hasta la rodilla” o “con el agua a la cintura”, y otras “pisando espinas”, estaba expuesto a toda clase de peligros: enfermedad (paludismo, fiebre amarilla, etc.), la picadura de víboras o de algún insecto venenoso, y también las flechas envenenadas, etc. [...]”(San Román, J., 1995:153).

Puede afirmarse que se entabló un tipo de “relación feudal”[4] entre el patrón cauchero y el peón cauchero, que es reflejo aunque en otro contexto a la relación “Señor – siervo” de la época medieval. El nativo quedó atrapado dentro de una red de sujeciones donde alcanzan su punto máximo las formas de explotación y dominación. Este nuevo estilo de “relación feudal” tuvo su punto de apoyo en la propiedad, la cual conservaba un matiz individualista. Primero por el interés en lo referente a la explotación de caucho y segundo por la apropiación de tierras. Ambos casos lesionaban los derechos de los grupos nativos, quienes vieron como “los blancos” avasallaban e invadían sus posesiones. Por lo tanto, el nativo, antes “amo” de sus tierras, se redujo a la condición de “siervo”.

A partir de 1911 comienza el declive de la explotación del caucho. Su caída fue estrepitosa, no pudiéndose prevenir sus efectos. Mariátegui al respecto dice:

“La ilusión del caucho. En los años de su apogeo el país cree haber encontrado El Dorado en la montaña, que adquiere temporalmente un valor extraordinario en la economía y, sobre todo, en la imaginación del país. Afluyen a la montaña muchos individuos de “la fuerte raza de los aventureros”. Con la baja del caucho, tramonta esta ilusión bastante tropical en su origen y en sus características” (Mariátegui, 1987:27).

El accionar pastoral de la Orden Agustina fue en la faz pedagógica. Según Reátegui Chuquipiondo el sistema educativo agustino se basó en la sistematización del mismo a través de la Escuela, los Centros Misionales y las Parroquias. Y es lo que explicaremos a continuación.

Agustinos, siglo XX

Las escuelas fundadas por la orden de San Agustín fueron instituciones dedicadas a la formación intelectual de los loretanos. Los Centros Misionales y  las Parroquias estaban abocadas específicamente a la formación religiosa (Reátegui Chuquipiondo, 2000).

Las misiones agustinianas son continuación de la obra de los jesuitas en la región de Maynas. A raíz de la expulsión de los jesuitas en 1767[5], las misiones quedaron precarias e inestables, a merced de diferentes demarcaciones durante “casi un siglo y medio” bajo la responsabilidad de los franciscanos de la Profincia de San Francisco Solano y algunos clérigos seculares (Martínez y García Sánchez, 1995).

Los misioneros realizaron su labor educativa creando establecimientos sociales, cofradías y diversos centros que dinamizaron el proceso educativo religioso. Luego, arribaron al Departamento de Loreto, otras órdenes como por ejemplo la de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María, cuyo rol era el de complementar los vacíos del sistema educativo agustino (Reátegui Chuquipiondo, 2000).

Actualmente, once parroquias sobre un total de dieciocho están a cargo de los religiosos agustinos en el Vicariato de Iquitos. Los padres agustinos desarrollaron actividades pastorales desde diferentes instituciones. Algunas de ellas:

Colegio de San Agustín: fundado en 1903. En este instituto se educaron generaciones de loretanos que ocupan cargos muy importantes en el ámbito nacional e internacional.

Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA): fundado en 1972. El objetivo era instalar la reflexión teológica y pastoral y formar laicos.

Instituto de Promoción Social de la Amazonía (IPSA): creado en 1973. Tiene a su cargo la radio “La voz de la Selva” que se emite en tres frecuencias AM, FM y onda corta.

Centro de Capacitación Campesina de la Amazonía (CENCAA): fue fundado por el P. Antonio Aladro hacia 1983 en Nauta. El objetivo es la atención continua y sistemática de líderes de comunidades (Martínez y García Sánchez, 1995).

Además la influencia de esta órden se hizo notar en la fundación de otras instituciones, las cuales son generadoras de propuestas innovadoras para el desarrollo regional. Estas instituciones son cuatro, a una de ellas ya nos hemos referido más arriba y es el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA). Las otras tres son:

Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP): fue creada por la Ley 13498 del 14 de enero de 1961. El P. Avencio Villarejo comprendió la necesidad de un centro de estudios superiores que abarcara los distintos aspectos de la Amazonía. No sólo intuyó esa necesidad sino que realizó las gestiones pertinentes al más alto nivel a través de su relación con el Pdte. Manuel Prado y los miembros del Congreso.

Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP): fue fundado en 1973. El P. Jesús San Román (OSA)[6] y el P. Luis Uriarte (S.J.)[7] fueron sus creadores. Este organismo depende e los Obispos de la Amazonía Peruana y se dedica al trabajo de investigación y promoción de las poblaciones nativas de la Selva. Sus trabajos de investigación social y cultural, así como sus publicaciones son consideradas clásicos. Y es de destacar su compromiso a favor de la defensa de las culturas nativas y de los derechos humanos y culturales de los nativos.

Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP): debido al artículo 120 de la Constitución Peruana de 1979 que disponía la creación de un Instituto que tuviera a su cargo la responsabilidad de inventariar, investigar y controlar los recursos naturales de la Amazonía Peruana se creó el IIAP en diciembre de 1981 (Kanatari, 2000).

Los colegios pertenecientes a la Órden de San Agustín[8] pretenden formar un tipo de hombre de acuerdo al ideario de su Padre fundador. El perfil del hombre agustino se enmarca dentro de dos dimensiones, una personal y otra comunitaria. La primera se encamina hacia la búsqueda de la verdad por el camino de la interioridad mediante el cual se alcanza la trascendencia. La segunda es comunitaria y se concreta en base de los vales de amistad, fraternidad, amor y caridad. Los Colegios Parroquiales son centros de gestión e imparten educación Primaria y Secundaria según la orientación de la Iglesia Católica y de los objetivos y fines de la Educación Nacional de acuerdo a la Ley General de Educación 23384.

Educadores, padres y alumnos conforman una comunidad donde cada uno tiene un rol a desempeñar. Los educadores se responsabilizan por la enseñanza dentro de un clima de amistad y trabajo en equipo. Los alumnos participan en el crecimiento de la comunidad educativa dentro de un marco donde la persona humana es profundamente respetada. Y los Padres fomentan el ámbito familiar, además de participar activamente de los objetivos y programas de acción de los colegios donde asisten sus hijos (Pastor Aparicio,2000).

Conclusión

En el transcurso de estos cien años,  la pastoral misional implementada tuvo sus bases en el plano educativo, a pesar de la oposición del Congreso peruano en los primeros años del siglo XX. De hecho, esa tarea se aprecia a través de sus diversas instituciones que hacen al quehacer cultural ampliando los horizontes culturales de los mismos pobladores y apoyándose firmemente en la Regla de San Agustín, que puede sintetizarse en el siguiente lema “Tener un alma y su solo corazón”.

Agradecimientos

Agradezco a las autoridades y docentes de la Universidad Nacional de la Amazonía peruana (UNAP) en la persona del Lic. José Díaz Heredia, a los coordinadores de campo en Iquitos (Provincia de Maynas, Departamento de Loreto, Perú) Lic. Julyssa Rondón Campana y Augusto Cárdenas Greffa. Como también al P. Joaquín García Sanchez, Director del Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía peruana y asesor externo del proyecto de investigación “La “conquista” misionera en la Amazonía peruana (1542-1769)”,  a Alejandra Schindler, Directora de la Biblioteca Amazónica, y por último a la Lic. Ana María Rocchietti, titular del seminario “Los Andes antes de los Inka II: Pueblos de la Selva”, dependiente del Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González, y directora del citado proyecto.

 

Referencias bibliográficas

Anales de Propagación de la Fe en el Oriente Peruano, Tomo VI. 1909. Revista trimestral.

Fernández, M. V. Investigación en el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía (Iquitos – Perú). En: IV Jornadas de Investigadores en Arqueología y Etnohistoria del Centro-Oeste del país y III Seminario de Arqueología Histórica del Centro-Oeste del país. Carácter: expositor. Universidad Nacional de Río Cuarto. Río Cuarto, 6 y 7 de julo de 2001 (en prensa).

García Jordán, P. La Iglesia y el ciclo económico del caucho. En: Kanatari, Año XVII, 31 de diciembre de 2000, Nº 850, Iquitos, Perú.

García Sánchez, J. (O.S.A.). La Prefectura Apostólica de San León del Amazonas. En: Kanatari, Año XVII, 31 de diciembre de 2000, Nº 850, Iquitos, Perú.

Kanatari, Año XVII, 31 de diciembre de 2000, Nº 850, Iquitos, Perú.

Lovera Vásquez, A. J. Llegada de los agustinos ala Prefectura de San León del Amazonas. En: Kanatari, Año XVII, 31 de diciembre de 2000, Nº 850, Iquitos, Perú.

Mariátegui, J. C. 1987. Siete ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Amauta. Lima.

Martínez, G. (O.S.A.);García Sánchez, j. (O.S.A.).  1995. Vicariato Regional de Iquitos en la amazonía Peruana. En: García, J. (Comp.). Los Agustinos en América Latina. Pasado y Presente. O.A.L.A. (Secretaría General de la Organización de los Agustinos de Latinoamérica).

Pastor Aparicio, A. (OSA). Colegios Parroquiales. En: Kanatari, Año XVII, 31 de diciembre de 2000, Nº 850, Iquitos, Perú.

Reátegui Chuquipiondo, P. Los agustinos y la educación en Loreto. En: Kanatari, Año XVII, 31 de diciembre de 2000, Nº 850, Iquitos, Perú.

San Román, J. V. 1994. Perfiles Históricos de la Amazonía Peruana. CETA-CAAAP-IIAP. Iquitos.

Villarejo, A. P. 1965. Los Agustinos en el Perú y Bolivia. Lima.



[1] P. Paulino Díaz (1850-1919). Profesó como religioso de la Órden de San Agustín en Valladolid en 1867. Hacia 1872 pasó a las Filipinas donde es ordenado sacerdote en 1873. Al crearse la Prefectura de San León del Amazonas es nombrado Prefecto Apostólico y Superior de la órden mencionada. Por razones de salud renunció a su cargo en 1911, regresando a España.

P. Pedro Prat (1861-1929). Profesó como religioso de la Órden de San Agustín en Valladolid en 1878. Hacia 1885 pasó a las Filipinas, regresando a España en 1892 a causa de la independencia de esas islas. Se embarcó luego en la misión hacia el Amazonas. Al renunciar el P. P. Díaz a su cargo como Prefecto Apostólico, es nombrado su sucesor en 1913. Debe dejar la misión por razones de salud. Es nombrado por esa causa Prior en Lima en ese mismo año y hacia 1918 regresó a las Filipinas como subprior y maestro de novicios. Muere en Manila.

P. Bernardo Calle (1876-1904). Tomó los hábitos de la Órden de San Agustín en 1892. Se embarcó en la misión al Amazonas, y fallece a causa de una revuelta indígena en 1904.

P. Plácido Mallo (1876-1936). Profesó como religioso de la Órden de San Agustín en 1894. Se embarcó en la misión en el Amazonas pero por motivos de salud regresó a España en 1905. Es asesinado a causa de la guerra civil el 25 de julio de 1936.

Hno. Pío Gonzalo (1858- ¿?). No existen datos biográficos sobre él. Vino con los anteriores a misionar en el Amazonas, regresando a España en 1912 por motivos de salud.

[2] El Prof. José Barletti Pasquale es  historiador y un estudioso del tema.

[3] Esta Encíclica es denominada Breve, fue escrita por Pío X y publicada en castellano en España y América en 1912. La diferencia entre “Breve” y “Encíclica” radica en que el primer documento trata asuntos más puntuales como la situación del nativo latinoamericano pero sin mencionar a nación alguna (Martínez y García Sánchez, 1995).

[4] En su forma clásica el feudalismo asume que toda la tierra pertenecía al soberano. Este cedía los fundos a sus nobles quienes a su vez le rendían fidelidad. En el caso de la Amazonía decimos que existe una relación de tipo feudal porque la tierra era propiedad del patrón con los nativos incluidos.

[5] Los jesuitas fueron expulsados en 1767 pero recién en 1773 mediante la bula  “Dominus ac Redemptor” ordenada por el Papa Clemente XIV se hizo efectiva la supresión de la orden,  restaurándola el Papa Pío VII en 1814.

[6] O.S.A. significa Ordenado Sacerdote Agustino.

[7] S.J. significa Sacerdote jesuita.

[8] Los Colegios Parroquiales pertenecientes a la Órden de San Agustín son los que se describen a continuación:

Colegio Parroquial Sagrada Familia que funciona en convenio con el Ministerio de Educación y el Vicariato Apostólico de Iquitos. Fue creado en junio de 1992.

Centro Educativo Parroquial Nuestra Señora de Loreto. Fundada en 1968 en el Pueblo Joven de Versalles.

Colegio Parroquial Secundario “Vírgen de Loreto”. Ante una pedido de los Padres de Familia del colegio Nuestra Señora de Loreto se da comienzo a las gestiones pertinentes para la construcción del centro educativo, comenzando a funcionar el 1 de abril de 1995.

C.E.P.P.S.M. Nº 60019 San Martín de Porres. Por iniciativa del P. Felicísimo Prieto Martínez encargado de la Parroquia San Martín de Porres del Pueblo Joven de Mariscal Castilla, se dan comienzo a las gestiones para dar valor oficial a la Escuela. En marzo de 1969 la Dirección de Educación autorizó su funcionamiento con el nombre de Escuela Primaria Mixta NC 1838 y recién en 1971 le asignan el NC 60019. En junio de 1997 la Dirección Regional de Educación autorizó la ampliación al nivel secundario.

Colegio Nuestra Señora de la Salud. El Párroco y los Padres de Familia de la Parroquia Nuestra Señora de la Salud deciden iniciar las gestiones necesarias para contar con un centro educativo. En la actualidad es un moderno establecimiento primario-secundario que cuenta con todos los adelantos tecnológicos para la buena educación de los alumnos (Pastor Aparicio, 2000).


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